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  • : El blog de marianosinues
  • : Blog dedicado a la Cultura,Historia, Arte, Arqueología, Prehistoria, Origen del Hombre
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11 septiembre 2014 4 11 /09 /septiembre /2014 09:38

Toda ciudad tiene rincones y detalles que pasan desapercibidos al visitante, e incluso a muchos de sus habitantes. Uno de ellos corresponde a un altorrelieve que representa a un caballero medieval. Está situado en los muros del interior de la iglesia de San Cernin, encima de una de sus capillas, muy cerca de la entrada principal al templo.

Un rincón de tradiciones milenarias

La iglesia de San Cernin o san saturnino se ubica en el corazón del centro histórico pamplonés, junto a la calle Mayor, en pleno Camino de Santiago. En la Edad Media, toda esta zona formaba parte del Burgo de San Cernin, creado a fines del s. XI, en época del obispo Pedro de Roda, con gentes procedentes de Francia, de Cahors.

Junto a la iglesia encontraremos una placa circular en el suelo, que tapa el llamado “Pocico de San Cernin”, al que asocia la tradición el punto en el que el obispo San Saturnino o San Cernin (nombre en el francés provenzal medieval) predicó a los primeros cristianos, entre ellos San Fermín.

El hecho de haber localizado una gran necrópolis visigoda en el vecino Palacio del Condestable reforzaría la fuerte simbología cristiana de este punto desde los inicios del cristianismo en la ciudad.

La iglesia de San Cernin

El primitivo templo románico, que se remonta como mínimo a inicios del s. XII, se situaba en la zona de la actual capilla del Santo Cristo y bajo el coro. El edificio sufrió mucho en los sucesivos enfrentamientos entre burgos en la guerra de la Navarrería.

Como consecuencia de ello, entre 1277 y 1297 se construyó el templo gótico que ha llegado hasta nuestros días. El templo tuvo un claustro de planta pentagonal con numerosos sepulcros, sustituido por la gran capilla de la Virgen del Camino, que data de 1758 y es de mayores dimensiones que el propio edificio gótico.

La Capilla de San Jorge

Ubicada cerca de la entrada, es la primera que encontramos a la izquierda si accedemos al templo desde el atrio. El retablo es neogótico, reciente, pero el grupo escultórico del ático, que representa a San Jorge alanceando al dragón, data del s. XVI.

La ciudad tenía hecho voto a San Jorge desde 1325. En esta capilla se le rendía culto, y desde ella partía una procesión, cada 23 de abril, a la desaparecida ermita de San Jorge, situada en el barrio de mismo nombre, hoy desaparecida.

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Altorrelieve del caballero de San Cernin

El caballero de San Cernin

Sobre el arco de acceso a la capilla de San Jorge, podemos contemplar en el muro un altorrelieve gótico que representa a un caballero cruzado, a caballo, marchando por un camino desde una ciudad, bendecido y dirigido por la mano de Dios.

Lleva armadura, lanza y escudo y pendón o estandarte. Monta un caballo ricamente enjaezado. No hay datos precisos de cuándo se hizo o a quién representa.

El patrono de la capilla, San Jorge, encarnaba el ideal de caballero, pero es más probable que represente a San Luis, rey de Francia (no hay que olvidar que el burgo estaba habitado en buena medida por franceses), o a Teobaldo I de Navarra, presentes ambos en las cruzadas a Tierra Santa de la segunda mitad del s. XIII.

Caballero, rey o santo, este fascinante relieve combina su valor artístico con el histórico, y nos permite elucubrar sobre los tiempos en los que la fe regía y decidía los destinos de Europa y el mediterráneo. Tal vez algún día se encuentre información que nos permita saber quién era este caballero guiado por la mano de Dios.

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11 septiembre 2014 4 11 /09 /septiembre /2014 09:05

La proyección exterior de Pamplona no se basa todavía demasiado en su patrimonio histórico. En los últimos años se ha impulsado lo relativo al gran conjunto catedralicio y al circuito de murallas y ciudadela (construido a partir del s. XVI, de las murallas medievales son visibles algunos restos).

No obstante, las calles de su Casco Viejo guardan rincones y monumentos de interés, que en algunos casos nos remontan a plena Edad Media.

En el pequeño espacio abierto frente a la iglesia de San Cernin se adivina un callejón, accesible a través de una verja. Una primera mirada desde el exterior nos indica que nos hallamos ante uno de los rincones más singulares de la ciudad. Es una belena, nombre por el que se conoce en distintas zonas a estrechas callejas de comunicación entre calles. En la Edad media, este espacio se situaba en el límite del llamado del burgo de San Cernin, que tiene sus orígenes a finales del s. XI. Las visicitudes de las malas relaciones entre los burgos o barrios de la ciudad, les hizo dotarse de murallas propias.

Los burgos de Pamplona

El casco histórico pamplonés conserva en buena medida el trazado urbano que tuvo en la Edad Media. Todavía hoy en día podemos distinguir los distintos barrios en los que se dividía la ciudad:

  • La Navarrería, la ciudad original, la Iruña vascona, luego Pompaelo romana, y luego ciudad episcopal;
  • Los burgos creados desde los s. XI-XII al calor del Camino de Santiago, con sus propios fueros y organización, poblados por gentes venidas de Francia, y por navarros. Los principales fueron el Burgo de San Cernin; y la Población de San Nicolás. El tercero, el Burgo de San Miguel, duraría poco tiempo, hasta el s. XIII.

Una ciudad dividida por fosos y murallas

Pamplona era entonces una ciudad espectacular, dividida en burgos amurallados comunicados entre sí desde las puertas de sus murallas por puentes que salvaban los fosos que las separaban, con iglesias fortaleza rematadas por torres casi más pensadas para la defensa y ataque que para las campanas. La razón de este diseño es sencilla: la relación entre la Navarrería y los burgos nunca fue precisamente buena, más bien lo contrario. Eso supuso asaltos, enfrentamientos, disputas.

La guerra de la Navarrería

En 1276, esto desembocó en una guerra civil de la que tenemos un relato bastante fiable de alguien que fue testigo en parte, Guilhem de Anelier. Este escribió sobre el conflicto un poema épico en lengua provenzal a mayor gloria de su mentor, el rey de Francia, junto al aque acudió al acto final de esta guerra. Su detallado relato es muy preciso y detallado. Impresiona la descripción de la guerra, los combates cuerpo a cuerpo, los asaltos, ataques y contraataques, combates a caballo, luchas casa por casa o en las huertas, disparos desde las torres, e incluso luchas subterráneas en túneles.

Tras pedir ayuda los burgos al monarca (Navarra y Francia compartían monarca, que vivía en París), el ejército francés arrasó la Navarrería (que tuvo después prohibido reedificarse durante cincuenta años). Nada se respetó, y la violencia máxima en todo su extensión alcanzó incluso al espacio sagrado de la catedral. El claustro románico de ésta, que llegó a ser usado como caballeriza por el ejército francés, quedó tan dañado que hubo de ser derruido y reconstruido en estilo gótico diez años después.

Aunque más atenuados, las tensiones y conflictos siguieron durante el s. XIV, hasta que en el s. XV, Carlos III el Noble soluciona el problema y reunifica la ciudad mediante el Privilegio de la Unión de 1423.

