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5 abril 2022 2 05 /04 /abril /2022 18:27
El hombre de Loizu y la cueva de Errotalde (Valle de Erro, Navarra)

El hallazgo del llamado hombre de Loizu en una cueva de Navarra, por su antigüedad y estado de conservación, es uno de los descubrimientos más importantes en el ámbito europeo para el periodo en el que fue enterrado. Descubierto en 2017 por miembros del grupo espeleológico Sakon, no fue extraído de su ubicación hasta 2021. En febrero de 2022 se han empezado a dar a conocer resultados, algunos preliminares, de un estudio multidisciplinar internacional de gran calidad coordinado por Pablo Arias Cabal desde la Universidad de Cantabria.

La cueva de Errotalde I

El hallazgo tuvo lugar en la Cueva de Errotalde I, situ en el concejo de Aintzioa-Loizu, dentro del municipio de Erro (Navarra, España). Una cavidad inscrita en un complejo sistema kárstico abierto en un entorno geomorfológico muy diverso que ha dado lugar a gran variedad de contextos subterráneos. Se trata de un sistema de 4 niveles, excavado por un rio subterráneo aún activo en el nivel inferior. El cuerpo fue depositado en los meandros fósiles ubicados actualmente en los niveles más elevados.

Se accede al lugar del hallazgo, situado a unos doscientos metros de la entrada actual, siguiendo un intrincado, angosto y estrecho recorrido. La accesibilidad depende del nivel freático, hay puntos que pueden sifonarse, y la propia entrada (reformada en los años cuarenta del s. XX) en una zona de nacedero lleva a pensar que pudo nos ser accesible en la época en que fue depositado el cuerpo. Posiblemente hubo otro acceso, hoy colmatado.

El yacimiento

Se trata de un esqueleto depositado en el interior de la cueva, casi inalterado, con un excepcional estado de conservación. Faltan muy pocos huesos. La parte de los pies, la más complicada de recuperar por los arqueólogos, estaba cubierta por concreción estalagmítica. Los huesos y el entorno pétreo inmediato estaban cubiertos por una sustancia colorante roja.

La inhumación

La disposición de los restos indica que fue depositado envuelto en una mortaja. La abundancia de manchas de colorante (más en la parte superior del cuerpo, sobre todo en la cabeza) sugieren que el cadáver y el entorno inmediato fueron cubiertos con ocre (por datos preliminares de su estudio, se piensa que elaborado en la cavidad a partir de colorante traído de fuera). Un detalle, bien conocido en otras inhumaciones antiguas, es el único detalle del posible ritual. Carece de ajuar asociable.

Cómo era el hombre Loizu

Aunque la mayoría de estudios sobre él todavía no han concluido, los investigadores han aportado recientemente una serie de datos interesantes.

Se trata de un individuo varón de entre 21 y 23 años. Calculan una altura de 1,60-1,65 m, y un peso en torno a los 50-55 kg. Murió poco después de que le naciera la primera muela del juicio.

Era diestro. El análisis musculo-esquelético indica que desarrolló una actividad física muy intensa, y que estuvo arrodillado con frecuencia.

Los dientes sugieren que usaba palillos para limpiárselos, pero al mismo tiempo las marcas de abrasión por arena/tierra muestran que el alimento no estaba muy limpio. La investigación apunta abundancia de dieta cárnica.

El análisis paleopatológico ha localizado además indicios de varias lesiones, ligadas quizás s su modo de vida cazador, a la búsqueda de alimento, como la osteólisis de ambas clavículas, o una lesión osteocondral del cartílago de una rodilla. Además, la hiperostosis porótica en el cráneo indicaría estrés nutricional, es decir, haber pasado por periodo/s de hambre. En el cráneo también se percibe una protuberancia, osteoma exostótico, pero parece que fue algo asintomático, una variante anatómica, no una enfermedad. Un orificio en el cráneo, y la alteración/desaparición de la zona de lo que sería la cara, nos llevan a ala tesis sobre su muerte.

