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9 septiembre 2014 2 09 /09 /septiembre /2014 10:31

Una ciudad como París alberga una casi infinita serie de lugares de interés. Para todo aquel con inquietud cultural, es ineludible la visita a un museo nacional ubicado en un pequeño y hermoso rincón que alberga un extraordinario tesoro: los restos monumentales de una de sus termas públicas de época romana.

El pasado romano de la ciudad-luz es un aspecto poco conocido para muchos visitantes. Aquí nos centraremos en una de las grandes termas públicas que existieron en la ciudad en época romana, que milagrosamente ha conservado parte de su estructura visible hasta hoy en día.

Museo Nacional de la Edad Media

Los restos de esas termas se encuentran en el corazón del Barrio Latino, en la Place Paul Painlevé, 6, en el  Musée de Cluny, el Museo Nacional de la Edad Media de Francia. El museo se aloja en la conjunción de dos edificios: lo que se ha conservado de dichas termas romanas; y la antigua residencia de la abadía de Cluny en París, que data de finales del siglo XV.

Las termas constituyen un documento excepcional de la antigua Lutecia, la ciudad gala, luego romana, que dará lugar a París.

Lutecia, la primitiva París

La primitiva ciudad, Lutecia, se remonta a época protohistórica. Fundada por uno de los pueblos galos, pervivirá en época romana y seguirá creciendo hasta la urbe actual.

En su origen, Lutecia era la capital del pueblo galo de los Parisii, mencionados por Cesar en el 53 a. c. En una isla del río instalarán los parisii su oppidum, o ciudad fortificada. Situada estratégicamente junto al Sena, en una de las grandes vías de comunicación europeas, estaba en conexión con múltiples cursos de agua navegables. Recurso que, por supuesto, siguieron explotando sus habitantes en época romana.

Partiendo de este asentamiento, se diseñará la ciudad romana, que adaptará su plano ortogonal al eje del río desde la zona de las islas del Sena (núcleo primitivo, lugar ideal para garantizar el paso del río y zonas pantanosas, aprovechando las islas para los puentes) hacia Sainte-Geneviève, en ese suave piedemonte de la margen derecha del río.

Las termas de Cluny

Preservadas en el seno del actual Museo Nacional de la Edad media, los restos que podemos ver desde el exterior, la gran sala en el interior y galerías subterráneas no visitables, son la parte visible y/o conservada de lo que un día fue un gran conjunto termal público.

Las llamadas “Termas del Norte”, ocupaban un gran espacio de 100 x 65 m al pie de la ladera OE de la montaña de Sainte-Geneviève. Construidas a fines del s. II con el apoyo de la poderosa corporación de nautas/comerciantes fluviales del Sena, fueron abandonadas a lo largo del s. III.

Contaban con todo lo habitual en este tipo de edificios, salas y piscinas calientes o frías, gimnasio, palestras, vestuarios, hornos para calentar el aire y el agua, hipocaustos bajo los que circulaba el aire caliente, canalizaciones del agua, pavimentos de mosaico, paredes con estucos pintados o con placados de mármol, etc.

Un caso de conservación excepcional

A pesar de estar abandonadas desde el s III d. C., parte del complejo se mantuvo en pie, así como el recuerdo de su finalidad. Todavía en 1138, Luís VII dona a la iglesia de Saint-Benoît un terreno ubicado “juxta locum qui dicitur termae” (“junto al lugar que llaman termas”).

A pesar de que en esta época está en medio de un paisaje rural de campos y viñas, se mantiene en pie y se le conoce como Palacio de las Termas.

Se le irán adosando edificios, y el abad de Cluny compra en 1330 parte de un “hotel” que abarca parte del antiguo complejo termal. En el s. XV, los monjes de Cluny alquilan varias salas de las termas para la construcción de la Casa de la Enseña de la Croix de Fer.

Ya desde el s, XVIII los estudiosos se centran en ella y sus restos arquitectónicos son declarados bien nacional, Las primeras excavaciones se remontan a 1820.

Lo que queda visible de las termas

De la compleja estructura se conservan varias salas de calor, caldarium, y frigidarium, parte de la palestra, una natatio. Y bajo el suelo, varias galería de servicio, corredores de servicio y hogares.

Un parte de lo conservado es visible (aunque no visitable)a traves de una verja desde el exterior (bordeando el edificio). Muestra diversas dependencias, y el juego de hiladas de piedra pequeña alternado con las de ladrillo, en sus muros.

termas1.jpg 

Detalle de la termas (parte exterior no visitable), que muestran su alzado original casi completo conservado

La visita al Museo permite recorrer y admirar las dimensiones e increíble conservación de la enorme sala del frigidariumDicha sala es un espacio rectangular de 20 x 11 m, con sus bóvedas originales a 13,50 m de altura. En un lado se abre la exedra de la natatioo piscina del frigidarium. Aunque ya no conserva ni el revestimiento de paredes ni el suelo original, podemos contemplar la calidad de su construcción, y aun permanecen en su sitio varias ménsulas en proa de navío. Y exhibe un fragmento de los múltiples mosaicos que debieron adornar los suelos de las termas. Representa un “Amor cabalgando sobre un delfín “.

La Sala recoge además otras piezas excepcionales:

- Una es la “Inscription gauloise”, un raro caso de inscripción en lengua gala.

- La otra es el llamado “Pilar de los Nautas”, localizado bajo el coro de Notre-Damme. Este monumento religioso en relieve en su día posiblemente sustentó una escultura de Júpiter. Fue sufragado por la Corporación de Nautas del Sena en época del emperador Tiberio (14-37 d. C).

 

No cabe duda de que la visita a estas termas, como a otros puntos del París romano, pueden, como en el caso de lo medieval, proporcionarnos un punto de vista diferente que enriquezca nuestra visión de esa gran ciudad, y permita entender mejor sus desarrollo y su pasado, además de disfrutar con la visión y comprensión de estos restos monumentales.

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Published by marianosinues - en Historia
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