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7 noviembre 2014 5 07 /11 /noviembre /2014 11:29

El parque de la Taconera es el más antiguo y emblemático de la ciudad. Situado en pleno corazón de la ciudad, su belleza y ubicación explican la gran afluencia de pamploneses, y que sea un punto casi ineludible para los turistas.Pero es algo más que 90.000 metros cuadrados de jardines y arbolado, y que su pequeño zoológico en los fosos que alberga. Está cargado de historia y arte, que conviene conocer para disfrutarlo.

El término Taconera es muy antiguo, se remonta al menos al s. XIII. Hace referencia a una zona de la ciudad "fuera de las murallas". Hasta el sigo XIX, con ese término se definía una amplia zona, que incluía también ele espacio de la actual avenida de Navas de Tolosa y se prolongaba hasta el Paseo de Sarasate.En 1719 ya aparece como espacio arbolado, y es ya definido como parque desde 1830.

Una ubicación privilegiada en el corazón de Pamplona

Es un parque romántico de estilo francés, situado en el contexto de las murallas de la ciudad, junto al casco antiguo. Lo bordea el eje del Camino de Santiag. Junto al cercano parque de la Ciudadela,y las aledañas zonas verdes del Bosquecillo y Antoniutti, conforman un gran pulmón verde que sirve de enlace y punto de encuentro a los barrios de una parte importante de la ciudad. Une el centro histórico (casco histórico, y primer ensanche del s. XIX), con la gran zona de crecimiento urbano pamplonés que se gestó en los años sesenta-setenta del s. XX. Su ubicación explica la gran afluencia de pamploneses, y que sea un punto casi ineludible para los turistas.

Posee una vegetación muy variada, con árboles de gran porte y cuidada jardinería. Está rodeado por parte de las murallas de la ciudad y en sus fosos alberga un minizoo, con dos pequeños lagos.

Un parque lleno de arte

Posee varios elementos escultóricos y arquitectónicos de interés, como el monumento a Julián Gayarre, la estatua de la Mari Blanca, una arquería  de inspiración gótica, un crucero gótico del s. XVI, el portal de San Nicolás, etc. Hasta la fecha, contaba con un café de estilo vienés, que permite disfrutar de una terraza en un entorno de arbolado y flores.

Entre los atractivos artísticos, hemos de mencionar:

Cruz de la Taconera. En el parque del Bosquecillo, junto al Parque de la Taconera. Es un crucero gótico de 1521, asociado en el pasado a un punto de ejecuciones de reos. Hoy en día discurre junto a él el camino de Santiago. 

Estatua de la Beneficencia o Mari Blanca. En el parque de Taconera, junto al café Vienés, rodeada de flores. Formaba parte de una fuente que Luis Paret construyó para la Plaza del Castillo en 1790. Presidió la plaza y la vida de la ciudad (incluso se celebró en torno a ella la proclamación de la República) y que pervivió hasta el primer tercio del s. XX. Tras la guerra civil, la fuente desaparece y la estatua fue trasladada a su emplazamiento actual.

Monumento a Hilarión Eslava. Uno de los monumentos de carácter musical del parque, detalle que se aprecia incluso en los trabajos de jardinería de su entorno. Erigido en 1964. Su basamento data de 1918. Está dedicado a este gran músico burladés, cuyo Miserere es su obra más significativa.

Monumento a Julián Gayarre. Ejerce de centro neurálgico del parque. Creado en 1950 por la ciudad para honrar al genial tenor roncalés. Es un destacable monumento - fuente, que domina los jardines. Sigue un proyecto del arquitecto Víctor Eusa, y es obra del escultor Fructuoso Orduña.

Mirador de los fososUbicado junto al estanque de Vistabella. Monumento goticista, que imita una arquería gótica, erigido en 1934 con motivo del VII centenario de Teobaldo I, aprovechando los restos de argos góticos de un monasterio que hubo en Marcilla. Cuenta con escudos de los reyes navarros de la casa de Champaña.

Portal de San Nicolás. Ubicado en la calle Bosquecillo, en el límite del parque. Barroco. Erigido en 1666. Permitía superar las murallas de la ciudad en la zona próxima a la iglesia de San Ignacio. En su emplazamiento original duró varios siglos hasta 1915. El derribo de este tramo de la muralla lo condenó a un almacén, del que fue rescatado en 1929 para adornar los jardines. Conserva una fachada barroca de sillares almohadillados a modo de arco de triunfo, con varios escudos rescatados de las partes no conservadas del amurallamiento pamplonés.

Parque de la Taconera 

Rincón del parque, en el que se aprecia la estatua de la "Mariblanca".

Fosos y murallas

El parque de la Taconera se asienta sobre la plataforma del amurallamiento pamplonés. Uno de sus rasgos definitorios es el de los fosos, en los que se ubica un pequeño zoológico (o más bien modesta colección de animales, que comprende dos estanques con anátidas, gallinas, torugas, pavos reales, etc., y un pequeño grupo de ciervos).

La parte de la muralla en la que se localiza (dentro de los fosos) el estanque de Antoniutti es la más alterada, sólo conserva el Portal de la Taconera, derribado en 1915, y restituido hace unos años cerca de su lugar original con lo que se preservó en los almacenes municipales. El puente de acceso a esta puerta se conserva, oculto bajo el suelo, y es "visitable", ya que alberga los baños publicos de Antomiutti. 

Baluarte de Gonzaga. Limita al N el parque. Preservado en parte, alberga una zona arbolada que los pamploneses conocemos como Vistabella. Es un hermoso rincón de árboles altos, con un bonito mirador sobre los barrios bajos junto al río. Alberga una fuente que en su día se situaba en un extremo del Paseo de Sarasate, trasladada aquí cuando se construyó en ese punto el Monumento a los Fueros.

Revellín de San Roque o de Gonzaga. Dentro de los fosos. Construido por H.Torelli y M. Pastor entre 1696 y 1702. Como elementos singulares del revellín, en una de sus caras se aprecia el escudo del virrey Domingo Pignatelli, marqués de San Vicente (tres ánforas) bajo cuyo mandato se realizaron las obras, acabadas en 1702. Además de varios árboles de gran porte, su plataforma superior sirve de "dormitorio" para la pequeña colonia de ciervos del parque.

Portal nuevo. Comunica la Taconera con la Plaza de la O y el resto del Casco Viejo. Primitivamente llamado Portal Nuevo de Santa Engracia. El acceso original a la ciudad por este punto, construido en la segunda mitad del s. XVI, y abierto hacia 1583, fue destruido por bombardeos en el sitio de Pamplona de 1823. Al cierre provisional, con el acceso modificado en 1905-07, le sucedió el actual, en 1950, obra de Victor Eusa.