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Belena de Portalapea

La belena de Portalapea

En ella se conserva visible una parte de las murallas del burgo de San Cernin, incluida una torre.

Conocida desde siempre la presencia de esta torre integrada en los edificios, la excavación de esta calleja hace pocos años sacó además a la luz arcos de cimentación y descarga del tramo de muralla adyacente, después reaprovechado por las casas, y que podemos cointemplar en la visita.

Junto al acceso a la belena, elevada en esa moderna hornacina, vemos una talla de madera de una Virgen con el Niño, que se cree presidía Portalapea, la cercana puerta que permitía atravesar las murallas para entrar en el burgo, y que permaneció durante siglos guardada en un edificio cercano.

 

Este tramo de muralla y torre, y las bodegas situadas junto a él como las de la Sociedad Napardi, nos indica cómo se adaptó desde muy antiguo esta zona del burgo al fuerte desnivel de las laderas del barranco de Santo Domingo, en cuyo fondo discurre la Cuesta del mismo nombre.

En el fondo de la belena vemos, accesible, un conjunto de bolas o bolaños de piedra recuperados en la intervenciones arqueológicas, utilizados muy probablemente como proyectiles contra las murallas en los conflictos entre burgos, quizás en la propia Guerra de la Navarrería. No hay más que cruzar la calle al salir de la belena, y entrar en la cercana iglesia de San Cernin, o ver al exterior sus altas torres, para sumergirse en el agitado pasado medieval de la ciudad, muy distinto del apacible panorama que presenta la zona ahora. 

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10 septiembre 2014 3 10 /09 /septiembre /2014 10:15

La Garma es uno de los mejores yacimientos paleoliticos en cueva de Europa, con arte parietal, y hábitats magdalenienses subterráneos con paleosuelos intactos.

La cueva forma parte de un complejo sistema cárstico de galerías a diferentes alturas, intercomunicadas mediante simas, cuyas bocas se abren al exterior en el monte del mismo nombre de la localidad cántabra de Omoño. El monte alberga yacimientos en cueva y al aire libre, desde el Paleolítico hasta el final de la Prehistoria.

Circunstancias del hallazgo e investigación

A principios de los 90 se descubren La Garma A y B, y el yacimiento arqueológico en el vestíbulo de la primera. El arte parietal fue descubierto durante las exploraciones espeleológicas paralelas a la excavación de éste último.

El derrumbe que selló la antigua entrada exterior a esta galería ha permitido la conservación del yacimiento en superficie y de las pinturas rupestres.

Un complejo y rico yacimiento bajo tierra

Partiendo de la boca de la cueva de la Garma A, nos encontramos con sucesivos pisos comunicados mediante simas, cada uno con evidencias arqueológicas:

VESTÍBULO de La Garma A: Es la cavidad más alta, y la que mantiene todavía abierta al exterior su entrada. Fue utilizado por los neandertales hace 80.000 años, y habitado en distintos momentos del Magdaleniense al Aziliense. Las excavaciones de 2014 se centran en los niveles de las ocupaciones más antiguas de la cavidad.

 Tras quedar sellado el yacimiento por una costra estalagmítica, parece que sirvió de cueva sepulcral en la Prehistoria reciente. Se conserva algún resto cerámico del s. XII.

GALERÍA INTERMEDIA: Se accede hoy en día a ella desde el final del recorrido de La Garma A, descendiendo por una sima de 7 m. Es una amplia galería en descenso que tuvo que tener un acceso al exterior, hoy sellado. Su suelo es rico en restos paleontológicos, de osos de las cavernas. Se han recuperado varias evidencias líticas del Paleolítico Inferior. Cuatro esqueletos y restos de antorchas y hogueras, testimonian tardías visitas a las galerías Intermedia e Inferior, datadas por C 14 en los siglos VIII-IX. Cuenta también con algunas representaciones parietales.

GALERÍA INFERIOR: Desde el punto más bajo de la galería Intermedia, se desciende por una sima de unos 13 m para llegar a esta galería, con mucho la más rica y de restos arqueológicos más espectaculares.

Sin duda debido al antiguo derrumbe de su boca de acceso al exterior, esta cavidad conserva intacto el mundo paleolítico en su superficie y en sus paredes, como si acabaran de abandonar la cueva ayer.

Hay tres áreas de habitación, que coinciden significativamente con las zonas más decoradas en sus paredes.

Estas zonas de habitación son auténticos paleosuelos datados en el Magdaleniense Medio, entre el 14.000 y el 13.400 BP (BP= desde el presente), tan llenas en su superficie de restos de fauna, industria lítica, y arte mueble, perfectamente visibles, que ni siquiera pueden ser recorridas hoy en día sin dañarlas (a lo largo de 2014 se realizará una gran ortoimagen de los paleosuelos magadalenienses, a partir de trabajos  de fotogrametría):

  • Una gran área de habitación en la galería inmediata a la entrada y en los primeros setenta metros del desarrollo;
  • Y otros dos hábitats adosados a lateral izquierdo del desarrollo, a 95 y 125 m respectivamente. Son sencillas estructuras arquitectónicas magdalenienses delimitadas (si la tuvieron, la parte de ramaje o pieles obviamente no se ha conservado) por bloques calizos de piedra seca a modo de muretes.

Hay huellas humanas puntuales al inicio y hacia la mitad del desarrollo de la Galería Inferior.

El arte parietal de la Galería Inferior de La Garma

Las manifestaciones pictóricas se concentran en varias zonas del desarrollo, en techos, paredes y en algún gran bloque calizo ya desprendido en la época.

Hay una gran variedad de técnicas: macarroni; grabados de distintos tipos; raspados; pintura soplada, de líneas punteadas, de trazo simple, tintas planas, etc. Sólo faltan los policromos. Destaca la abundancia de manos pintadas en negativo.

manos.jpg  Ilustración de un panel de manos pintadas de La Garma

La pintura roja es la más a abundante. Las representaciones en amarillo sólo aparecen en lo sectores del fondo. Las pinturas en negro y grabados, con frecuencia combinados, abundan más en la parte anterior y central del desarrollo. Completan en varios casos con pintura lo que sugiere el relieve.

La temática combina los animales y signos, en proporción similar a la de las demás cuevas cantábricas. En los animales, dominan las ciervas, seguidas de caballos y bisontes, y en menor medida los cápridos. En los signos, son muy abundantes los trazos pareados, cortos y paralelos, y las digitaciones diversas. Junto a otros como claviformes tipo Altamira-Pasiega B, signos acolados, rectángulos etc.

El arte parietal abunda más en la primera parte (las zonas I a IV), en el antiguo vestíbulo, la galería principal y salas elevadas laterales de la primera parte del desarrollo.

Más al fondo, las concentraciones pictóricas aparecen más dispersas y espaciadas. Siguiendo por la cavidad, un corredor desemboca en una gran galería, conectada en un ramal lateral con el nivel superior a través de una sima por la que se llega hoy en día a esta galería. En esta zona, varios paneles pintados se concentran cerca de esa sima.

Varios paneles pintados a ambos lados del recorrido, se vislumbran cerca del fondo de la cueva.

