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25 octubre 2016 2 25 /10 /octubre /2016 10:21

En la cueva de Alkerdi, cuyos grabados son conocidos desde 1930, se descubrió en 2014 una nueva galería con grabados. Ante las previsibles consecuencias de la actividad de la cantera cercana, que explotaba el macizo rocoso que alberga Alkerdi , Alkerdi 2 y Berroberría (y otras cavidades con interés arqueológico, como  Zelaieta I y II), el Gobierno de Navarra encargó al equipo responsable de los hallazgos de 2014, el estudio del complejo kárstico de la zona, que ha dado como resultado, por el momento, el hallazgo en 2016 y 2020 de arte rupestre y galerías que conservan zonas con paleosuelo paleolítico, en la cueva de Alkerdi 2.

Realizaremos en este artículo una visión de conjunto del contexto geográfico y cultural y el uso de estas cavidades en la Prehistoria (BERROBERRÍA , ALKERDI, ALKERDI 2, y Zelaieta), y las novedades sobre arte parietal del Paleolítico Superior en Alkerdi y Alkerdi II.

Un emplazamiento privilegiado

Las cavidades se localizan en Urdax, una localidad ubicada al N del valle de Baztán. Situado en el extremo occidental de los Pirineos, este valle no responde sin embargo a los rasgos típicos de un valle pirenaico en altura. Básicamente, se define en lo estructural como una cubeta o depresión, a 150-200 msnm, bordeada por dos viejos macizos. La cubeta presenta un desnivel relativo considerable, de cerca de mil metros respecto a las montañas que la rodean (con algún caso de glaciarismo cuaternario en dos de estos montes, el Autza y el Sayoa). La zona posee un clima de tipo templado-atlántico, suave, de abundantes precipitaciones (un promedio de 1.400-2.200 mm de precipitaciones, caídas en 160-190 días). La vegetación natural en el Holoceno es de tipo atlántico, con hayedos en las montañas, robledades en las partes bajas, castañares en las intermedias, y otras especies como fresnos y avellanos.

En realidad, los municipios de Urdax y el vecino de Zugarramurdi, con desniveles marcados a su espalda respecto al resto del valle, se sitúan en el piedemonte de la vertiente N del valle, en la cabecera del río La Nivelle/Ugarana. Responden más a la orografía y climatología de esta vertiente, a las tierras que se extienden curso abajo del Nivelle, hacia la costa atlántica.

Historia de los descubrimientos

La cueva de Alkerdi fue descubierta por el espeleólogo francés N. Casteret en 1930, durante una visita a varias cuevas de los municipios de Zugarramurdi y Urdax. Presenta los datos de manera breve en 1933. En 1935, J. C. Baroja realiza calcos de los grabados por encargo de J. M. Barandiarán, quien ese mismo año señala la existencia del yacimiento arqueológico de la cavidad. En 1939 Casteret visita de nuevo la cueva con el marqués de Loriana, quien se limita a realizar nuevos calcos de algunas de las figuras del sector izquierdo, y excava una trinchera delante del sondeo de Casteret en Berroberría, publicando sus estudios en solitario (1940).

Durante años, el interés arqueológico se centrará en la excavación del abrigo contiguo de Berroberría. En los años cuarenta, por encargo de la I. Príncipe de Viana, S. Ribera Manescau, profesor de la Univ. Valladolid, excava en Berroberría. No publicó datos, ni hay noticias del destino final de los materiales. En los años cincuenta, J. Maluquer de Motes, nombrado director del servicio de excavaciones de la I. Príncipe de Viana, excava en Berroberría entre 1959 y 1965.

I. Barandiarán publicó en 1974 el estudio detallado de los grabados de Alkerdi. Realiza junto a A. Cava distintas campañas de excavación en Berroberría entre 1977 y 1996. En los años ochenta y noventa, ambos excavarán varias veces en Alkerdi (1988, 1993 y 1994).

En 2015, un equipo de investigadores, encabezados por D. Gárate, publicó el estudio de una nueva galería de dicha cavidad, que alberga una veintena de figuras grabadas, mayoritariamente bisontes, con características propias del Magdaleniense medio, especialmente vinculadas a los conjuntos de la vertiente pirenaica.

Ante la proximidad de una cantera en explotación, y su proyecto de ampliación de explotación, el gobierno de navarra encargó al equipo de Gárate el estudio del complejo kárstico de la zona. El resultado más relevante se refiere a Alkerdi 2, en la que se localizaron en 2016 y 2020 cinco sectores de arte rupestre (que adscriben al Gravetiense), así como zonas con paleosuelo paleolítico.

El gran complejo kárstico que alberga las cuevas de Alkerdi/Berroberría

Las cuevas pertenecen a un complejo kárstico hoy en día en estudio, la unidad geológica del sistema Alkerdi – Zelaieta, situado en la vertiente norte de la cordillera pirenaica, al N del valle de Baztán, en la cabecera de una serie de arroyos que drenan el margen derecho de la cuenca alta del Olabidea-Urdazuri, tributario aguas abajo del Nivelle, camino del Atlántico. Está excavado en el afloramiento rocoso de una masa de mármoles, margas, calizas, y areniscas calcáreas, entre los barrios de Alkerdi y Leorlas del municipio de Urdax. La regata de Urtxume, que atraviesa el afloramiento de SW a NE, crea una red interconectada de galerías fósiles y activas con simas y cuevas a diferentes alturas. Las aguas emergen nuevamente en la resurgencia kárstica de Kanbor, para desaparecer a los pocos metros dentro de las calizas de la zona de Ikaburua, horadando una nueva red de galerías. Las aguas vuelven a ver la luz en una resurgencia kárstica, desde la que confluyen hacia el río Olabidea.

En un extremo del relieve calizo que alberga el sistema kárstico, en la zona más afectada por las actividades de las canteras vecinas, se encuentran las cuevas de Zelaieta (I, II), con yacimiento arqueológico conocidos. Loriana publicó en 1940 los resultados de sus prospecciones en el interior de Zelaieta I, y habla de “fragmentos de cerámica tosca roja y negra y con alguna decoración muy sencilla, algunos huesos rotos y dientes de cérvido”. Barandiarán y Cava la exploraron sin resultado en 1979. Recientes investigaciones han localizado en 2016, cerca de las cavidades de Zelaieta, numerosos accesos exteriores a galerías, todavía por explorar.

En el otro extremo se ubican las cavidades con evidencias del Pal. Sup. (ALKERDI y ALKERDI II, y el abrigo de BERROBERRÍA). Sus embocaduras se abren con orientación S en un frente rocoso orientado de cara y al fondo de la pendiente pronunciada de las laderas del monte Arleun. Pendiente que dirigía las precipitaciones hacia la zona de estas cavidades que actuaba como cuenca de recepción. Su infiltración formó el complejo kárstico. En un primer momento, el arroyamiento de las corrientes que bajaban por la pendiente provocaba la reiterada inundación (en varias fases permanente) de la cavidad a cota más baja en este entorno de depresión, el abrigo de Berroberría, con fuerte acumulación de materiales arrastrados. El descenso definitivo del drenado de las precipitaciones a un plano inferior de la red subterránea, y el cambio en el punto en el que drenaban, permitió el uso prolongado de Berroberría como hábitat a partir del Magdaleniense.

Alkerdi/Berroberría durante la Prehistoria

Las cavidades de Alkerdi y Berroberría (a la espera de la certificación del uso de Alkerdi II como hábitat), responden al “ideal” de cavidad habitable que tanto abunda en los hábitats localizados de las comunidades francocantábricas durante el Paleolítico Superior: sitios de altitud baja, en la banda sublitoral que se extendía desde la cornisa cantábrica hasta la llanura aquitana, al pie de cadenas montañosas (en este caso, el extremo occidental de los Pirineos), con fácil conexión con las costa a través de cercanos ríos de corto recorrido que les proporcionaban además recursos piscícolas.

El entorno natural circundante a las cavidades de la zona de Alkerdi permitía un acceso cómodo a numerosos puntos de captación de recursos que ofrecía un espacio con una gran variedad de biotopos, abundante en mamíferos objeto de caza, con acceso a recursos del río cercano (incluido salmónidos), separado de la costa por sólo 15 km.

El uso de las cavidades como hábitat y/o para la plasmación de arte parietal parece diferenciar dos fases. En un primer momento, durante el GRAVETIENSE, usan Alkerdi ( tal vez Alkerdi 2) como hábitat en un asentamiento puntual. Alkerdi 2, todavía en estudio, es una gran cavidad con diferentes niveles, una red intrincada de galerías y gateras, y el arte rupestre repartido en distintas zonas de su desarrollo. En el caso de Alkerdi,  su techo bastante bajo (lo era cada vez más con la sedimentación) y el abundante goteo que provocaba el encostramiento del suelo, no la hacen candidata a su habitación prolongada, pero la vecina Berroberría permanecía inundada, y el entorno territorial tenía muchas ventajas. Como indican en 2008 Barandiarán y Cava, era “un sitio incómodo en un territorio conveniente. En este periodo grabaron y pintaron signos y figuras animales en Alkerdi  y Alkerdi 2.

Con los datos conocidos hasta ahora, hemos de dar un gran salto temporal hasta el  MAGDALENIENSE, cuando las comunidades paleolíticas se decantaron por habitar la opción más obvia, el abrigo de Berroberría, ya seco (aunque con algunas fases temporales de abandono por reinundación). Se trataba de una cavidad de corto desarrollo (que llegaba en algún punto a unos 18 m), pero con una embocadura de unos 23 m de ancho por 4 a 6 m de alto, y un amplio y cómodo espacio de cerca de 200 m2 habitables, bien orientada, con luz natural y agua cercana.

En el Magdaleniense Inferior y/o Medio tiene lugar una ocupación relativamente intensa de Berroberría (14430 +/-290 y 13580+/-140 BP), así como la realización de arte parietal (se identifican dos momentos de plasmación y/o dos manos) en dos de las galerías y un punto del vestíbulo de Alkerdi. Tras un fase de abandono por un nuevo anegamiento de Berroberría (la incomodidad de Alkerdi y las filtraciones del techo la hacían inhabitable) en un periodo climático especialmente lluvioso que cegó o colmató los puntos de evacuación de agua, con la reactivación de estos o la activación de otros Berroberría volvió a ser un espacio seco que fue habitado de manera casi continuada durante el resto del Magdaleniense: Magdaleniense avanzado (superior) (subnivel E inferior), en el último tercio del decimocuarto milenio BP; y Magdaleniense final, en el decimotercer milenio BP (subnivel E superior) y duodécimo milenio BP (subnivel D superior).

Habitación que se prolongó durante el AZILIENSE (subnivel D inferior, a caballo entre el undécimo y el décimo milenio BP). Tras un hiatus de mil quinientos años (probablemente por otro episodio de inundación temporal), de nuevo fue habitada con intensidad durante el MESOLÍTICO antiguo/medio, a lo largo de todo el noveno milenio BC.

Como en otras cavidades, en los momentos finales de la Prehistoria se siguió usando Berroberría, pero con menos intensidad y/o de manera esporádica, posiblemente en la misma época en la que se ha constatado el uso de las de Zelaieta. Está atestiguada la presencia en Berroberría de grupos del NEOLÍTICO (nivel B superior), y de la Prehistoria reciente (nivel A, primera mitad del tercer milenio BC).

Territorio y vecindades en el Paleolítico Superior

Con los datos que se tienen es difícil reconstruir ejes de desplazamiento y delimitar los límites del territorio de subsistencia, del espacio cultural común e intercambios y contactos, en un escenario tan amplio (y sin accidentes orográficos destacados) como el de la gran cuenca del Adour y les Gaves. Faltan los datos de la cercana (el mar está a unos 15 km de Alkerdi) llanura costera (hoy inundada) y su posibles yacimientos. Pero tenemos algunos elementos de juicio para valorar algunas de esas relaciones de aproximación que se han detectado en el espacio franco cantábrico para las comunidades del Pal. Sup., como la similitud formal y tecnológica entre los útiles encontrados, su fabricación y uso, indicios de intercambio y distribución de manufacturas, de iconografías y técnicas gráficas similares, etc.

De los sitios al aire libre y cavidades conocidos con uso en el Paleolítico Superior, en un entorno más cercano encontramos las cuevas de Lezia (Gravetiense, apenas a 3 km de aquí y en el camino hacia/desde Isturitz), Lexotoa I (J.M. de Barandiarán recogió por cata en 1941 útiles de sílex atribuibles al Paleolítico superior), Sorgiñen‐Leze (con cata de prospección de J.M. de Barandiarán en 1935, mats. atribuibles a “facies magdalenienses”), y Uriogaina (arte parietal magdaleniense detectado por J.M. de Barandiarán, y sondeos sin publicar posteriores). A distancias en un radio aprox. de 30 km, en la gran zona abierta a la que se accede desde Alkerdi, prospecciones de C. Chauchat permitieron determinar, en la región de Bayona, dos concentraciones de estaciones al aire libre del Paleolítico Superior, que se han ido confirmando a posteriori. La primera, en la orilla derecha del río Nive (incluyendo por tanto la meseta de Saint-Pierre d'Irube, en la que desde hace mucho se habían recogido evidencias de varias ocupaciones del Paleolítico Medio y Paleolítico superior), parece extenderse hacia el Este, en dirección a Isturitz y sitios pirenaicos. ”. Enlazaría así con las cavidades de Isturitz, Gatzarria, Hareguy, los talleres de utillaje lítico de aire libre de Tercis‐Les Bains, y la cueva du Pape/Brassempouy en Landes. La segunda concentración parece circunscrita al litoral atlántico, en una banda de aprox. 1 km de ancho. En ella encontramos la estación al aire libre de Lestaulan (Gravetiense) en la propia Bayona, la de Chabiague (Solutrense y Auriñaciense) al Sur de Biarritz, y la de la meseta de Bidart (con mats. constatados desde el chatelperroniense al Gravetiense). Entre ambas concentraciones, una zona con menos evidencias, que puede deberse a complicaciones prospectivas (un entorno menos urbanizado con praderíos para pasto), y/o a la ausencia de afloramientos de sílex de calidad. No en vano, la mayoría de sitios de la región de Bayona se localizan próximas a afloraciones de sílex de flysch costero de variedad Bidache. En las cuevas de Alkerdi y Berroberría, el análisis del material lítico sobre el que realizan su tecnología indica un predominio (80%) de este sílex, localizable a unos 30 km hacia el N/NW, lo que reforzaría la idea de contactos e intercambios regionales.