La Taconera cuenta con muchos atractivos. Es un parque a recorrer, tranquilo, para perderse en él, y una visita obligada para el que venga a la ciudad.

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29 octubre 2014 3 29 /10 /octubre /2014 09:36

Este rincón entrañable y tranquilo, goza de mucha más actividad al cabo de año de lo que parece a primera vista. Lugar de bodas, bailes, de carreras de cabezudos y gigantes. Ubicada junto a la calle mayor, frente al lateral de la iglesia de San Lorenzo, y frente a la Taconera, es un amplio espacio de suelo enlosado, bordeado por grandes árboles, y con una fuente dieciochesca en el centro. Existe como tal desde el s. XVII

En uno de sus lados, cerca de un kiosco de prensa y chucherías (casi el último ya de la ciudad), veremos un gran ejemplar arbóreo, de Sophora o árbol de las Pagodas, traído de China a Pamplona en el s. XVIII.

También es conocida como ”Plaza de los Ajos”, por el mercado de ajos tradicional en Sanfermines, aunque ya sólo queda hoy en día un puesto que mantenga de momento la tradición en esas fechas. Fue lugar también de venta de carbón vegetal, procedente de las carboneras del N de Navarra.

La plaza alberga varias cosas interesantes, que merecen nuestra atención:

Convento de Recoletas

De la orden de las religiosas agustinas.Fue construido a partir de 1624, bajo patronato de Juan de Ciriza, secretario de Felipe II, y de Catalina de Alvarado.

Su arquitectura se debe a madrileño Juan Gómez de Mora, Arquitecto y Trazador de Obras Reales y Maestro Mayor de la Villa de Madrid. Da a la plaza su fachada, de piedra y ladrillo. Es un clásico ejemplo de arquitectura conventual carmelitana en el barroco español.

Destaca el cuerpo central, más alto rematado por frontón triangular. Su nivel inferior, construido en sillar almohadillado, cuenta con una arquería de arcos de medio punto, mayor el central, que da paso al pórtico por el que se accede a la iglesia del templo. Encima veremos una Inmaculada Concepción en una hornacina. De 1630, su autor fue Juan López de Ganuza.

En el piso bajo el frontón se sitúan los escudos nobiliarios de los fundadores del convento.

El interior, preserva perfectamente la arquitectura original y las dependencias conventuales, distribuidas alrededor de un claustro, con un amplio espacio exterior de ajardinado y huerta.

Como en otros muchos conventos, la presencia entre sus religiosas de miembros de familias nobiliarias parece el origen del gran legado artístico (cuadros, tapices, tallas, su belén) que alberga, no accesible al visitante.

Si hay suerte, en hora de oficio religioso o en el caso de una de las habituales bodas, tal vez pueda el turista asomarse al templo, cuyo acceso veremos en la parte derecha de la fachada a la plaza. Alberga buenos retablos churriguerescos, de 1700. Como curiosidad, por su ubicación, fue también en alguna ocasión como prisión femenina.

Fuente de la Plaza de Recoletas

Forma parte del grupo de fuentes pamplonesas diseñadas en 1788 por Luis Paret, pintor de la Corte. Esta fuente, coronada por un pequeño obelisco, preside la plaza.

Plaza-Recoletas.JPG

La plaza de Recoletas, con el convento al fondo y la fuente en primer plano.

Casa de los Capellanes

Ubicada en uno de los lados de la plaza. Fue la vivienda de los capellanes del Convento de Recoletas. Construida, como el propio convento, en el siglo XVII.

Su fachada mantiene la línea de los palacios y casonas barrocas habituales en el alto valle del Ebro: un zócalo de piedras, y juego de piedra y ladrillo en el resto. En el centro, un escudo de armas de la misma familia fundadora del convento. Y la habitual galería de arquillos en el último piso, en esta época.

Iglesia de San Lorenzo y Capilla de San Fermín

Ubicada frente a la plaza, y aunque su aspecto exterior puede no hacerla atractiva a quien busque un templo antiguo, merece la pena su visita, aunque sólo sea para acceder a la Capilla de San Fermín, “sede oficial” del santo universal y uno de los puntos centrales de los sanfermines.

Reconstruido en el s. XIX, poco queda del primitivo templo gótico. El muro lateral adyacente a la plaza de Recoletas es del s. XIX. La fachada, de 1903, fue reformada por Ansoleaga con estilo ecléctico neorománico.

La Capilla de San Fermín, comenzó a construirse en 1696 según planos de S. Raón y el dominico Juan de Alegría. Fe edificada sobre los primitivos claustros y capillas medievales, que fueron demolidos. De mayor tamaño que el resto del templo, era barroca, aunque fue reformada con estética neoclásica entre 1800-1805.

En ella se guarda la talla del santo, del siglo XVI, chapeada en plata y colocada sobre un pedestal labrado en plata. El templete (de 1819, neoclásico de influencia italianizante) que acoge la imagen del Santo fue diseñado por Francisco Sabando, con esculturas y relieves de A. Salanova.

El templo también guarda en una capillita la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, la popular “Dolorosa”, de 1883, una de las tallas principales de la Semana Santa pamplonesa.

Hubo una vez un arco…

En el s. XIX, el inicio de la calle mayor, a la altura de la plaza de Recoletas, era tan distinto y tan llamativo, que no nos resistimos a la idea de dar a conocer el dato al visitante. El primitivo muro lateral de la iglesia de San Lorenzo, gótico, que sobresalía y reducía la perspectiva de la calle Mayor, fue demolido. El nuevo (a partir de un proyecto de J. A. Pagola) se alineó con el resto de la calle. Y con ello desapareció el gran arco que unía la iglesia con la casa parroquial.

Es dificil no pasar junto a esta plaza, pero sin duda se merece un rato de contemplación de todo lo que contiene.

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27 octubre 2014 1 27 /10 /octubre /2014 15:56

El Primer Ensanche es la primera ampliación significativa de la ciudad que rompe las murallas a finales del s. XIX y comienzos del s. XX.

Sin comparación posible con los grandes conjuntos de edificios de esa época, como por ejemplo el modernismo, Gaudí, etc., en una Barcelona, sí que responden a las corrientes arquitectónicas españolas y europeas de la época. Y tienen cosas interesantes que contemplar en los edificios todavía conservados.

