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22 septiembre 2014 1 22 /09 /septiembre /2014 09:45

Partiendo de la premisa de que un encierro SIEMPRE COMPORTA UN RIESGO, se intenta explicar aquí las normas y características a respetar por una persona que quiera correr el Encierro en Pamplona, y unos consejos básicos. 

El Encierro es una experiencia única. Te impones al instinto y te aproximas a un animal peligroso de 550 - 600 Kg. tratando de correr delante. Pero eso requiere saber cómo, y qué no debemos hacer.

Los Encierros en datos

Acceso gratuito. Se celebran del 7 al 14 de julio, a las ocho de la mañana, a lo largo de 848’6 metros. La carrera dura de media 2’30- 3’30 minutos. Cada corredor no suele correr más de 30-50 metros cerca o delante del toro, durante 10-15 segundos. Aunque varía según zonas, la velocidad media de los toros es de 25 Km. /h. Entre semana participan unas 2000 personas. El fin de semana puede subir a 3.500-4.000 corredores (según estimaciones oficiales que probablemente se queden cortas).

Horario y lugar de acceso al recorrido

Sólo se accede al recorrido de 7 a 7’30 horas A.M., en la cuesta de Santo Domingo y la Plaza del Ayuntamiento.

Unos cinco minutos antes del encierro se abren las barreras que impiden el paso al resto del recorrido, y el corredor se sitúa en el punto elegido para esperar a los toros.

Condiciones para correr

Condiciones físicas:¡SI NO ESTAS SERENO, NO CORRAS! Pones en peligro tu vida y la de los demás. Es necesaria una punta mínima de velocidad, buena estabilidad, fuerza y buenos reflejos.

Indumentaria: No se permiten disfraces, ni gorros, ni mochilas, ni cámaras de fotos, ni banderas, ni botas… Todo aquello que sobresalga, cuelgue, o sobre, supone un riesgo de que el toro te enganche, o de caídas, para ti y para los demás.

Lo recomendable es respetar la tradición, correr de blanco y rojo. El calzado permitido y adecuado es el deportivo con buena adherencia.

Periódico: Es habitual llevar uno enrollado. No todo el mundo lo lleva. Se usa para controlar la distancia con el toro, y soltarlo (¡no lanzarlo!) en un caso de apuro en la cara del toro.

Los toros

La mayoría de los que corren por primera vez no han visto nunca uno de cerca. Muchos turistas no saben ni cómo son. La altura del lomo del toro ronda los 150 cm. Su peso supera casi siempre los 520 Kg., y con frecuencia los 600 Kg de músculo. La distancia entre sus aguzados cuernos de medio metro o más, alcanza los 70 cm – 1 metro.

Los mansos

Cabtesros o bueyes que arropan a los toros, los conducen. Más altos. Llevan una esquila o badajo de metal en el cuello. Su color combina el blanco con otro color. No embisten. Pero si se les molesta, puedes llevarte un cabeceo, pisotón o coz. Tres mansos cierran el encierro cual coche escoba.

Los pastores

Corren detrás de los toros, con camiseta verde y largas varas. Controlan a los toros y a los corredores. Son la autoridad dentro de la carrera, y el que mejor ayuda al corredor en apuros. Deben ser obedecidos, nunca molestados o estorbados.

Cómo se corre en el Encierro

Ante todo, ENCIERROS HAY MUCHOS, VIDA UNA SOLA. SI TIENES MALAS VIBRACIONES, O TE PUEDE EL MIEDO, NO CORRAS. NUNCA CORRAS SIN INFORMARTE ANTES.

Maneras de correr: No corras en dirección contraria al encierro. Sólo se corre de verdad una media de 30-50 m, por la gente y la velocidad. Maneras clásicas de correr:

  • Cuesta de Santo Domingo: por la fuerza de salida de los toros, y el desnivel, no se espera al toro, se corre muy rápido hasta que la manada te alcanza.
  • Resto del recorrido: te incorporas a la carrera a ritmo suave desde un lateral, controlando a los corredores que van delante y detrás de ti, y aceleras cuando los toros se acercan. O esperas a que el toro esté muy cerca y te incorporas delante de él a toda la velocidad.

El arte y la dificultad está conseguir en la colocación. Se tarda años y encierros en aprender. Lo normal es no conseguirlo en la primera vez, de no ser de pura casualidad.

Si no consigues correr delante del toro, NO FUERCES TU SUERTE. No pasa nada por correr un momento al lado, sin tocarlo. No te quedes quieto en paredes, portales o rincones. Si paras, no te muevas al paso del toro. No agarres ni empujes a nadie para mejorar tu posición. Nunca corras mirando sólo hacia atrás. No molestes a los mansos ni al pastor. Deja actuar al pastor en caso de un toro caído o ante cualquier peligro.

encierro.jpg

El Encierro a su paso por la Plaza de Mercaderes

Qué hacer cuando se acaba tu carrera

Dónde termina nuestra carrera: Es importante salirse de la trayectoria de los toros manteniendo una reserva de energías ante cualquier imprevisto, quizás necesitaremos un segundo esfuerzo. Hay que evitar los grupos junto a la pared o caídos. Si está cerca, pasa el vallado. Es más seguro seguir en movimiento por el lateral y controlar cómo sigue el encierro.

Si te caes: No te levantes, y protégete la cabeza con las manos. Es mejor ser pisado que sufrir una cornada. Si caes en un montón o caída colectiva, no te levantes antes de tiempo. El encierro dura poco, y el toro no suele embestir los montones, los salta.

NUNCA CORRAS DETRÁS DE LOS TOROS, ni intentes cruzar en línea recta de un lado a otro de la calle.  

El vallado: Sirve para que el que esté en apuros lo salte, o pase por debajo. ¡No quedarse en él a esperar que pasen los toros!

Normas de convivencia con el toro

NO TOQUES O AGARRES AL TORO. Cada toro es un mundo, por mucho que se hable del comportamiento habitual de una ganadería. Generalmente, el ruido, la gente en movimiento, un escenario desconocido, llevan al toro a agruparse y correr en manada dirigido por los mansos. Si no se le molesta, seguirá su camino. Todo lo que le detenga (si se cae, se le cita o agarra) significa peligro, se fijará en la gente, sólo buscará una cosa: embestir a lo que se mueva.

Quizás, como reflexión final, lo más importante sea evaluar que el riesgo es real, y valorar nuestra condiciones físicas, estado de ánimo, y conocimiento de lo que hay que hacer.

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22 septiembre 2014 1 22 /09 /septiembre /2014 09:29

Como la gran mayoría de los encierros peninsulares, el Encierro pamplonés tiene su origen en la traída de toros desde sotos cercanos a los festejos taurinos. Festejos desarrollados, desde el s. XIV hasta 1844, en un espacio vacío entre barrios, donde la actual Plaza del Castillo. A lo largo de los siglos, la construcción de nuevas plazas de toros y las mejoras introducidas fueron cambiando su trazado y características, hasta conformar el Encierro que hoy podemos ver en los Sanfermines.

Inicios históricos de los Encierros de San Fermín.

No hay datos precisos sobre los inicios históricos del Encierro. Las primeras noticias fiables describen en el s. XVIII a la manada entrando al galope, precedida por un jinete, el Abanderado de San Fermín, arropada por los cabestros, y seguida por los pastores. Durante varias décadas del s. XVIII, algunos vecinos a pie con garrochas y varas colaboraban en que los toros siguieran su camino. Tras su prohibición en 1738 los espontáneos correrían ya de manera similar a la actual. El comienzo del recorrido ha variado poco desde entonces. Salva el desnivel desde el río Arga por calles que ocupan el antiguo cauce del barranco de Santo Domingo. Al llegar a la plaza de Mercaderes subía por la calle Chapitela hasta la Plaza del Castillo. Allí, en la zona del portal nº 37, estaban los corrales de la Casa de los Toriles (1616-1844), junto a la que se erigía cada año la plaza desmontable de madera.