Y otro pequeño conjunto pictórico parietal decora la sala terminal de la galería, en la que una sima comunica con una galería inferior del sistema por la que corre un río subterráneo.

Cronología de las pinturas

De momento se reconocen, al menos, tres momentos diferentes: Las más antiguas, hace unos 29.000 años las manos en negativo y panel de trazos no figurativos, pueden ser del Gravetiense; las pinturas rojas se crearon en el Solutrense o un Magdaleniense inicial; y las figuras en negro y la mayoría de los grabados, serían del Magdaleniense, quizás del Magdaleniense Medio, hace unos 13.500 años.

La riqueza de este conjunto es tal, que seguirá aportando datos durante muchos años. Lo difícil de su acceso da cierta tranquilidad, dada la dificultad para que a alguien se le ocurra la idea de su explotación turístico-cultural. Esperamos que acierte en sus decisiones el actual proyecto "Garma XXI: Investigación arqueológica, gestión y puesta en valor de la zona arqueológica de la Garma (Omoño, Ribamontán al Monte). El mecenazgo de la fundación Stuart Weitzman, y el convenio que ésta ha firmado el 21-9-2017 con el Gobierno de Cantabria y la World Monument Found, supondrán como mínimo tres años más de inversión y apoyo a la investigación en La Garma. Una muy buena noticia.

  

 

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10 septiembre 2014 3 10 /09 /septiembre /2014 09:51

Descubierta en 1994, declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, esta grandiosa cavidad rica en arqueología, de enormes salas, alberga un extraordinario conjunto pictórico paleolítico en sus paredes. Los datos revolucionarios que ha aportado la han convertido en uno de los conjuntos clave para el estudio del arte rupestre paleolítico, junto a otras como Altamira, o Lascaux.

La cavidad de Chauvet-Pont d’Arc

Situada en el entorno de la cuenca del Ródano, y descubierta en 1994 por espeleólogos aficionados, se abre en los grandes cortados calizos del circo de Estre, junto a un meandro abandonado del río Ardèche a la salida de la formación de Pont d’Arc.

Se trata de una cavidad de 400 metros de longitud, con enormes salas como la de Bauges (de 40 metros x 60 metros), techos de hasta 17 metros de alto como el de la Sala Hillaire, y formaciones estalagmíticas de gran belleza. El derrumbe de la entrada de la cueva, hace unos 20 000 años BP (BP: desde el presente), permitió una conservación extraordinaria de los restos.

Un paisaje conservado desde el paleolítico

Su entorno natural es excepcional. En lo básico, no ha cambiado desde el paleolítico. Preside el paisaje, cerca de la cueva, el Pont d’Arc, un monumental arco de piedra de 54 metros de altura y 59 metros de ancho, excavado por el río Ardèche. Ya existía en el Paleolítico Superior. Los hombres prehistóricos vieron el meandro del Circo de Estre inundado regularmente, y contemplaban el Pont d'Arc, entonces el único punto de cruce del río a pie seco, con unas proporciones imponentes que lo convertían en un relieve especialmente visible y quizás simbólico.

Arqueología y paleontología en la cueva

La cueva es rica en evidencias paleontológicas, especialmente del oso de las cavernas (restos de más de 180 individuos, camas de hibernación, y arañazos). También se han localizado huellas y evidencias de lobo, y cabra.

Conserva sobre su suelo restos del paso del hombre prehistórico: veinte evidencias líticas (algunas retocadas); una punta de azagaya de marfil de mamut (Sala de los megaceros); un cráneo de oso de las cavernas dispuesto intencionadamente sobre un bloque en el centro de la Sala de los osos; apilamientos de bloques; ubicación intencionada de varias lascas de sílex, y fragmentos óseos; marcas de dedos y de objetos sobre arcilla; hogares (para iluminación, y/o preparación de colorantes) en la parte final de la cueva, a partir de la Galería del Cirio; huellas de antorchas en las paredes de la Sala Hillaire y en pasos estrechos como la galería de los Megaceros, que en algunos casos marcan caminos; huellas de ramas en el suelo, tal vez para los hogares.

 

Un conjunto de arte parietal paleolítico excepcional

Se conocen más de 420 representaciones, de técnica artística compleja y variada. Los dibujos están organizados en grandes paneles, aprovechando el relieve y las divisiones naturales de las paredes, que son previamente raspadas. Transcriben muy bien el volumen y aspecto del animal. Las figuras interactúan entre si para generar efectos compositivos: yuxtaposición de animales creando profundidad; repetición de miembros o partes del animal simulando movimiento; verdaderas escenas, en las que se identifican por etología, por ej., un combate de rinocerontes, comportamientos de pre-acoplamiento /apareamiento de felinos, o una manada de leones de caza.

En la primera parte de la cavidad, predomina el uso del ocre rojo, mientras que en el resto abunda más el dibujo al carbón y el grabado. Algunas figuras combinan ambos, grabando sobre el trazo negro para destacar más ciertos detalles. Se pintan formaciones de puntos con la palma de la mano untada en ocre (el estudio de estas palmas identifica dos artistas diferentes, una mujer o adolescente, y un hombre). 

ilustracion-didactica-b.jpg

Una cronología muy antigua y revolucionaria

Lo más revolucionario corresponde a su cronología. El análisis estilístico inicial la situaba en el horizonte cronológico del solutren­se-magdaleniense (17000-21000 BP), pero las dataciones AMS de las pinturas de la cueva indicaron que son mucho más antiguas, hechas en dos fases: un período muy antiguo (33000 - 29000 años BP) y una fase más reciente (27000 - 24500 años BP). Una mancha de antorcha de hace 26. 000 años BP, superpuesta a la calcita que cubre un dibujo, descarta la posibilidad de reutilización pictórica magdaleniense de carbones de época auriñaciense. Nuevas dataciones AMS de restos óseos de humanos modernos y de osos (28000-32000 años BP) confirman que ambos ocuparon la cueva durante el Auriñaciense, y ya no se volvió a habitar la entrada de la cueva.

La temática representada ya sugiere su antigüedad. Junto a la habitual representación de potencial caza, como caballos y bóvidos, y una representación humana femenina, encontramos especies mucho menos habituales, que son precisamente las más representadas en Chauvet y las que ocupan el lugar central en los conjuntos o paneles pintados en las paredes: animales que cazan, depredadores, y animales de gran porte y peligro potencial, como leones, mamuts, rinocerontes, hienas, una pantera, osos de las cavernas, etc.). Es lo mismo que vemos en yacimientos auriñacienses de fechas similares (33000-29000 BP), tanto de arte mueble, Vogelherd, o Geissenklörsterie, Laussel, Brassempouy; como de arte parietal, la cueva de Aldène. La azagaya de marfil encontrada en Chauvet tiene claros paralelos en el yacimien­to auriñaciense de Mladec, Moravia.

A ello se añade que rompe, con la estructura y organización de las representaciones en sus paneles, con las tesis de Leroi-Gourhan, la teoría dominante en la investigación desde los años sesenta, cuya universalidad y estricto cumplimiento en las cuevas venía siendo puesta en entredicho desde los años ochenta.