Una visita cómoda y oportuna, por su ubicación. Es una zona de paso casi obligado para el turista, a medio camino entre el Casco histórico, y el “eje verde” de los Parques de Taconera y la Ciudadela. Aunque podemos encontrar elementos de sus estilos arquitectónicos en otros puntos de la ciudad, abundan más en el ensanche de nuevo cuño desarrollado dentro de la antigua extensión amurallada a finales del s. XIX.

Un cinturón defensivo que apretaba demasiado

El problema de Pamplona, como plaza fuerte fronteriza y amurallada, era que las necesidades militares primaban sobre la de espacio para edificar. Las ordenanzas militares no permitían, por razones defensivas, construir cerca de las murallas.

Ello supuso que el agotamiento y sobreexplotación del espacio físico edificable, y el apiñamiento de una ciudad en crecimiento. Hacia 1900, la población de la ciudad rondaba los 29.000 habitantes. Finalmente, la situación cambió lo suficiente como para permitir que se abriera la mano para edificar en ciertas zonas.

El Primer Ensanche

El terreno elegido , en los años finales del s. XIX y comienzos del s. XX, fue una franja paralela al espacio abierto y arbolado que hoy en día ocupan Paseo de Sarasate, calle Ciudadela y paseo de Arazuri.

En esta zona convive el clasicismo academicista con las nuevas corrientes, como el Historicismo, el Art Nouveau y los “neos”, el Eclecticismo, y el Modernismo.

Podemos destacar (callejeando veremos más ejemplos, quizás no tan destacables) los edificios de:

Edificio del Tesoro

Situado en la c/General Chinchilla, 6. Actualmente conservatorio de música. Diseñado por Martínez de Ubago en 1900. Quizás la mejor obra de Art Nouveau de la ciudad, tanto por su exterior como, por ejemplo, por el portal de acceso. Hace pocos años se restituyó la cúpula neobizantina que remataba su tejado.

Casa-de-Hacienda.JPG

Edificio del Tesoro, en la actualidad Conservatorio de Música.

Edificio de la Mancomunidad de Aguas

En la c/General Chinchilla, 7. Terminado en 1899, según proyecto de Ángel Goicoechea. Dentro de las construcciones modernistas de la ciudad, sigue una estética neomudejar.

Edificio de Viviendas de la calle Alonso, 4

En 1897 contaba con una planta, que Martínez de Ubago elevó a tres más en 1902. Destaca su cromatismo, la combinación de materiales y técnicas, y su sentido escultórico. La mejor fachada del modernismo pamplonés, bien rehabilitada..

Antiguo Gobierno Militar

En la c/General Chinchilla, 10. De 1915, es un edificio eclecticista con ciertos detalles de Art Nouveau. Bastante reformado.

Monumento a Francisco Navarro Villoslada

Antes era visitable, ahora hay que contemplarlo de lejos, emplazado en una rotonda de la c/Navas de Tolosa.

Erigido en el centenario del escritor navarro, en 1918. Es obra del escultor Collaut Valero, bajo diseño del arquitecto Muguruza. En origen estaba vinculado al Parque del Bosquecillo, con un estanque cercano, ya desaparecido.

El otro conjunto de edificios reseñables se concentra cerca de la Plaza del Castillo.

Monumento a los Fueros

Ubicado frente al Palacio de Navarra, en un extremo del arbolado Paseo de Sarasate, (uno de los centros neurálgicos tradicionales de la ciudad). Levantado en 1903 por suscripción popular en defensa del régimen foral navarro frente a las pretensiones antiforales del ministro de hacienda Gamazo. Paralelizable con otros monumentos verticales similares, como el de Colón en Barcelona.

Este monumento de 23 m de altura combina, en pisos sucesivos, escudos de los pueblos que componían las antiguas Cortes del Reino, y esculturas sobre el Trabajo, la Paz, la Justicia, la Autonomía y la Historia. En su parte superior, una matrona de bronce, que simboliza Navarra, sujeta en sus manos las cadenas del escudo y la Ley Foral.

Palacio de Navarra

Es la actual sede del Gobierno de Navarra.

Erigido entre el Paseo de Sarasate, la Avenida de Carlos III, y la Plaza del Castillo. Ocupa el solar en el que un día se irguió el inconcluso Castillo de Fernando el Católico, en el s. XVI.

El palacio original, de corte neoclásico, fue construido entre 1843 y 1847, siguiendo planos de José de Nagusía. La fachada de la avenida Carlos III corresponde a la ampliación de 1931-1934, obra del arquitecto Yárnoz.

En ocasiones señaladas, el palacio es visitable. Destacan: el isabelino Salón del Trono, de 1865, con reseñables pinturas históricas; el retablo de la Capilla; obras de Goya, Madrazo y Gustavo de Maeztu, etc.

Antiguo Archivo General de Navarra

En la c/San Ignacio, junto al Palacio de Navarra. Hoy en día vacío, fue diseñado en 1896 por Florencio Ansoleaga. Es un ejemplo de clasicismo academicista, con un eclecticismo de fuerte influencia palacial renacentista.

Teatro Gayarre

En la Avenida de Carlos III, frente al Palacio de Navarra.

Inaugurado como Teatro Principal en 1839, en origen cerraba la Plaza del Castillo. Su nombre actual data de 1903. Fue trasladado en 1931 a su ubicación actual, el solar de la antigua plaza de toros. Se preservó sobre todo la fachada original, obra de José de Nagusía de 1843 de tipo clasicista con influencia francesa. El resto lo rehizo Javier Yárnoz.

Palacio del Parlamento de Navarra

En el inicio de la c/Navas de Tolosa, cierra visualmente el Paseo de Sarasate.

Erigido expresamente como Audiencia en 1892 según diseño de Julián Arteaga. La reciente reforma para su uso actual preservó sólo el exterior. El exterior alterna la piedra y el ladrillo rojo. En su frontis conserva una escultura que representa la Justicia. Combina el eclecticismo de los frontis secundarios con el clasicismo del cuerpo principal.

Aunque rodeados de construcciones más recientes, sigue habiendo un interesante grupo de edificios cuyo exterior bien vale una visita, mientras paseamos del Casco viejo a la Ciudadela. Esperemos que sigan ahí mucho tiempo.

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13 octubre 2014 1 13 /10 /octubre /2014 09:34

La Arqueología ha comprobado recientemente algo poco conocido, el periodo musulmán de Pamplona, en los inicios de la Edad Media. Sigue habiendo un periodo my poco conocido de la historia pamplonesa: el lapso de tiempo entre el imperio romano, y lo inicios del reino cristiano de Pamplona. En ese periodo se suceden en la Península Ibérica el reino visigodo peninsular, y los primeros siglos de dominación musulmana. Hasta época reciente, la gran mayoría de los datos sobre los dos primeros siglos de la llegada del Islam a Navarra y Pamplona procedían de fuentes documentales, fundamentalmente musulmanas.