Las plazas de toros y la Estafeta

A la construcción en 1844 de una plaza de toros le siguió un cambio temporal de recorrido. De 1844 a 1855, y de 1861 a 1867, los toros llegaban por el otro extremo de la ciudad, muy cerca de la plaza. Tras numerosas protestas, se retorna al recorrido antiguo, pero se abandona Chapitela en favor de la calle Estafeta, para girar luego a la derecha hacia el coso. En 1922, la nueva plaza de toros definió el recorrido actual, añadiendo la curva de Telefónica. El trazado actual por la plaza del Ayuntamiento data de 1931.

enc1.jpg

El Encierro a su paso por la calle Estafeta

Evolución de los rasgos del Encierro y de la manera de correr en él.

El horario del Encierro se ha ido retrasando. Hasta 1892, la carrera se iniciaba a las seis de la mañana, sin aviso previo. Entre 1918 y 1923 comenzó a las cinco. En 1924 se retrasa a las 7, y desde 1974 comienza a las ocho. Los toros corren arropados por los mansos, y guiados por pastores (algunos fueron legendarios, como Ustarroz, o Moncayola), hasta el coso, donde desde 1922 les relevan los dobladores. Los primeros testimonios gráficos y orales muestran encierros con pocos corredores, a prudente distancia del toro, más pequeño y movido que los actuales, y que se fijaba más en los escasos corredores. Conforme aumenta la afluencia de corredores, más arropados por pastores, cabestros y otros corredores, se verán carreras más ajustadas, controlando mejor las distancias con el animal. La masificación no llegará hasta la segunda mitad del s. XX (cuando además se adopta el atuendo de blanco y rojo), tras el éxito de la novela de Hemingway, su internacionalización, y sobre todo con la llegada de la televisión. Los últimos años abundan los corredores velocistas, de gran potencia, que apuran mucho el espacio y el momento de correr delante del toro.

El recorrido está reforzado por un vallado, que sólo protegía antiguamente la Plaza del Castillo. Los cruces con otras calles se tapaban con mantas. En la segunda mitad del s. XVIII se extiende el uso de protecciones de madera al resto del trazado. Tras varios casos de rotura, desde 1942 el vallado pasa a ser doble. Las reformas posteriores (gateras, barreras, eliminación de aceras, productos antideslizantes, etc.) no alteran el recorrido, buscan mejorar la seguridad.

El Encierrillo

El encierro tiene desde 1889 una fase previa (que convivió hasta 1929 con la vieja costumbre de agrupar el ganado bravío en los sotos), el Encierrillo que, desde los Corrales del Gas al pie de la ciudad junto al río, conduce cada atardecer los toros del día siguiente, acompañados sólo por pastores, hasta los corrales de Santo Domingo, donde pasan la noche. Desde 1887 se inicia aquí el Encierro cada mañana. Pamplona ha sido y es ciudad amurallada. Los toros llegaban hasta estos corrales en el Encierrillo a través de la muralla por el Portal de la Rochapea (derruido en los inicios del s. XX).

Dada la influencia de los medios de comunicación, la masificación, la llegada de grupos organizados de visitantes a los que se les indica que pueden verlo (sin correr) desde dentro del recorrido (información errónea y peligrosa, pero interesada para hacer negocio sin mucho escrúpulo) es bastante probable que en los próximos años veamos nuevos cambios, como la restricción de número de participantes, y un mayor control del acceso a esta carrera universal.

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17 septiembre 2014 3 17 /09 /septiembre /2014 15:33

Antón Geesink, la gloria en unos segundos

El judoka holandés Anton Geesink (1934-2010) debe su fama legendaria a la hazaña de ser el judoka que logró, por primera vez en la historia de este deporte, vencer en la categoría Open a los judokas japoneses, que hasta ese año siempre se habían colgado la medalla de oro.

La suma de físico y mente

Geesink tenía un físico espectacular. Rondaba los dos metros y superaba ampliamente los 120 Kg, de músculo. Pero a ello se añadía una cabeza muy bien amueblada para el deporte de élite y, como todo campeón del judo, una gran capacidad de estrategia en combate.

Supo también aplicar el viejo adagio de: “si no puedes con alguien…únete a él”: se fue a Japón a mejorar técnica y capacidad competitiva. Así que, a los japoneses les venció alguien que en cierto modo era “un poco japonés”.

GEESINK-judo.gif

Una Carrera llena de triunfos en el Judo

Obtuvo 17 títulos en Campeonatos europeos. En 1951 Geesink quedó segundo en el Campeonato Europeo en 1951, en su primera participación. Lo ganó al año siguiente. Y lo siguió ganando (en una época en la que la división en categorías y pesos todavía era una novedad en desarrollo, distinta a la actual) en categoría Open (1953, 1954, 1957 a 1960, 1962 a 1967), y en la de más de 93 kilos, en (1962 a 1964).

En los Mundiales de Judo, fue bronce en categoría Open en el campeonato Mundial de Judo de 1956 en Tokio. Ganó esa categoría en el de París de 1961. Y repitió triunfo en 1965 en el de Río de Janeiro. 

Consiguió la medalla de oro en la categoría Open, en la Olimpiada de Tokio de 1964. Se retiró de la alta competición en 1967.

A lo largo de su vida como judoka alcanzó el grado de cinturón negro décimo dan, algo reservado a  muy pocos la mayoría japoneses: Toshiro daigo, Ichiro Abe y Yoshimi Osawa, que son los tres reconocidos como tales por Kodokan, la escuela japonesa madre del Judo.

Fue elegido en 1987 miembro de la asamblea del Comité Olímpico Internacional, al que siguió ligado hasta su muerte.

Un deporte japonés

Con el tiempo, Japón ha ido asimilando, más o menos, que no consigue todas las medallas en uno de sus deportes nacionales. Pero en los años sesenta, en la época del resurgir japonés después de la Segunda Guerra Mundial, vencer en Judo, sobre todo en la categoría Open, a la que se asociaba todo el peso de la tradición, era una cuestión de orgullo nacional. Nadie les había vencido nunca.

Geesink no era un desconocido. Campeón europeo, bronce en el mundial de 1956, ya hizo historia al vencer en esa categoría en el Campeonato del Mundo de 1961. Pero Japón quería solucionar esa “anomalía” en la Olimpiada de 1964, que se celebraba nada menos que en Tokio, en casa.

La tragedia nacional de la final de 1964

El Judo llegó a la Olimpiada de verano de Tokio como deporte de exhibición. Pero en Japón era mucho más que un deporte. Vencer era cuestión casi nacional. De las cuatro categorías, Japón dominó en su Olimpiada en las de los pesos ligero, medio y pesado.

Quedaba la categoría Open, que siempre ha tenido para ellos un valor especial, como esencia y reflejo de la tradición del Judo. Geesink había vencido en semifinales al australiano Boronovskis por ippon en 12 segundos. Kaminaga había vencido al filipino Ong en solo cuatro segundos.

Y ese 23 de octubre de 1964, en la final olímpica Open de Judo, ante el campeón local Akio Kaminaga, un intento del holandés de proyección de hiza-guruma (tal vez más orientada para llevar al japonés, de menor envergadura, a combatir en suelo) y la posterior inmovilización de kesa-gatame por Geesink hasta el límite de tiempo, supuso una enorme desilusión para 15.000 desolados espectadores japoneses del pabellón. Y para todo el país. Se habló incluso de suicidios, de humillación nacional.

Hoy en día Japón sigue siendo la potencia de referencia en el Judo, pero su universalización y el esfuerzo de federaciones como la francesa, la brasileña, la coreana, la de los países del este, etc., hace que sea ya algo normal que el medallero esté repartido.