Causa de su muerte

En el hueso parietal izquierdo, hacia la parte posterior de la cabeza, se atisba un orificio circular de 14,26 mm de diámetro. Los investigadores manejan que la hipótesis (arqueología experimental) que mejor explica el tipo de orificio apunta al impacto por proyectil, posiblemente de flechas. Flecha que entraría por la parte posterior de la cabeza y saldría por la zona de la cara, explicando la destrucción de esa zona. Es coherente con el periodo cronológico en el que vive el hombre de Loizu, la época que empieza a desarrollarse y extenderse en Europa el uso del arco y flechas.

Cronología y contexto cultural

De momento, el análisis radiocarbonométrico marca una fecha de 11.700 a. C, en el AZILIENSE, el periodo cultural inscrito en la fase de transición entre el Pleistoceno y el Holoceno. No hay demasiada información sobre el aziliense en la Península Ibérica, frente a la abundancia de datos posteriores sobre enterramientos del Mesolítico. Sólo la Cueva de los Azules (Asturias) cuenta con otro caso del Epipaleolítico/Aziliense, aunque es más tardía (10.000 años BP), y muestra otro modelo, de enterramiento, en fosa y en la entrada de la cavidad.

Hay dos casos, ya del Mesolítico (unos 8.000 años BP), de esqueletos localizados directamente sobre el suelo de la cavidad, la Cueva de la Braña-Arintero (León), y la Cueva de Tito-Bustillo (Asturias): pero en la primera, los dos esqueletos (por ADN se sabe que eran hermanos) parecen responder, para Arias-Cabal, a una muerte por accidente, no un depósito funerario. Y en el caso de Tito Bustillo, su conservación no era buena, el esqueleto estaba muy degradado.

En Navarra, el único caso paralelizable es el del enterramiento de una mujer de unos treinta años en el abrigo de Aizpea (Aribe), a unos 14 km a vuelo de pájaro de Loizu. Con una datación en torno a los 8000 años BP, también del Mesolítico. Es interesante la coincidencia en las huellas de desgaste físico al comparar el caso de Loizu y Aizpea. Mostrarían la persistencia de gentes cazadoras-recolectoras adaptadas a las dificultades de vida y búsqueda de recursos en el relieve agreste y boscoso de las montañas prepirenaicas, en los inicios del Holoceno.

El hombre de Loizu está a punto desvelar muchos de sus secretos. En los próximos meses verán la luz muchos de los estudios en profundidad que se le están haciendo. Sin duda, aportarán luz sobre un periodo poco conocido, y subrayarán aún más la importancia de este hallazgo para la arqueología peninsular y europea.

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16 marzo 2022 3 16 /03 /marzo /2022 11:24
Representación de equino de la nueva galería decorada de Alkerdi 2

Representación de equino de la nueva galería decorada de Alkerdi 2

En 2020, la investigación en la cueva de Alkerdi II permitió localizar un nuevo sector de arte parietal paleolítico (Gravetiense), de indudable interés, del que hemos empezado a conocer detalles desde finales de 2021.

Historia de las investigaciones

Las cuevas de Alkerdi-Berroberría son conocidas desde 1930, tras los descubrimientos de Norbert Casteret. Han sido excavadas en distintos momentos desde entonces. Entre ellas, Alkerdi 2 siempre tuvo un papel muy secundario. Todavía en 2010, Barandiarán y Cava citaban a Alkerdi 2 como una cueva en galería ubicada justo encima de la de Alkerdi, con un depósito funerario quizás del Calcolítico.

El 2015 se localizan más representaciones parietales en Alkerdi, un galería con figuras de bisontes. Se crea un equipo de estudio del complejo kárstico de la zona, que en 2016 da como resultado el hallazgo de arte rupestre y galerías (con zonas con paleosuelo paleolítico), en la cueva de Alkerdi 2. En julio de 2020 se localizó otra galería con grabados y trazos pintados en rojo.