Dada la delicadeza de estos bienes culturales, es de primordial importancia su conservación para el futuro, aunque esto suponga no permitir las visitas al gran público, como así ocurre en Chauvet. Con toda seguridad, futuros estudios en ella arrojarán nuevos datos básicos para el arte prehistórico. La idea que se tiene de su puesta en valor, mediante la creación de un facsímil (como las neo-cuevas de Altamira, Lascaux, o Ekain) y un centro de interpretación, cuya inauguración se espera para marzo de 2015. Permitirán el disfrute y comprensión de lo que alberga esta joya, y garantizar su conservación. 

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10 septiembre 2014 3 10 /09 /septiembre /2014 09:30

Dentro de la riqueza patrimonial que alberga la ciudad del Vaticano, en Arte y Arqueología, pasa casi desapercibida la riqueza arqueológica de su subsuelo. Nos centraremos en la parte visitable de éste, cuya visita discurre en buena parte bajo el gran templo vaticano: dos grandes necrópolis romanas, de enorme riqueza e importancia simbólica, que albergan además una tumba identificada como la de San Pedro.

La Ciudad del Vaticano se construyó en las antiguas colinas vaticanas, fuera de las antiguas murallas.  En época romana, esta zona albergaba necrópolis y el Circo de Gaio y Nerón. Se creía que se perdió el rastro de todo ello tras la construcción de la primera basílica vaticana en el s. IV.

Pero sucesivas excavaciones han recuperado partes de las necrópolis en un estado de conservación excepcional.

NECRÓPOLIS DE LA VIA CORNELIA

Fue descubierta casualmente en las excavaciones preparatorias de la tumba de Pío XI en 1939, en las Sagradas Grutas.

Desde 1939 hasta la década de los cincuenta, los arqueólogos acometieron en el subsuelo una labor discreta y dificilísima, por la delicadeza que exigían estos mausoleos y tumbas bajo los cimientos de la basílica vaticana, y por lo que acabaron encontrando.

Bajo la gran basílica se localizó parte de la gran necrópolis de la Via Cornelia.

Al excavar, vieron que se conservaba perfectamente un parte de dicha necrópolis bajo las cimentaciones vaticanas. Un laberinto de calles delimitadas por grandes mausoleos perfectamente conservados, que guardan en su interior sus sepulcros y objetos ligados a los ritos funerarios romanos paganos, cristianos, y en algún caso incluso de influencia egipcia.

Ahora se sabe que la necrópolis inicial había acabado ocupando los terrenos del antiguo Circo de Gao y Nerón, lugar de martirio de cristianos, entre ellos del propio San Pedro. Las fuentes clásicas indicaban que el apóstol fue enterrado en algún punto de esta necrópolis.

Y los arqueólogos constataron un dato casi increíble. Toda la estructura de la basílica actual, la de su antecesora empezada por Constantino, y la de los sucesivos altares mayores del s. VI, XII y XVI, gira en torno a una tumba localizada en una zona de dicha necrópolis. Dichos altares se han ido superponiendo desde hace 1600 años en el punto exacto sobre dicha tumba. Y los restos de construcciones asociadas a esos sucesivos niveles del templo coinciden en sus primeras fases con lo que dicen las fuentes clásicas respecto a la tumba de apóstol:

  1. El baldaquino de Bernini cubre el altar mayor;
  2. Exactamente debajo del altar mayor se ubica el altar de una rica capilla;
  3. Debajo del altar de esta capilla se han localizado restos de un monumento marmóreo, ya en la necrópolis, identificado como la “Memoria Constantiniana”, construida por Constantino para proteger la edificación del s. II que protegía la tumba del apóstol;
  4. Justo bajo los restos de esta teca marmórea de Constantino, rodeado de tumbas anónimas en un sector de la necrópolis, se encontraron los restos del conjunto edificatorio del s. II, formado por el llamado “trofeo de Gayo”, que acoge dos paredes (una blanca (muro G) y otra roja), y una tumba vacía. En esos muros se abre un nicho sellado desde época de Constantino, con restos humanos, rodeado por una multitud de inscripciones del s. III y IV que aluden a fallecidos, y a San Pedro. Una inscripción dice “Pedro está dentro”.

Todo coincide con la tradición en las fuentes clásicas de la tumba como lugar de peregrinación de la necrópolis, protegida sucesivamente por el trofeo y la memoria.

Así lo creían en el s. IV, ya que identifican la tumba como los restos del apóstol, y los trasladan al nicho; erigen después la Memoria Constantiniana; y construirán la primera gran basílica de manera que el altar mayor se situara exactamente sobre esta tumba.

La elección de la ubicación tenía que tener una razón muy poderosa. Era un terreno difícil, dentro de una gran necrópolis en uso, en una ladera de 11 m de desnivel, que obligaba a desmontes y enormes esfuerzos de ingeniería, descartando terrenos cercanos más fáciles, y superando el escollo jurídico que suponía, incluso para el emperador, alterar una necrópolis.

Se tocó la necrópolis lo mínimo, y se enterraron los mausoleos, muchos casi intactos, bajo la basílica. La ubicación del edificio basilical actual, empezado en el s. XVI, se basó en el anterior y mantuvo el altar en el mismo sitio que su predecesor.

vatican.jpg

La necrópolis en época romana. Se preservó prácticamente intacta. 

NECRÓPOLIS DE LA VIA TRIUNFALIS

Es la otra gran necrópolis del subsuelo vaticano. Una primera parte de los enterramientos fue conocida en 1959-1960. Otra, de la que hablaremos más en extenso, fue localizada (descubierta desde 2003 y dada a conocer en 2006) con ocasión de la realización del parking de Santa Rosa. Junto a los sectores vecinos llamados “de la Galea” y “de la Annona”, formaban parte de una gran necrópolis a lo largo y ambos lados de esta vía Triunfalis, que conducía desde Roma a Veio (Isola Farnese) a través del Monte Mario.

Loa trabajos iniciados en 2003 pusieron al descubierto, en buen estado de conservación, cerca de cuarenta edificios sepulcrales de dimensiones pequeñas o medias, y más de doscientos sepulturas individuales dispuestas en diversos niveles, algunas con inscripciones. Datan de fines s del s, I a. C. en época del emperador Augusto, hasta inicios del s. IV d. C, en tiempos de Constantino.

Como en la de la Vía Cornelia, los mausoleos destacan por sus estucos y pinturas parietales al fresco, por sus pavimentos de mosaico, y por lo que contienen: altares funerarios, urnas, sarcófagos decorados con relieves figurativos - destaca el del joven equites (caballero) "Publius Caesilius Victorinus" (270-290 d.C.) -, objetos de uso cotidiano como lucernas o recipientes para las ofrendas a los difuntos.

 

No cabe duda de que cada obra que se lleve a cabo en el Vaticano puede sacar a la luz restos romanos de una calidad y conservación casi inigualable. Es seguro que en años venideros habrá más descubrimientos.

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9 septiembre 2014 2 09 /09 /septiembre /2014 10:58

En los últimos años se ha revalorizado y redescubierto el gran patrimonio de época románica del complejo catedralicio de Pamplona. Tradicionalmente, la visita al conjunto catedralicio (con el preludio de la fachada dieciochesca) mostraba sobre todo su excepcional parte gótica. 