Isturitz, a 30 km de la costa actual y en el piedemonte pirenaico, a 35 km de camino (enlazando rutas junto a cursos fluviales) desde la zona de Alkerdi, es para muchos investigadores el gran “aggregation site” regional que pudo ejercer de eje y punto de intercambio/conexión de todo tipo para las comunidades cercanas.

La cantera de Alkerdi, conflicto entre economía y cultura

Desde 1965 se extrae piedra de una cantera extractiva a cielo abierto, ubicada en el paraje de Alkerdi, en la base del collado Bere Berriko lepoa y flanqueada por la regata Kanboko iturria al norte y Mitxelenborda al sur. A pesar de que se sabía desde los años treinta la existencia de yacimiento paleolítico, de las sucesivas campañas de excavación en Berroberría y Alkerdi, y de la ubicación de la cantera en las proximidades de cuevas y sobre el macizo rocoso en el que se inscribe su sistema kárstico, la actividad extractiva ha continuado hasta nuestros días, afectando especialmente a las cavidades del frente N del macizo, Zelaieta I y II. Responde al ya clásico conflicto entre economía y cultura: se produce un desencuentro entre las resoluciones favorables a la actividad extractiva y los métodos de voladura por parte de los organismos competentes de la administración, y los informes y resoluciones de los técnicos de cultura en una línea diferente, con el habitual “ritmo” de toma de decisiones de la administración. Pero mientras tanto la actividad extractiva y las voladuras perduran y el patrimonio se ve afectado.

En este caso, la publicación en junio de 2015 de nuevos hallazgos de arte parietal en Alkerdi, supone un cambio de tendencia que parece definitivo. Por encargo de la Dirección General de Cultura, un equipo multidisciplinar de arqueólogos, espeleólogos y geólogos, (bajo la dirección de la Sociedad de Ciencias Aranzadi), ha revisado el gran complejo kárstico, lo que ha supuesto el descubrimiento en 2016 y 2020 de arte parietal y otras evidencias prehistóricas en Alkerdi II. Un hallazgo con la suficiente entidad, que sumado a lo ya conocido ha supuesto la ya casi definitiva paralización de la actividad extractiva, y que supondrá el reforzamiento de la protección legal de los yacimientos.

Conocidos los resultados del estudio de investigación realizado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi sobre la “Caracterización del macizo y sistema kárstico de Alkerdi y de su entorno de protección”, la Dirección General de Cultura-Institución Príncipe de Viana ha procedido a su inscripción en el Registro de Bienes de Patrimonio Cultural de Navarra, como BIC y la categoría de Zona Arqueológica. El tiempo dirá si todo esto se traduce en la adecuada conservación de estos hallazgos, y las novedades que aporta la investigación arqueológica.

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15 junio 2016 3 15 /06 /junio /2016 10:36

El hallazgo que nos ocupa fue descubierto en 1997 en la cueva de Silberberg, una de las partes del complejo subterráneo de Sterkfontein (valle de Bloubank, Sudáfrica). Numerado como Stw573, conocido popularmente como “Little Foot”, es probablemente el esqueleto más completo localizado de Australopithecus. Es excepcional tanto por la calidad de su conservación, como por las circunstancias de su hallazgo.

El valle del río Blauawbankspruit, “Cuna de la Humanidad”

Desde el año 2000, la Unesco incluyó en la Lista de Patrimonio Mundial, con el nombre de “Cuna de la Humanidad”, el conjunto de yacimientos localizado en el valle del río Blauawbankspruit, en África del Sur. De allí proceden más de la mitad de los restos de homínidos antiguos conocidos hoy en día para el período entre -4 y -1 millones de años. Este valle, excavado por un curso de agua que fluye hacia el noreste, se abre en la parte superior de una escarpadura que separa dos grandes regiones naturales: la de Highveld (a 1500-1600 m.s.n.m.), y la de Bushveld (a 1000 m.s.n.m). La zona se sitúa a 45 Km al OE de Johannesburgo. Una banda dolomítica y sus brechas, en la que se localizan los yacimientos, crean un terreno accidentado al atravesar la zona. Un paisaje herbáceo, en el que la vegetación se vuelve más densa junto a los cursos fluviales.

Las yacimientos principales son: Sterkfontein, al sur del valle; los yacimientos al aire libre de Swartkrans, (1’2 km al SOE de Sterkfontein) y Kromdraai (1,6 km al NE de dicho complejo); y la cueva Wonder Cave (junto a Kromdraai). En otras tres cavidades, (Drimolen, Coopers B, y Gondolin) se han encontrado también fragmentos de fósiles de homínidos. Y a ellos se añade una serie de cuevas con yacimiento paleontológico (Gladysvale, Bolt's Farm, Minnaar's Caves, Plover's Lake y Haasgat), en las que los investigadores ven potencial para el hallazgo de fósiles de homínidos.

Entre los homínidos, hay restos de Australopithecus africanus, Homo habilis, Paranthropus, y Homo ergaster. En el caso de Little Foot y otros fósiles de Sterkfontein la investigación discute su adscripción a otra rama (todavía no definida con precisión) de los australopitécidos, identificada y localizada también en la cueva sudafricana de Makapansgat (que Raymond Dart designó en 1948 como Australopithecus prometheus).

El compleko subterráneo de Sterkfontein

El complejo subterráneo de Sterkfontein se extiende varios Km. Comprende las cámaras subterráneas de Silberberg, Name Chamber, Milner Hall (que convergen) y numerosos pasajes de intersección, así como la cueva de Lincoln. Fue dado a conocer al mundo científico en 1895 por el geólogo David Draper. El primer hallazgo destacado fue el de parte de un australopitécido adulto en 1936 por Robert Broom. El interés arqueológico se centró sobre todo en Silberberg, aunque buena parte de los profundos depósitos de la red no había sido excavada sistemáticamente. Ahora, las investigaciones y sondeos en Milner Hall (cuatro nuevos fósiles de homínidos), caverna Jacovec (parte de un cráneo de australopitécido), Name Chamber, han aportado desde 2015 nuevos fósiles. En superficie, el paisaje dolomítico del valle mantiene rasgos característicos de los karts de la gran cuenca de Transvaal: pocas evidencias visibles de morfologías kársticas, y desaparición de la red fluvial superficial. Pero el endokarst está muy desarrollado, es del tipo hiperfreático, con redes laberínticas de pasillos y cámaras. La disolución de la calcita (que a su vez origina las brechas), el enlace entre estos canales creados por disolución, forma las cavidades, más que la existencia de sistemas endokársticos bien integrados. La disolución provocó también el colapso de cavidades que dejaron en superficie parte de las brechas y los depósitos superiores. Durante millones de años, el agua arrastró al interior de las cavidades los centenares de restos de homínidos, y de fauna, que fueron recubiertos por sucesivos aportes de sedimentos. La acción del agua sobre la roca a lo largo de millones de años ocasionó la calcificación del sedimento, formando una matriz rocosa de gran dureza, las brechas. Depósitos de brecha sobre la que siguieron incidiendo el agua y los aportes sedimentarios, la erosión/redistribución, la calcificación/ decalcificación, nuevas brechas y sedimentos intercalados con antiguas brechas. Sterkfontein, significa en afrikáans “manantial fuerte”, un indicio del proceso de formación de las cavidades. Se han necesitado décadas de investigación para comprender la complejidad subterránea de Sterkfontein.

La fiebre del oro

La riqueza de Sudáfrica en minas de oro está en el origen de los hallazgos. Desde que se descubrió hace ciento veinticinco años el “Main Reef” de Johannesburgo, el principal yacimiento de oro que desató la fiebre del oro a finales del siglo XIX, en una franja que se extiende de oeste a este a lo largo de 70 kilómetros hasta la localidad de Springs. En el proceso de extracción y manipulación del metal se empleaba calcita, que se utiliza para disminuir el punto de fusión del oro. A principios del siglo XX, los mineros se dieron cuenta de que Sterkfontein y las cuevas cercanas eran ricas en concreciones de calcita en un contexto de grava fuertemente cementada, la brecha. Eso supuso el uso de dinamita para la extracción. En los escombros, los mineros a menudo encontraban fósiles atrapados en la brecha, que llegaron a manos de los investigadores de la Universidad de Johannesburgo, que comprendieron pronto su importancia. En los años veinte, la industria del oro se decantó por un sustituto de la calcita, lo que conllevó el cese de la actividad minera en las cuevas hacia 1939, sustituida por la acción de los paleontólogos. Los grandes depósitos de restos de brechas, creados por el proceso de minería, contienen miles de restos de fauna y homínidos. Estos vertederos mineros fueron investigados parcialmente entre 1936 y 1966, y todavía se están procesando en la actualidad.

Los homínidos de la “Cuna de la Humanidad”

De la mayoría de los homínidos de hace varios millones de años se han recuperado restos aislados (para un periodo muy posterior, el yacimiento europeo de Atapuerca sería otro caso excepcional), o pequeñas concentraciones, y casi nunca en conexión. Pero en esta zona de Sudáfrica, la cantidad y conservación de los restos es excepcional. Por citar varios ejemplos: el primer australopitécido adulto en 1936 localizado en Sterkfontein por Robert Broom; el espécimen de Homo habilis (Stm53) encontrado por Hughes en 1976; el cráneo casi completo de Australopithecus africanus StW505 (conocido como Mr. Ples) encontrado por el equipo de Hughes en 1989; y “Little Foot” (Stw573), recuperado poco a poco por el equipo de R. Clarke desde 1994.

Muchos de los fósiles de esta antigüedad localizados al aire libre o en cavidades muestran marcas de dientes que revelan que su carne fue consumida por depredadores o carroñeros. Los australopitécidos eran una presa más para ellos. En Sterkfontein, parece tener más incidencia el arrastre por escorrentía del agua hacia el interior de las cavidades, aunque “Little Foot”, un australopithecus casi completo y en conexión, parece una excepción.

La calidad de los restos localizados en este complejo subterráneo y en el resto del valle permiten incluso estudios neurológicos en profundidad: la posición posterior del sulcus lunatus en el endocráneo del australopithecus StW505 (conocido como Mr. Ples) mostraría una reorganización neurológica del cerebro al menos desde la aparición del Australopithecus africanus. Estos homínidos contarían ya con esta autapomorfía, un rasgo derivado y único característico del taxón del género Homo.

En el cercano yacimiento de Swartkrans creen haber localizado indicios de domesticación del fuego que pueden remontarse más de un millón de años, aunque al estar al aire libre hay dudas, a diferencia del localizado en otra cavidad sudafricana coetánea, la cueva de Wonderwerk, en la que parece haber una mayor certeza sobre su carácter intencionado.

El descubrimiento de “Little Foot”, una misión casi imposible

En 1994, R. Clarke decide revisar una caja de fósiles de animales recuperada por P. Tobías y H. Hughes en la cueva de Silberberg, en el complejo kárstico de Sterkfontein. Descubre entre ellos cuatro huesos de un pie derecho y un fragmento de tibia derecha, de un homínido. Se les pone el apelativo de “Little Foot”. Años después, en 1997, en otra caja de fósiles de la cueva encuentra cuatro huesos de un pie izquierdo y parte de la tibia izquierda. Con la convicción de que pertenecen al mismo individuo, Clarke plantea la posibilidad de localizar el resto del esqueleto en la cueva. Envía a dos ayudantes, S. Motsumi y N. Mofele, con el molde de la tibia. Descienden a la cueva y recorren una de las ramas de la vasta red de galerías. Durante 36 horas revisan suelo y paredes de una cavidad que conservaba los restos de los sucesivos dinamitados para extraer la calcita. Y, finalmente, a 25 m de profundidad advierten un hueso fragmentado que asoma. La rotura encajaba exactamente con el molde de la tibia.

Una investigación muy compleja

La investigación sobre “Little Foot” es muy complicada. La matriz rocosa en la que estaba inmerso el esqueleto es tan dura que no fue extraído en su totalidad hasta 2010. Todavía queda trabajo para liberar a los huesos de los sedimentos calcificados que los recubren. Los rellenos de la cavidad tuvieron una agitada evolución postdeposicional, que complica las dataciones.

La compleja evolución sedimentológica de la cavidad es un obstáculo considerable para precisar la cronología del sitio. No permite una datación relativa coherente para Stw573. Al menos en lo que se refiere al análisis estratigráfico, o a la posibilidad de correlacionar con la fauna. Complicado por el intenso periodo de actividad minera y uso de explosivos. En un principio, el análisis mediante U-Pb (uranio-plomo) de las coladas dio un resultado menor de lo esperado de la fauna y la posición estratigráfica, alrededor de 2,2 Ma (millones de años). Pero estudios posteriores, estratigráficos, micromorfológicos y geoquímicos descubrieron un proceso postdeposicional muy activo (vacíos dentro de la brecha que envuelve el esqueleto, múltiples generaciones posteriores de crecimiento variable de rellenos, de larga evolución, etc.). Esa fecha sólo indicaba una edad mínima para unos restos. Posteriores dataciones con uranio-plomo (U-Pb), análisis paleomagnético, ubicaban los restos entre los cuatro y dos millones años, una horquilla temporal demasiado amplia y poco precisa. En 2015 se publicó un estudio en el que, utilizando la técnica de datación cosmogénica, a través del estudio de isótopos como el berilio 10 y el aluminio 26, se demostró que la brecha que contiene Stw573 se depositó hace 3,67 ± 0,16 millones de años. Mucho antes que las coladas, de 2,2 millones de años. Y antes de la datación de los primeros instrumentos líticos de Sterkfontein, que se remontan a 2,18 ± 0,21 millones de años.

Una caída de más de veinte metros

“Little Foot” conserva más de un 90 % del esqueleto (el cráneo completo, el antebrazo y una mano en articulación, un húmero completo, costillas y vértebras, partes de la pelvis, y la mayoría de los huesos de las extremidades inferiores), y muchos de sus huesos se encuentran en posición anatómica correcta. No presenta marcas de dientes de depredadores ni de carroñeros, ni la conexión anatómica de sus restos fue alterada por ellos. No sufrió escorrentía.