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15 septiembre 2014 1 15 /09 /septiembre /2014 09:23

A pesar de que los Sanfermines siguen siendo la referencia más conocida, poco a poco se va promocionando la imagen de Pamplona como ciudad con un digno patrimonio a visitar, a pesar de que aún falta bastante para alcanzar el nivel y la oferta al visitante que ofrecen otras ciudades. Uno de los aspectos a conocer de la ciudad radica en la nómina de palacios que puede contemplar, o visitar, el viajero.

No se caracteriza Pamplona por la profusión de palacios de la monarquía o de grandes casas nobiliarias, aunque hay una pequeña representación de cada periodo histórico de la ciudad. De la Edad Media se conservan parcialmente, el Palacio Románico de la Catedral, el Palacio Real, y una parte del Palacio del Condestable. De la transición entre lo medieval y el Renacimiento, tenemos el Palacio del Condestable. Del s. XVII contamos lo poco conservado en el Palacio del Redín. La mayoría de sus palacios datan del s. XVIII, una de las épocas de mayor auge y desarrollo de la ciudad, que conllevó una fuerte renovación monumental y urbanística. El más tardío cprresponde al decimonónico palacio de Diputación.

Desglosaremos la nómina de palacios pamploneses, algo de su historia, y sus ubicación:

PALACIO ROMÁNICO DEL OBISPO

Enclavado dentro del gran complejo catedralicio de la ciudad. Accesible desde el claustro. Es un edificio de dos pisos en forma de L. ha cobrado protagonismo con la exposicón Occidens. El lado más cercano al claustro, desde el que se accede, cuenta en su la planta baja, con una Gran sala o Aula, el dormitosio bajo, hoy en excavación (visitable duarnte el recorrido de la exposición occidens. Fue un espacio multifuncional, sirvió alternativamente de dormitorio (desde el s. XV), sala de banquetes, sala para impartir justicia, o de audiencias.

Sobre esta sala, encontramos el denominado Dormitorio Alto, que conserva el arranque de los arcos y señales de las separaciones de madera con las que se subdividió este espacio para dar intimidad a los canónigos.

La otra ala que forma la L del edificio cuenta en su planta baja con la Cámera. Varias ménsulas de sus muros indican que ya desde el principio fue concebida para dos plantas. Se usó como dormitorio común y como sala de reuniones. Sobre ella se situa la sala llamada Teatrillo, usada desde el s. XVI como comedor. Se espera que su restauración saque a la luz ventanales románicos y góticos.

PALACIO REAL

En la Cuesta de Palacio, s/n. Edificado en 1190,en época medieval fue residencia de reyes y obispos. Hacia 1530 pasó a a ser sede de los virreyes castellanos, y desde 1841 fue sede del Gobierno Militar hasta 1971.

Restaurado por el arquitecto Moneo como sede del Archivo General de Navarra, conserva en el exterior y en varias alas de su interior partes de su pasado palacial, y en el paseo situado en su parte posterior encontraremos la escalera vinculable al edificio, que baja al parking; y la gran nevera.

PALACIO DEL CONDESTABLE

Enclavado en la Calle Mayor, 2. La preciosa sala gótica y el cuerpo superior sobre ella datarían probablemente del s. XIV o XV. El cuerpo principal fue construido entre 1550 y 1560 por Luis de Beaumont, IV Conde de Lerín y Condestable de Navarra.

Fue residencia arzobispal durante los siglos XVII y parte del XVIII, y sede del Ayuntamiento entre los años 1752 y 1760.

Su adaptación como centro cultural supuso un hallazgo arqueológico reseñable: una gran necrópolis visigoda.

La restauración también aportó grandes valores. En el exterior, sacó a la luz la galería superior de arquillos que vemos en la fachada, y recuperó la esquina original. Al interior, permite contemplar unos maravillosos artesonados originales en las salas nobles del primer piso del palacio, con escenas vinculadas a los trabajos de Hércules; graffiti del s. XVI de los trabajadores que construyeron el edificio; y pinturas modernistas de inicios del s. XX.

Este centro cívico y cultural, con exposiciones temporales, alberga circunstancialmentee el Museo Sarasate (dedicado al gran violinista pamplonés)

PALACIO DE LOS REDIN CRUZAT

Del s. XVII, sobre la base de uno anterior, renacentista. Localizable en la calle Mayor, 31.

Poco se conserva de su factura barroca original. Merece la pena fijarse en la placa con un texto en latín que conmemora el nombramiento de Martín de Redín como Gran Maestre de la Orden de San Juan, en 1657. En la actualidad alberga un conservatorio de música.

PALACIO ARZOBISPAL

Construido entre 1734 y 1740. Ubicado en la Plaza de Santa María la Real, 1.

Edificio que sigue la línea de los palacios barrocos del centro-Sur de Navarra y del valle medio del Ebro: zócalo de piedra (dos portadas decoradas en estilo churrigueresco), varios pisos en ladrillo con balconada, y galería de arquillos en el último piso.

Destacan, entre otras cosas, su portada-retablo en la fachada principal; y la escalera con doble arranque y tramo final único, que sigue el esquema imperial.

PALACIO DE LOS CONDES DE EZPELETA

Situado en la calle Mayor, 65.Construido en 1709 por Pedro de Arriarán para el marqués de san Miguel de Aguayo, cuya carrera militar explicaría la destacada y escultórica portada (en la fachada principal) de tema marítimo militar, esculpida por Domingo Gaztelu.  Considerado el edificio más barroco de la ciudad con  Su portal o zaguán conserva una escalera doble y al fondo un patio de planta cuadrada.

Destaca también la fachada posterior con arquerías, visible desde la calle San Francisco, muy bonito, a pesar los añadidos para un fracasado intento de adecuación para uso escolar.

patio-palacio-condes-de-ezpeleta.jpg

Fachada posterior del Palacio de los Condes de Ezpeleta

Fue Convento de las Teresianas durante el s. XX, y hoy en día alberga parte de los estudios musicales de la ciudad.

PALACIO DE LOS GOYENECHE

Gran edificio de concepción cúbica, del s. XVIII. Reformado parcialmente en el s. XIX.

Cuenta al exterior con zócalo o pórtico de piedra, y pisos de ladrillo pintado. Sus fachadas dan a la Plaza del Castillo y a la calle Estafeta. Conserva el escudo de armas de la familia Ribed, que lo habitó en el s. XIX.

PALACIO DE LOS NAVARRO - TAFALLA

En la Calle Zapatería, 50. De la segunda mitad del s. XVIII, sede en origen de la familia de comerciantes Navarro - Tafalla. Cuenta con una fachada característica de este tipo de edificios barrocos en la ciudad, Sobresale una gran puerta señorial de toque rococó, dentro de un zócalo de pieda al que siguen varios pisos  de fábrica de ladrillo. Rematado por un alero muy volado, típico antaño en la ciudad. 

PALACIO DEL Nº 40 DE LA CALLE ZAPATERÍA

Próximo al anterior. también dieciochesco. Interesante fachada barroca, con interesantes balcones de forja. El interior, dedicado a servicios del municipo, está muy cambiado.

CASA CONSISTORIAL

Plaza consistorial s/n. El gran edidifio de la sede del ayuntamiento fue construido en 1752, tras el estado de ruina del edificio anterior, y reconstruido en 1768. El palacio fue destruido en 1951 y reconstruido en su totalidad. Sólo se salvó la fachada principal, aunque el zagúan guarda un poco el sabor original.

ayuntamiento Fachada del Ayuntamiento

PALACIO DE LOS CONDES DE GUENDULAIN

Situado en la calle Zapatería, 53, frente a la Plaza del Concejo. Construido a mediados el s. XVIII.  Fue creado por un antiguo virrey de Nueva Granada, ministro de Fernando VI. En 1845 llegó a ser residencia real, y llegó a albergar en el s. XIX, en una ocasión, a Isabel II y su corte. En la fachada se aprecia el escudo de su primer propietario, Sebastián Eslava Lasaga, que fue virrey de Nueva Granada y ministro de Fernando VI.