Pero, el gran complejo catedralicio pamplonés es uno de los pocos en Europa que conserva en su seno (y en su subsuelo) toda la gran variedad de edificios, salas y funciones que tenían lugar en estos espacios, acumulados desde el románico hasta el barroco.

Catedral, claustro, dependencias, patios, palacios, se suceden interconectados desde la plazuela de san José hasta las cercanías del frontón Labrit, ocupando en buena parte del extremo N del casco antiguo, dominando desde lo alto al cercano río Arga.

De lo que vamos a hablar aquí es de las fases anteriores a la catedral gótica, la más conocida.

La catedral prerrománica

El cristianismo está atestiguado en Pamplona desde el s. III d. C, pero nada se sabe de los primeros templos cristianos de la ciudad. En las excavaciones de la catedral se recuperaron datos de la primitiva catedral prerrománica, probablemente muy dañada en el ataque de Abderramán III en el año 924. Pero es muy poco lo conservado, un capitel reutilizado en la cimentación románica, restos de un pavimento, y una necrópolis excavada en el claustro gótico.

La excavación en curso del dormitorio bajo del Palacio románico, con motivo de la exposición Occidens, además de localizar restos romanos, y construcciones de la prehistórica ciudad vascona prerromana (la primera fase de la ciudad, que parece constatada ya con fiabilidad), ha mostrado muros y materiales asociables a un gran edificio de época visigoda que han permitido a algunos lanzar la hipótesis de la localización del palacio episcopal de Liliolo, primer obispo de la diócesis de Pamplona, aunque los arquéologos quieren esperar a su confirmación en próximas campañas.

El conjunto catedralicio románico.

De él se conservan visibles la cillería, el palacio románico, y la preciosa Capilla de San Jesucristo.El subsuelo del templo gótico, preserva las cimentaciones del gran templo románico, delimitado en excavaciones de los años noventa.

En el Museo de Navarra podemos admirar algunos de los capiteles de su primitivo claustro, y posibles restos de la fachada.

Hasta finales del siglo dieciocho se conservaba la fachada del primitivo templo románico. Una maravilla, si nos atenemos a los escasos restos que conocemos, y por el dato de su autor, el maestro Mateo y su entorno, el mismo del pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela. En las décadas finales del s. XVIII fue destruida para dar paso al actual.

Catedral

Bajo los muros de la catedral gótica (erigida al hundirse el edificio románico el 1 de julio de 1390), se preservan los cimientos de la gran catedral románica, construida entre 1110 y 1127.

Era una de las mayores de la península en su época, con planta en forma de T, tres ábsides en la cabecera, y dos torres a sus pies. Se conserva bajo su ábside derecho los restos de una pequeña cripta, sostenida por columnitas.

La fachada, obra del maestro Esteban y su equipo, perduró hasta su destrucción a finales del s. XVIII para levantar la fachada neoclásica.

Claustro

Los capiteles conservados en el Museo de Navarra dan testimonio de la gran calidad artística del claustro. Quizás situado próximo al palacio románico.

Saqueada la catedral en la Guerra de la Navarrería de 1276, fue utilizado por las tropas francesas como establo. Los daños fueron tales que, diez años después, los canónigos decidieron desmontarlo y construir el claustro gótico actual. En 1980, excavaciones en la zona del jardín del claustro gótico recuperaron dos basas románicas. En 2011, la excavación y exhumación de los enterramientos del claustro gótico sacó a la luz tramos de muros en la crujía este que pueden corresponder al muro exterior del antiguo claustro románico

Canónica o Cilla

Al lado de la catedral, podemos contemplar aquí la cilla, la despensa. Destaca su puerta, con la decoración de ajedrezado y tetrafolios en las arquivoltas (s, XII, tercer cuarto), y los capiteles con leones y águilas afrontados (hacia el 1100).

DSC_0093-copia.jpg

En color, la Canónica o Cilla, de época románica                 

Capilla junto a la Cilla

Conocida ya y restaurada en el siglo XX, casi olvidada, estudios recientes han determinado que se trata de una capilla del s. XI, situada hoy en día en un nivel superior, accesible sólo por una puerta pequeña a dos metros sobre el suelo actual. Estaría enclavada en origen en una torre que flanquearía la canónica, o el palacio del obispo.

Enfermería y capítulo

Contiguos entre sí y próximos al templo. Parece que formaban parte de uno de los lados del claustro románico. Estudios recientes la identifican en una dependencia accesible desde una pequeña puerta de la cripta de la capilla Barbazana. Es una gran sala de 24,15 m x 6,80m, similar en planta a Itzandegia, en Roncesvalles. a falta de más datos, sería anteriuro a 1270.

Palacio Románico del Obispo

Edificio de dos pisos en forma de L, adyacente al claustro gótico.

El lado más cercano al claustro, desde el que se accede, cuenta en su planta baja, con una Gran sala o Aula, el Dormitorio bajo, un espacio multifuncional que sirvió alternativamente de dormitorio, sala de banquetes, sala para impartir justicia, o de audiencias. En la época en que fue dormitorio, hubo de ser reformada en el s. XV por Lancelot, hijo bastardo de Carlos III el Noble, dada la humedad provocada por las filtraciones desde el cercano claustro. De ahí los arcos góticos con los escudos en la clave vinculados a Lancelot, y los forjados, para situar el dormitorio en alto.

Sobre esta sala, encontramos el denominado Dormitorio Alto, que parece conservar indicios evidentes de su pasado románico. 

La otra ala que forma la L del edificio cuenta en su planta baja con la Cámera. En sus muros vemos las ménsulas que nos indican que ya desde el principio fue concebida para dos plantas.

Se usó como dormitorio común y como sala de reuniones. Sobre ella se encuentra otra sala, llamada Teatrillo, usada desde el s. XVI como comedor, y cuya restauración se espera que pueda sacar a la luz ventanales románicos y góticos.

Capilla de Pedro de Roda o Santo Jesucristo

Construida a fines del s. XII, en el momento en el que se empieza a fusionar el románico con las primeras aportaciones del gótico. Es un pequeño espacio de nave única con cabecera recta.

Cuenta con bóveda de crucería sobre columnas de fuste liso, dos arcos formeros apuntados, y un arco fajón apuntado apeado sobre un grueso pilar decorado con modillones de rollo. Ábside de doble columna, de fustes lisos y gruesos pilares de columnas empotradas.

Sobre ella se construyó e el s. XVIII una sala, conocida como la Sala del pintor Basiano. Relacionada con la biblioteca barroca, sirvió en el s. XX de estudio para dicho pintor.

Sala de Pintura

 

Junto al palacio, a este pórtico acristalado se abre la puerta de acceso al palacio.

Sin duda, los descubrimentos en los próximos años aclararan muchos aspectos de la catedral románica.

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9 septiembre 2014 2 09 /09 /septiembre /2014 10:31

Una ciudad como París alberga una casi infinita serie de lugares de interés. Para todo aquel con inquietud cultural, es ineludible la visita a un museo nacional ubicado en un pequeño y hermoso rincón que alberga un extraordinario tesoro: los restos monumentales de una de sus termas públicas de época romana.