La explicación más coherente que encuentra la investigación relaciona esta posición con una sima (colmatada con el paso del tiempo) por la que la cavidad comunicaba con el exterior en esa época. Por una razón que se desconoce, el homínido cayó por la sima y su cuerpo quedó para siempre en la misma posición, sepultado por el sedimento que se iba acumulando sobre él, y que se cementó, envolviendo el cuerpo en una dura matriz rocosa. El cuerpo parece conservar la posición en que murió: un brazo hacia arriba y apoyado en la cabeza, la mano cerrada con el pulgar en su interior, el otro brazo contra el cuerpo, y las piernas retorcidas.

No cabe duda de que en los próximos años, Little Foot y todo lo que se va descubriendo en Sterkfontein y el valle aportará grandes hallazgos en el campo de la paleoantropología. Un referente a no perder de vista para la comprensión del proceso de hominización.

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17 mayo 2016 2 17 /05 /mayo /2016 10:27

La sierra de Atapuerca, uno de los más importantes enclaves arqueológicos del mundo, alberga evidencias fósiles y arqueológicas (industria lítica, huesos de fauna con marcas de carnicería, etc.), de los homínidos que han habitado el continente europeo a lo largo de más de un millón de años.

Del gran conjunto arqueológico de la sierra, los yacimientos de Trinchera, colmatados desde hace miles de años, ven la luz a raíz de la gran zanja o trinchera que atravesó la sierra a fines del s. XIX para dar paso a un ferrocarril minero. A diferencia de estos, la gran boca de la Cueva Mayor (que daba acceso al gran conjunto de salas y galerías subterráneas), fue siempre visible en el paisaje, accesible, y visitable. Hogar o lugar de enterramiento de las comunidades del Calcolítico y Edad del Bronce, Cueva Mayor siguió siendo conocida y usada desde la Edad del Hierro hasta época reciente como refugio pastoril y/o ocasional. Conocida como la Cueva de Atapuerca, Cueva Mayor está documentada desde el s. X BC.

Un emplazamiento estratégico

La sierra de Atapuerca se eleva poco en época histórica sobre el entorno cercano. Corresponde a la más alta de las terrazas del río Arlanzón (se eleva unos setenta metros sobre el cauce actual). Ha mantenido siempre un gran valor estratégico. Domina el corredor natural de la Bureba, que conecta las grandes cuencas del Ebro y del Duero. Aportaba recursos del saltus (leña, ganadería, caza y otros recursos del bosque) a las comunidades agroganaderas que se fueron asentando en la Bureba.

La ubicación de la sierra y la Bureba explican su papel como vía de comunicación, con caminos cercanos a Cueva Mayor. Por las inmediaciones de la cueva discurre una vía romana secundaria, un ramal de la vía Asturica Burdigala. Antiguos caminos recorren la sierra y enlazan los pueblos de larga tradición medieval, que la bordean. Una cañada enlaza los términos de Atapuerca e Ibeas de Juarros, bordeando la sierra. El antiguo Camino de Santiago, proveniente de Arlanzón, discurría junto a Ibeas de Juarros (conocida en 1151 como “Ibeas del Camino”). Al N de la sierra, junto al pueblo de Atapuerca discurre otro ramal de peregrinaje que procedía de San Juan de Ortega, documentado entre 1047 y el s. XIX como “camino de Tapuerca a Burgos”, o “de los romeros”.

Uso del Portalón de Cueva Mayor en época histórica

Aunque hasta el s. XX se desconocía su valor arqueológico, la boca de El Portalón y el recorrido subterráneo de partes de Cueva Mayor eran conocidos desde antiguo. En realidad, nunca dejaron de serlo. La recogida de huesos en la Sima de los Huesos está testimoniada desde al menos el s. XVIII.

Los niveles superiores de las excavaciones realizadas en El Portalón muestran estancias ocasionales o de corta duración (ligadas al pastoreo, caza, explotación de la madera, etc.) en la Protohistoria (Edad del Hierro, con fechas del 790-420 BC) y en época romana (lo encontrado se situaría a caballo entre el s. I a. C y el s. I BC).

En los niveles medievales excavados (s. X a XII), la dinámica de uso temporal u ocasional del vestíbulo como refugio de pastores o aprovechamiento de los recursos del bosque pervive. Las huellas de su uso, con un fin similar, serán ya bastante más escasas en épocas posteriores.

Huellas del paso de visitantes por el mundo subterráneo de Atapuerca

Como en la gran mayoría de cavidades de gran desarrollo y embocadura de dimensiones considerables, los visitantes dejaron sus inscripciones en sus galerías. Las hay desde la Edad Media. En 1868, los ingenieros de minas Sampayo y Zuaznavar, en su descripción de la cueva, hacen hincapié en su abundancia. Mencionan medievales, asocian alguna a posibles caracteres árabes, y señalan que son ya muchas desde el s. XVI. Recogen la de Fray Manuel Ruiz, que dejó también escrita la fecha, 1642. Indican que hay gran número del s. XVIII, y son muy frecuentes en el s. XIX, incluida la del gobernador de la provincia en 1863.

La Cueva Mayor en el s. X. El Becerro de Cardeña

Está documentada en documentos medievales. La referencia más antigua corresponde al s. X. En el Becerro de Cardeña, que recoge documentos reunidos entre finales del s. X y 1086, encontramos una referencia dentro de un documento de fin testamentario, con fecha del 9 de julio del 963, titulado “De Orbanelia et de Sancti Martini et de ecclesie Sancti Petri in Berbesca”. En él se dice: “…de inde per summa serra de Adtaporka usque ad ḝcclesiḝ Sancti Vincenti que est super illa cueba, et in directo per illa via que discurrit ad aslanzone…”.

Ecos de Atapuerca en la corte de los Austrias del s.XVI

En el s. XVI encontramos la noticia de una visita de la corte de Carlos V a su interior en 1520, y la primera descripción de la cueva según el relato que se hace en una carta dirigida a Felipe II el 23 de abril de 1576. Esa supuesta visita de 1520 a la cueva, está recogida en la “Crónica burlesca del emperador Carlos V” (1525) de don Francés de Zúñiga, bufón del Emperador. Este libro, segunda parte de sus crónicas satíricas y burlescas sobre la Corte del emperador y sus personajes, cumple su función cortesana de entretenimiento del emperador y sus allegados, haciendo ficción a partir de algo con un fondo verídico, las noticias y comentarios que corriesen en la Corte sobre la cueva de Atapuerca. Y aunque todo parece indicar que visita  de la cueva (de ella dice Zúñiga: esa “…cueba admirable y espantosa de ber, y que creya ser hecha por Dos y no por mano de gentes…”) por parte de la Corte y sus personalidades sea más que dudosa, es un indicio claro de que no se trataba precisamente de una cueva desconocida, incluso en los ambientes cortesanos.

Atapuerca, tradición e Ilustración en el s. XVIII

Las visitas a la cavidad prosiguen, como lo atestiguan las inscripciones en la cueva. A finales del s. XVIII, en los albores de la paleontología, en la época de la Ilustración, preludio de la polémica entre la aceptación de un pasado tan remoto y el seguimiento fiel y textual del Génesis, las grandes salas y galerías de la cueva y sus fósiles siguen siendo de interés.

Cuando, en esa época, comienzan a elaborarse mapas precisos de la península, Tomás López y Vargas, geógrafo real (autor de los mapas provinciales de Madrid, Jaén, Granada y Córdoba), realizó un mapa titulado: “Mapa geográfico de una parte de la Provincia de Burgos que comprende los partidos de Burgos, Bureva, Castroxeriz, Candemuño, Villadiego, etc”. Para la elaboración del mapa de la diócesis remitió un formulario al arzobispado de Burgos.

La respuesta que recibe de Manuel Francisco de Paula, vicario de la burgalesa Cuadrilla de Gamonal (es una de las cuatro que integraban el arciprestazgo/decanato de Burgos, y comprende localidades que bordean la sierra, como Olmos de Atapuerca) se titula: “Descripción de algunas cosas curiosas que hay en la cuadrilla de Gamonal” (1795). En ella, el vicario destaca, como elemento singular más destacado la cueva de Atapuerca, es decir, la Cueva Mayor y las grandes galerías y salas de su interior. “…memorable Cueba, producción bien rara de la naturaleza, sin haver intervenido en su formacion la industria humana”. De Paula Indica múltiples visitas a la cavidad, sobre todo de agricultores, en 1783-83 y 1792-93. Y, en una fecha sin precisar, la visita del propio cabildo junto al justicia de Rubena y más gente, dirigidos en el recorrido por el clérigo Josef Gil de Matha.

A la descripción de la cueva dedica el vicario casi la mitad de su exposición, en la que subraya su asombro y admiración ante lo visto. Sobre el acceso, El Portalón, dice: “La entrada principal, que es por un Callejon de crecidos peñascos, mira casi al meridiano; y por aquí la primera vista que se descubre, es la de un grabe Portico construido de iguales peñascos”. De lo que escribe se deduce que se adentraron en el Salón del Coro, y siguen escoge hacia la derecha, adentrándose en la Galería de las Estatuas y Galería Baja; luego vuelven sobre sus pasos, al comprobar que la galería se interrumpe, para encaminarse por la vía izquierda hacia la Galería del Silo. Parte de la expedición logra superar las dificultades de la gatera que da acceso a la Sala de los Cíclopes y descienden al Silo o la Sima de los Huesos. Del recorrido, al vicario le llama la atención sus proporciones: “Por partes, la bobeda de esta Cueba es tan elevada, que compite, si no sobrepuja a la de la nave de la Yglesia mas alta, por otras partes es tan baja, que no llega a la de una pequeña hermita, y por otras es preciso pasar arrastrando como las Culebras por los abujeros de sus estrechos peñascos”. Destaca las formaciones estalagmíticas: “…así la mayor parte del cielo de esta Cueba esta cubierto de una especie de caramelos grandes, y pequeños, semejantes a aquellos que con el rigor del yelo vemos pendientes en los texados”.

Pero encuentra la explicación a lo que ve en el imaginario de las gentes de la comarca, y en fabulaciones de su propia cosecha. Habla de las leyendas asociadas a la cueva por las gentes de la comarca: existencia en ella de largos ríos verdes, profundos e intransitables; presencia de “…grandes quadras de pavorosos toros”; lugar subterráneo de “…salas espaciosas y adornadas camaras, y havitaciones de Damas mui peregrinas, y que en sus Antesalas estaban los Galanes,y escuderos armados con las bayonetas caladas, y alfanjes desnudos…”; huesos en la Sima pertenecientes a “…alguna espantosa fiera, criada en estas sierras” o en otras próximas, o restos de “…una sierpe muy horrible…”.

Explica la profusión de huesos que han visto al descender a la Sima como “osario de los moros, moras y moritos”, dada la leyenda de que “…esta Cueba la havitaron por largo tiempo los moros”. Los pozos o silos que habían visto en las galerías los relaciona con los “Pozos de Aníbal”, siguiendo la idea de las minas de las que los cartagineses, cuando conquistaron parte de la Península, sacaron mucho oro y plata de las entrañas de las sierras. Lo que le permite enlazar con otra leyenda que conoce, típica de las cavidades, sobre la presencia en la cueva de Atapuerca de oro y plata. Y esto le lleva a elucubrar sobre la posibilidad de que los huesos de la Sima fueran los de los mineros africanos usados en ella por los cartagineses. Y, por supuesto, encuentra otra posible explicación a la Sima de los Huesos en el episodio histórico más conocido de la zona, la batalla de Atapuerca entre castellanos y navarros en 1054. El depósito de huesos de la sima sería para el vicario el destino final de los muertos de la batalla: “…pudo acontezer que rompiesen por su bobeda y abrir por aqui un vocaron, que caiese recto, y perpendicular a este pozo, y arrojar por el los hombres, y caballos, que havian fenezido en el Campo y ser de estos la multitud, de tantos disformes y desiguales guesos”.

El s. XIX y los ecos de Darwin

A mediados del s. XIX, Pascual Madoz, en su monumental obraDiccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España” (1845-1850), incluye la cueva (apoyado en los datos del escrito de 1795 del vicario de la cuadrilla de Gamonal, y con detalles que parecen indicar que manejó un croquis o mapa simplificado), aunque sin referirse a la sima: “…no se puede penetrar en ella sin luz artificial y cuerda, ni á pesar de las varias tentativas nunca se ha podido hallar el fin por sus muchas tortuosidades; se notan algunas escavaciones que se ignora para qué fueron hechas, y a los 3/4 de legua de profundidad se halla una pequeña, pero muy hermosa fuente de buena calidad y cristalina; su techo aparece cubierto de varias figuras formadas por la petrificación de las aguas que por él se infiltran”.

Las visitas se suceden, con consecuencias para la cavidad. El interés por visitar la cueva, creció sin duda en las décadas finales del siglo por la progresiva atracción de las clases acomodadas y profesiones liberales hacia los fósiles, y la Arqueología. Y, como dicen Sampayo y Zuaznávar, se ve reforzado por la cercanía a Burgos, la mayor facilidad para alquilar un vehículo que deje a corta distancia de la boca de la cueva, y la proximidad de ésta a la carretera Burgos - Logroño: “…contribuye a que la cueva sea visitada por los aficionados de la capital, no dejando de servir muchas veces de pretexto para pasar un día de campo…”.

Por entonces ya hay noticias “arqueológicas”. En la década de los sesenta del s. XIX, el conocimiento del pasado, y la formación arqueológica son muy minoritarios, aunque sí se aprecia el efecto que las revolucionarias teorías de Darwin provocaban por toda Europa. En un artículo del Eco Burgalés (20-V-1863) que recoge las excavaciones que realizaron Felipe Ariño y Ramón Inclán en la Cueva ciega, cercana a Cueva Mayor, recoge que encuentran un “…depósito de restos humanos, algunos de grandor extraordinario, y todos desmenuzados por su origen antiquísimo…un colmillo de jabalí y una gran concha de remotos mares”. En 1863, para evitar su deterioro, Felipe Ariño solicita y consigue de la Reina Isabel II la concesión en propiedad de la Cueva de Atapuerca, durante sesenta años. En su escrito indica la existencia de “…restos de sepulcros, monedas y hermosos fragmentos”, e indica que quiere levantar “…un plano facultativo interior”. En 1868 ya hay un guía oficial, Ramón Inclán.