El inestable s. VIII

El s. VIII se caracteriza por intentos infructuosos del poder musulmán por garantizar el dominio permanente de la ciudad.

Es un rasgo común a todo el siglo, tanto durante la inestable época del waliato (711-756), como en la época de Abd al-Rahman I, y en los primeros tiempos de la creciente influencia de los Banû Qâsi (la poderosa familia que dominará o influirá decisivamente en el alto Valle del Ebro durante todo este periodo)

Hay breves periodos de dominio in situ mediante funcionarios musulmanes y presencia de guarnición y población de origen básicamente bereber. Lo más frecuente es que las élites locales rijan la ciudad. En unas fases se respetan los ahd o pactos con el wali, o con el emir. Es un sometimiento a menudo sólo relativo y a regañadientes. Y en periodos de rebeldía, el territorio es castigado con sucesivas aceifas o razzias del poder musulmán, con nuevos pactos a los que sigue otro periodo poco duradero de aparente tranquilidad.

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Detalle constructivo conservado de la Toledo musulmana

Entre francos y el Islam, el s. IX

En el s. IX, el reino franco intenta un proceso similar al que desarrollo en el otro extremo del Pirineo con la geografía catalana. En el 806, los pamploneses son recibidos “in fidem” en el seno del imperio carolingio.

Uno de los rasgos de los inicios del siglo será el debate entre las élites dominantes entre acercarse al poder carolingio, o renovar el pacto o ahd con Córdoba. Pero en el 816, la derrota de una coalición pamplonesa-carolingia de la batalla del río Arum, y la muerte del comes o conde Velasco, parece representar el fracaso de la opción carolingia.

El resto del siglo refleja la dependencia política respecto a los Banû Casi (parientes de la élite dirigente pamplonesa, los Arista), especialmente en el periodo de la gran figura de Musa ibn Musa. Ligará los destinos de la zona a los vaivenes de la relación entre Banû Casi y Córdoba, oscilando entre rebeliones, y las consiguientes aceifas (que suponen la ruina cíclica de la ciudad y la destrucción de su fortaleza pamplonesa de Sajra Qais), o la colaboración incluso con Córdoba. 

El desgaste de la indefinición de esta política que sufren los Arista permite el ascenso de la familia Jimena. Gracias a la figura de Sancho Garcés, que logra la definición definitiva del reino cristiano de Pamplona en el 905. Y cambió la tendencia, defensiva a ofensiva: el inicio de la reconquista y recuperación del control de territorios, y el alejamiento del dominio directo musulmán de la cuenca de Pamplona.

Las novedades aportadas por la Arqueología

Desde el s. XIX, el único dato aportado por la arqueología se limitaba a varios enterramientos cristianos con anillos que llevaban caracteres cúficos. Se aventuraba una pequeña ciudad cristiana que mantenía los restos de la estructura administrativa de época romana, con obispo, y a lo sumo presencias temporales de una autoridad musulmana y tropas, pero sin constatación material de una fase islámica de la urbe.

Pero las intervenciones arqueológicas en la última década en la ciudad, con motivo de obras públicas municipales, han cambiado el panorama:

a) En el centro histórico, en la plaza del Castillo, se ha localizado una gran maqbara, una necrópolis musulmana de más de ciento noventa enterramientos, en los que se identifican hombres, mujeres y niños, de distintas edades. 

Es posiblemente la mayor del N de la península. Su cronología parece centrarse sobre todo en el s. VIII. Estaba ubicada extramuros, próximo al frente oeste del supuesto amurallamiento de la ciudad. Las alineaciones, la discreta densidad de la necrópolis, apuntan a un periodo de uso no excesivamente largo.

Las tumbas responden al modelo islámico tradicional: fosa simple, enterramiento individual, cadáver depositado en decúbito lateral derecho, orientado NE-SW. Detalles de marcas y modificaciones en los dientes de algunos de los enterramientos los identifican muy probablemente con rasgos propios de poblaciones bereberes.

b) En la rehabilitación del Palacio del Condestable se ha descubierto una necrópolis de época visigoda, con varios enterramientos que incluyen anillos con caracteres cúficos. Estos anillos con textos del Corán en una necrópolis cristiana abundarían quizás en las estrechas relaciones entre élites dirigentes N – S, entre los Arista y los Banu-Qasi? Indicarían el uso como muestra de prestigio o relación con el poder musulmán? Es difícil saberlo.

Lo hallado parece apuntar a un periodo, no demasiado largo, de dominio musulmán de la ciudad, anterior sin duda al año 905, y que duró pocas generaciones. Sin edificios asociables (tal vez reutilizaron edificios previos, pero apenas tenemos  huellas de los de época inmediatamente anterior) y con muy pocos restos de la cultura material, falta mucho para poder tener claro este periodo, pero las novedades arrojan ya una luz sobre esta desconocida fase de la ciudad. Esperemos que futuras intervenciones arqueológicas descubran nuevos datos.

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9 octubre 2014 4 09 /10 /octubre /2014 10:05

Explicamos lo que se sabe de la extraordinaria cueva de Coscobilo, habitada durante casi cien mil años y destruida hace setenta años para hacer una cantera.

Hoy en día, Atapuerca es uno de los paradigmas españoles respecto a la Prehistoria. Un lugar lleno de cavidades habitadas durante casi millones de años, con descubrimientos de repercusión mundial. Coscobilo, a pequeña escala, pudo ser algo parecido para la prehistoria de una tierra rica en patrimonio como Navarra. En un entorno extraordinario, habitada en distintas fases a lo largo de al meno cien mil años.

A pesar de su desgraciada destrucción hace casi setenta años, la información recuperada sigue siendo de gran interés.

El hallazgo de Coscobilo

Destruida en los años cuarenta con motivo de de los desmontes de una cantera de cemento de Olazagutía, su valor como yacimiento fue descubierto por M. Ruiz de Gaona, que recuperó (él, y otros estudiosos como J. M. de Barandiarán) materiales en la gravera resultante de la destrucción.

Un entorno privilegiado

El corredor natural del río Arakil ha sido desde la Prehistoria un punto de paso para fauna, cultura, y seres humanos. Siempre fue una vía de movimientos culturales y de población.

Está flanqueado por las imponentes sierras de Aralar y Urbasa, zonas de actividad pastoril en la prehistoria, actividad asociable a la abundancia de monumentos megalíticos en ellas.

arakil.jpg

El valle del Arakil, visto desde el santuario de San Miguel de Aralar

Siguió siendo zona de paso en época romana (mansio de Aracaeli, en Huarte Araquil), probablemente recorrida por una vía romana. En la Edad Media formaba parte del primitivo Camino de Santiago (el Monasterio de Zamarze se superpone a los restos de esa mansio romana que hemos mencionado).