Hoy en día es un hotel. Es un amplio palacio barroco que conserva en su fachada el escudo de la familia propietaria. Lamentablemente, su riquísimo patrimonio fue subastado hace pocos años. En su interior alberga una hermosa carroza de estilo rococó de 1700, y una colección de carruajes y antiguos vehículos a motor.

En la preciosa plaza del concejo localizaremos otra de las fuentes neoclásicas de la ciudad, diseñdas casi todas por Luis Paret. Esta fuente de la plaza del Concejo, del s. XVIII, está rematada por una pequeña imagen de Neptuno.

PALACIO DEL MARQUÉS DE ROZALEJO

De principios s. XVIII, ubicado en la calle del Carmen, 17, en el espacio de la plaza de Navarrería. Pertenecio a la familia daoiz-Guendica. No visitable. en dicha plaza veremos la neoclásica fuente de Santa Cecilia realizada a partir del diseño de Luis Pret hacia 1788

Edificio barroco con plantamiento arquitectónico algo más complejo, con doble fachada, y acceso a diferente altura para cada fachada, por las circunstancias de topográficas de la zona. en el lado de la Plaza de Navarrería presenta una excelente escalera barroca en su portal. A la espera de que se le habilite un destino digno, es el peor conservado y más abandonado, aunque se está rehabilitando la cubierta para evitar su ruina.

PALACIO DEL ANTIGUO INSTITUTO PROVINCIAL

En el entorno catedralicio, en la calle Navarraería, 39, junto a la catedral. Construido en 1842, es un edifcio de estilo clásico y rico diseño interior, diseño de M.HIjón. La fachada es de inspiración renacentista. Destaca su patio interior porticado con columnas de hierro, también de inspiración renacentista, y el diseño de escalera.

Proyectado como isntituo, ha trenido distintos usos, y alberga hoy en día la sede de la adminisitración foral de cultura.

PALACIO DE DIPUTACIÓN

Ubicado en el arranque de la Avenida de Carlos III, con fachada al paseo de Sarasate y con el atractivo añadido en la calle San Ignacio del adosado edificio de lo que en tiempos fue el Archivo General de Navarra y su jardín. Se organizan visitas guiadas al palacio en fechas señaladas.

Proyectado en 1840 por José de Nagusía, tiene un diseño complicado, motivado por las circunstancias históricas del solar. La fachada del lado de la avenida de Carlos III es de 1929, de los hermanos Yárnoz, y cuenta con esculturas (1932) de Fructuoso Orduña (autor también de varias esculturas de la fachada al Paseo de Sarasate, colocadas en 1951). Esta reforma devino del derribo y traslado del Teatro Gayarre (la fachada actual del teatro es la original, desmontada y puesta en su lugar actual), que hasta entonces cerraba la cercana Plaza del Castillo y flanqueaba al Palacio de Diputación.

La antigua sede del Archivo General, obra de Ansoleaga, se construyó en 1896. El gran sequoia de su jardín, de unos 35 m de alto, fue plantado hacia 1855

Del interior destaca la majestuosidad del salón del trono, construido entre 1861 y 1865 (bajo la dirección de M. Hijón) con la estética de la época, y la fastuosa escalera de acceso. A reseñar el retrato de Fernando VII firmado por Goya, dentro de su apreciable patrimonio en obras de arte.

ANTIGUO PALACIO DE JUSTICIA

Remata el otro extremo del Paseo de Sarasate. Obra de J. Arteaga, de 1892. Se conserva sólo el exterior.También de diseño singular por la irregularidad del terreno. Con zócalo de piedra, pisos de ladrillo coon vanos enmarcados en piedra y alegoria escultórica de la Justicia en el remate.

Es la actual sede del Parlamento Foral de Navarra.

Esperemos que el visitante consiga disfrutar de la contemplación de estos edificios, dentro de la visita a todo lo reseñable de la ciudad.

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13 septiembre 2014 6 13 /09 /septiembre /2014 07:28

No hay visitante de la ciudad que no haya pasado por la Plaza del Ayuntamiento. Y hasta es posible que lea la placa que habla del Privilegio de la Unión, o le den alguna explicación sobre ella. Su fachada es noticia mundial cada 6 de julio. Pero lo cierto es que edificio y plaza dan para mucho más que para la mera mención de su papel como lugar en el que empiezan los sanfermines.

La Casa de la Jurería o del Regimiento

En el llamado Privilegio de la Unión, de 1424, que da lugar a la unión definitiva de la ciudad, se establece la construcción del precedente de Ayuntamiento, la denominada Casa de la Jurería, en los terrenos que en el s. XV eran una tierra de nadie. Y más concretamente, en el foso que estaba delante de la torre Galea (del amurallamiento del burgo de San Cernin).

Con los habituales retrasos, se erigió a lo largo del s. XVI. Pero nunca fue un edificio ni terminado del todo, ni en muy buen estado. Las reparaciones y reformas se suceden a lo largo de los s. XVI a XVIII.

Una sede provisional para la Alcaldía

A mediados del s. XVIII, con la excepción del sobresótano (que albergaba el depósito de grano o almudí, y el "peso general") era evidente el estado lamentable de este primitivo edificio. Suelos, bóvedas y escaleras amenazaban con desplomarse.

Ante la inminencia de su colapso definitivo, el edificio fue desalojado, y se instaló una sede provisional (1752-1760) en el cercano Palacio del Condestable.

El Ayuntamiento barroco y su fachada

En 1753 se derribó el primitivo edificio. El nuevo, obra de José Zay y Lorda, se prolongó hacia el Convento de Santo Domingo. Fue construido entre 1753 y 1760. La fachada fue terminada en 1756. Aunque sin el remate superior, frontón, ático y reloj incluidos, diseñadas por J.L. Catalán, en 1756, algo después del resto de la obra.

De dicha fachada, las dos estatuas de Hércules que la coronan, la Fama y escudo de la ciudad, y las ubicadas sobre un apoyo a ambos lados de la puerta (la Justicia y la Prudencia), fueron realizadas por el escultor José Jiménez a mediados del s. XIX. Aunque las estatuas de Hércules que vemos son copias. Las originales están en la calle Descalzos, en el llamado Patio de los Gigantes del edificio municipal junto a la iglesia de Descalzos.

ayuntamiento 

Fachada del Ayuntamiento de Pamplona

El Ayuntamiento actual

En buena medida, el edificio original sobrevivió hasta los años cincuenta de s, XX. Y algunos elementos del actual, como la escalera, mantienen ese espíritu original.

Sólo conserva del barroco la fachada. Entre 1951 y 1953, siguiendo un proyecto de Yárnoz, se procedió a la demolición total del edificio. Sólo sobrevivió la fachada. Todo lo demás es moderno.

La altura de Pamplona sobre el nivel del mar 


En los pilares que sustentan las estatuas de la Justicia y la Prudencia, a ambos lados de la puerta de acceso en la fachada, podemos leer la altura relativa de la ciudad: 443,80 m.s.n.m. respecto a Santander; y 444,67 m.s.n.m. respecto a Alicante

La Plaza Consistorial

Conocida fuera de la ciudad por ser el lugar del lanzamiento del cohete o txupinazo que marca el inicio de fiestas, desde un balcón de la fachada.

La plaza ha recibido a lo largo de la historia muchos nombres: Plaza del Regimiento, Plaza del Chapitel, Plaza de la Fruta, Plaza de Arriba. El nombre de Plaza de la Fruta le viene del tradicional mercado, especializado en fruta y verdura desde 1565, que llegará hasta el s. XX. El nombre oficial de Plaza Consistorial, fue aprobado en 1865. Aunque en Pamplona todo el mundo la llama Plaza de Ayuntamiento.