Y en 1868, los ingenieros de minas P. Sampayo y M. Zuaznávar publican “Descripción con Planos de la cueva llamada de Atapuerca”, con grabados de Isidro Gil. La publicación de ambos ingenieros permite acceder al primer plano de la cueva, levantado por ambos. En su descripción de la cavidad se alternan los adjetivos calificativos (“misterioso palacio”, “suntuoso alcázar”), con datos relativamente precisos de su interior. De la Sima dicen: “…pequeña galería en cuyo piso se halla el famoso silo o pozo que tanto escita la curiosidad…Este pozo no es completamente vertical, sino que presenta rampas en diferentes sentidos. La falta de medios nos impidió reconocerle como hubiéramos deseado…”. Incluso calculan el desnivel (42,80 m) de la sima respecto “…a la zanja que precede a la entrada de la cueva…”. De Cueva Mayor se limitan a mencionar los silos de las galerías, restos humanos, y cerámicas. De los silos dicen: “…el piso de estas galería se halla cubierto en ciertos sitios, de redondos hoyos abiertos en la arcilla fina y sucia…han sido abiertos con objeto de sacar la arcilla que forma el suelo, para aprovecharla en varias artes”. En la Galería de las Estatuas localizan sobre el pavimento los restos destrozados de un esqueleto humano. No reflexionan sobre ello, pero sí sobre el daño ocasionado por visitantes: “…desmanes de algunos curiosos a quienes sólo parecen guiar en tales visitas el deseo de destruir”. Desgraciadamente, no podemos decir que el afán de destruir y coleccionar haya desaparecido en nuestros días entre los que visitan cualquier cueva, ni mucho menos. Es curiosa la explicación sobre “…varios trozos de barro cocido…” que encuentran entre los escombros de la entrada de la cueva: “…se supone ser crisoles, que usarían en sus manipulaciones algunos monederos falsos que establecerían su industria en aquellos subterráneos como más seguros para su objeto”.

Pero los ingenieros no creen que la cueva, Cueva Mayor, pueda ser incluida entre las “…cavernas huesosas…” con “…íntima relación con el origen de la especie humana”. Algo que sí piensan posible de la cercana cavidad de Cueva ciega, que también exploran. De ella dicen que cuenta con aberturas que comunican “…con otras cavidades de las que se dice haberse estraido tierra con huesos que suponen pertenecían a la raza humana, deduciendo de aquí una misteriosa y terrorífica historia”. Se basan para ello en las excavaciones de Ariño e Inclán (1863). Concluyen que “El estudio bien entendido de esta cuevas puede ser útil no sólo a la ciencia geológica, sino también a la arqueología, la antropología…”. En 1890, la cueva de Atapuerca pasará a depender de la familia Inclán, propiedad que ostentaron durante un siglo.

Años después, cuando la ciencia prehistórica está cobrando un impulso decisivo, la Cueva Mayor será ya objeto de estudios. En los primeros años del s. XX, L. March, en 1906, menciona la presencia de pinturas. En 1910 Jesús Carballo descubre el yacimiento de la Edad del Bronce, y pinturas, e Investiga allí entre 1911 y 1912. En esa época el abate Breuil y Hugo Obermaier la visitan y estudian, interesados especialmente por las pinturas rupestres, sobre todo por la pintura de una cabeza de caballo, localizada en dicha entrada por Carballo. Será el inicio de una nueva fase, la de la investigación.

Una investigación que hoy en día continúa, con los grandes resultados conocidos.

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5 mayo 2016 4 05 /05 /mayo /2016 15:10

Cráneo 5 de la Sima de los Huesos

La sierra de Atapuerca es uno de los más importantes enclaves arqueológicos del mundo. Sus yacimientos albergan evidencias fósiles, y arqueológicas (industria lítica, huesos de fauna con marcas de carnicería, etc.), de toda la secuencia de homínidos que ha habitado el continente europeo, desde hace un millón trescientos mil años, hasta el presente.

Una sierra con cuevas en un lugar estratégico

Situada a unos 15 km al este de la ciudad de Burgos, la sierra de Atapuerca, a 1085 m s. n., es un relieve originado en el Neógeno que se eleva unos setenta metros sobre la más alta de las terrazas del río Arlanzón. Son 14 niveles de terrazas sucesivas, excavadas desde inicios del Cuaternario, que empiezan a casi cien metros del actual cauce del río. Las subsiguientes alteraciones de los nivel freáticos en este contexto calizo conformaron el importante complejo kárstico de Atapuerca, fosilizado en parte desde el Pleistoceno.

La ubicación estratégica y el potencial ecológico de la sierra (de la Bureba), desde la que se domina el corredor natural de la Bureba, que conecta las grandes cuencas del Ebro y del Duero, explicaría la larguísima secuencia cronológica atestiguada en Atapuerca.

Más de un siglo de investigaciones

La boca de El Portalón y el recorrido subterráneo de partes de Cueva Mayor eran conocidos desde antiguo. Está documentada desde el s. X. Fue muy frecuentada, y hay inscripciones en sus galerías desde por lo menos el s. XIII. En 1863, ya se habla de su deterioro. En 1868, los ingenieros de minas P. Sampayo y M. Zuaznávar publican “Descripción con Planos de la cueva llamada de Atapuerca”.

La enorme cantidad de basura y sedimento revuelto que tuvo que desalojar y revisar el equipo de Atapuerca antes de acometer la excavación de la Sima de los Huesos, es un testimonio evidente de la frecuencia con la que los aficionados a recolectar fósiles llegaron hasta la Sima, y la alteraron.

No obstante, las investigaciones que se suceden a lo largo del s. XX, anteriores a las del equipo actual, se centraron en El Portalón de Cueva Mayor y las galerías limítrofes: March (1906), Carballo (1910-1912). Breuil, y Obermaier (en la época de Carballo), Martínez-Santaolalla (1925-30), Jordá (1964 y 1966), G.A. Clark (1972), Apellániz (1973-1983).

Una mandíbula que dio comienzo a la investigación

La situación cambió radicalmente tras el hallazgo de una mandíbula humana en 1976. El paleontólogo Trinidad Torres excavaba en Trinchera y en la Sima de los Huesos. La Sima de los Huesos era un lugar especialmente atractivo por su gran riqueza en restos de osos. Inesperadamente, junto a osos “Ursus deningeri” de más de 120.000 años se recuperó una mandíbula humana. Emiliano Aguirre reconoció en la mandíbula rasgos arcaicos del Pleistoceno Medio. La revisión de los fósiles obtenidos en la excavación de 1976 permitió identificar más fósiles humanos. En 1978, tras reunir un equipo interdisciplinar (especialistas en geología, arqueología y paleontología), Aguirre emprendió la tarea de excavar los yacimientos pleistocenos de Atapuerca, incluida la propia Sima de los Huesos.

No obstante, las peculiares condiciones de acceso, y de conservación de los restos, no permitieron la excavación sistemática de la sima hasta 1984. Los espeleólogos aficionados, que año tras año habían accedido al yacimiento a la búsqueda de fósiles de oso, habían alterado profundamente los niveles superiores del sedimento de la sima. Rompieron numerosos huesos, que acabaron mezclados con restos de basura y bloques de caliza en un amasijo informe. De manera que, antes de iniciar una excavación sistemática, fue preciso evacuar toneladas de sedimentos alterados y bloques de roca caliza, por la difícil ruta hasta el Portalón. Tras instalar la infraestructura básica para un espacio tan complicado, se empezó a excavar en 1984. Tras jubilarse Aguirre, desde 1991 se trabaja en el conjunto de Atapuerca (Trinchera, Cueva Mayor, etc.) bajo la dirección colegiada de Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. En estos últimos quince años se han recuperado miles de fósiles humanos más en la Sima de los Huesos.

El karst de Atapuerca

Hoy en día se accede hasta la Sima de los Huesos desde El Portalón, el principal acceso exterior del complejo Cueva Mayor - Cueva del Silo - Cueva Peluda, integrado en el complejo kárstico multinivel de la Sierra de Atapuerca. Además de los dos accesos abiertos en la actualidad El Portalón, y el acceso en sima a la Cueva del Silo, los espeleólogos hablan de otros siete accesos exteriores colmatados desde el Pleistoceno. El complejo kárstico de Atapuerca se compone de tres niveles básicos, cuyos elementos principales son: Portalón, la Galería del sílex, el Salón del coro y la Galería de las estatuas pertenecen al nivel superior; la Galería baja, la Galería del Silo, y la Sala de los Cíclopes. Y en el nivel inferior se situarían la Sima de los Huesos, la Cueva del Silo y Cueva peluda.

Acceso, ubicación y diseño de la Sima de los Huesos

A la sima se accede desde la gran Sala de los cíclopes. La bóveda de esta sala presenta numerosas chimeneas ascendentes. El colapso de los techos de al menos dos de ellas provocó la entrada de sedimento exterior. La mitad sur de la sala estuvo sellada por sedimentos, que fueron lavados y erosionados por la evolución del karst. En el fondo del muro sur se abre una gatera a la Sala de las oseras, que conserva en su superficie numerosas camas de hibernación de osos, restos paleontológicos de estos úrsidos, y numerosas marcas de zarpas en los bloques. En el extremo sureste de esta Sala de los Cíclopes (los osos también usaron la gran sala) hay una rampa que asciende hasta una pequeña galería ciega, en cuyo extremo se abre la Sima de los Huesos. En su inicio, la sima es un conducto vertical de unos cuatro metros de diámetro y catorce metros de profundidad. Al pie de este desnivel vertical se inicia una rampa descendente, de suelo arcilloso y techo bajo, de unos tres metros de anchura por casi diez metros de longitud (denominado en el yacimiento como SR o Sima-Rampa). Éste desemboca en una pequeña sala.

Uno de los muchos dilemas que se presentaron con el descubrimiento de la Sima de los Huesos es el de la manera en la que los osos de las cavernas que hibernaron en esta zona de la endokarstia, y las comunidades humanas que usaron la sima, accedieron hasta ella. Sobre todo teniendo en cuenta el complicado periplo desde El Portalón. Parece claro que hubo accesos exteriores hasta la Sala de los Cíclopes. El equipo de investigación de Atapuerca sitúa ese acceso en un conducto actualmente colmatado por sedimentos margosos. La sección del conducto se localiza junto a la rampa que conduce hacia la cabecera de la Sima de los Huesos. Este acceso colmatado está situado apenas diez metros por encima del derrumbe clástico que bloquea el acceso a la Sala de las oseras

Una estratigrafía complicada

Los fósiles humanos aparecen sedimentados junto a fósiles de oso de la especie Ursus deningeri en un estrato de arcillas de color rojo. Este nivel sedimentario se depositó sobre un relieve irregular previo, fruto de anteriores episodios de rellenado y erosión. A su vez, este nivel de arcillas rojas, rico en fósiles humanos, fue alterado por la posterior circulación de agua, resultando en un nuevo relieve irregular. Tiempo después, otra capa, que sólo contiene fósiles del mismo tipo de oso y de otros carnívoros, cubrió los sedimentos ricos en fósiles humanos. De manera que los distintos niveles no tienen un espesor constante a lo largo del yacimiento, ni están situados horizontalmente unos sobre otros, sino que a menudo se ponen en contacto lateralmente.

A esta geometría irregular del depósito, consecuencia de su compleja historia geológica, hay que añadir que los fósiles humanos no están distribuidos homogéneamente en su correspondiente nivel de arcillas rojas. Por el contrario, en algunas partes de SH, como el Área B o el Área A, se encuentran acumulados, mientras que en otras zonas del yacimiento son escasos o inexistentes. Esta distribución tan caótica es la consecuencia de que los huesos llegaron a SH acarreados, por pequeños “aludes” de barro, desde su lugar original de deposición en la rampa (SR).

A ello se sumó la remoción ocasionada por la “actividad” de los mamíferos que caían en la trampa, y no fallecían. Y todo lo que alteraron los aficionados que bajaban a la sima en busca de fósiles.

Hace más de trescientos mil años

En principio, la paleontología (no hay restos de especies de oso posteriores al Ursus deningeri) y el análisis antropológico, proporcionaron las herramientas para una cronología relativa. En 1998 se descubrió, en el mismo nivel que los fósiles humanos, la única herramienta lítica encontrada en este yacimiento, un bifaz tallado en roca cuarcita de color rojo, del Modo 2 o Achelense (modo tecnológico ampliamente representado en otros yacimientos de Atapuerca), que concordaría sin problemas con el tipo humano hallado en la Sima. En la campaña del año 2001 se realizó un descubrimiento que permitió precisar más la datación. Ese año, se encontró en la parte superior de la rampa (en el lugar denominado SRA: Sima-Rampa Alta) una estalagmita horizontal depositada sobre niveles de fósiles humanos. Los resultados obtenidos para la estalagmita de SRA determinan que su antigüedad rebasa el alcance máximo de dicha técnica, establecido en 350.000 años. En la actualidad se habla de cerca del medio millón de años.

La difícil explicación de un difícil lugar

Los restos pertenecen a la especie del Homo heidelbergensis. Son más de veinticinco individuos de diferentes edades. Y, aun contando con la cercanía de una entrada a la cueva, hoy colmatada, resulta difícil explicar cómo llegaron al interior de la sima.

El equipo que excava la sima defiende que: fueron transportados a la cueva, y arrojados intencionadamente a la sima, a través de la caída vertical de trece metros. Acumulados muy posiblemente en un tiempo no demasiado largo, llegaron allí en conexión anatómica, completos. El hecho de que fueran arrojados allí sería, para el equipo de Atapuerca, el primer indicio de una acumulación intencionada de cuerpos fallecidos en un lugar especial, un precedente de lo que en el futuro serán los enterramientos.

La sima está en un lugar apartado, al final de una galería ciega. La recuperación en la sima de doscientos ejemplares de osos de la especie Ursus deningeri, de varios representantes de grandes felinos (posiblemente leones), de algunos restos de lobo, linces, zorros, mustélidos, etc., puede deberse a la suma de casos sucesivos de caída en esta trampa natural al cabo de miles de años, atraídos por el olor de la carroña, (o en algún caso por arrastre por coladas de barro). Hay voces discordantes sobre ciertas incongruencias derivadas del análisis tafonómico, algo lógico en el debate científico de un yacimiento complejo, en proceso de excavación, al que le queda mucho para hablar de agotado).