Localización

Alkerdi II forma parte del complejo kárstico Alkerdi – Zelaieta, ubicado entre los barrios de Alkerdi y Leorlas en el municipio de Urdax. Un complejo formado por la filtración de las aguas que drenan el margen derecho de la cuenca alta del Olabidea-Urdazuri, sobre todo las llegadas desde el monte Arleun. Frente a este monte, y al fondo de este desnivel, se localiza el frente S de un afloramiento rocoso que alberga las cavidades de este sistema kárstico.

Contexto arqueológico

Los nuevos descubrimientos en Alkerdi II corresponden a representaciones parietales paleolíticas. Próximas entre sí, las evidencias de esa época en este complejo kárstico se circunscriben al abrigo de Berroberría, y las cuevas de Alkerdi I y II.

En el abrigo de Berroberría, las excavaciones muestran su ocupación en diferentes momentos del Paleolítico Superior. Una ocupación relativamente intensa en el Magdaleniense antiguo (inferior y/o medio). Y una ocupación prácticamente continuada desde la fase final del Pal. Superior (Magdaleniense avanzado o superior, y Magdaleniense final) hasta el Epipaleolítico/ Mesolítico.

En Alkerdi I, las excavaciones de Barandiarán y Cava identificaron una estancia, más o menos puntual o breve en el Gravetiense, con una cronología cercana al 26.000 BP.

El Alkerdi II, a falta de una excavación, se conocen dos puntos con evidencias, materiales. Uno en un cono de derrubios cercano a la entrada. Y otro en la zona del sector decorado B, en un piso inferior más al fondo de la cavidad, en el que se han encontrado una concentración de carbones, un hogar con huesos quemados y restos de talla, y media docena de sílex dispersos

El arte parietal de Alkerdi II, y los nuevos descubrimientos de 2020

Según los últimos estudios publicados en 2020, se conocían cuatro sectores decorados con arte parietal paleolítico. Los sectores A y B, ubicados contiguos al fondo de la cavidad (respecto a la entrada actual); y los sectores C y D, situados en sendos desarrollos laterales apartados de la zona de tránsito. En un total de unos diez paneles decorados, las representaciones conocidas hasta entones correspondían a figuraciones animales grabadas (destaca un panel con cinco bisontes), de équidos y bisontes; y a signos pintados en rojo o negro, como puntos agrupados o no, un triángulo, una parrilla.

La datación de una muestra de carbón tomada de una representación, y de un resto carbonoso a sus pies, indican una cronología ante quem en torno al 27.000 BP.

A finales de 2021 se dio a conocer el descubrimiento en julio de 2020, en un entramado de galerías dos pisos por debajo de la entrada actual de Alkerdi 2, de un quinto sector decorado. Ubicado en una galería de difícil acceso a la que se llega tras superar pasos complicados y una gatera muy estrecha. Allí se descubrieron otra docena de figuraciones grabadas: dos vulvas situadas justo después de la gatera, y una zona concentración de representaciones de animales (bisontes, uros, caballos). También encontraron cinco series de líneas dobles pintadas en rojo. Con un estilo en los grabados, para Olivia Rivero, un poco expresionista, que las aproxima a ejemplos de arte parietal francés. Como en el resto de la cavidad, su cronología ha sido relacionada con el Gravetiense, con una antigüedad cercana a los 27.000 años.

Este descubrimiento, que enriquece aún más el patrimonio cultural de la cueva, subraya la importancia de esta zona para el conocimiento del poblamiento paleolítico navarro y su conexión con el otro lado del Pirineo. Y muestra un poco más su expresión artística en cavidades, algo todavía muy poco conocido en una comunidad como Navarra, muy rica sin embargo en fenómenos kársticos y cavidades. Esperemos que lleguen nuevos hallazgos.