Aprovisionarse en la sierra de Urbasa

La altiplanicie de Urbasa, con una altura media de unos 900 m, es una plataforma plana en la que uno siente en muchos momentos la sensación de retroceder en el tiempo.

Nunca tuvo poblados o villas. Sólo hay cabañas de pastores, ganado suelto, y un solitario palacio, hoy medio en ruinas. Apenas tiene cursos de agua, pero sí hay fuentes.

Y, además de fauna, y cavidades, contaba con un recurso fundamental, a no más de cinco Km de Coscobilo: canteras de sílex. Desde el Paleolítico Inferior, en lugares de Urbasa como Aranzaduia, Bioiza, o Mugarduia, se tallaba el sílex (y se siguió tallando para dientes de hoz, o para piedras de fusil, hasta casi el s. XX).

En el Paleolítico Superior (Magdaleniense), y en el Aziliense, uno de los abrigos de esta sierra, Portugain, fue habitado en periodos cortos.

La cueva de Coscobilo

No hay muchos datos seguros sobre la cavidad. Se sabe que era una cueva orientada hacia el Sur en el valle de la Burunda, cerca del río Arakil, en las laderas de la sierra de Aralar, a unos 540 m.s.n.m. Se integra en un corredor natural rico en cavidades, con abundante agua, y con canteras de sílex cercanas. Controla el valle del curso encajado del Arakil, un punto geoestratégico de paso con una pequeña llanura junto al río que conecta dos grandes espacios abiertos. Por sus condiciones, este corredor sirvió necesariamente de tránsito a manadas de ungulados. Muchas ventajas para una pequeña comunidad prehistórica.

Se habla de una cavidad de grandes dimensiones. Lo que parece claro es que sus condiciones de habitabilidad, y su ubicación fueron lo suficientemente buenas como para que fuera utilizada reiteradas veces a lo largo de miles de años.

Investigadores como I. Barandiarán remarcan la importancia (en el caso del Gravetiense) de Coscobilo como centro de distribución de la producción de útiles líticos en los "talleres" y canteras de sílex de la sierra de Urbasa (Mugarduia N y S, Arandazuia...) y la relacionan con otros asentamientos cercanos al aire libre en el valle del Arakil, como Arya 70 y Pelbarte.

El yacimiento prehistórico y paleontológico de la cueva de Coscobilo

Hay testimonios materiales de que la cueva albergó a temporadas, comunidades humanas del Paleolítico Medio y Superior: Musteriense de tradición acheulense, acaso Chatelperroniense; Gravetiense; Solutrense; y, y tal vez Magdaleniense Superior y Final.

Los restos de la cavidad cuentan también con abundantes evidencias paleontológicas del Pleistoceno. En parte resultantes de la caza y/o consumo de fauna por los habitantes de la cueva que debía en algunos casos vivir en el lugar, permiten identificar ejemplares de jabalí, ciervo, corzo, cabra montés, caballo, oso pardo, lobo, zorro; y de animales inconfundibles del Paleolítico, como: hipopótamo, rinoceronte (Rhinoceros tichorhinus o el D. hemitoechus), leopardo (Felis pardus), bóvidos (Bos curvidens y Bison sp.), hiena, y oso de las cavernas.

Máximo Ruiz de Gaona, descubridor de Coscobilo y destacado paleontólogo

El sacerdote Ruiz de Gaona (1902-1971), investigó cavidades con fauna cuaternaria, para especializarse finalmente en microfauna eocénica. Miembro de la Real Sociedad Española de Historia Natural (1941), fue agregado del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.

Sobre Coscobilo y su zona publicó muchas obras. Podemos citar, entre otras: “Sobre el Eoceno de Urbasa a lo largo de la carretera provincial de Olazagutía a Estella, La fauna principalmente nummulítica de la serie terciaria guipuzcoana, Un yacimiento de mamíferos pleistocénicos en Olazagutía” (1941); “Noticias del hallazgo y destrucción del yacimiento paleolítico superior más importante de Navarra (1952); o “Todavía algo sobre el yacimiento de Coscobilo (Olazagutía)” (1958).

 

Afortunadamente, los tiempos han cambiado. Pero sigue siendo tema de reflexión la facilidad con la que el patrimonio cultural se convierte en un problema cuando se cruza la economía por medio. 

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3 octubre 2014 5 03 /10 /octubre /2014 09:58

Hasta no hace muchos años, Pamplona era una ciudad llena de conventos, algunos antiguos, otros recientes. Muchos han ido desapareciendo. aquí contamos la historia del Convento de la Merced, una joya desaparecida de Pamplona. desamortizado en 1836, y derribado en 1945. Sucedió en el tiempo al medieval convento de Santa Eulalia.

El primitivo convento de los mercedarios en Pamplona

El convento de Santa Eulalia o Santa Olalla de los Mercedarios Calzados fue fundado en 1232 en una casa donada por el rey Sancho VII el Fuerte en el llamado campo del Arenal, hoy Taconera, frente a la iglesia de San Lorenzo, fuera de los muros de la ciudad. Este convento, de estilo gótico, contaba con un magnífico claustro del que se conoce que contaba con una “Danza Macabra”, pintada al aceite en sus muros.

En 1512 se alojó en dicho convento el Duque de Alba.

En 1521 se derribaron los conventos de San Francisco y de la Merced por estar situados cerca de los muros de la ciudad. En el contexto de los últimos intentos de los reyes navarros para recuperar el reino ocupado por Castilla, se seguía así la vieja rutina de todo conflicto bélico: no dejar edificios en pie cerca de las murallas que puedan ser usados por el atacante.

Un fallido intento conventual en la Rochapea

Los mercedarios levantan un nuevo convento en la Rochapea en 1540. Este nuevo convento sufrió dos riadas, por lo que en 1552 empiezan a construir un nuevo convento en la Navarrería.

Convento de la Merced

Tras diversos avatares, los mercedarios adquieren el solar de Casa de Estudios (antigua sinagoga), ubicada en la actual calle de la Merced, en la antigua judería. Hoy en día corresponde al espacio ocupado por el Retiro Sacerdotal del Buen Pastor y la vecina plaza de Santa María la Real.

El edificio construido contaba con una iglesia gótico-renacentista de una nave con capillas laterales y un claustro de dos plantas. Durante siglos fue unos de los centros religiosos de la ciudad.