Pero resulta difícil entender la presencia de tantos individuos de una comunidad humana que es muy dudoso que habitara o frecuentara la vecina Sala de los Cíclopes (no hay evidencia arqueológica que lo certifique). De nuevo, hay algunas voces discordantes que no encuentran validación tafonómica de la tesis de los investigadores sobre la deposición intencionada de los cadáveres en la sima. El problema básico para el análisis, la fuerte alteración postdeposicional. En ningún caso se han identificado conexión anatómica entre los restos. En muy pocos casos se ha podido llegar a atribuir dos o más huesos a un mismo individuo. Es muy difícil identificar niveles coherentes, haya zonas en la sala del fondo de la sima con acumulación, otras en la rampa en las que casi no hay restos. El equipo que excava allí ha identificado la causa en una combinación de factores: la sucesión de coladas o aludes de barro que desplazaban, alteraban y revolvían los restos; la acción de animales que no murieron en la caída, y carroñeaban; los destrozos ocasionados por los numerosos coleccionistas modernos de fósiles.

El Homo heidelbergensis

Los restos localizados en la Sima de los Huesos han sido adscritos al Homo heidelbergensis, que habitó el continente europeo durante el Pleistoceno Medio (hay otros restos de la especie en los yacimientos de Mauer, Arago, Montmaurin, Pontnewydd, Steinheim, Swanscombe). Le sucedieron, en un continuum evolutivo, los neandertales. El reciente descubrimiento de ADN mitocondrial fósil en un fémur humano de la sima ha permitido establecer también su relación con los denisovanos, una especie humana localizada hasta ahora en la región meridional de Siberia, en la que habitó hace unos 40.000 años.

La enorme cantidad de restos humanos de la sima, en un excepcional grado de conservación (incluidos los del oído, muy pequeños y delicados, que en muy raras ocasiones se recuperan para individuos tan antiguos) permite para el Homo heidelbergensis un nivel de estudio y análisis inimaginable (incluido el ADN,) antes de su descubrimiento, para restos tan antiguos.

Serían individuos físicamente similares a nosotros, con un cálculo medio de 1,75 m de alto, y 95 kg de peso, con gran masa muscular y huesos muy resistentes. Su esqueleto, presentaba una mezcla de caracteres antiguos y modernos. El análisis dental, las marcas identificadas en sus dientes, indican que usaban los dientes como herramienta, como una “tercera mano”. Se ayudaban de ellos en el procesamiento del cuero, tendones, vegetales (aprisionaban entre los dientes y estiraban, en un movimiento recurrente). Sujetaban con ellos un extremo de la carne, que cortaban con la herramienta que empuñaban con la mano libre, que en los individuos recuperados en la sima es predominantemente la derecha. Trabajo de la mandíbula que explica la abundancia de casos con artrosis temporomandibular. Consumían una dieta mixta animal – vegetal, de vegetales fibrosos y abrasivos (quizás ingeridos crudos) que desgastaron mucho el esmalte. Un tercio de los individuos pasaron estrés por malnutrición en el destete, hacia los tres años de edad. Los surcos de muelas indican el uso de palillos para limpiarse los dientes.

El torrente de datos que proporcionan los restos permite también un acercamiento a sus patologías. El cráneo 5 murió de una septicemia que comenzó en los dientes y se extendió hasta el ojo. Tiene además hasta trece impactos en su cráneo, recibidos a lo largo de su vida. El cráneo 4 (que también tiene otros tres impactos en el cráneo, circunstancia que se repite en más individuos) corresponde a un individuo sordo, que tiene el conducto auditivo casi cegado por un crecimiento anormal del hueso probablemente ligado a una persistente otitis. En varios casos, sus dolencias requerían del apoyo y colaboración de la comunidad para su supervivencia. Es el caso de la pelvis y parte del tronco del individuo más anciano localizado (apodado Elvis por los investigadores), que se acercaría a los sesenta años. Las vértebras de Elvis muestran cifosis lumbar degenerativa, la enfermedad de Baastrup, y espondilostesis, Es un caso que muestra ayuda social y cuidado de la comunidad hacia un individuo con tal suma de dolencias que le afectaron largo tiempo, incapacitantes y muy limitadoras. Ayuda que también necesitaba otro miembro del grupo (cráneo 14), que falleció a los diez años, y que sufría trastornos motores y cognitivos importantes desde que nació.

La conclusión más evidente, asuma uno o no la tesis de la Sima de los Huesos como lugar de deposición intencionada de cuerpos (como precedente más antiguo de lo que luego será un ritual funerario), subraya su enorme importancia en la paleoantropología mundial, y su papel fundamental en el conocimiento de la especie del Homo Heidelbergensis, del que nos aporta una cantidad de información que sobrepasa en mucho (en cantidad y estado de conservación) lo recuperado de la mayoría de los homínidos previos a nosotros. Y tanto la Sima como el resto de Atapuerca guardan todavía mucho por descubrir.

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13 abril 2016 3 13 /04 /abril /2016 11:20

El Portalón de la Cueva Mayor de Atapuerca

La sierra de Atapuerca es uno de los más importantes enclaves arqueológicos del mundo. Sus yacimientos albergan evidencias fósiles, y arqueológicas (industria lítica, huesos de fauna con marcas de carnicería, etc.), de toda la secuencia de homínidos que han habitado el continente europeo, desde hace un millón trescientos mil años hasta el presente.

Los yacimientos más conocidos universalmente son los pleistocénicos, los de Trinchera, y el de la Sima de los Huesos. Sin embargo, el equipo que investiga en la sierra excava desde hace bastantes años, con grandes resultados, otros de época más reciente. Destaca el trabajo arqueológico en el Portalón (el vestíbulo de acceso al recorrido subterráneo principal, excavado en distintos momentos y por diferentes investigadores desde hace un siglo) y en las galerías próximas (sobre todo la Galería del Silex). Aquí nos centraremos en lo que han descubierto sobre el uso de la Cueva Mayor en la Prehistoria Reciente.

Un lugar estratégico

Situada a unos 15 km al este de la ciudad de Burgos, la sierra de Atapuerca, a 1085 m s. n., cuyo relieve se originó en el Neógeno, se eleva unos setenta metros sobre la más alta de los 14 niveles de terrazas sucesivas, excavadas desde inicios del Cuaternario, que empiezan a casi cien metros del actual cauce del río Arlanzón. Las subsiguientes alteraciones de los nivel freáticos en este contexto calizo explicarían el importante complejo kárstico de Atapuerca.

La sierra domina el corredor de la Bureba. La proximidad a este corredor natural, que cuenta con un paisaje enriquecido por la confluencia de ecosistemas resultantes de la transición entre montaña y llanura fluvial, y que conecta las grandes cuencas del Ebro y del Duero, explicaría la larguísima secuencia cronológica atestiguada en las cavidades de Atapuerca.

Hasta la fecha, las investigaciones en cavidades de la sierra se han centrado en varios frentes: los yacimientos localizados en la trinchera del ferrocarril de (Sima del Elefante, Gran Dolina, y Galería – Covacha de los Zarpazos); las cavidades abiertas en la sierra (Cueva Mayor, Cueva del Silo, Cueva del Mirador y Cueva Ciega; y varios yacimientos al aire libre (Hotel California, Hundidero, y Valle de las Orquídeas).

Más de un siglo de investigaciones en Cueva Mayor

Cueva Mayor es conocida desde antiguo. Entre la gran cantidad de inscripciones localizadas, algunas pueden ser del s. XIII. Parece atestiguada en documentación del s. XV. Hay una inscripción de 1645. En 1863, Felipe Ariño solicita la concesión de la cueva para evitar su deterioro. En 1868 ya hay un guía oficial. Ese año, los ingenieros de minas P. Sampayo y y M. Zuaznávar publican “Descripción con Planos de la cueva llamada de Atapuerca”. L. March, en 1906, menciona la presencia de pinturas. En 1910 Jesús Carballo descubre el yacimiento de la Edad del Bronce, y pinturas, en el acceso de la cueva. Investiga allí entre 1911 y 1912. En esa época lo visitan y estudian el abate Breuil y Hugo Obermaier, interesados especialmente por las pinturas rupestres, sobre todo por la pintura de una cabeza de caballo, localizada en dicha entrada por Carballo. En 1925-30, J. Martínez-Santaolalla estudia figuras y cerámicas de la cavidad, e incluye el Portalón en su estudio sobre el Neolítico de Burgos. En los años cincuenta, el grupo espeleológico Edelweis cartografía la cavidad. En 1964 y 1966 excava en ella Francisco Jordá. En 1972, G.A. Clark, realizó una serie de sondeos en la sierra, constatando que la potencia estratigráfica de El Portalón superaba los de 2 m de profundidad, e incluía al menos desde el Eneolítico hasta la Romanización. La interesante secuencia obtenida, junto con los hallazgos parietales en la Galería del Sílex (sella desde antiguo, Edelweis descubre el acceso a ella en 1972), llevaron a J. Mª Apellániz, a desarrollar en El Portalón campañas sistemáticas de excavación entre 1973 y 1983. Desde el año 2000 se suceden las campañas de la nueva fase de excavaciones, bajo la dirección colegiada de J. Arsuaga, E. Carbonell y J.M. Bermúdez de Castro.

Cueva Mayor y el karst de Atapuerca

Cueva Mayor, integrada en el complejo kárstico multinivel de la Sierra de Atapuerca, corresponde a un karst senil, al menos desde finales del Pleistoceno Medio. Enlaza, a través de un recorrido complejo, con la Cueva del Silo (muy alterada por los destrozos de los visitantes, con acceso en sima, se ha recuperado algo de material y localizado arte parietal similar al de la Galería del Sílex, que indican su uso durante la Prehistoria Reciente) y a través de ésta con Cueva Peluda a la que los estudios espeleológicos relacionan con el conducto principal en la cueva del Silo. Además de los dos abiertos en la actualidad, los espeleólogos hablan de otros siete accesos exteriores colmatados desde el Pleistoceno. Portalón, la Galería del Sílex, el Salón del coro y la Galería de las estatuas pertenecen al nivel superior del complejo kárstico.

Una cueva utilizada durante medio millón de años

En la fase más antigua de uso de la cueva, hasta ahora, en El Portalón y en el recorrido subterráneo subsiguiente está atestiguada la presencia de comunidades del Pleistoceno. El más conocido, de hace medio millón de años, en la Sima de los Huesos, aunque probablemente ligada a una entrada cercana, hoy cegada. También lejos de la entrada, en el tercio final de la Galería de las Estatuas, donde la galería se ciega, se han realizado sondeos desde 2008 en los que, con una antigüedad en torno a 50.000 años, se ha encontrado industria lítica musteriense en sílex y cuarcita, junto a restos de fauna (caballos, ciervos y bóvidos, algunos restos de carnívoros como zorros). En El Portalón, lo más antiguo excavado contiene con algunos restos líticos de grupos humanos del Pleistoceno Superior). Siguió siendo usada en las fases iniciales del Holoceno (nivel del Mesolítico en el Portalón). Los grupos de cazadores recolectores conocieron un Portalón con una morfología muy diferente, enlazaba desde la entrada en una prolongada rampa hasta el Salón del Coro.

Aunque, como se ha constatado en galerías como la Galería de las Estatuas, hay evidencias de actividad humana de carácter puntual en el Neolítico, la fase de uso más intensivo y continuado parece corresponder a la Prehistoria Reciente, durante el Calcolítico y la Edad del Bronce. Para entonces, la progresiva colmatación natural del sector N del vestíbulo y la tendencia del sedimento a la horizontalidad habían individualizado el Portalón, y facilitaron su uso como asentamiento. Las excavaciones de El Portalón indican que fue lugar de enterramiento en el Calcolítico. En la vecina Galería del Sílex, y en menor medida en el resto del recorrido subterráneo (en especial en otras tres grandes galerías de la cueva, Estatuas, Baja y Silo), parece acreditarse su función como “Santuario”, con rituales funerarios, arte rupestre, y gran cantidad de elementos asociables a celebraciones simbólicas. En la Edad del Bronce, El Portalón sirvió de asentamiento más o menos permanente, centrado sobre todo en la actividad ganadera.

Además de los visitantes ocasionales que dejaron su firma desde la Edad Media en las paredes de las galerías, los niveles superiores de El Portalón muestran estancias ocasionales o de corta duración (posiblemente ligadas al pastoreo, caza, explotación de la madera, etc.) en la Protohistoria (Edad del Hierro, con fechas del 790-420 BC) y en época romana (por las inmediaciones de la cueva discurre una vía secundaria, un ramal de la vía romana Asturica Burdigalam, lo encontrado se situaría a caballo entre el s. I a. C y el s. I BC). La dinámica de uso temporal u ocasional del vestíbulo como refugio de pastores o aprovechamiento de los recursos del bosque pervive en la Edad Media (s. X a XII), y será ya mucho más escasa en épocas posteriores.

El yacimiento de El Portalón durante el Calcolítico – Edad del Bronce

El Portalón es una entrada de Cueva Mayor, la cavidad principal de la cara Sur de la sierra de Atapuerca. Es el acceso principal conocido en época histórica. Ubicado en el fondo de una dolina, no llegó a colmatarse por aportes externos. En esta sala de entrada, que supera los doscientos metros cuadrados de superficie, las excavaciones han identificado una amplia secuencia estratigráfica de cerca de 10 metros, que se extiende desde el Pleistoceno Superior hasta la Edad Media. En el periodo que aquí nos interesa, los datos indican su uso como “santuario” o “lugar de enterramiento” durante el Calcolítico. Y el asentamiento de comunidades, a lo largo de la Edad del Bronce, que lo usan como hábitat permanente.

Durante el Calcolítico (III milenio a. C.), este gran vestíbulo de la cavidad fue utilizado como lugar de enterramiento. Aprovechando la abundancia de grandes piedras dentro de la cueva, las reorganizaron formando una estructura tumular en la que depositaban los cadáveres de sus muertos junto a objetos rituales. Muchos de estos enterramientos fueron alterados por las gentes del Bronce que vinieron después. Pero, en 2012 se excavó un cadáver intacto de un niño de 6 años. Fue enterrado en una fosa preparada con piedras, rodeado por un ajuar de objetos de cerámica alrededor de la cabeza, el pecho, las rodillas y los pies. A sus pies se localizó el cadáver casi completo de un cervatillo.

El análisis de los enterramientos aporta información importante sobre la los inicios de la agricultura y la ganadería. El ADN recuperado en algunos de los fósiles humanos descubiertos en El Portalón, datados entre hace 3.500 y 5.500 años, identifica la migración como principal agente de la expansión del Neolítico por Europa. En el caso de la península ibérica, estuvo protagonizada por grupos preindoeuropeos que se mezclaron con las poblaciones locales de cazadores-recolectores.