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7 junio 2018 4 07 /06 /junio /2018 11:57

El seguimiento arqueológica una mina a cielo abierto en SCHÖNINGEN (Baja Sajonia, Alemania), ha permitido descubrir un gran cantidad de yacimientos. Destacan por su importancia una veintena del Paleolítico Inferior, ubicados en lo que hace cientos de miles de años era la franja costera de un gran lago. Se les relaciona con el Homo Heidelbergensis, y han aportado datos importantes para conocer mejor los grupos humanos en esa época, entre los que destacan los del llamado campamento de cazadores de caballo salvajes y sus famosas lanzas arrojadizas de madera, localizado en el yacimiento Schöningen 13II-4.

Una investigación multidisciplinar de largo recorrido

Se puede hablar de dos fases en las excavaciones. En 1983 se iniciaron las excavaciones en Schöningen dirigidas por H. Thieme. A partir de 1992, descubren hallazgos del periodo que nos ocupa. En una segunda fase, desde 2010 se desarrolla un proyecto multidiciplinar. Dirigido por N. Conard y J. Serangeli, y coordinado por la Oficina Estatal de Preservación Histórica de Baja Sajonia y la Universidad de Tübingen, agrupa especialistas en distintos campos de la Rijksuniversiteit Leiden, la Leuphana University Lüneburg, el Senckenberg Research Institute y el Senckenberg Natural History Museum, la Universidad Leibniz, el Laboratorio de Cuaternario Woods Langnau, y el Museo Central Romano-Germánico.

Datación cronológica

La mayoría de los sitios paleolíticos en Schöningen se sitúan estratigráficamente, entre los depósitos de Glaciación de Elster y de la glaciación de Saale.

Dentro de las etapas de isótopos marinos (MIS) del paleoclima de la Tierra, los estudios ubican los principales yacimientos inferopaleolíticos  de Schöningen en el MIS 9, un periodo interglacial cálido que comienza hacia el 337.000 BP.

En cualquier caso, por el momento, la geología local, el análisis de polen y el estudio de los animales indican que la tierra del lago y los restos arqueológicos se sitúan en periodos interglaciares, más cálidos, desarrollados hace más de 300.000 años. El que nos ocupa, Schöningen 13 II, se sitúa en un período cálido, el Interglacial Reinsdorf, una fase climática cálida desarrollada entre el 300.000 y 350.000 BP.

Conservación excepcional del yacimiento

 

El que los yacimientos paleolíticos descubiertos en la mina se hayan preservado en buenas condiciones se debe al rápido cubrimiento y sellado de las capas arqueológicas con lodo del lago adyacente. Hasta que empezó la extracción hace unos 30 años, estos hallazgos estaban debajo de una capa freática natural. A unos diez metros por debajo de la superficie actual, en lo que fue el borde de un antiguo lago, se dan las condiciones ideales de conservación en la turbera Muddeschichten. Está constatada la presencia humana en las cinco secuencias de sedimentación o riberas del lago.

El contexto peculiar de la geología de la zona permitió que los materiales orgánicos no se descompusieran. Hay muchos más datos de los habituales, y mucho mejor conservados, de fauna y vegetación. Ello permitió también conservar en perfectas condiciones útiles que casi nunca se preservan, como los hechos en madera.

El entorno

La excepcional conservación de fauna y vegetación en la turbera nos permite tener una ida del entorno del lago durante el óptimo climático Interglacial de Reinsdorf. Dentro de la complejidad de un entorno cambiante, vemos la evolución del paisaje y del clima. El paisaje parece haber sido relativamente abierto, con algunas partes cubiertas de bosques, más o menos presentes según el momento en el interglacial.

Los datos del polen y la paleontología del yacimiento 13II-4 indican una fase de bosque mixto de roble que se cree representa el óptimo climático, reflejando partes posteriores del interglacial y brindando una imagen contrastante de pastizales abiertos y bosques boreales.

El lago interglacial fue llenado gradualmente por sedimentos mediante pequeños sistemas de delta, dibujados por las fluctuaciones repetidas en el nivel del lago. En el momento en que se ubica el campamento de cazadores de caballos, un clima más templado aumenta la proporción de fauna adaptada a esas condiciones, como el uro (Bos primigenius), el bisonte (Bison sp.), el ciervo rojo (Cervus elaphus) y el caballo (Equus mosbachensis).