El pasado romano de la ciudad-luz es un aspecto poco conocido para muchos visitantes. Aquí nos centraremos en una de las grandes termas públicas que existieron en la ciudad en época romana, que milagrosamente ha conservado parte de su estructura visible hasta hoy en día.

Museo Nacional de la Edad Media

Los restos de esas termas se encuentran en el corazón del Barrio Latino, en la Place Paul Painlevé, 6, en el  Musée de Cluny, el Museo Nacional de la Edad Media de Francia. El museo se aloja en la conjunción de dos edificios: lo que se ha conservado de dichas termas romanas; y la antigua residencia de la abadía de Cluny en París, que data de finales del siglo XV.

Las termas constituyen un documento excepcional de la antigua Lutecia, la ciudad gala, luego romana, que dará lugar a París.

Lutecia, la primitiva París

La primitiva ciudad, Lutecia, se remonta a época protohistórica. Fundada por uno de los pueblos galos, pervivirá en época romana y seguirá creciendo hasta la urbe actual.

En su origen, Lutecia era la capital del pueblo galo de los Parisii, mencionados por Cesar en el 53 a. c. En una isla del río instalarán los parisii su oppidum, o ciudad fortificada. Situada estratégicamente junto al Sena, en una de las grandes vías de comunicación europeas, estaba en conexión con múltiples cursos de agua navegables. Recurso que, por supuesto, siguieron explotando sus habitantes en época romana.

Partiendo de este asentamiento, se diseñará la ciudad romana, que adaptará su plano ortogonal al eje del río desde la zona de las islas del Sena (núcleo primitivo, lugar ideal para garantizar el paso del río y zonas pantanosas, aprovechando las islas para los puentes) hacia Sainte-Geneviève, en ese suave piedemonte de la margen derecha del río.

Las termas de Cluny

Preservadas en el seno del actual Museo Nacional de la Edad media, los restos que podemos ver desde el exterior, la gran sala en el interior y galerías subterráneas no visitables, son la parte visible y/o conservada de lo que un día fue un gran conjunto termal público.

Las llamadas “Termas del Norte”, ocupaban un gran espacio de 100 x 65 m al pie de la ladera OE de la montaña de Sainte-Geneviève. Construidas a fines del s. II con el apoyo de la poderosa corporación de nautas/comerciantes fluviales del Sena, fueron abandonadas a lo largo del s. III.

Contaban con todo lo habitual en este tipo de edificios, salas y piscinas calientes o frías, gimnasio, palestras, vestuarios, hornos para calentar el aire y el agua, hipocaustos bajo los que circulaba el aire caliente, canalizaciones del agua, pavimentos de mosaico, paredes con estucos pintados o con placados de mármol, etc.

Un caso de conservación excepcional

A pesar de estar abandonadas desde el s III d. C., parte del complejo se mantuvo en pie, así como el recuerdo de su finalidad. Todavía en 1138, Luís VII dona a la iglesia de Saint-Benoît un terreno ubicado “juxta locum qui dicitur termae” (“junto al lugar que llaman termas”).

A pesar de que en esta época está en medio de un paisaje rural de campos y viñas, se mantiene en pie y se le conoce como Palacio de las Termas.

Se le irán adosando edificios, y el abad de Cluny compra en 1330 parte de un “hotel” que abarca parte del antiguo complejo termal. En el s. XV, los monjes de Cluny alquilan varias salas de las termas para la construcción de la Casa de la Enseña de la Croix de Fer.

Ya desde el s, XVIII los estudiosos se centran en ella y sus restos arquitectónicos son declarados bien nacional, Las primeras excavaciones se remontan a 1820.

Lo que queda visible de las termas

De la compleja estructura se conservan varias salas de calor, caldarium, y frigidarium, parte de la palestra, una natatio. Y bajo el suelo, varias galería de servicio, corredores de servicio y hogares.

Un parte de lo conservado es visible (aunque no visitable)a traves de una verja desde el exterior (bordeando el edificio). Muestra diversas dependencias, y el juego de hiladas de piedra pequeña alternado con las de ladrillo, en sus muros.

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Detalle de la termas (parte exterior no visitable), que muestran su alzado original casi completo conservado

La visita al Museo permite recorrer y admirar las dimensiones e increíble conservación de la enorme sala del frigidariumDicha sala es un espacio rectangular de 20 x 11 m, con sus bóvedas originales a 13,50 m de altura. En un lado se abre la exedra de la natatioo piscina del frigidarium. Aunque ya no conserva ni el revestimiento de paredes ni el suelo original, podemos contemplar la calidad de su construcción, y aun permanecen en su sitio varias ménsulas en proa de navío. Y exhibe un fragmento de los múltiples mosaicos que debieron adornar los suelos de las termas. Representa un “Amor cabalgando sobre un delfín “.

La Sala recoge además otras piezas excepcionales:

- Una es la “Inscription gauloise”, un raro caso de inscripción en lengua gala.

- La otra es el llamado “Pilar de los Nautas”, localizado bajo el coro de Notre-Damme. Este monumento religioso en relieve en su día posiblemente sustentó una escultura de Júpiter. Fue sufragado por la Corporación de Nautas del Sena en época del emperador Tiberio (14-37 d. C).

 

No cabe duda de que la visita a estas termas, como a otros puntos del París romano, pueden, como en el caso de lo medieval, proporcionarnos un punto de vista diferente que enriquezca nuestra visión de esa gran ciudad, y permita entender mejor sus desarrollo y su pasado, además de disfrutar con la visión y comprensión de estos restos monumentales.

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9 septiembre 2014 2 09 /09 /septiembre /2014 10:16

Los Encierros pamploneses, de origen medieval, recorren la Estafeta sólo desde hace dos siglos. Aquí nos ocupamos de los 100 primeros años de la pequeña historia de gentes anónimas en una calle de fama universal.

Hay pocas calles en el mundo más conocidas que la calle Estafeta de Pamplona, vinculada a los encierros de San Fermín. Pero su rica historia va más allá de las universales carreras delante de los toros. Sus gentes, sus vidas y negocios, proporcionan una intrahistoria interesante, poco conocida por los que la recorren.

Cómo era la calle Estafeta en el s. XIX

Esta calle de origen medieval ya estaba definida hacia 1800, aunque, hasta 1918 era algo más corta. Terminaba en la muralla, que se atravesaba a través del Portal de Tejería, cerca del cruce con la calle Tejería. Conectaba por varios pasos con la Plaza del Castillo. Ya sólo subsiste la Calleja de San Agustín, frente a la Bajada de Javier. El lado derecho de la calle, antes de la muralla, acababa en la tapia del huerto del Convento de Carmelitas. Su desaparición generó un gran solar, cambió la calle, y posibilitó un nuevo coso taurino.

Comercios y gentes en una calle llena de vida

Siempre tuvo mucha actividad comercial. Por citar algunos negocios de la 2ª mitad del siglo XIX: el dentista Fernández Guisado, la  camisería de Irigoyen, la tienda de ornamentos litúrgicos de Barandalla, el almacén de carbón de Goicoechea, el local de Riezu para la tejería de Eransus….

Hasta 1843, la casa de Antillón albergó temporalmente en la calle la Diputación de Navarra. En la última década del s. XIX funcionó en el nº 67 de la calle el “Teatro - Circo Labarta”, que traía artistas del de Burdeos.