En los niveles de la Edad del Bronce (II milenio a. C.), en El Portalón se localiza de asentamiento más o menos permanente. Por los datos publicados en 2015, las excavaciones arqueológicas demuestran la intensidad actividad en su interior, que incluye su uso para estabular fauna doméstica, o complejas estructuras creadas rellenando espacios con aporte de tierra desde el exterior, para hacer la cavidad más habitable. A lo que se sumarían las estructuras localizadas en superficie en las galerías interiores (silos, etc.). En el recorrido subterráneo también se aprecian evidencias de su aprovechamiento funcional, dada la localización de abundantes silos de almacenamiento, y depósitos de agua (aunque con reservas en cuanto a su cronología).

Hay muchas evidencias de la vida cotidiana de estas gentes. Se ha recuperado una gran cantidad de objetos: cerámicos (platos, cuencos, ollas, grandes vasijas, queseras y jarras), algunas de ellos grabados y decorados con gran calidad, singulares, probablemente de prestigio o rituales; objetos de hueso, asta o marfil, para uso cotidiano (espátulas, cucharas, agujas, punzones, puntas de flecha, etc.); objetos de piedra, ya sea de finalidad agrícola (dientes de hoz, molinos, láminas, cuchillos, hachas pulimentadas, percutores de talla), o textil (pesas de telar); metálicos (escasos, algunos punzones de sección cuadrada, un hacha plana). También aparecen objetos de adorno personal o ritual (botones, cuentas de collar, adornos hechos de concha). La abundancia de restos de fauna refuerza la tesis de una comunidad centrada en la actividad agroganadera, complementada con la caza.

El "Santuario" de la Galería del Silex

A la derecha de la zona del Portalón se accede hacia la Galería del Silex. Ésta tuvo un acceso exterior en una dolina cercana al Portalón. Un derrumbamiento en las postrimerías de la Edad del Bronce (2.800-2.700 B.P.) la selló. Y la suma de derrumbes y rellenos cerraron también el acceso desde El Portalón, hasta que en 1972 el G.E. Edelweiss desobstruyó parcialmente el acceso.

Los trabajos, realizados entre los años 70 y 80, documentaron evidencias líticas (percutores, nódulos de sílex, puntas foliáceas, un elemento de hoz, etc.), en parte talldas con material proveniente de la explotación de una cantera de sílex situada al final de la Galería), de hueso trabajado (principalmente elementos apuntados), de restos de huesos de fauna doméstica y salvaje. Y la presencia de restos humanos de al menos 25 individuos, unos 9 círculos de piedras, 3 silos, 1 gran estructura construida con arcilla y espeleotemas rotos para el almacenamiento de agua (asociada a una zona de filtración y goteo). Así como y un amplio repertorio de fragmentos cerámicos cuyo estudio evidencia el uso de la Galería desde el Neolítico (6.500-6.300 B.P.) hasta el Bronce Final (2.800-2.700 B.P.).

En las paredes de la Galería del Sílex se documentó un amplio corpus iconográfico de arte esquemático (casi 400 motivos), compuesto por pinturas negras y rojas, y grabados distribuidos en 53 paneles. La temática se compone de formas lineales y geométricas (retículas simples y con apéndices laterales, parrillas, trazos simples, puntos formando hileras, arboriformes, soliformes, pectiniformes, tectiformes, zigzags, ondulados, etc.), de formas antropomorfas, y en menor número, de representaciones humanas y animales. Los momentos de ejecución de las representaciones artísticas de la Sierra de Atapuerca, establecidos por las relaciones estilísticas existentes entre motivos decorativos de las cerámicas y grafías rupestres, por la datación radiométrica de figuras pintadas con carbón, y por la tipología de los motivos, representan un espectro temporal amplio, relacionado con las ocupaciones de la Galería del Sílex, abarcando quizás desde momentos neolíticos hasta el Bronce Final.

La asociación y la distribución espacial de las evidencias líticas, óseas, paleontológicas, cerámicas, antropológicas y artísticas de la Galería del Sílex ponen de manifiesto un registro arqueológico desvinculado de actividades de carácter económico. Este reducido conjunto no muestra un patrón asimilable a yacimientos con registros de habitación. El estudio de las cerámicas indica una dispersión espacial (fragmentos cerámicos de un mismo recipiente se encontraban en diferentes puntos de la cavidad) que evidencia la intervención antrópica en la fracturación de las vasijas en el interior de la Galería y su posterior deposición. La distribución de los restos humanos en pequeños grupos muestra la existencia de una deposición secundaria de los cuerpos, la existencia de grupos formados por esqueletos incompletos de varios individuos y, en uno de los cráneos, la existencia de raspados antrópicos que evidenciarían un tratamiento previo de los cuerpos antes de su deposición última en el interior de la Galería. Todos estos elementos apuntan a la realización de actividades relacionadas con el mundo funerario y donde el carácter colectivo de los enterramientos y el ritual (cerámicas y arte principalmente) hubieron de jugar un papel importante, aceptándose de este modo el término de Santuario para la Galería del Sílex.

Evidencias arqueológicas de la Prehistoria Reciente en el resto de galerías

Hay evidencias arqueológicas del uso y tránsito en la Prehistoria del largo recorrido de grandes salas y galerías al que se accede desde la izquierda de El Portalón, tanto en la gran sala del Salón del Coro, como en las tres grandes galerías que parten de ella: Galería de las Estatuas, Galería Baja (totalmente colmatada en su tramo final, en el que enlazaría con el yacimiento pleistocénico de Trinchera – Sima del elefante), y Galería del Silo (que nos lleva por un complicado camino hasta la Sima de los Huesos).

En la Galería de las Estatuas, estudios y sondeos realizados desde 2008 muestran, (además de la presencia de loa neandertales mucho antes) estancias ocasiones en el Neolítico. En esta galería, en la Galería Baja y en la del Silo, así como en el Salón del Coro (aunque en es este las evidencias son más escasas), hay varias zonas con arte parietal postpaleolítico, así como huellas de un uso tal vez asociable a la comunidad de la Edad del Bronce que vivía en el Portalón: numerosos pozos o silos excavados en la arcilla, y unas pequeñas presas apara acumular agua subterránea.

Un futuro prometedor

Con la esperanza de los investigadores de que en el futuro, las excavaciones en Cueva Mayor arrojen más datos sobre la presencia de neandertales y cromañones en el periodo entre los 127.000 y los 11.000 años BP, los niveles excavados de la Prehistoria reciente en la cueva arrojan una importante luz sobre las primeras comunidades de agricultores – ganaderos en esta región. Permiten aclarar un poco el proceso de conformación europea y peninsular de este nuevo mundo, formado por gentes y culturas que llegan para asentarse, y se fusionarán con los grupos de cazadores-recolectores que dominaron el continente durante milenios. Como en Trinchera, aquí también Atapuerca nos promete para el futuro hallazgos importantes.

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4 abril 2016 1 04 /04 /abril /2016 11:34

Trinchera del ferrocarril y Sima del elefante

La sierra de Atapuerca es uno de los más importantes enclaves arqueológicos/ paleoantropológicos del mundo. Sus yacimientos albergan evidencias fósiles, y arqueológicas (industria lítica, huesos de fauna con marcas de carnicería, etc.), de toda la secuencia de homínidos que ha habitado el continente europeo, desde hace un millón trescientos mil años, hasta el presente. Fósiles humanos con una calidad excepcional, y en un volumen sin igual (de algunos de los homínidos europeos, Atapuerca alberga más del 80% de los restos recuperados en el continente). Es uno de los escasos sitios en los que se han recuperado restos humanos de más de un millón de años. Cuenta con el excepcional enclave de la Sima de los Huesos, hasta la fecha probablemente la evidencia más antigua de prácticas de enterramiento, de hace cerca de medio millón de años. Y sólo se ha excavado hasta la fecha una pequeña parte de cada yacimiento.

Aquí nos vamos a centrar en los tres que son visitables, los localizados en la antigua trinchera del ferrocarril una visita que desde luego se puede considerar como imprescindible para un historiador, ineludible para un prehistoriador, y maravillosa para cualquiera con afición por la Historia con mayúsculas.

Una sierra que domina un corredor natural

Situada a unos 15 km al este de la ciudad de Burgos, la sierra de Atapuerca, a 1085 m s. n. m. y elevada poco más de setenta metros de su entorno más cercano, domina el corredor de la Bureba, Un corredor natural que conecta las grandes cuencas del Ebro y del Duero, y que está flanqueado, a un lado por las masa montañosas que se continúan hacia la cordillera Cantábrica y el Pirineo; y al otro lado por la propia sierra de Atapuerca y la sierra de la Demanda, que es el remate septentrional de la larga alineación montañosa de la Cordillera Ibérica.

El paisaje de la sierra ha evolucionado al ritmo de los ciclos de erosión-sedimentación y ascenso durante el Neógeno, y de la excavación de los actuales valles fluviales durante el Cuaternario. De ahí los 14 niveles de terrazas que se suceden desde casi cien metros por encima del cauce actual del río Arlanzón. Y ahí está también el origen del importante complejo kárstico excavado en la sierra de Atapuerca.

El complejo kárstico de Atapuerca

El complejo kárstico de Atapuerca abarca una secuencia subhorizontal de tres niveles de conductos, colgados a 90, 70 y 60 m sobre el actual cauce fluvial. En este karst, de casi cinco km de conductos explorados, sobresale el Sistema de Cueva Mayor-Cueva del Silo, Cueva Peluda y Cueva del Compresor, y las cavidades de Trinchera: Sima del Elefante, Gran Dolina y Complejo Galería.

La confluencia de la abundancia de cavernas en la sierra, amplias y bien orientadas, que dominan este corredor natural, en un paisaje variado enriquecido por los ecosistemas derivados de la transición entre los dominios de montaña y llanura fluvial, y la conexión entre cuencas fluviales, explica la presencia humana ininterrumpida en este entorno desde hace más de un millón de años, y la larguísima secuencia de ocupaciones en las cavidades estudiadas hasta la fecha.

Una investigación en varios frentes

Aunque varias cavidades de la sierra son conocidas desde antiguo, la excavación a finales del siglo XIX de una trinchera que atravesaba la sierra, para permitir el paso de un ferrocarril minero, puso a la luz el sedimento de cavidades colmatadas desde hace miles de años. Tras décadas de abandono tras finalizar la actividad del ferrocarril, y de actividad de espeleólogos aficionados que alteraron parte de la Sima de los Huesos, las investigaciones paleontológicas de T. Torres en la década de los setenta sacaron a la luz también un mandíbula humana, que animó al catedrático Emiliano Aguirre a comenzar una investigación de los yacimientos de la sierra que ha continuado hasta hoy, bajo la dirección de J. Arsuaga, E. Carbonell y J.M. Bermúdez de Castro.

Hasta la fecha, las investigaciones en la Sierra de Atapuerca se han centrado en varios frentes: los yacimientos localizados en la trinchera del ferrocarril de (Sima del Elefante, Gran Dolina, y Galería – Covacha de los Zarpazos); las cavidades abiertas en la sierra (Cueva Mayor, Cueva del Mirador y Cueva Ciega; y varios yacimientos al aire libre (Hotel California, Hundidero, y Valle de las Orquídeas).

Los yacimientos de la Trinchera de Atapuerca

1. TRINCHERA - SIMA DEL ELEFANTE (TE)

Localizada a ambos lados del corte de la Trinchera del ferrocarril. Se trabaja en uno de los lados desde años 80, con excavaciones sistemáticas desde 1996. A la luz de lo que se conoce, el espacio que se excava corresponde a la sección transversal de una antigua galería kárstica de más de 15 metros de altura y 18 metros de anchura máxima, totalmente colmatada de sedimentos pleistocenos. Incluida en el complejo kárstico de Cueva Mayor/Cueva del Silo, se localiza al final de la Galería Baja de Cueva Mayor, desconociéndose aún la relación sedimentológica entre ambos sitios. La estratigrafía muestra una sucesión de fracturas y hundimientos de las galerías adyacentes, y una compleja historia en la que poco a poco se añaden sobre los accesos del sedimento y su evolución, con niveles de tipo erosivo, flujos detríticos, sedimentación de flujo por gravedad, depósito de corrientes hídricas relativamente organizadas, etc.

La secuencia estratigráfica completa alcanza los 25 m de potencia. Alberga abundantes evidencias del Pleistoceno Inferior y Medio. En los niveles superiores se recuperó industria lítica de Modo 3 (Musteriense). Más antiguos, encontramos niveles del Pleistoceno Medio-Final de entre doscientos y trescientos cincuenta mil años de antigüedad con abundantes restos paleontológicos e industria lítica del Modo 2 (Achelense).

Los niveles inferiores presentan una inversión paleomagnética (chron Matuyama), que los situaría antes de los 780. 000 años BP de dicha reversión magnética. Entre ellos destaca el nivel TE9c, con una datación absoluta por encima del millón doscientos mil años, en el que junto a industria lítica del Modo 1 u Olduvayense, y restos de fauna con marcas de carnicería (marcas de corte y fracturas), localizaron una mandíbula y una falange de Homo, que los sitúa en el reducidísimo grupo de restos humanos europeos con esa antigüedad.

2. TRINCHERA GALERÍA (TG) y COVACHA DE LOS ZARPAZOS

Fue el primer yacimiento excavado de forma sistemática. En 1978 se trabajó en los derrubios del frente de cantil de las paredes de la trinchera del ferrocarril. Hacia 1980-1981 se empieza la excavación sistemática.

En conjunto se trata de una galería subterránea totalmente colmatada, de 16 metros de potencia, El hundimiento del techo de la galería formó la chimenea en forma de sima. Una trampa natural donde caían (o eran empujados por los cazadores) numerosos animales, luego aprovechados por los humanos y otros carnívoros, que entraban por una pequeña embocadura, identificable con la zona izquierda del yacimiento, una oquedad conocida como Covacha de los Zarpazos.

Los depósitos de Galería, ricos en fauna y evidencias antrópicas, son anteriores a los 200.000 años. Se dató entre 180.000 y 200.000 años BP un espeleotema del techo de la cavidad, del último momento de sellado por colmatación de la cavidad. El inicio de la secuencia estratigráfica, a la luz de la fauna, ronda los 400.000 años BP.