El campamento de cazadores de caballos de Schöningen 13II-4

Schöningen 13 II agrupa numerosos sitios arqueológicos, excavados entre 1994 y 2012. En uno de ellos, Schöningen 13 II-4 se descubrió el llamado campamento de caza de caballos salvajes, con rastros de manipulación en los huesos de fauna, asociables, asegún los especialistas, a la extracción de piel, carne y médula. Y con herramientas piedra, hueso y madera, posiblemente también vinculables a la caza y aprovechamiento de lo cazado. Destacan ocho lanzas arrojadizas de madera. Hay indicios de posibles hogares.  Las mediciones U / Th del horizonte de lanza mostraron una edad de aproximadamente 280.000 a 350.000 años. 

Los huesos examinados de fauna de Schöningen 13II-4 presentan pocos fenómenos de meteorización por exposición al aire exterior. La gran mayoría de los restos indican un cubrimiento rápido después de la deposición. Hay restos óseos con indicios claramente reconocibles de la acción de depredadores, aprox. un 13%. Los autores son depredadores de tamaño mediano, probablemente lobos. Su estudio, y el análisis estadístico de la presencia de partes óseas más débiles dentro del yacimiento, indican que los depredadores han tenido un impacto limitado. Incluso, en algunos restos óseos en los que conviven marcas de acción humana y rastros de depredadores, las huellas de éstos últimos son claramente posteriores.

En la composición de especies de mamíferos representadas en Schöningen 13II-4 dominan los restos óseos de caballos (Equus mosbachensis), con casi el 95%. Les siguen los restos de bovino, uro o bisonte, con un 3%; y los ciervos, probablemente el ciervo rojo, con un 2%. Basado en recuentos de elementos esqueléticos determinantes, el número mínimo de individuos representados entre los caballos se establece en 19, incluidos tres potros (que debieron ser cazados en otoño, tras el habitual nacimiento de las nuevas crías a comienzos de la estación cálida).

Está presente el completo espectro de elementos esqueléticos del esqueleto de los caballos. Esto no se aplica para los restos óseos  de bovinos y cérvidos, en los que están representadas especialmente los más fuertes partes más fuertes de hueso más duras. Esto parece indicar que el momento de deposición los restos de caballos, y los restos de bovinos y ciervos, están separados en el tiempo y siguen un historia postdeposicional distinta.

Las huellas causadas por actividades humanas son frecuentes. Un 18% de los restos óseos estudiados contienen huellas de útiles líticos, como marcas de corte, o huellas de fractura de huesos largos para poder consumir la médula ósea. En relación a las especies de mamíferos, los porcentajes están por encima de la 22% para el caballo, y de más del 30% para los bovinos.

Los indicios de huellas indican diferentes tipos de actividades: Racimos de cortas marcas de corte agudas indican la desarticulación de las articulaciones. Largas marcas de corte en los ejes de largo huesos y huesos planos indican extracción de carne. También hay grupos de marcas de raspado. Estas huellas se encuentran exclusivamente en huesos que contienen médula ósea.

La cantidad de huesos representados de los caballos es lo suficientemente grande como para estudiar la representación de partes del cuerpo. Hay dos partes del cuerpo claramente subrepresentadas, la cola y las partes inferiores de las piernas, los cascos con las falanges. Lo más probable explicación estriba en el desollado de la piel, que se abstrae de la zona de matanza junto a las partes inferiores de las piernas y la cola.

El espectro de pistas de sacrificio indica el sistemático aprovechamiento del caballo para obtener una multitud de productos de origen animal: pieles, carne, posibles tendones; médula ósea grasa y nutritiva. Patrones de aprovechamiento y tipos  de restos que coinciden con los de lugares arqueológicos más recientes que muestren matanza de caballos.