En 1665, este convento pidió que se guardara fiesta los 29 de enero, en Navarra, alegando que San Pedro Nolasco fundó “…los cuatro conventos antiguos que hay en el Reyno…”. El Consejo Real se lo concedió, pero trasladó la fiesta al 31 de enero, de acuerdo a un breve papal sobre ello.

En 1836, la desamortización suprimió el convento, destinándose el edificio a cuartel de infantería hasta 1903, fecha en la que se hicieron los cuarteles en el Ensanche. Fue centro de retención de detenidos en la guerra civil (1936-39). Y en 1945 fue derribado.

Biblioteca

Conocemos el contenido de su biblioteca del convento, por un inventario de 1821, encargado por el régimen liberal, que había ordenado la supresión de los pamploneses conventos de la Merced, San Agustín y los Trinitarios. A comienzos del s. XIX, esta biblioteca ocupaba una sala con iluminación natural, adornada con pinturas de cardenales y santos de la Orden.

Los libros, colocados en estanterías, seguían la habitual ordenación conventual por materias. Eran varios centenares de libros: 125 obras de los Expositores y Santos Padres; 74 obras de autores moralistas; 22 obras de los filósofos; 59 obras de los teólogos; y un número indeterminado de obras de tema variado.

Y, como desgraciadamente pasó en casi todos estos procesos desamortizadores, el destino final de todo este patrimonio es desconocido, y su beneficio público nulo.

La puerta del Convento de la Merced


El convento fue derribado en 1945. Lo único que se salvó fue su entrada, almacenada en depósitos municipales. Fue reconstruida en 2005 como acceso en la fachada S de la Escuela de Idiomas, en un lado de la plaza de Compañía.

Era una portada típica del siglo XVIII: un gran arco de dovelas cajeadas, elevado entre columnas toscazas, sustentadas por plintos.

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Puerta reconstruida del antiguo Convento de La Merced

De lo que podemos ver en la plaza de Compañía, una parte es original, la conservada en almacenes: el arco, los sillares de arranque del arco, los fustes de las columnas, las dos basas y capiteles, diversas molduras del entablamento, y la concha de la hornacina.

Afortunadamente, es muy difícil que hoy en día se derribe un edificio de esta categoría. O por lo menos esperamos que no ocurra nunca más.

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2 octubre 2014 4 02 /10 /octubre /2014 10:09

Contamos la historia del Convento de Santa Eulalia, desaparecido en 1521, que albergó en su claustro los famosos murales de la “Danza macabra”. Pamplona, como Navarra, conserva un rico patrimonio. Pero también conocemos datos muy interesantes de un Arte ya desaparecido por distintas circunstancias. Un ejemplo es el de las pinturas murales del Convento de Santa Eulalia.


La ciudad, que llegó presumir de tener conventos de casi todas las órdenes que existen, alberga ya sólo un número reducido de comunidades religiosas. Los mercedarios, que convivieron en la ciudad durante siglos desde la Edad Media, perdieron su Convento de la Merced en la Desamortización de 1836. Pero mucho antes de eso tuvieron su primer convento en Pamplona, en la zona que hoy alberga el Parque de la Taconera. Fue destruido en 1521. Y era famoso por las pinturas murales de su claustro. Unas pinturas que merecen ser conocidas, aunque sólo nos queden ya descripciones.

El convento de Santa Eulalia o Santa Olalla

El primer convento de los Mercedarios Calzados en Pamplona fue fundado en 1232 en una casa donada por el rey Sancho VII el Fuerte en el llamado campo del Arenal, hoy Taconera, frente a la iglesia de San Lorenzo y fuera de la muralla.

Este convento de estilo gótico contaba en su claustro con pinturas murales (“al aceite”) de una “Danza Macabra”.

En la conquista castellana del reino de 1512, se alojó en el convento el Duque de Alba. En el contexto bélico de 1521, se derribaron los conventos de San Francisco y de la Merced por estar situados cerca de los muros de la ciudad.

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Posible ubicación del Convento de Santa Eulalia, enn el Parque de la Taconera (Pamplona)

Los mercedarios en Pamplona después de 1521

La comunidad levantó un nuevo convento en la Rochapea en 1540. Sufrió dos riadas, por lo que en 1552 deciden construir otro dentro de la ciudad, el Convento de la Merced, en la antigua Casa de Estudios. Convento que sobrevivirá como tal hasta el s. XIX.

Las Danzas macabras

Lo macabro (entendido como relativo a la muerte) surge como temática e el arte del s. XIII. Se ve reforzado con las crisis de las plagas y pestes del s. XIV, que impulsan su lado visualmente más escabroso.

Las Danzas macabras son uno de las manifestaciones iconográficas de la fuerza de lo macabro, acompañadas por un texto casi tan importante como la imagen. Representan a la Muerte, personificada en el cortejo y danza por esqueletos a la vez terroríficos y grotescos, que invita al baile a todos los estamentos de la sociedad. Estos desfilan mientras los esqueletos se burlan de los que se jactan de su poder y riquezas, y les recuerdan la fragilidad de la vida terrena y la amenaza de una muerte repentina. Se subraya la necesaria búsqueda de una preparación espiritual adecuada que permita rendir cuentas ante el Creador.

Sin duda, la presencia de esta temática en los claustros y salas capitulares está en directa relación con su dedicación funeraria, en espacial de miembros destacados de la comunidad.

Una de las representaciones europeas más destacadas, origen y referente de muchas de las posteriores en otros lugares, es la Danza Macabra del Cementerio de los Santos Inocentes de París, realizada entre 1424 y 1425.

Las Danzas macabras y Animalías del Convento de Santa Eulalia, en Pamplona

Tenemos un descripción de cómo eran en un documento conservado en el Archivo General, titulado “Relación y prueba de lo que valía el Convento de Santa Eulalia de Pamplona, sus retablos, pinturas y demás accesorios al tiempo que se destruyó por mandato del Conde de Miranda, Virrey de Navarra por causa de las guerras con Francia”.

Se sabe por este documento que el Convento de Santa Eulalia de Pamplona contaba con pinturas al aceite en sus muros, que representaban una Danza Macabra, al estilo de las del Cementerio de los Inocentes de París.

En la pared que daba a San Lázaro se representaba una “Danza de animalías”. En ella, distintos animales bailaban al son que abría un grupo de animales músicos.