 

La Estafeta y los Sanfermines a finales del s. XIX

La calle fue durante mucho tiempo lugar de paseo casi obligado de las gentes de la ciudad, donde se mostraban sombreros y vestidos llegados de París, etc. En 1893, un visitante granadino describe un día de fiestas: Tras el encierro, desayuno con chocolate. Le siguen los gigantes, el almuerzo, y el concierto del violinista Pablo Sarasate. A continuación, el inevitable paseo por la Estafeta, previo a la comida. Luego se acude a los toros, etc.

Los inicios de la Estafeta en el Encierro

La implicación de la calle Estafeta en el Encierro comienza en el momento en el se decide construir en 1844 la primera plaza de toros estable, con capacidad para 8.000 personas, en un solar cercano al actual Teatro Gayarre. 

Con ese motivo, el Ayuntamiento decide reducir el Encierro a los escasos cien metros que median entre el Portal de San Nicolás  de la muralla (aprox. inicios de la Av. de San Ignacio), y el nuevo coso. Esto generó grandes protestas que esto generó, y la presión para que volviera al recorrido antiguo, indicio claro de que había gente corriendo delante de los toros.

En 1856 se hace caso de esta petición y se vuelve al recorrido anterior, pero con la novedad de la calle Estafeta en lugar de Chapitela.

De 1861 a 1867 se vuelve a entrar por San Nicolás. En 1867 se recupera definitivamente el recorrido actual de la carrera, que se celebraba de madrugada (a las seis hasta 1892) para no alterar la vida callejera.

Apenas tenemos datos de estos encierros. Son tiempos de poquísimos corredores, poca valla y mucho riesgo.

La calle Estafeta en el siglo XX

El último cambio relevante del aspecto de la calle fue su apertura por el lado de Tejería, tras el derribo del tramo de las murallas en 1918.

En la primera mitad del s. XX, la Estafeta seguía siendo una arteria comercial importante. Tenía referentes como: la confitería y pastelería antigua de Udobro, el taller de encuadernación de Herr, la fábrica de gaseosas de Lusarreta y Compañía, las oficinas del “El Pensamiento Navarro”, la vaquería de la Señora Sinforosa, la fábrica de hielo, la tienda de alimentación “Viuda de Polo”, los ultramarinos de Ciganda, la “Gran Tintorería de Lyon”, La “Fonda Pascualena”, la “Fonda de San Fermín”, el Bar Pirineo, el Bar Navarro, la librería “La Casa del Libro”, y tantos otros.

Es bonito recordarlos en tiempos en los que el comercio tradicional en la Estafeta, y en todo el centro histórico pamplonés, ha perdido en la última década casi todos sus referentes antiguos.

Sanfermines de toros y paseos en la Estafeta hace cien años

En el s. XX, la calle seguía siendo punto de destino de paseos ciudadanos, sobre todo en Sanfermines. El institucionalizado paseo a lo “belle époque”, banda de música incluida, contaba con sillas plegables en la calle para su contemplación. 

Unos parmesanos solían exhibir en fiestas, a comienzos de siglo en un local de la calle una colección de animales exóticos o con rarezas y deformaciones, los llamados “fenómenos”.

Los Encierros pamploneses por la Estafeta, primera mitad del s. XX

Mientras estuvo en uso la primitiva plaza de toros, el encierro salía de la Estafeta girando a la derecha por la calle Espoz y Mina (hoy Duque de Ahumada).

Con la inauguración de la actual plaza, el encierro seguirá desde 1922 por la curva de Telefónica, y por el enarenado (hasta 1982) descenso hacia el callejón del coso.

Las fotos de los años cuarenta ya indican la masificación de la barrera previa a la altura del Bar Pirineo. Pero a la hora de la verdad, los encierros que conoció Hemingway contaban en la Estafeta con muchos menos corredores.

carrera-anos-cincuenta.gif El encierro por la Estafeta en los años cincuenta.

El Encierro discurría muy temprano. De 1918 a 1923 madrugaba a las cinco de la mañana. Pero la hora tradicional será, durante bastantes décadas, las siete. Los corredores calculaban muy bien las distancias con toros más pequeños pero muy movidos, que se fijaban y les veían perfectamente desde lejos.

Lo del blanco y rojo es más reciente. Eran carreras de boina, traje y alpargatas de vestir.

La Estafeta es una calle entrañable para los pamploneses y un lugar de referencia para los visitantes. Es bueno que se conozca un poco más su historia, que va mucho más allá del amable caos sanferminero, o de los impersonales chiringuitos temporales de venta de camisetas o bebidas.

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9 septiembre 2014 2 09 /09 /septiembre /2014 09:34

 

El nacimiento de la Prehistoria como ciencia, y la aceptación de la antigüedad del hombre, son coetáneos del terremoto intelectual originado por la polémica sobre la Evolución y las teorías de Darwin. Coetáneos, pero no consecuencia de sus escritos, sino de una polémica más vieja, generada por el transformismo.

Visiones antitéticas sobre el origen del hombre

El gran debate sobre el origen del hombre enfrenta a dos visiones antitéticas de la existencia y la historia, pero se apoya en factores que exceden a la ciencia.

Por un lado, la antigüedad “prehistórica” es apoyada o refutada por aportaciones de la ciencia como la etnografía, la geología, la paleontología.

Pero al mismo tiempo choca con el conflicto que crea para la moral tradicional y las lecturas literales de la Biblia.

Además, está directamente influido por el conflicto sociopolítico derivado del descalabro que para Francia, cuna de la ciencia prehistórica, supone la derrota de 1870 ante Alemania, y de la creación de la 3ª República.

Los pioneros y su formación personal como factor

El origen científico y el carácter multidisciplinar de la formación intelectual de los investigadores pioneros en la investigación arqueológica concebida ya como rama de la ciencia, será básico.

La nueva ciencia adopta y adapta préstamos intelectuales de la Geología, Etnografía, la Paleontología, Arqueología, Antropología, la Historia, la Historia del Arte, entre otras.

La dificultad estribaba en que cada uno de estos campos contextualiza la cuestión en su propio discurso historiográfico, y será la intersección de todos ellos la que irá dibujando los límites y conceptos de la Prehistoria.

Los esfuerzos por la legitimación científica de la nueva ciencia

Los investigadores se enfrentaban además a la necesidad de una legiti­mación científica que reforzara el todavía precario status científico de la Prehistoria, y le concediera a ésta el mismo rango de las ciencias llamadas naturales.

Contaban con una gran desventaja. Carecían de un soporte y apoyo universitario. Las cátedras y la enseñanza universitaria de la nueva disciplina no llegan hasta los inicios del s. XX.

De ahí la proliferación de instituciones y publicaciones que reivindicaran el carácter científico de su tra­bajo. Se crean museos, sociedades arqueológicas, revis­tas especializadas. Se multiplican los congresos na­cionales e internacionales.

Francia y el Transformismo

En este vertiginoso esfuerzo por crear una nueva ciencia sobre el hombre prehistórico, Francia y sus investigadores resultarán claves en este proceso. Pero la base teórica que guiará la mayoría de la investigación decimonónica francesa depende del modelo evolucionista que aplica a sus juicios sobre el hombre prehistórico: el transformismo (y no el darwinismo).