El principal cambio en el diseño de la plaza en época reciente. Se derribaron varias manzanas en el paso hacia la calle Mayor en los años cuarenta. De ellas, la llamada Casa Seminario fue derribada y reedificada, con la fachada retranqueada (apara alivio de corredores del encierro, era un auténtico embudo) bien avanzado el s XX.

Uno de los relojes más famosos del mundo

En la fachada podemos contemplar en lo alto un reloj, del s. XVIII (aunque el mecanismo fue sustituido en 1991).

Ese reloj es protagonista en todos los medios de comunicación del mundo cada 6 de julio. Presidiendo la enorme marea humana que bota, canta y grita, el reloj marca la hora para el disparo del txupinazo, el cohete que señala el inicio de los Sanfermines.

La Plaza de Santiago

La trasera del Ayuntamiento se abre a la Plaza de Santiago. En ella y en su continuación por la calle Mercado encontraremos edificios interesantes. Varios de ellos, del s. XVIII, están destinados hoy en día a actividades municipales. Una fue hace décadas Casa Marceliano, popular establecimiento sanferminero inmortalizado por su estrecha relación con el escritor Hemingway.

A esta plaza tiene uno de sus accesos el Mercado de Santo Domingo, que  conserva a duras penas el diseño de 1876, y aún tiene el encanto de estos mercados públicos.

Frente a la trasera del Ayuntamiento, al potro lado de esta plazuela se yergue la fachada barroca de la Iglesia de Santo Domingo, aunque el templo data del s. XVI. Una pronunciada escalera interior comunica con el suelo de la iglesia, emplazado cinco metros más bajo que la plaza. La arquitectura del interior es un buen ejemplo del arquitecto gótico-renacentista. El resto de la decoración es barroca, de la que destaca el órgano.

La iglesia, y el cercano claustro, es todo lo que queda del antiguo Convento de Santo Domingoque fue sede de la Universidad Pontificia y Real de Santiago, entre 1630 y 1771. El gran edificio sobrevivió como hospital militar y tras años de lamentable abandono, a finales del s. XX fue derribado en buena parte. En una de sus ventanas comenzó la tradición del cántico del Encierro. Tras ser derribado se abríó la hornacina en el muro de enfrente para ubicar la imagen de San Fermín. El claustro del convento sobrevive preservado en el patio del cercano edificio de Educación del Gobierno de Navarra.  

 

Sin duda, el centro neurálgico de la ciudad y de sus fiestas da para mucho, pero esperemos que estas líneas ayuden a conocerlo mejor a sus muchos visitantes, y a los propios pamploneses.

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12 septiembre 2014 5 12 /09 /septiembre /2014 10:33

El periodo inmediatamente posterior al final del imperio romano es uno de los menos conocidos de la urbe pamplonesa. En los últimos años, la arqueología va aportando nuevas claves de comprensión.

Las tradiciones populares de Pamplona como fuente histórica

Siempre se dice en Arqueología que también se pueden rastrear la ubicación de restos del pasado en las tradiciones, aunque sea de manera indirecta. En Pamplona tenemos ejemplos interesantes, varios de ellos relacionados con este periodo.

SAN FERMÍN DE ALDAPA.- En principio algo anterior al periodo que nos ocupa. En el entorno de la iglesia de San Fermín de Aldapa ha situado la tradición la casa de San Fermín. Y en 2004-2005, las excavaciones para un fallido proyecto de párking en la plaza adyacente (lo aparecido tuvo la suficiente importancia para que, en esta ocasión, no se desmontaran los restos) mostraron que, entre otras cosas (una muralla medieval, una pequeña necróplis medieval, etc.), guardaba en su subsuelo restos importantes del pasado romano, entre ellos los de un gran edificio público.

NECRÓPOLIS DE OBIETAGAINA.- El lugar donde se descubrió en el s. XIX un gran cementerio tardorromano y visigodo cerca de la Plaza de Toros se llamó hasta el s. XVIII Obietagaina, “lugar sobre tumbas”. Un topónimo que muestra de manera evidente el recuerdo entre los habitantes de la ciudad de la finalidad funeraria que tuvo esta zona durante años.

A pesar de la antigüedad de la excavación y de las limitaciones de la técnica arqueológica que se usaba en esa épca, y a pesar de la falta de documentación (diario de de excavación, notas, etc) sobre el proceso arqueológico, la revisión de las tumbas y su ajuar proprociona muchos datos.

Alguna de la tumba parece asociable a la época terminal del imperio romano. La mayoría pertenecen a época visigoda. Y en varios casos muestran la convivencia, en Pamplona, del final de la cultura funeraria visigoda con los inicios del poder musulman en la península ibérica (quizás élites dirigentes que conviven y colaboran con él) dada la presencia de enterramientos cristianos en los que los fallecidos portan anillos con textos en escritura kúficas, del Corán.

NECRÓPOLIS DEL PALACIO DEL CONDESTABLE.- Junto a ese pocico de San Cernin, en el inicio de la calle Mayor y en plena ruta del Camino de Santiago, una excavación de varios años en el subsuelo del palacio del Condestable, iniciada en 2005, descubrió otra gran necrópolis de finales de época romana y sobre todo visigoda. Y también hay casos de anillos con textos kúficos en varias tumbas.

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Una imagen menos habitual de la sanferminera Comparsa de gigantes, kilikis y cabezudos de Pamplona, poco antes de la procesión de San Saturnino, en pleno noviembre. Se aprecia, en el lado izquierdo de la foto el palacio del Condestable

EDIFICIO DEL COMPLEJO CATEDRALICIO.- Recientemente, la excavación del dormitorio bajo del llamado Palacio románico de la Catedral de Pamplona (la denominada sala de Arqueología de lw exposición Occidens), ha descubierto estructuras de un gran edidficio y materiales que parecen remontables a a la época visigótica, a un amplio periordo entre los s. VI a IX.

Ciudad de los muertos

Las dos necrópolis pamplonesas de época visigoda reflejan una manera de habitar y de morir distinta a la nuestra, habitual en la Edad Media hasta finales del s. IX. Antes de esa fecha, manteniendo la tradición romana, no se entierra dentro de las ciudades, sino fuera de las murallas, con frecuencia cerca de vías de salida y entrada. Frente a la ciudad de los vivos, con su templo principal que luego devendrá en catedral, en sus cercanías se concentran las tumbas en estos sitios de llegada, ciudades de los muertos con un pequeño templo o basílica funeraria.

En el caso de palacio del Condestable, por ejemplo, estamos fuera de las murallas anteriores al s. IX, al otro lado del barranco de Santo Domingo y cerca de su borde.

Allí mismo junto a la necrópolis, encontramos la iglesia de San Cernin, remontable hasta el s. XI, pero que pudo erguirse sobre o en la cercanías de la antigua basílica de este cementerio visigodo. Uno de los puntos recurrentes en la visita guiada a Pamplona, el llamado "pocico de San Cernin", un pozo al que la tradición asocia al bautizo de los primeros cristianos de la ciudad,  está situado en plena calle entre la iglesia de San Cernin y el Palacio del Condestable. No parece fruto de la casualidad. El pocico sería, como mínimo, la fijación en las tradiciones de todo esto.

Ciudad de los vivos

La pamplona visigoda sería un pequeño núcleo en la zona del actual complejo catedralicio pamplonés, agrupado en torno al único poder superviviente de la estructura pública tardorromana, el eclesiástico. Sin duda, éste tuvo un gran peso sociopolítico. Es significativo que fuera la única autoridad que sobreviva al colapso del reino visigodo, y que Pamplona sea en buena medida durante la Edad Media una ciudad episcopal.