Hay documentado el rastro de restos óseos que pueden estar relacionados con el uso de huesos como herramienta, en varios casos relacionable con el golpeo repetido de materia dura, como la piedra. Probablemente estos huesos fueron utilizados para mantenimiento y retoque de herramientas de piedra durante la matanza. En la industria lítica presente domina el grupo de los raspadores. Son útiles ya terminados, parcialmente revisados ​​y post-retocados (el desecho de retoque está presente), usados para el procesamiento y la manipulación de lo cazado.

Parece que en el aprovechamiento del animal, hubo preferencia por las piernas de los caballos, probablemente por la presencia de carne, tendones y médula ósea. Un método de sacrificio dirigido a la extracción de la piel, y la masa de carne de la cadera y la parte superior de las piernas, eliminando peso al extraer los huesos, que permitían al mismo tiempo acceso a su médula ósea. .

Parece reflejar la caza sistemática y organizada de manadas de caballos, y la explotación organizada de su carne, en el entorno escénico de la orilla pantanosa de un lago al que grupos de animales vendrían regularmente a beber y vadear.

Útiles en hueso y sílex

La industria lítica presente cuenta unas 1500 evidencias. Destaca el grupo de los raspadores, la falta de útiles bifaciales y la ausencia de la técnica Levallois.

Son útiles ya terminados, parcialmente revisados ​​y post-retocados (el desecho de retoque está presente), usados para el procesamiento y la manipulación de lo cazado.

Dentro de los huesos con evidencias de manipulación, un grupo muestra indicios de su posible uso como percutor, del golpeo repetido de materia dura, como la piedra. Probablemente fueron utilizados para mantenimiento y retoque de herramientas de piedra durante la matanza.

Las lanzas

Se recuperaron ocho lanzas. ocho lanzas. La mayoría están hechas con madera de abeto (hay una hecha de pino). Las lanzas aparecieron deformadas por el peso de los sedimentos, pero su estudio muestra que usaron troncos delgados y rectos cuidadosamente descortezados y enderezados. Su longitud varía entre los 1,82 y 2,25 metros, y su diámetro entre 29 y 47 milímetros. 

Parece tratarse de armas pensadas para lanzarlas. El mayor diámetro corresponde al tercio delantero del arma, donde está su centro de gravedad, con un ahusamiento en la parte posterior. Guardan semejanzas con el diseño de las actuales jabalinas de competición.

El problema es la falta de paralelos en condiciones en otros yacimientos paleolíticos. Solo hay algunos hallazgos para comparar, con dimensiones y formatos de “lanzas” similares, con una conservación mucho peor, con frecuencia sólo fragmentos, y con diferencias cronológicas considerables en la mayoría de los casos respecto al hallazgo de Schöningen. Podemos mencionar los hallazgos de Lehringen, Clacton-on-Sea, Bilzingsleben, Stuttgart-Bad Cannstatt y Torralba.

Schöningen aporta muchas más cosas que el importante hallazgo de lanzas de madera. La riqueza de sus evidencias, su estado excepcional de conservación proporciona datos importantes para conocer mejor los grupos humanos del Homo Heidelbergensis en esa época, sobre su manera de vivir y cazar, y la colonización del N de Europa.

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7 junio 2018 4 07 /06 /junio /2018 11:01

Descubierto a raíz de la explotación de una mina a cielo abierto en Schöningen, (Baja Sajonia, Alemania), se ubica en la parte noroccidental de Europa Central, en el extremo norte del Macizo del Harz. 

El seguimiento arqueológico de la explotación de la mina ha permitido la localización, a lo largo de los años, de un importante conjunto de yacimientos. De ellos, destacan por su importancia una veintena de sitios datables a finales del Paleolítico Inferior, en lo que entonces era la franja costera de un gran lago. Se asocian a grupos humanos del Homo Heidelbergensis.

Su importancia se extrema por el excepcional grado de conservación de materiales orgánicos en la turbera, que ha permitido recuperar útiles de madera. (como las ya famosas lanzas), restos de fauna en muy buen estado (incluidos anfibios, reptiles, conchas, e incluso escarabajos), vegetación (ejemplares completos de árboles, piñas, hojas, polen y semillas de la flora circundante). 