La excavación de los sucesivos paleosuelos de ocupación humana diferenció 6 niveles con abundante industria lítica del Modo 2 (Achelense). La industria (en silex y cuarcita), y las características de los restos de fauna con marcas de descarnación, indican presencias esporádicas de aprovisionamiento. El lugar de habitación se ubicaría en la cercana cavidad de Gran Dolina. También se ha encontrado un fragmento de cráneo perteneciente a Homo heidelbergensis.

3. TRINCHERA – GRAN DOLINA (TD)

Situada a sólo cincuenta metros de Trinchera - Galería. En el año 1978 empiezan los primeros trabajos en el yacimiento, y en 1981 comienza la excavación. Mientras la excavación en área sigue avanzando lentamente (ante la densidad de evidencias) en los niveles superiores, un sondeo lateral iniciado en 1993 permitió alcanzar los niveles más antiguos.

Según los datos actuales, Gran Dolina se abre por primera vez al exterior hace aprox. un millón de años. El derrumbe del techo de la cavidad propició que empezara a rellenarse con sedimentos exteriores. Durante miles de años, este proceso de sedimentación convivió con el uso de la cavidad como lugar de hibernación de osos de la especie Ursus dolinensis, y como lugar de carroñeo de ungulados que caían en esta trampa natural. Carroñeo en el que también participaron los homínidos, como se constata en el nivel TD4.

Poco a poco la trampa fue perdiendo eficacia pero, a cambio, fue ganando interés como refugio para las hienas (niveles TD5 y TD6). Y para esporádicas visitas, y tal vez lugar temporal de refugio, de grupos humanos. En los inicios del TD-6, las ocupaciones humanas fueron ganando en intensidad, en una fase de clima más cálido que el actual.

En dicho nivel (o Estrato Aurora), la presencia de fósiles de rata de agua 'Mimomys savini' le aseguraban al menos 600.000 años, y la constatación por datación paleomagnética que se había depositado antes de la fase de polaridad inversa de la reversión Brunhes-Matuyama le garantizaban una fecha anterior a los 780.000 años. Los investigadores calculan ahora una antigüedad de 850.000 años para este estrato TD6, repleto de fauna, con más de 200 útiles de ind. Lítica. Pero lo más destacado es la recuperación de restos humanos de al menos seis individuos: dos niños, de entre 3 y 4 años, un preadolescente de 10-12 años, un adolescente de unos 14 años, y dos adultos jóvenes de unos 20 años. Los restos humanos aparecieron revueltos y literalmente cubiertos por restos de fauna y de la talla de útiles. Y en varios casos presentan marcas hechas con sílex que indican el destazado, es decir, el desmembrado y descarnado de los restos. Todo ello en consonancia con posible canibalismo.

Las peculiaridades de los homínidos localizados permitieron a los investigadores definir una nueva especie, el Homo Antecessor, con unos patrones de crecimiento y maduración, tamaño corporal y proporciones, similares a las actuales.

Con el fin del Pleistoceno inferior, hace 780.0000 años, se documenta un abandono total (por causas hasta hoy desconocidas) de la cavidad por parte de los grupos humanos (niveles TD7 y TD8), mientras que las hienas siguen usándola (sobre todo en el nivel TD8).

Hace medio millón de años, vuelve a ser usada la entrada de la cueva de Gran Dolina, como hábitat y enclave referencial dentro del entorno de la sierra. La enorme cantidad de fauna y útiles encontrados (nivel TD10) constatan su habitación en el tramo central del Pleistoceno medio, desde hace unos 500.000 hasta hace unos 300.000 años.

En cuanto a la industria lítica, con una cada vez más cuidada selección de la materia prima a su alcance, la talla estandarizada de lascas les proporcionó una amplia variedad de útiles (puntas, raederas, denticulados). La principal actividad constatada en el estudio microscópico de huellas de uso es la de carnicería, aunque también se ha podido identificar el trabajo de piel y de la madera.

De las dos unidades superiores de las cuatro identificadas en TD10, la más moderna (TD10.1) muestra, como en otros conjuntos de Atapuerca, el consumo preferente de ciervos y caballos, y variedad de materia prima en la factura de útiles. La unidad TD10.2, sin embargo, muestra la ocupación de la cueva por grupos extremadamente especializados en la caza y procesado de bisontes, y el uso casi exclusivo del sílex.

Por debajo de esta unidad, y con una cronología de más de 400.000 años, en TD10.3 y TD10.4, coetáneos a Galería y Sima de los Huesos, vuelven a aparecer las estrategias diversificadas (en cuanto a fauna consumida, y materia prima) características de Atapuerca. La excavación del TD10 irá aportando información sobre el mundo del Homo heidelbergensis.

Y la información que aporte el gran trabajo investigador que se está realizando en el conjunto de yacimientos de esta joya paleoantropológica que es Atapuerca, sin duda aportará novedades importantes al estudio de la historia de los homínidos en el continente europeo en el último millón de años.

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23 enero 2015 5 23 /01 /enero /2015 12:00
Sillería del coro, todavía en su posición oriiginal.

Sillería del coro, todavía en su posición oriiginal.

Repartido entre el  museo catedralicio de Pamplona y el Museo de Navarra, sólo podemos contemplar un pálido reflejo de lo que en un tiempo fue un elemento emblemático de su patrimonio: la sillería del coro, obra de Esteban de Obray (1540), es una de las joyas – poco conocida - de la Catedral de Pamplona. Hasta 1940, ocupaba parte de la nave central del templo. Fue desmontado y trasladado.

Esteban de Obray

El autor de la silleria, Esteban de Obray, nace en el s. XV en Saint-ThomaS (Rouen, Francia), y muere en Tudela después de 1556, año en el que testa en beneficio de dicho municipio.

Con influencias aragonesas, este maestro sillero y entallador fue decisivo en el paso del Gótico al Renacimiento en Navarra. Obray evolucionó desde el gótico flamígero, en los inicios de su carrera, hacia una fase final plenamente italianizante, renacentista.

Su primera obra en Navarra, la sillería del coro y reja de la catedral de Tudela (1517-1522), marca ya su evolución, del gótico flamígero de la sillería al estilo plateresco de la rejería. La sillería del coro de la catedral de Pamplona fue su gran éxito. Otras obras suyas son: la portada de la colegiata de Santa María de Calatayud; el diseño del retablo de Cintruénigo; el retablo mayor de San Juan Bautista de Burlada; o la sillería del coro del Pilar de Zaragoza.

La sillería del coro de la catedral de Pamplona

La sillería del coro catedralicio de la seo pamplonesa es una de las grandes iniciativas del s. XVI navarro. Fue impulsada por Sancho Miguel Garcés de Cascante, prior de la catedral. Su estancia en Roma le había puesto en contacto con el gran Renacimiento italiano. El artista se hallaba al frente de la obra en 1540. Contó con la ayuda de varios colaboradores (fusteros, entalladores, imagineros), como Guillén de Holanda, que aportaba la influencia de los focos castellanos.

Una sillería a caballo entre el gótico y el Renacimiento

En origen, la sillería contaba con dos órdenes o niveles, con 57 sillas en el superior y 45 en el inferior. En ella, podemos diferenciar estilísticamente entre la obra de Obray; y la de su colaborador más destacado, Guillén de Holanda.

Guillén de Holanda representa la relativa pervivencia del gótico, en la tradición franco-borgoñona. Realizó un trabajo escultórico notable, pero con una seriación repetitiva que tiende un poco a la monotonía (sin concesión a lo anecdótico, de pie, de figuras individualizadas en posición frontal) con la excepción quizás de las vestimentas de los arcángeles. La obra de de Obray, en cambio, refleja el ascenso imparable del plateresco. Destaca por su agilidad y movimiento, su despliegue decorativo, la mezcla de lo ornamental con lo alegórico (los triunfos de Tetrarca, los Trabajos de Hércules, entre otros). A diferencia de su sillería en Tudela, los diseños para la seo pamplonesa remarcan el grutesco y la decoración italiana.

Obray contó para su inspiración con el recurso de abundantes grabados y dibujos del renacimiento francés e italiano. El programa iconográfico de la sillería es una combinación, plenamente humanista, del mensaje e imágenes cristianas, con imágenes de la Antigüedad y la mitología, Figuras esculpidas de cuerpo entero y con marcado frontalismo.

Dónde podemos ver la sillería del coro de la catedral de Pamplona

En la actualidad, un parte se conserva (desde 1946) en el presbiterio de la catedral pamplonesa, al fondo del ábside. En este caso, sobre el pilar del crucero, se añadieron en 1991 tres tableros procedentes de la otra parte conservada de la sillería, exhibida en la Capilla del Museo de Navarra. Además, uno de los asientos se envió a la Nunciatura de Madrid. En el Museo de Navarra es donde mejor podemos contemplarla, en la parte que se montó dentro de lo que en un tiempo fue la capilla del primitivo hospital de Pamplona, que hoy forma parte del museo.

El importante patrimonio de la Catedral de Pamplona, uno de los grandes  tesoros culturales de la ciudad, entró desde hace unos años en una positiva dinámica de  importantes labores de rehabilitación y musealización del conjunto catedralicio. Esti ha permitido redescubrir parte de sus tesoros escondidos, así como la progresiva ampliación y mejora del recorrido visitable.  Una visita que sorprende y merece realmente la pena.

Sillería del coro de la catedral de Pamplona (Navarra)
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7 noviembre 2014 5 07 /11 /noviembre /2014 11:29

El parque de la Taconera es el más antiguo y emblemático de la ciudad. Situado en pleno corazón de la ciudad, su belleza y ubicación explican la gran afluencia de pamploneses, y que sea un punto casi ineludible para los turistas.Pero es algo más que 90.000 metros cuadrados de jardines y arbolado, y que su pequeño zoológico en los fosos que alberga. Está cargado de historia y arte, que conviene conocer para disfrutarlo.

El término Taconera es muy antiguo, se remonta al menos al s. XIII. Hace referencia a una zona de la ciudad "fuera de las murallas". Albergó los conventos de San Francisco (enterramientos vinculados a él aparecieron en sondeos arqueológicos, en el verano de 2021, y en 2022 parte de los restos de sus muros) y Santa Eulalia, derribados en el s. XVI por razones militares. Hasta el sigo XIX, con ese término se definía una amplia zona, que incluía también ele espacio de la actual avenida de Navas de Tolosa y se prolongaba hasta el Paseo de Sarasate.En 1719 ya aparece como espacio arbolado, y es  definido como parque desde 1830.

Una ubicación privilegiada en el corazón de Pamplona

Es un parque romántico de estilo francés, situado en el contexto de las murallas de la ciudad, junto al casco antiguo. Lo atraviesa el eje del Camino de Santiago. Junto al cercano parque de la Ciudadela, y la zona de Antoniutti, conforman un gran pulmón verde que sirve de enlace y punto de encuentro a los barrios de una parte importante de la ciudad. Une el centro histórico (casco histórico, y primer ensanche del s. XIX), con la gran zona de crecimiento urbano pamplonés que se gestó en los años sesenta-setenta del s. XX. Su ubicación explica la gran afluencia de pamploneses, y que sea un punto casi ineludible para los turistas.

Posee una vegetación muy variada, con árboles de gran porte y cuidada jardinería. Entre los árboles, encontraremos hayas, tejos, fresnos, magnolios, ginkgos biloba, un secuoya de 40 m. destaca una sofora japónica junto al antiguo Café Vienés.

El parque está rodeado por parte de las murallas de la ciudad (Baluarte de la Taconera, Revellín de san Roque), construidas en ña segunda mitad del s. XVII. En los fosos de las fortificaciones, el parque alberga un minizoo y dos pequeños lagos.

Un parque lleno de arte

Posee varios elementos escultóricos y arquitectónicos de interés, como el monumento a Julián Gayarre, la estatua de la Mari Blanca, una arquería  de inspiración gótica, un crucero gótico del s. XVI, el portal de San Nicolás, etc. Aunque ha perdido su encanto como local con repostería, conserva un edificio con aspiraciones antaño de café de estilo vienés, que permite disfrutar de una terraza en un entorno de arbolado y flores.

Entre los atractivos artísticos, hemos de mencionar:

Cruz de la Taconera. En el parque del Bosquecillo, junto al Parque de la Taconera. Es un crucero gótico de 1521, asociado en el pasado a un punto de ejecuciones de reos. Hoy en día discurre junto a él el camino de Santiago. 

Estatua de la Beneficencia o Mari Blanca. En el parque de Taconera, junto al  Vienés, rodeada de flores. Formaba parte de una fuente que Luis Paret construyó para la Plaza del Castillo en 1790. Presidió la plaza y la vida de la ciudad (incluso se celebró en torno a ella la proclamación de la República) y que pervivió hasta el primer tercio del s. XX. Tras la guerra civil, la fuente desaparece y la estatua fue trasladada a su emplazamiento actual.

Monumento a Hilarión Eslava. Uno de los monumentos de carácter musical del parque, detalle que se aprecia incluso en los trabajos de jardinería de su entorno. Erigido en 1964. Su basamento data de 1918. Está dedicado a este gran músico burladés, cuyo Miserere es su obra más significativa.

Monumento a Julián Gayarre. Ejerce de centro neurálgico del parque. Creado en 1950 por la ciudad para honrar al gran tenor roncalés Gayarre (1844-1890). Es un destacable monumento - fuente, que domina los jardines. Sigue un proyecto del arquitecto Víctor Eusa, y está rematado por una escultura obra del escultor Fructuoso Orduña, que representas a Gayarre.

Mirador de los fososUbicado junto al estanque de Vistabella. Monumento goticista, que imita una arquería gótica, erigido en 1934 con motivo del VII centenario de Teobaldo I, aprovechando en parte los restos de arcos góticos de un monasterio que hubo en Marcilla. Cuenta con escudos de los reyes navarros de la casa de Champaña.

Portal de San Nicolás. Ubicado en la calle Bosquecillo, en el límite del parque. Barroco. Erigido en 1666, permitía superar las murallas de la ciudad en la zona próxima a la iglesia de San Ignacio. En su emplazamiento original duró varios siglos hasta 1915. El derribo de este tramo de la muralla lo condenó a un almacén, del que fue rescatado en 1929 para adornar los jardines. Conserva del original una fachada barroca de sillares almohadillados a modo de arco de triunfo, con varios escudos rescatados de las partes no conservadas del amurallamiento pamplonés.

