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11 septiembre 2014 4 11 /09 /septiembre /2014 09:57

La primera fase de la ciudad de Pamplona, corresponde a la ciudad vascona, fundada a inicios de la Edad del Hierro. Se conoce aún poco de ella, pero podemos hacernos con lo que se sabe una idea aproximada.

Cualquier persona que llegue a la ciudad por primera vez se extrañará con la doble denominación de Pamplona/Iruña. El nombre en euskera alude al origen protohistórico de la ciudad creada por los vascones en la llamada Iª Edad del Hierro. Hasta ahora, los datos más antiguos localizados remontan la ciudad al menos al s. VII a. C.

A la espera de que los estudios de las sucesivas excavaciones de los últimos años sobre la ciudad arrojen nuevos datos sobre posibles estancias ocasionales o temporales en momentos anteriores, de momento la fase más antigua de la ciudad correspondería a esta villa o ciudad vascona.

Conocida por las fuentes romanas, la fase protohistórica de Pamplona sigue siendo la que más se resiste a los arqueólogos. Aún así, empezamos a tener datos más fiables gracias a los trabajos arqueológicos en el barrio de Navarrería, dentro del casco histórico de la ciudad.

Datos y testimonios arqueológicos de la población vascona de Pamplona

Documentada en textos clásicos, hasta hace poco, las evidencias materiales no eran muchas: algunas monedas; concentraciones de cerámica en la base de las excavaciones de Mª. A. Mezquíriz de los años sesenta en la zona del complejo catedralicio, indicios de viviendas en la excavación de las naves de la catedral en los años noventa.

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Una imagen antigua de la plazuela de San José, en la Navarrería, uno de los primeros puntos en los que la arqueología localizó indicios de la Pamplona prehistórica.

En los últimos años, las intervenciones arqueológicas en la ciudad (realizadas sobre todo por la empresa arqueológica Trama) permiten ya hablar de referencias estratigráficas fiables, y restos materiales, que indican presencia desde finales de la Edad del Bronce. El punto más fiable parece corresponder a lo encontrado en las excavaciones en la sala de arqueología de la exposición Occidens, en el espacio del dormitorio bajo del llamado palacio románico de la catedral pamplonesa.

Descripción de la pequeña ciudad de Iruña

Si nos atenemos a lo antes mencionado, y a la topografía, la geología, los indicios de antiguos barrancos, todo indica que la antigua Iruña ocupaba una extensión discreta en la zona más alta de la terraza de Pamplona, en el terreno que ocupa el conjunto catedralicio y sus aledaños.

Aprovechó las ventajas estratégicas de estar protegida por un lado por el cortado de la terraza sobre río Arga, y por el otro por los grandes barrancos que aún hoy en día se adivinan un poco en la topografía del casco viejo pamplonés.

 Hemos de elucubrar, pero partiendo del conocimiento que se tiene de esa época y de lo hallado en las ecavaciones, contaba con doble foso y posiblemente tuvo muralla, adaptada al límite de los barrancos, dejando sin cerrar el lado del cortado de la terraza, su defensa natural más clara.

Poseería un urbanismo sencillo, de casas de planta cuadrada (a juzgar por datos recogidos en la excavación de las naves de la catedral), con techumbre de madera paja o ramas, sustentado por poste central y otros secundarios (el negativo de estos apoyos o postes ha sido localizado ahora en la excavación de la sala del dormitorio bajo). La población contaba con calles empedradas (una de ellas ya ha sido localizada). Las casas de poblados navarros de la época se agrupaban adosadas en manzanas, separadas entre sí por calles empedradas con cantos. A ellas daban las puertas de las casas, en muchos casos la única abertura de éstas.

Es posible que al otro lado de los barrancos, en la zona de los actuales burgos o en el segundo ensanche, emplearan la llanura de la terraza para cultivar o criar ganado en zonas ganadas al bosque. Y aprovecharían los recursos de caza y pesca del soto del río.

La necrópolis, (todavía no localizada), la ciudad de los muertos donde enterraban sus seres queridos, se situaría a cierta distancia pero no excesiva. Sí que ha sido .localizado un enterramiento infantil (un perinatal de siete meses, muerto en el parto o miuy poco después) junto a postes de las vivendas protohistóricas localizadas ahora en la catedral. Esta tradición de enterrar recien nacidos en las viendas o su acceso, de la que hay testimonios en Europa hasta inicios del propio s. XX) se remonta a la Prehistoria.

De Iruña a Pompelo

En el último Congreso de Historia de Navarra, Francisco Pina defendía con brillantez una hipótesis que cada vez cobra más fuerza. La revisión de los textos de Salustio pone totalmente en entredicho la interpretación que de ellos hizo Shulten en su día, interpretación que siempre se ha tomado como segura.

Nada dice Salustio de una invernada de Pompeyo en la cuenca de Pamplona. Todo apunta (contexto histórico, ciudades mencionadas, alusiones al campamento, etc.) a que se alojó temporalmente en el alto Duero en el invierno del 75-74 antes de Cristo.

Necesitado de trigo, se aproximó al “ager vasconum”, pero lo más probable es que lo hiciera a la zona de la Ribera navarra, más cercana, de buena agricultura, y clima más suave que la lejana cuenca de Pamplona

Según estas nuevas hipótesis, el nombre en honor de Pompeyo, como se ha visto en otros casos, sería un indicio, al contrario de lo que se creía, de que los vascones se pusieron de lado de Sertorio y de que al final de la guerra sertoriana, hacia el 72 a. de C., Pompeyo impuso como castigo la refundación de Iruña como Pompelo.

Las limitaciones de la arqueología urbana para la localización de Iruña

Como en todos los connjuntos históricos, el casco histórico de una ciudad como Pamplona supone para un arqueólogo la combinación de zanjas nuevas y antiguas hechas para cimentaciones, conducciones, colectores, acometidas, reformas, reurbanizaciones, aparcamientos, edificios emblemáticos de arquitectos estrella.

En suma, sacar a la luz el subsuelo bascula entre la pesadilla y la promesa de un futuro hallazgo.

Ya fuera parcialmente durante la guerra, o en el marco de la reforma urbanística derivada de esa refundación de la ciudad (adaptación al mundo romano y su sistema constructivo y urbanístico, y la ubicación de foro, con las exigencias de cimentación y asentamiento de grandes edificios), todo indica que la antigua Iruña probablemente desaparece y es reconstruida entera ex novo (gradualmente o no) por la civitas romana.

El urbanismo y el tipo de material usado en las construcciones protohistóricas no son favorables a su perpetuación en el tiempo en el marco de la evolución natural de una ciudad.

 La suma de todas esas dificultades más lo que hemos mencionado respecto a urbanismo romano, y lo que supone un foro en la zona más prometedora, no da lugar a demasiadas esperanzas.

Es muy posible que nunca pasemos del hallazgo de estratigrafías parciales y restos materiales, o el negativo de las estructuras en el nivel geológico de base, de cantos, arcilla, o margas, con escaso estrato asociable. O tal vez, como pasa tantas veces en Arqueología, futuras excavaciones localicen lo que nadie esperaba hace unos años.

 

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Published by marianosinues - en Historia
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