Una investigación multidisciplinar de largo recorrido

En 1983 comenzaron las excavaciones de rescate dirigidas H. Thieme que, a partir de 1992, descubren hallazgos del periodo que nos ocupa. En una segunda fase, desde 2010 se desarrolla un proyecto multidisciplinar dirigido por N. Conard y J. Serangeli, y coordinado por la Oficina Estatal de Preservación Histórica de Baja Sajonia y la Universidad de Tübingen. Colaboran en la investigación especialistas y universidades de primer nivel. 

Datación cronológica

En su fase más antigua, la geología de Scöningen representa una serie alternante de ciclos interglaciares/glaciales (Schöningen I-VI), en un largo periodo entre el Holsteiniano hasta el Holoceno. Los sitios paleolíticos en Schöningen se encuentran estratigráficamente, a excepción de algunos hallazgos, entre los depósitos de Glaciación de Elster y de la glaciación de Saale. Aunque con matices, dentro de las etapas de isótopos marinos (MIS) del paleoclima de la Tierra, los estudios ubicaban los yacimientos inferopaleolíticos de Schöningen en el MIS 9, un periodo interglacial cálido que comienza hacia el 337.000 BP. Por el momento, la geología local, el análisis de polen y el estudio de los animales indican que la tierra del lago y los restos arqueológicos se sitúan en periodos interglaciares, más cálidos, desarrollados hace más de 300.000 años. Hay diferencias entre los yacimientos. 

El entorno paleolítico

Durante el óptimo climático Interglacial de Reinsdorf, el paisaje parece haber sido relativamente abierto, pero incluía partes que estaban cubiertas de bosques.

Hay evidencia clara dentro del interglacial de Reinsdorf de una considerable complejidad climática, con un óptimo térmico inicial seguido de dos interestadiales más fríos. Los datos del polen y la paleontología (de los sitios 12B y 13II-4) pertenecen a una fase de bosque mixto de roble que se cree representa el óptimo climático, reflejando partes posteriores del interglacial y brindando una imagen contrastante de pastizales abiertos y bosques boreales.

Dentro de la complejidad de un entorno cambiante, vemos la evolución del paisaje y clima. El lago interglacial fue llenado gradualmente por sedimentos. Sedimentación y fauna indican la evolución y alternancia de  momentos templados y fríos, que anuncian el fin del interglacial. De fauna como elefantes del bosque (Elephas antiquus) y rinocerontes (Stephanorhinus kirchbergensis), evoluciona hacia otra más propia de momentos más templados, como el uro (Bos primigenius), el bisonte (Bison sp.), el ciervo rojo (Cervus elaphus) y el caballo (Equus mosbachensis). En algunos mometnos adaptada a una estepa muy abierta. Y la secuencia de sedimentac. 5 muestra una fase más fría y más seca que anuncia el final del Interglacial Reinsdorf o el comienzo de la Era Glacial de Saale.

Yacimientos

La secuencia cronológica de los yacimientos de Schöningen abarca un larguísimo periodo, desde el PALEOLÍTICO INFERIOR hasta el Neolítico. Pero los que más destacan, por la dificultad de encontrar algo similar en calidad y conservación, son la veintena de yacimientos localizados del Pal. Inferior: esta época destacan:

En Schöningen 12 A y B, junto a posibles útiles complejos que combinan madera y sílex, hallaron un centenar de útiles de sílex, y abundantes huesos de fauna de clima cálido. En Schöningen 12 II se recogieron algunos útiles líticos, numerosos huesos de gran fauna, y madera de los antiguos bosques en la zona. La capa inferior de Schöningen 13 I comprende el complejo estratigráficamente más antiguo (del Holstein Interglacial). Hay huellas de posible uso del fuego, algunos restos líticos, y restos de mamut (Mammuthus trogontherii), caballo (Equus sp.), Bisonte (Bison sp.), ciervo rojo (Cervus elaphus), etc. Numerosos sitios arqueológicos se resumen bajo la designación Schöningen 13 II. Destaca  Schoeningen 13 II-4, el llamado “Campamento de caza de caballos salvajes”, en el que se localizaron los restos de más de 20 caballos (95 % de los huesos). Les siguen los restos de bovino, uro o bisonte, con un 3%; y los ciervos, probablemente el ciervo rojo, con un 2%.