La Danza Macabra propiamente dicha estaba en el claustro. Seguía el esquema clásico: una sucesión de autoridades de cada estamento, en el orden social imperantes. Los personajes estaban organizados por estamentos, de acuerdo a las normas sociales de la época:

  • Iniciaba esta danza el Papa y las autoridades eclesiásticas.
  • Les siguen reyes y emperadores, seguidos por sus cortejos.
  • A continuación se suceden miembros de distintas profesiones y gremios.
  • Todos los grupos van acompañadas por muertes, esqueletos que se burlan de ellos, y les reprenden y recuerdan su caducidad.
  • Al final del cortejo encontramos el verdadero poder, el divino, representado por la Virgen, San Miguel pesando las almas, y Dios con el mundo en las manos.

 

Este tipo de iconografías es raro en las artes plásticas navarras de la época (no así en obra impresa). Sólo se conoce y conserva otro posible ejemplo en Navarra de danzas macabras o de la Muerte, descubierto en 1970-71. Están ubicadas en la Capilla del Cristo del Castillo de Javier, de finales del s. XV. Estilísticamente se las sitúa en un gótico avanzado, con algún detalle renacentista.

Es una pena que las pinturas desaparecieran, pero al menos tenemos la documentación para ejercitar nuestras imaginación y recrear lo que pudo ser este gran conjunto mural. Esperemos que no haya otros casos en el futuro, para que no se tenga que limitar el conocimiento de un monumento a textos, fotos o dibujos.

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30 septiembre 2014 2 30 /09 /septiembre /2014 06:04

Pamplona cuenta, al igual que ciudades como Barcelona, con un  monumento vertical rematado con una gran estatua, que preside el que fuera durante mucho tiempo paseo principal de la ciudad.

Un monumento no inaugurado después de más de un siglo de su construcción, con muchas circunstancias históricas a su alrededor.

El paseo de Sarasate

Es uno de los centros neurálgicos tradicionales de la ciudad, de paso habitual, al lado de la Plaza del Castillo. Una zona de complicada trayectoria urbanística. En origen zona de fosos, desde el s. XVII, este espacio originalmente extramuros de las murallas contó con numerosos edificios de larga tradición en la ciudad, muchos hoy desaparecidos.

De las construcciones primitivas, con una cierta antigüedad (fines s. XVIII, y s. XIX), quedan las viviendas situadas en la acera de la iglesia de San Nicolás, entre ésta y la Plaza del Castillo, Casa Baleztena, el Palacio de Navarra; y las ligadas al primer ensanche pamplonés, como el actual Palacio del Parlamento de Navarra (en origen Palacio de Justicia).

Desde mediados del s XIX fue un paseo muy querido por la ciudad, siempre arbolado, con fuentes, esculturas, y rematado finalmente con el monumento a los fueros. Popularmente conocido también como Paseo de Valencia, está dedicado al genial violinista pamplonés.

En el otro extremo del paseo, desde 1885 se pueden contemplar, recientemente restauradas, varias esculturas monumentales de reyes, excedentes de las dieciochescas que adornaban el Palacio Real de Madrid

La Gamazada

El origen del monumento está en la fuerte contestación navarra, institucional y popular, frente a un proyecto de presupuestos de Germán Gamazo. En 1893, lo que pretendía el por entonces ministro de hacienda, suponía prácticamente anular particularidades forales navarras.

Las gestiones de las instituciones navarras, y la fuerte presión popular, consiguieron evitar el contrafuero. Y fueron el germen del movimiento popular que culminó con la construcción del monumento.

El monumento

Construido en 1903, mide 23 m de altura. Es de tendencia vertical, diseñado por el arquitecto Manuel Martínez de Ubago.

Se compone de tres cuerpos. En la base, sobre un cuerpo de escalinatas y cadenas que simbolizan el escudo navarro, un cuerpo (de cinco metros de altura) de cinco caras, reforzado con columnas, simboliza las cinco merindades de Navarra. E incluye cinco placas de bronce con distintas inscripciones alusivas a los Fueros.

El cuerpo central cuenta con cinco esculturas, asentadas obre los capiteles de las columnas del primer cuerpo. Simbolizan el trabajo, la paz, la justicia, la autonomía y la historia.

 

El remate superior está formado por una gran columna de mármol rojo con capitel blanco, que sustenta una estatua, una figura femenina coronada de bronce de cinco metros de altura. Sostiene en su mano derecha una cadena rota, y en la izquierda la Ley Foral.

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 El Monumento a los fueros, en el Paseo de Sarasate (Pamplona)

Un monumento difícil de construir y sin inaugurar

Cuenta con cimentaciones de gran volumen y profundidad, fruto de los múltiples avatares y problemas que arrastró su construcción, que multiplicaron los costes, sufragados en principio por suscripción popular. Sin duda, como en otros casos, a nadie se le debió ocurrir consultar a investigadores sobre los problemas que iba a provocar, para semejante monumento, su ubicación en una zona de fosos rellenados y fuertes filtraciones de agua.

Los investigadores, y el testimonio de sus descendientes, coinciden en que la estatua que lo remata reproduce los rasgos de la que fue amante del arquitecto, y madre de tres de sus hijos, para escándalo de la conservadora burguesía de la época.

Sin que haya una razón pública, algunos lo achacan al escámndalo público sobre la modelo de la estatua, y muchos lo relacionan con circunstancias de índole político ligadas a los fueros. En todo caso, más de cien años después sigue sin ser inaugurada.

En cualquier caso, cualquiera que sea la razón, o incluso la modelo, sin ser una obra de arte universal, el monumento constituye un símbolo de la ciudad, de los fueros navarros, y un punto imprescindible a visitar.

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25 septiembre 2014 4 25 /09 /septiembre /2014 09:24

El 25 de septiembre es una de las festividades pamplonesas del calendario dedicadas a San Fermín, aunque la celebración de las fiestas de San Fermín Chiquito o Txiki, como se las conoce popularmente, se traslada normalmente a fin de semana para facilitar la participación de la población. Una fiesta para "los de casa".

Curiosamente, San Fermín es el patrón de la diócesis de Pamplona y copatrón de Navarra junto a San San Francisco Javier, pero no lo es de la ciudad, patronato que recae en San Saturnino.

Conmemoración de un martirio

La festividad que nos ocupa conmemora el martirio (decapitación) de San Fermín en Amiens (donde había ido a predicar) el 25 de septiembre de 303 (año aprox., algunos lo situan en la persecucción de  Domiciano del s. I d. C.). fecha estimada a partir de las "Actas de la vida y martirio de San Fermín", redactadas probablemente hacia el s. VI.

Forma parte de las tres fechas dedicadas en el calendario litúrgico local a San fermín: el 7 de Julio; el 25 de septiembre, en conmemoración del martirio; y la función de las Reliquias del Santo en un domingo variable de enero.