Pamplona contaba en esta época con murallas , en las que abriría brecha años depués Carlomagno en su expedición a Zaragoza. Muy probablemente las mismas murallas creadas en época bajo imperial, de la que conocemos el interesante caso de una torre ultracircular en la calle la Merced (excavada a prinicipios del s. XXI), sustentada en ese punto sobre una estructura de madera con la que se salvaban los problemas de asentamiento derivados de un barranco rellenado.

De momento, hay muy pocos datos fiables sobre la ciudada habitada en esta época, a excepción del edificio localizado en las recientes excavaciones en la catedral de Pamplona. El que dicho edificio corresponda al palacio del obispo Liliolo, primer obispo de la diócesis, por el hecho de situarse bajo el palacio románico, no deja de ser una elucubración (afirmación sugerente, sin duda, pero que los propios arqueólogos no hacen prudentemente) que futuras campañas arqueológicas confirmarán o refutarán, el tiempo dirá.

 

 

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11 septiembre 2014 4 11 /09 /septiembre /2014 09:57

La primera fase de la ciudad de Pamplona, corresponde a la ciudad vascona, fundada a inicios de la Edad del Hierro. Se conoce aún poco de ella, pero podemos hacernos con lo que se sabe una idea aproximada.

Cualquier persona que llegue a la ciudad por primera vez se extrañará con la doble denominación de Pamplona/Iruña. El nombre en euskera alude al origen protohistórico de la ciudad creada por los vascones en la llamada Iª Edad del Hierro. Hasta ahora, los datos más antiguos localizados remontan la ciudad al menos al s. VII a. C.

A la espera de que los estudios de las sucesivas excavaciones de los últimos años sobre la ciudad arrojen nuevos datos sobre posibles estancias ocasionales o temporales en momentos anteriores, de momento la fase más antigua de la ciudad correspondería a esta villa o ciudad vascona.

Conocida por las fuentes romanas, la fase protohistórica de Pamplona sigue siendo la que más se resiste a los arqueólogos. Aún así, empezamos a tener datos más fiables gracias a los trabajos arqueológicos en el barrio de Navarrería, dentro del casco histórico de la ciudad.

Datos y testimonios arqueológicos de la población vascona de Pamplona

Documentada en textos clásicos, hasta hace poco, las evidencias materiales no eran muchas: algunas monedas; concentraciones de cerámica en la base de las excavaciones de Mª. A. Mezquíriz de los años sesenta en la zona del complejo catedralicio, indicios de viviendas en la excavación de las naves de la catedral en los años noventa.

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Una imagen antigua de la plazuela de San José, en la Navarrería, uno de los primeros puntos en los que la arqueología localizó indicios de la Pamplona prehistórica.

En los últimos años, las intervenciones arqueológicas en la ciudad (realizadas sobre todo por la empresa arqueológica Trama) permiten ya hablar de referencias estratigráficas fiables, y restos materiales, que indican presencia desde finales de la Edad del Bronce. El punto más fiable parece corresponder a lo encontrado en las excavaciones en la sala de arqueología de la exposición Occidens, en el espacio del dormitorio bajo del llamado palacio románico de la catedral pamplonesa.

Descripción de la pequeña ciudad de Iruña

Si nos atenemos a lo antes mencionado, y a la topografía, la geología, los indicios de antiguos barrancos, todo indica que la antigua Iruña ocupaba una extensión discreta en la zona más alta de la terraza de Pamplona, en el terreno que ocupa el conjunto catedralicio y sus aledaños.

Aprovechó las ventajas estratégicas de estar protegida por un lado por el cortado de la terraza sobre río Arga, y por el otro por los grandes barrancos que aún hoy en día se adivinan un poco en la topografía del casco viejo pamplonés.

 Hemos de elucubrar, pero partiendo del conocimiento que se tiene de esa época y de lo hallado en las ecavaciones, contaba con doble foso y posiblemente tuvo muralla, adaptada al límite de los barrancos, dejando sin cerrar el lado del cortado de la terraza, su defensa natural más clara.

Poseería un urbanismo sencillo, de casas de planta cuadrada (a juzgar por datos recogidos en la excavación de las naves de la catedral), con techumbre de madera paja o ramas, sustentado por poste central y otros secundarios (el negativo de estos apoyos o postes ha sido localizado ahora en la excavación de la sala del dormitorio bajo). La población contaba con calles empedradas (una de ellas ya ha sido localizada). Las casas de poblados navarros de la época se agrupaban adosadas en manzanas, separadas entre sí por calles empedradas con cantos. A ellas daban las puertas de las casas, en muchos casos la única abertura de éstas.

Es posible que al otro lado de los barrancos, en la zona de los actuales burgos o en el segundo ensanche, emplearan la llanura de la terraza para cultivar o criar ganado en zonas ganadas al bosque. Y aprovecharían los recursos de caza y pesca del soto del río.

La necrópolis, (todavía no localizada), la ciudad de los muertos donde enterraban sus seres queridos, se situaría a cierta distancia pero no excesiva. Sí que ha sido .localizado un enterramiento infantil (un perinatal de siete meses, muerto en el parto o miuy poco después) junto a postes de las vivendas protohistóricas localizadas ahora en la catedral. Esta tradición de enterrar recien nacidos en las viendas o su acceso, de la que hay testimonios en Europa hasta inicios del propio s. XX) se remonta a la Prehistoria.

De Iruña a Pompelo

En el último Congreso de Historia de Navarra, Francisco Pina defendía con brillantez una hipótesis que cada vez cobra más fuerza. La revisión de los textos de Salustio pone totalmente en entredicho la interpretación que de ellos hizo Shulten en su día, interpretación que siempre se ha tomado como segura.

Nada dice Salustio de una invernada de Pompeyo en la cuenca de Pamplona. Todo apunta (contexto histórico, ciudades mencionadas, alusiones al campamento, etc.) a que se alojó temporalmente en el alto Duero en el invierno del 75-74 antes de Cristo.

Necesitado de trigo, se aproximó al “ager vasconum”, pero lo más probable es que lo hiciera a la zona de la Ribera navarra, más cercana, de buena agricultura, y clima más suave que la lejana cuenca de Pamplona

Según estas nuevas hipótesis, el nombre en honor de Pompeyo, como se ha visto en otros casos, sería un indicio, al contrario de lo que se creía, de que los vascones se pusieron de lado de Sertorio y de que al final de la guerra sertoriana, hacia el 72 a. de C., Pompeyo impuso como castigo la refundación de Iruña como Pompelo.

Las limitaciones de la arqueología urbana para la localización de Iruña

Como en todos los connjuntos históricos, el casco histórico de una ciudad como Pamplona supone para un arqueólogo la combinación de zanjas nuevas y antiguas hechas para cimentaciones, conducciones, colectores, acometidas, reformas, reurbanizaciones, aparcamientos, edificios emblemáticos de arquitectos estrella.

En suma, sacar a la luz el subsuelo bascula entre la pesadilla y la promesa de un futuro hallazgo.

Ya fuera parcialmente durante la guerra, o en el marco de la reforma urbanística derivada de esa refundación de la ciudad (adaptación al mundo romano y su sistema constructivo y urbanístico, y la ubicación de foro, con las exigencias de cimentación y asentamiento de grandes edificios), todo indica que la antigua Iruña probablemente desaparece y es reconstruida entera ex novo (gradualmente o no) por la civitas romana.

El urbanismo y el tipo de material usado en las construcciones protohistóricas no son favorables a su perpetuación en el tiempo en el marco de la evolución natural de una ciudad.

 La suma de todas esas dificultades más lo que hemos mencionado respecto a urbanismo romano, y lo que supone un foro en la zona más prometedora, no da lugar a demasiadas esperanzas.