Parque de la Taconera 

Rincón del parque, en el que se aprecia la estatua de la "Mariblanca".

Fosos y murallas

El parque de la Taconera se asienta sobre la plataforma del amurallamiento pamplonés. Uno de sus rasgos definitorios es el de los fosos, en los que se ubica un pequeño zoológico (o más bien modesta colección de animales, que comprende dos estanques con anátidas, gallinas, torugas, pavos reales, etc., y un pequeño grupo de ciervos).

La parte de la muralla en la que se localiza (dentro de los fosos) el estanque de Antoniutti es la más alterada, sólo conserva el Portal de la Taconera, derribado en 1915, y restituido hace unos años cerca de su lugar original con lo que se preservó en los almacenes municipales. El puente de acceso a esta puerta se conserva, oculto bajo el suelo, y es "visitable", ya que alberga los baños publicos de Antomiutti. 

Baluarte de Gonzaga. Limita al N el parque. Preservado en parte, alberga una zona arbolada que los pamploneses conocemos como Vistabella. Es un hermoso rincón de árboles altos, con un bonito mirador sobre los barrios bajos junto al río. Alberga una fuente que en su día se situaba en un extremo del Paseo de Sarasate, trasladada aquí cuando se construyó en ese punto el Monumento a los Fueros.

Revellín de San Roque o de Gonzaga. Dentro de los fosos. Construido por H.Torelli y M. Pastor entre 1696 y 1702. Como elementos singulares del revellín, en una de sus caras se aprecia (en precario estado) el escudo del virrey Domingo Pignatelli, marqués de San Vicente (tres ánforas) bajo cuyo mandato se realizaron las obras, acabadas en 1702. Además de varios árboles de gran porte, su plataforma superior sirve de "dormitorio" para la pequeña colonia de ciervos del parque.

Portal nuevo. Comunica la Taconera con la Plaza de la O y el resto del Casco Viejo. Primitivamente llamado Portal Nuevo de Santa Engracia. El acceso original a la ciudad por este punto, construido en la segunda mitad del s. XVI, y abierto hacia 1583, fue destruido por bombardeos en el sitio de Pamplona de 1823. Al cierre provisional, con el acceso modificado en 1905-07, le sucedió el actual, en 1950, obra de Victor Eusa.

La Taconera cuenta con muchos atractivos. Es un parque a recorrer, tranquilo, para perderse en él, y una visita obligada para el que venga a la ciudad. Proximamente volverá a quedar unido a la aledaña zona verde del Bosquecillo tras la transformación de la calle que los separa en una via peatonal nivelada con el resto.

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29 octubre 2014 3 29 /10 /octubre /2014 09:36

Este rincón entrañable y tranquilo, goza de mucha más actividad al cabo de año de lo que parece a primera vista. Lugar de bodas, bailes, de carreras de cabezudos y gigantes. Ubicada junto a la calle Mayor, frente al lateral de la iglesia de San Lorenzo, y frente a la Taconera, es un amplio espacio de suelo empedrado, bordeado por grandes árboles, y con una fuente dieciochesca en el centro. Existe como tal desde el s. XVII

En uno de sus lados, cerca de un kiosco de prensa y chucherías (casi el último ya de la ciudad), veremos un gran ejemplar arbóreo, de Sophora o árbol de las Pagodas, traído de China a Pamplona en el s. XVIII.

También es conocida como "Plaza de los Ajos", por el mercado de ajos tradicional en Sanfermines, aunque ya sólo queda hoy en día un puesto que mantenga de momento la tradición en esas fechas. Fue lugar también de venta de carbón vegetal, procedente de las carboneras del N de Navarra.

La plaza alberga varias cosas interesantes a reseñar:

Convento de Recoletas

De la orden de las religiosas agustinas. El edificio fue construido a partir de 1624, bajo patronato de Juan de Ciriza, secretario de Felipe II, y de Catalina de Alvarado.

Su arquitectura se debe a madrileño Juan Gómez de Mora, Arquitecto y Trazador de Obras Reales y Maestro Mayor de la Villa de Madrid. Da a la plaza su fachada, de piedra y ladrillo. Es un clásico ejemplo de arquitectura conventual carmelitana en el barroco español.

Destaca el cuerpo central, más alto rematado por frontón triangular. Su nivel inferior, construido en sillar almohadillado, cuenta con una arquería de arcos de medio punto, mayor el central, que da paso al pórtico por el que se accede a la iglesia del templo. Encima veremos una Inmaculada Concepción en una hornacina. De 1630, su autor fue Juan López de Ganuza.

En el piso bajo el frontón se sitúan los escudos nobiliarios de los fundadores del convento.

El interior, preserva perfectamente la arquitectura original y las dependencias conventuales, distribuidas alrededor de un claustro, con un amplio espacio exterior de ajardinado y huerta.

Como en otros muchos conventos, la presencia entre sus religiosas de miembros de familias nobiliarias parece el origen del gran legado artístico (cuadros, tapices, tallas, su belén) que alberga, no accesible al visitante.

Si hay suerte, en hora de oficio religioso o en el caso de una de las habituales bodas, tal vez pueda el turista asomarse al templo, cuyo acceso veremos en la parte derecha de la fachada a la plaza. Alberga buenos retablos churriguerescos, de 1700. Como curiosidad, por su ubicación, fue también en alguna ocasión  prisión femenina.

Fuente de la Plaza de Recoletas

Forma parte del grupo de fuentes pamplonesas diseñadas en 1788 por Luis Paret (1747-1797), pintor de la Corte y arquitecto. Esta fuente, coronada por un pequeño obelisco, preside la plaza.

Plaza-Recoletas.JPG

La plaza de Recoletas, con el convento al fondo y la fuente en primer plano.

Casa de los Capellanes

Ubicada en uno de los lados de la plaza. Fue la vivienda de los capellanes del Convento de Recoletas. Construida, como el propio convento, en el siglo XVII.

Su fachada mantiene la línea de los palacios y casonas barrocas habituales en el alto valle del Ebro: un zócalo de piedras, y juego de piedra y ladrillo en el resto. En el centro, un escudo de armas de la misma familia fundadora del convento. Y la habitual galería de arquillos en el último piso, en esta época.

Iglesia de San Lorenzo y Capilla de San Fermín

Ubicada frente a la plaza, y aunque su aspecto exterior puede no hacerla atractiva a quien busque un templo antiguo, merece la pena su visita, aunque sólo sea para acceder a la Capilla de San Fermín, “sede oficial” del santo universal y uno de los puntos centrales de los sanfermines.

El templo de San Lorenzo, casi reconstruido en el s. XIX, fue construido en el s. XIII. Sufrió serios daños en la llamada Guerra de la Navarrería, que obligaron a su reedificación el s. XIV. Conserva, ocultos, dos bóvedas góticas del s. XIV camufladas encima de la falsa bóveda de la parte del templo dedicada a San Lorenzo. El muro lateral de la iglesia adyacente a la plaza de Recoletas es del s. XIX. Contó con un portalón de acceso barroco, incrustado en una gran torre medieval. Ambos desaparecieron en 1903, sustituidos por la actual fachada de estilo ecléctico neorománico, obra de Ansoleaga.

La Capilla de San Fermín, comenzó a construirse en 1696 según planos de S. Raón y el dominico Juan de Alegría. Fue edificada sobre los primitivos claustros y capillas medievales, que fueron demolidos. De mayor tamaño que el resto del templo, era barroca, aunque fue reformada con estética neoclásica entre 1800-1805.

En ella se guarda la talla del santo, del siglo XVI, chapeada en plata y colocada sobre un pedestal labrado en plata. El templete (de 1819, neoclásico de influencia italianizante) que acoge la imagen del Santo fue diseñado por Francisco Sabando, con esculturas y relieves de A. Salanova.

El templo también guarda en una capillita la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, la popular “Dolorosa”, de 1883, una de las tallas principales de la Semana Santa pamplonesa.

Hubo una vez un arco…

En el s. XIX, el inicio de la calle mayor, a la altura de la plaza de Recoletas, era tan distinto y tan llamativo, que no nos resistimos a la idea de dar a conocer el dato al visitante. El primitivo muro lateral de la iglesia de San Lorenzo, gótico, que sobresalía y reducía la perspectiva de la calle Mayor, fue demolido. El nuevo (a partir de un proyecto de J. A. Pagola) se alineó con el resto de la calle. Y con ello desapareció el gran arco que unía la iglesia con la casa parroquial.

Es dificil no pasar junto a esta plaza, pero sin duda se merece un rato de contemplación de todo lo que contiene.

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13 octubre 2014 1 13 /10 /octubre /2014 09:34

La Arqueología ha comprobado en los últimos años algo poco conocido, el periodo musulmán de Pamplona, en los inicios de la Edad Media. Sigue habiendo un periodo my poco conocido de la historia pamplonesa: el lapso de tiempo entre el imperio romano, y lo inicios del reino cristiano de Pamplona. En ese periodo se suceden en la Península Ibérica el reino visigodo peninsular, y los primeros siglos de dominación musulmana. Hasta época reciente, la gran mayoría de los datos sobre los dos primeros siglos de la llegada del Islam a Navarra y Pamplona procedían de fuentes documentales, fundamentalmente musulmanas.

El inestable s. VIII

En lo que se refiere a Pamplona, las referencias documentales y arqueológicas a la prsencia de población musulmana y un posible control musulman de la ciudad con una guarnición y funcionarios parecen constreñirse a un  periodo del s. VIII. A partir del reducido conocimiento que tenemos de ese periodo en la Cuenca de Pamplona y Navarra, da la impresión de que se caracteriza por intentos infructuosos del poder musulmán por garantizar el dominio permanente de la ciudad. Es un rasgo común a todo el siglo, tanto durante la inestable época del waliato (711-756), como en la época de Abd al-Rahman I, y en los primeros tiempos de la creciente influencia de los Banû Qâsi (la poderosa familia que dominará o influirá decisivamente en el alto Valle del Ebro durante todo este periodo)

Podemos reconstruir un modelo de breves periodos de dominio in situ mediante funcionarios musulmanes y presencia de guarnición y población de origen básicamente bereber. Lo más frecuente es que las élites locales rijan la ciudad. En unas fases se respetan los ahd o pactos con el wali, o con el emir. Es un sometimiento a menudo sólo relativo y a regañadientes. Y en periodos de rebeldía, el territorio es castigado con sucesivas aceifas o razzias del poder musulmán, con nuevos pactos a los que sigue otro periodo poco duradero de aparente tranquilidad.

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Detalle constructivo conservado de la Toledo musulmana

Entre francos y el Islam, el s. IX

En el s. IX, el reino franco intenta un proceso similar al que desarrollo en el otro extremo del Pirineo con la geografía catalana. En el 806, los pamploneses son recibidos “in fidem” en el seno del imperio carolingio.

Uno de los rasgos de los inicios del siglo será el debate entre las élites dominantes entre acercarse al poder carolingio, o renovar el pacto o ahd con Córdoba. Pero en el 816, la derrota de una coalición pamplonesa-carolingia de la batalla del río Arum, y la muerte del comes o conde Velasco, parece representar el fracaso de la opción carolingia.

El resto del siglo refleja la dependencia política respecto a los Banû Casi (parientes de la élite dirigente pamplonesa, los Arista), especialmente en el periodo de la gran figura de Musa ibn Musa. Ligará los destinos de la zona a los vaivenes de la relación entre Banû Casi y Córdoba, oscilando entre rebeliones, y las consiguientes aceifas (que suponen la ruina cíclica de la ciudad y la destrucción de su fortaleza pamplonesa de Sajra Qais), o la colaboración incluso con Córdoba. 

El desgaste de la indefinición de esta política que sufren los Arista permite el ascenso de la familia Jimena. Gracias a la figura de Sancho Garcés, que logra la definición definitiva del reino cristiano de Pamplona en el 905. Y cambió la tendencia, defensiva a ofensiva: el inicio de la reconquista y recuperación del control de territorios, y el alejamiento del dominio directo musulmán de la cuenca de Pamplona.

Las novedades aportadas por la Arqueología

Desde el s. XIX, el único dato aportado por la arqueología se limitaba a varios enterramientos cristianos con anillos que llevaban caracteres cúficos. Se aventuraba una pequeña ciudad cristiana que mantenía los restos de la estructura administrativa de época romana, con obispo, y a lo sumo presencias temporales de una autoridad musulmana y tropas, pero sin constatación material de una fase islámica de la urbe.

Pero las intervenciones arqueológicas en la última década en la ciudad, con motivo de obras públicas municipales, han cambiado el panorama:

a) En el centro histórico, en la plaza del Castillo, se ha localizado una gran maqbara, una necrópolis musulmana de más de ciento noventa enterramientos, en los que se identifican hombres, mujeres y niños, de distintas edades. 

Es posiblemente la mayor del N de la península. Su cronología parece centrarse sobre todo en el s. VIII. Estaba ubicada extramuros, próximo al frente oeste del supuesto amurallamiento de la ciudad. Las alineaciones, la discreta densidad de la necrópolis, apuntan a un periodo de uso no excesivamente largo.

Las tumbas responden al modelo islámico tradicional: fosa simple, enterramiento individual, cadáver depositado en decúbito lateral derecho, orientado NE-SW. Detalles de marcas y modificaciones en los dientes de algunos de los enterramientos los identifican muy probablemente con rasgos propios de poblaciones bereberes.

b) En la rehabilitación del Palacio del Condestable se ha descubierto una necrópolis de época visigoda, con varios enterramientos que incluyen anillos con caracteres cúficos. Estos anillos con textos del Corán en una necrópolis cristiana abundarían quizás en las estrechas relaciones entre élites dirigentes N – S, entre los Arista y los Banu-Qasi? Indicarían el uso como muestra de prestigio o relación con el poder musulmán? Es difícil saberlo.

Lo hallado parece apuntar a un periodo, no demasiado largo, de dominio musulmán de la ciudad, anterior sin duda al año 905, y que duró pocas generaciones. Sin edificios asociables (tal vez reutilizaron edificios previos, pero apenas tenemos  huellas de los de época inmediatamente anterior) y con muy pocos restos de la cultura material, falta mucho para poder tener claro este periodo, pero las novedades arrojan ya una luz sobre esta desconocida fase de la ciudad. Esperemos que futuras intervenciones arqueológicas descubran nuevos datos.

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