Unos Sanfermines otoñales

Hasta finales del s, XVI, se honraba a San Fermín el 10 de octubre, conmemorando la entrada del Santo en su sede de Amiens. Pero, ante los problemas que para las fiestas suponía el mal clima de octubre, se solicitó al obispo Bernardo de Rojas el traslado de la celebración a julio, aprovechando la coincidencia con la feria franca que se celebraba en ese mes en la ciudad desde 1381.

El 7 de julio de 1591 se celebró por primera vez en la fecha hoy conocida. La elección del día 7 parece relacionarse con el relato bíblico del Génesis, con el séptimo día, en el que descansó Dios tras la Creación. El 9 de octubre, y después en el día 6 de julio, se celebraba la función de Vísperas, y desde 1599 - durante doscientos años - se celebró una "vigilia penitencial" en agradecimiento a la ayuda del Santo en la terrible epidemia de cólera que asoló la ciudad en 1599. El caràcter lúdico del día 6, el txupinazo y todo lo que luego viene, es muy posterior.

Las fiestas de San Fermín Txiki

Unas fiestas muy caseras, de momentos entrañables y buen ambiente. Centradas desde siempre en el barrio de la Navarrería donde se ubica la iglesia de San Fermín de Aldapa (situada donde la tradición ubicaba la casa natal de san Fermín), cuya imagen se saca en procesión tras la Misa, en estas fiestas. Procesión a la que se suma la Corporación de Gigantes, Kilikis y Cabezudos de la ciudad, la banda municipal (la Pamplonesa), y el grupo de danzas municipal.

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Un momento de la procesión de San Fermín de Aldapa

El ondeo de la gran bandera a lo largo del puente de Curtidores, y el ascenso bailando desde allí del grupo de danzas municipal por la cuesta hacia San Fermín de Aldapa, el baile de espadas previo a la procesión, y el espectacular que realizan en la plaza del Ayuntamiento al mediodía, son otros grandes momentos de la fiesta. También los gigantes del Casco Viejo recorren las calles. Y no hay que perderse el almuerzo patrocinado por los comerciantes del mercado municipal.

Los actos son muchos, incluyendo por supuesto el ambiente nocturno, y todo lo que organizan tanto el Ayuntamiento como la asociación de vecinos. Unas fiestas de menos renombre, muy queridas por los pamploneses, y que merecen  ser conocidas. 

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22 septiembre 2014 1 22 /09 /septiembre /2014 10:00

Este pequeño edificio de inconfundible estética gótica, monumento nacional, tiene setecientos años de historia. Está ubicado en la calle Ansoleaga, en el corazón del centro histórico de la ciudad.

Desde allí se controló durante siglos la economía del Reino de Navarra. Y desde 1995 vuelve a ser la sede de dicha institución, superviviente del viejo reino navarro.

El hecho de que en los años 10 albergara el Museo Artístico Arqueológico de Navarra, sumado a que fue sede desde 1941 de la Institución Príncipe de Viana (encargada de velar por el patrimonio navarro) garantizó la pervivencia de esta joya medieval. Y dotó a su patio con múltiples evidencias del patrimonio de la comunidad foral navarra, lo que enriquece obviamente la visita.

La Cámara de Comptos

Este organismo medieval tiene su origen sobre todo a partir de Carlos II, en 1365. Estaba encargado de revisar velar por las cuentas del reino.

Hasta su abolición en 1836, pervivió siglos después de la conquista de navarra. Hoy en día vela de nuevo por la salud de la economía navarra, y su correcta gestión pública.

La ingente documentación que acumuló, conservada en la actualidad en el Archivo General de Navarra, es una de las mejores fuentes de información europeas para la Baja Edad Media, y no sólo de aspectos fiscales o económicos.

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La Cámara de Comptos

Un institución con muchas sedes

El Tribunal de la Cámara de Comptos tuvo su primera sede en una casa de la actual zona de Curia y Mercaderes. De allí paso a una propiedad real tras la iglesia de San Cernin. Su hundimiento provocó el traslado a la Torre del Rey en la calle Cuchillerías.

Y en el s. XVI se trasladó al edificio que nos ocupa. Tras una complicada historia con fases en las que la institución no existió, volvió a ser su sede en 1995.

Y un edificio con muchos usos

Tras la abolición de la Cámara de Comptos en 1836, tuvo muchos usos, sobre todo relacionados con la Cultura, y con frecuencia como primera sede de grandes instituciones culturales de la ciudad y de Navarra.

  • Desde 1868 y  hasta los años cuarenta, fue sede de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos, que es el precedente de la Institución Príncipe de Viana.
  • Desde los años 10 albergó los inicios de lo que luego fue el Museo de Navarra.
  • Desde 1952 y durante varias décadas conoció los inicios de la Universidad de Navarra.
  • Fue también sede de la Institución Príncipe de Viana.
  • Y de nuevo albergará la Cámara de Comptos a partir de 1995.


Visita a un edificio que se remonta a los inicios del gótico

Es una casa del s. XIV, adquirida por Carlos V en 1524 a los herederos de Pedro de Berrio, señor de Otazu. Fue declarado Monumento Nacional por R.O. del 16 de enero de 1868.

 

La pequeña plaza junto al edificio albergó durante años una preciosa escultura de Fructuoso Orduña, que podemos contemplar en el Museo de Navarra.

El exterior del edificio es de piedra. El acceso se realiza por un arco apuntado formado por dos platabandas, propio del gótico de transición. Se abren cerca de él varias ventanas apuntadas y geminadas, con parteluz de sección cilíndrica y capiteles de decoración simple.

Al interior, lo primero que nos encontramos es un corredor formado por una bóveda apuntada de sillares. Desde allí accedemos a un patio ajardinado. Al ser un edificio en uso por la administración, en principio, nuestra visita llegará sólo hasta él.

En ese patio veremos varios elementos patrimoniales interesantes: un pozo; una puerta; restos arqueológicos de la antigua ermita de San Nicolás de Sangüesa (hoy desaparecida); la placa con inscripción latina colocada en 1601 donde cayó herido en combate - el todavía soldado - San Ignacio de Loyola; un sepulcro gótico con estatua yaciente, y algunos restos artísticos más.

Aunque no alcanza el nivel de grandes edificios civiles medievales o renacentistas de otras ciudades, no deja de ser un bonito conjunto a visitar, Además, es sorprendente que se mantengan juntos edificio y el uso que ya se le daba hace quinientos años a esta casa (presente en la ciudad desde  hace cerca de ochocientos años). Ya sólo por eso merece ser conocido y cuidado. Y esperemos que así sea siempre. 

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