Es muy posible que nunca pasemos del hallazgo de estratigrafías parciales y restos materiales, o el negativo de las estructuras en el nivel geológico de base, de cantos, arcilla, o margas, con escaso estrato asociable. O tal vez, como pasa tantas veces en Arqueología, futuras excavaciones localicen lo que nadie esperaba hace unos años.

 

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11 septiembre 2014 4 11 /09 /septiembre /2014 09:38

Toda ciudad tiene rincones y detalles que pasan desapercibidos al visitante, e incluso a muchos de sus habitantes. Uno de ellos corresponde a un altorrelieve que representa a un caballero medieval. Está situado en los muros del interior de la iglesia de San Cernin, encima de una de sus capillas, muy cerca de la entrada principal al templo.

Un rincón de tradiciones milenarias

La iglesia de San Cernin o san saturnino se ubica en el corazón del centro histórico pamplonés, junto a la calle Mayor, en pleno Camino de Santiago. En la Edad Media, toda esta zona formaba parte del Burgo de San Cernin, creado a fines del s. XI, en época del obispo Pedro de Roda, con gentes procedentes de Francia, de Cahors.

Junto a la iglesia encontraremos una placa circular en el suelo, que tapa el llamado “Pocico de San Cernin”, al que asocia la tradición el punto en el que el obispo San Saturnino o San Cernin (nombre en el francés provenzal medieval) predicó a los primeros cristianos, entre ellos San Fermín.

El hecho de haber localizado una gran necrópolis visigoda en el vecino Palacio del Condestable reforzaría la fuerte simbología cristiana de este punto desde los inicios del cristianismo en la ciudad.

La iglesia de San Cernin

El primitivo templo románico, que se remonta como mínimo a inicios del s. XII, se situaba en la zona de la actual capilla del Santo Cristo y bajo el coro. El edificio sufrió mucho en los sucesivos enfrentamientos entre burgos en la guerra de la Navarrería.

Como consecuencia de ello, entre 1277 y 1297 se construyó el templo gótico que ha llegado hasta nuestros días. El templo tuvo un claustro de planta pentagonal con numerosos sepulcros, sustituido por la gran capilla de la Virgen del Camino, que data de 1758 y es de mayores dimensiones que el propio edificio gótico.

La Capilla de San Jorge

Ubicada cerca de la entrada, es la primera que encontramos a la izquierda si accedemos al templo desde el atrio. El retablo es neogótico, reciente, pero el grupo escultórico del ático, que representa a San Jorge alanceando al dragón, data del s. XVI.

La ciudad tenía hecho voto a San Jorge desde 1325. En esta capilla se le rendía culto, y desde ella partía una procesión, cada 23 de abril, a la desaparecida ermita de San Jorge, situada en el barrio de mismo nombre, hoy desaparecida.

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Altorrelieve del caballero de San Cernin

El caballero de San Cernin

Sobre el arco de acceso a la capilla de San Jorge, podemos contemplar en el muro un altorrelieve gótico que representa a un caballero cruzado, a caballo, marchando por un camino desde una ciudad, bendecido y dirigido por la mano de Dios.

Lleva armadura, lanza y escudo y pendón o estandarte. Monta un caballo ricamente enjaezado. No hay datos precisos de cuándo se hizo o a quién representa.

El patrono de la capilla, San Jorge, encarnaba el ideal de caballero, pero es más probable que represente a San Luis, rey de Francia (no hay que olvidar que el burgo estaba habitado en buena medida por franceses), o a Teobaldo I de Navarra, presentes ambos en las cruzadas a Tierra Santa de la segunda mitad del s. XIII.

Caballero, rey o santo, este fascinante relieve combina su valor artístico con el histórico, y nos permite elucubrar sobre los tiempos en los que la fe regía y decidía los destinos de Europa y el mediterráneo. Tal vez algún día se encuentre información que nos permita saber quién era este caballero guiado por la mano de Dios.

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11 septiembre 2014 4 11 /09 /septiembre /2014 09:05

La proyección exterior de Pamplona no se basa todavía demasiado en su patrimonio histórico. En los últimos años se ha impulsado lo relativo al gran conjunto catedralicio y al circuito de murallas y ciudadela (construido a partir del s. XVI, de las murallas medievales son visibles algunos restos).

No obstante, las calles de su Casco Viejo guardan rincones y monumentos de interés, que en algunos casos nos remontan a plena Edad Media.

En el pequeño espacio abierto frente a la iglesia de San Cernin se adivina un callejón, accesible a través de una verja. Una primera mirada desde el exterior nos indica que nos hallamos ante uno de los rincones más singulares de la ciudad. Es una belena, nombre por el que se conoce en distintas zonas a estrechas callejas de comunicación entre calles. En la Edad media, este espacio se situaba en el límite del llamado del burgo de San Cernin, que tiene sus orígenes a finales del s. XI. Las visicitudes de las malas relaciones entre los burgos o barrios de la ciudad, les hizo dotarse de murallas propias.

Los burgos de Pamplona

El casco histórico pamplonés conserva en buena medida el trazado urbano que tuvo en la Edad Media. Todavía hoy en día podemos distinguir los distintos barrios en los que se dividía la ciudad:

  • La Navarrería, la ciudad original, la Iruña vascona, luego Pompaelo romana, y luego ciudad episcopal;
  • Los burgos creados desde los s. XI-XII al calor del Camino de Santiago, con sus propios fueros y organización, poblados por gentes venidas de Francia, y por navarros. Los principales fueron el Burgo de San Cernin; y la Población de San Nicolás. El tercero, el Burgo de San Miguel, duraría poco tiempo, hasta el s. XIII.

Una ciudad dividida por fosos y murallas

Pamplona era entonces una ciudad espectacular, dividida en burgos amurallados comunicados entre sí desde las puertas de sus murallas por puentes que salvaban los fosos que las separaban, con iglesias fortaleza rematadas por torres casi más pensadas para la defensa y ataque que para las campanas. La razón de este diseño es sencilla: la relación entre la Navarrería y los burgos nunca fue precisamente buena, más bien lo contrario. Eso supuso asaltos, enfrentamientos, disputas.

La guerra de la Navarrería

En 1276, esto desembocó en una guerra civil de la que tenemos un relato bastante fiable de alguien que fue testigo en parte, Guilhem de Anelier. Este escribió sobre el conflicto un poema épico en lengua provenzal a mayor gloria de su mentor, el rey de Francia, junto al aque acudió al acto final de esta guerra. Su detallado relato es muy preciso y detallado. Impresiona la descripción de la guerra, los combates cuerpo a cuerpo, los asaltos, ataques y contraataques, combates a caballo, luchas casa por casa o en las huertas, disparos desde las torres, e incluso luchas subterráneas en túneles.

Tras pedir ayuda los burgos al monarca (Navarra y Francia compartían monarca, que vivía en París), el ejército francés arrasó la Navarrería (que tuvo después prohibido reedificarse durante cincuenta años). Nada se respetó, y la violencia máxima en todo su extensión alcanzó incluso al espacio sagrado de la catedral. El claustro románico de ésta, que llegó a ser usado como caballeriza por el ejército francés, quedó tan dañado que hubo de ser derruido y reconstruido en estilo gótico diez años después.

Aunque más atenuados, las tensiones y conflictos siguieron durante el s. XIV, hasta que en el s. XV, Carlos III el Noble soluciona el problema y reunifica la ciudad mediante el Privilegio de la Unión de 1423.

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Belena de Portalapea

La belena de Portalapea

En ella se conserva visible una parte de las murallas del burgo de San Cernin, incluida una torre.

Conocida desde siempre la presencia de esta torre integrada en los edificios, la excavación de esta calleja hace pocos años sacó además a la luz arcos de cimentación y descarga del tramo de muralla adyacente, después reaprovechado por las casas, y que podemos cointemplar en la visita.