Al darwinismo, mal visto por la sociedad católica y por el mundo científico francés, se le achaca el excesivo materialismo en sus presupuestos evolutivos (para lo que podía asumir el contexto sociocultural burgués imperante); y que deje al azar un papel que no asume una comunidad científica que ve en el progreso la fuerza que dirige el devenir del hombre a lo largo del tiempo

No hay que olvidar la cuestión temporal. La polémica de Darwin crece cuando ya el transformismo de Lamarck batallaba desde hacía medio siglo con el catastrofismo de Cuvier. Naturalistas como Gérard, o los Geoffroy Saint-Hilaire (pa­dre e hijo) impondrán las tesis transformistas, asentadas profundamente durante déca­das en las nuevas generaciones de naturalistas franceses, y por extensión en todo campo que trabaje en el campo evolutivo, incluido la prehistoria.

Para cuando Darwin publica en 1859 su “Origen de la especies”, Boucher de Perthes había publi­cado doce años antes su descubrimiento de sílex tallado en estratos antiguos del Somme, Fuhlrott había publicado en 1856 los hallazgos del hombre de Neandertal, y ya había hallazgos de arte mueble: en 1853 Brouillet encuentra el hueso grabado de Chaffaud. Lartet localiza en 1860 un cuerna de ciervo con un osos grabado en la cueva de Massat. Lartet y Crhistie publican en 1864 la obra que dará carta de natu­raleza al arte mueble paleolítico dos años antes de que se convocara el primer congreso internacional de antropología y arqueología prehistórica, que verá plantear el problema del hombre terciario en 1867 en su 2ª sesión de París

La interpretación a priori y Mortillet

G. de Mortillet (1821-1898), origen de los elementos claves para la clasificación y subdivisión cronológico-cultural de la prehistoria, aplica esquemas “neo-lamarckianos” deudores de la Geolo­gía y las ciencias naturales.

Entre 1869-1872, Mortillet define su concepción del tiempo prehis­tórico, de influencia considerable en la investigación. La historia de la evolución se constituye, en un movimiento de sucesión linear de estadios sucesivos, en un progreso continuo y global.

mortillet.jpg   G. de Mortillet

Mortillet refleja el problema principal de estos primeros prehistoriadores: las soluciones a las preguntas se basan más en postulados quasi ideológicos e intuiciones, que en argumentaciones coherentes; y las teorías no derivan tanto de los hechos como de otras teorías, y son los hechos los que son interpretados para que converjan con las teorías a priori.

La idea común resultante de la visión transformista de la cultura defiende una evolución unidireccional y progre­siva desde el comienzo de la humanidad. Esto reduce drásticamente el potencial intelec­tual y cultural admitido para el primitivo.

Esta idea calará tan profundamente en la sociedad y los medios de comunicación, que todavía hoy define la idea que se tiene a pie de calle (e incluso entre muchos intelectuales) sobre el hombre prehistórico (lo que se acentúa aún más al hablar del hombre de neanderthal, o de momentos anteriores).

 

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31 mayo 2013 5 31 /05 /mayo /2013 11:29

Uno de los protagonistas indiscutibles de las fiestas de San Fermín es el kiliki “Caravinagre”, miembro de la Comparsa de Gigantes y cabezudos, y que ha alcanzado una relevancia inusitada en sus poco más de setenta años de vida.

El kiliki Caravinagre es uno de los iconos de las universales fiestas de Sanfermines, unas fiestas llenas de tradiciones y elementos de la cultura popular, mucho más interesantes que la imagen de juerga permanente que muchos visitantes tienen al llegar a Pamplona durante sus fiestas.


 

La comparsa de Gigantes y cabezudos

Es uno más de los múltiples ejemplos que podemos encontrar en distintas localidades peninsulares de tradiciones de origen medieval. Desde hace siglos acompañan actos sociales y procesiones religiosas de la ciudad, o incluso celebraciones taurinas. Hasta el s. XIX, la comparsa incluía gigantes, cabezudos, kilikis (llamados a lo largo de la historia de diferentes maneras), zaldikos, gigantes de fuego, y una gran serpiente o tarasca.

En 1860, los antiguos gigantes barrocos, en mal estado, fueron sustituidos por otros nuevos, encargados a Tadeo Amorena. Por esas fechas parece que se encargó el propio Amorena de realizar nuevos kilikis. Parece que poco a poco se renovaron las figuras de la comparsa. De 1890 datan los cabezudos, obra de Felix Flores.  De 1912 datan dos de los zaldikos, construidos por el catalán Benito Escaler.

caravinagre El kiliki "Caravinagre"

Los kilikis

Este es el nombre con el que hoy en día conocemos a varios de los cabezudos de la comparsa de Pamplona. A diferencia de los que se conoce en Pamplona propiamente como cabezudos, que se limitan a pasearse, los portadores de los kilikis desarrollan una actividad mucho mayor, armados con una vejiga o esponja con la que persiguen y pegan – si los pillan - con relativa suavidad a niños y mayores (a los más pequeños sólo los rozan).

Reciben nombres como: “Barbas”, “Coletas”, “Carapatata”, “Napoleón”, “Verrugas”, y “Caravinagre”. Los dos primeros han sido asociados a Tadeo Amorena, que probablemente los construiría en la década de los sesenta o setenta del s. XIX. “Carapatata” y “Napoleón” fueron creados por Benito Escaler, autor también de otras figuras de la comparsa, hacia 1912. Los últimos en llegar fueron “Verrugas”, y “Caravinagre”, creados en 1941 en el taller valenciano de Porta-Coeli.

Caravinagre

Ataviado con un traje de época y coronado por un tricornio, este kiliki parece más un pirata del siglo dieciocho, malencarado y con la ceja levantada, de mirada torva e irónica. Desde su llegada se convirtió en la estrella de los kilikis, aun cuando cada niño tiene su figura favorita de la comparsa. Su aspecto tenía todos los papeles para convertirse en el malo oficial de la película. Es cierto que muchos corren en cuanto lo ven, y los que portan la cabeza suelen tener una habilidad casi mágica para sacudir a todo lo que les rodea. Pero es incuestionable que casi no hay familia pamplonesa en fiestas que no busque y consiga hacerse una foto junto a Caravinagre, que cada no muchos metros posa amablemente con muchos de los que se lo piden.

Esta figura de la comparsa, cuya cabeza pesa unos doce kilos, es ya un icono de las fiestas. Hay muñecos, caretas, réplicas a distintas escalas, posters, carteles, camisetas, la lista es larguísima. Y, como todo lo que protagoniza una fiesta tan mediática como los Sanfermines, siempre acaba ocupando minutos en las televisiones, y saliendo en fotos en prensa de medio mundo.

Así que, como aviso a los visitantes, si se cruzan con Caravinagre, ¡atención!, hay veces que parece sonreír irónicamente de verdad, uno nunca sabe si le sacudirá, o se dejará hacer una foto, pero sin duda, junto al resto de miembros de la comparsa, permitirá a quien los contemple disfrutar de momentos inolvidables, de una tradición centenaria que aúna cultura y diversión.

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