Junto al acceso a la belena, elevada en esa moderna hornacina, vemos una talla de madera de una Virgen con el Niño, que se cree presidía Portalapea, la cercana puerta que permitía atravesar las murallas para entrar en el burgo, y que permaneció durante siglos guardada en un edificio cercano.

 

Este tramo de muralla y torre, y las bodegas situadas junto a él como las de la Sociedad Napardi, nos indica cómo se adaptó desde muy antiguo esta zona del burgo al fuerte desnivel de las laderas del barranco de Santo Domingo, en cuyo fondo discurre la Cuesta del mismo nombre.

En el fondo de la belena vemos, accesible, un conjunto de bolas o bolaños de piedra recuperados en la intervenciones arqueológicas, utilizados muy probablemente como proyectiles contra las murallas en los conflictos entre burgos, quizás en la propia Guerra de la Navarrería. No hay más que cruzar la calle al salir de la belena, y entrar en la cercana iglesia de San Cernin, o ver al exterior sus altas torres, para sumergirse en el agitado pasado medieval de la ciudad, muy distinto del apacible panorama que presenta la zona ahora. 

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10 septiembre 2014 3 10 /09 /septiembre /2014 10:15

La Garma es uno de los mejores yacimientos paleoliticos en cueva de Europa, con arte parietal, y hábitats magdalenienses subterráneos con paleosuelos intactos.

La cueva forma parte de un complejo sistema cárstico de galerías a diferentes alturas, intercomunicadas mediante simas, cuyas bocas se abren al exterior en el monte del mismo nombre de la localidad cántabra de Omoño. El monte alberga yacimientos en cueva y al aire libre, desde el Paleolítico hasta el final de la Prehistoria.

Circunstancias del hallazgo e investigación

A principios de los 90 se descubren La Garma A y B, y el yacimiento arqueológico en el vestíbulo de la primera. El arte parietal fue descubierto durante las exploraciones espeleológicas paralelas a la excavación de éste último.

El derrumbe que selló la antigua entrada exterior a esta galería ha permitido la conservación del yacimiento en superficie y de las pinturas rupestres.

Un complejo y rico yacimiento bajo tierra

Partiendo de la boca de la cueva de la Garma A, nos encontramos con sucesivos pisos comunicados mediante simas, cada uno con evidencias arqueológicas:

VESTÍBULO de La Garma A: Es la cavidad más alta, y la que mantiene todavía abierta al exterior su entrada. Fue utilizado por los neandertales hace 80.000 años, y habitado en distintos momentos del Magdaleniense al Aziliense. Las excavaciones de 2014 se centran en los niveles de las ocupaciones más antiguas de la cavidad.

 Tras quedar sellado el yacimiento por una costra estalagmítica, parece que sirvió de cueva sepulcral en la Prehistoria reciente. Se conserva algún resto cerámico del s. XII.

GALERÍA INTERMEDIA: Se accede hoy en día a ella desde el final del recorrido de La Garma A, descendiendo por una sima de 7 m. Es una amplia galería en descenso que tuvo que tener un acceso al exterior, hoy sellado. Su suelo es rico en restos paleontológicos, de osos de las cavernas. Se han recuperado varias evidencias líticas del Paleolítico Inferior. Cuatro esqueletos y restos de antorchas y hogueras, testimonian tardías visitas a las galerías Intermedia e Inferior, datadas por C 14 en los siglos VIII-IX. Cuenta también con algunas representaciones parietales.

GALERÍA INFERIOR: Desde el punto más bajo de la galería Intermedia, se desciende por una sima de unos 13 m para llegar a esta galería, con mucho la más rica y de restos arqueológicos más espectaculares.

Sin duda debido al antiguo derrumbe de su boca de acceso al exterior, esta cavidad conserva intacto el mundo paleolítico en su superficie y en sus paredes, como si acabaran de abandonar la cueva ayer.

Hay tres áreas de habitación, que coinciden significativamente con las zonas más decoradas en sus paredes.

Estas zonas de habitación son auténticos paleosuelos datados en el Magdaleniense Medio, entre el 14.000 y el 13.400 BP (BP= desde el presente), tan llenas en su superficie de restos de fauna, industria lítica, y arte mueble, perfectamente visibles, que ni siquiera pueden ser recorridas hoy en día sin dañarlas (a lo largo de 2014 se realizará una gran ortoimagen de los paleosuelos magadalenienses, a partir de trabajos  de fotogrametría):

  • Una gran área de habitación en la galería inmediata a la entrada y en los primeros setenta metros del desarrollo;
  • Y otros dos hábitats adosados a lateral izquierdo del desarrollo, a 95 y 125 m respectivamente. Son sencillas estructuras arquitectónicas magdalenienses delimitadas (si la tuvieron, la parte de ramaje o pieles obviamente no se ha conservado) por bloques calizos de piedra seca a modo de muretes.

Hay huellas humanas puntuales al inicio y hacia la mitad del desarrollo de la Galería Inferior.

El arte parietal de la Galería Inferior de La Garma

Las manifestaciones pictóricas se concentran en varias zonas del desarrollo, en techos, paredes y en algún gran bloque calizo ya desprendido en la época.

Hay una gran variedad de técnicas: macarroni; grabados de distintos tipos; raspados; pintura soplada, de líneas punteadas, de trazo simple, tintas planas, etc. Sólo faltan los policromos. Destaca la abundancia de manos pintadas en negativo.

manos.jpg  Ilustración de un panel de manos pintadas de La Garma

La pintura roja es la más a abundante. Las representaciones en amarillo sólo aparecen en lo sectores del fondo. Las pinturas en negro y grabados, con frecuencia combinados, abundan más en la parte anterior y central del desarrollo. Completan en varios casos con pintura lo que sugiere el relieve.

La temática combina los animales y signos, en proporción similar a la de las demás cuevas cantábricas. En los animales, dominan las ciervas, seguidas de caballos y bisontes, y en menor medida los cápridos. En los signos, son muy abundantes los trazos pareados, cortos y paralelos, y las digitaciones diversas. Junto a otros como claviformes tipo Altamira-Pasiega B, signos acolados, rectángulos etc.

El arte parietal abunda más en la primera parte (las zonas I a IV), en el antiguo vestíbulo, la galería principal y salas elevadas laterales de la primera parte del desarrollo.

Más al fondo, las concentraciones pictóricas aparecen más dispersas y espaciadas. Siguiendo por la cavidad, un corredor desemboca en una gran galería, conectada en un ramal lateral con el nivel superior a través de una sima por la que se llega hoy en día a esta galería. En esta zona, varios paneles pintados se concentran cerca de esa sima.

Varios paneles pintados a ambos lados del recorrido, se vislumbran cerca del fondo de la cueva.

Y otro pequeño conjunto pictórico parietal decora la sala terminal de la galería, en la que una sima comunica con una galería inferior del sistema por la que corre un río subterráneo.

Cronología de las pinturas

De momento se reconocen, al menos, tres momentos diferentes: Las más antiguas, hace unos 29.000 años las manos en negativo y panel de trazos no figurativos, pueden ser del Gravetiense; las pinturas rojas se crearon en el Solutrense o un Magdaleniense inicial; y las figuras en negro y la mayoría de los grabados, serían del Magdaleniense, quizás del Magdaleniense Medio, hace unos 13.500 años.

 

La riqueza de este conjunto es tal, que seguirá aportando datos durante muchos años. Lo difícil de su acceso da cierta tranquilidad, dada la dificultad para que a alguien se le ocurra la idea de su explotación turístico-cultural. Esperamos que acierte en sus decisiones el actual proyecto "Garma XXI: Investigación arqueológica,, gestión y puesta en valor de la zona arqueológica de la Garma (Omoño, Ribamontán al Monte).

  


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