La mayoría de los datos subrayan el uso de este campamento para la caza y aprovechamiento de los animales cazados, en el entorno escénico de la orilla pantanosa de un lago al que grupos de animales vendrían regularmente a beber y vadear.: la presencia de lanzas de madera, la fauna localizada, el análisis de la representación de partes del esqueleto, las marcas en los huesos, los útiles en sílex, el uso de huesos como percutores para el retoque de útiles líticos, etc. Muchos huesos mostraron indicios (cortes, incisiones, raspados, huesos machacados) de manipulación para extraer piel, carne y médula. Concuerda con la industria lítica presente, unas 1500 evidencias, en la que destaca el grupo de los raspadores, la falta de útiles bifaciales y la ausencia de la técnica Levallois.

Son útiles ya terminados, parcialmente revisados ​​y post-retocados (el desecho de retoque está presente), usados para el procesamiento y la manipulación de lo cazado.Un grupo de huesos fueron golpeados por una parte y luego suavizados por el uso por otra parte. Se elucubra con su uso como bastones de excavación, para alcanzar raíces, tubérculos, insectos u otros alimentos. Aunque algunos huesos están tan pulidos, qeu se les relaciona más con el procesamiento del cuero, ya sea para vestimenta, tiendas de campaña, etc.

Los datos apuntan a un trabajo colectivo, en el que se manipulan caballos enteros. Hay indicios de cuatro posibles hogares.  Las mediciones U / Th del horizonte de lanza mostraron una edad de aproximadamente 280000 a 350 000 años.

Pero lo que hace aún más extraordinario este yacimiento, ayudado por las peculiaridades de la turbera, es la conservación de la madera. Se recuperaron lanzas arrojadizas. ocho lanzas de madera, en muy buen estado de conservación, de madera de abeto (con la excepción de un caso, de madera de pino), de entre 1,82 y 2,25 metros, con un diseño pensado para lanzarlas. El mayor diámetro corresponde al tercio delantero del arma, donde está su centro de gravedad, con un ahusamiento en la parte posterior. Guardan semejanzas con el diseño de las actuales jabalinas de competición.

El problema es la falta de paralelos en condiciones en otros yacimientos paleolíticos. Solo hay algunos hallazgos para comparar, con dimensiones y formatos de “lanzas” similares, con una conservación mucho peor, con frecuencia sólo fragmentos, y con diferencias cronológicas considerables en la mayoría de los casos respecto al hallazgo de Schöningen. Podemos mencionar los hallazgos de Lehringen, Clacton-on-Sea, Bilzingsleben, Stuttgart-Bad Cannstatt y Torralba.

Museo y Centro de Investigación de Schöningen

Desde 2013, un centro de investigación y museo para proporcionar al público información sobre el trabajo en curso en Schöningen: el Paläon - Centro de Investigación y Experiencia Schöninger Speere.

Una nueva visión sobre el Homo Heidelbergensis

Hasta la fecha, no hay restos humanos identificados en Schöningen o entre los huesos ya identificados. Pero, los estudios encuentran fuertes paralelismos entre los sitios de Schöningen y Bilzingsleben, aunque suponen una edad ligeramente superior para los fundamentos de Bilzingsleben II, en el que sí se localizan restos de Homo heidelbergensis, en la fase previa a la llegada de los neandertales y el Paleolítico Medio más antiguo.

Los sucesivos descubrimientos en estos yacimientos proporcionan una nueva perspectiva sobre la vida de los humanos hace unos 300.000 años. Las lanzas de Schöningen, y el campamento de caza de caballos, reabrieron el debate sobre los modos de vida del hombre europeo en el Paleolítico inferior-medio. La escuela anglosajona y americana preconizaba desde los años ochenta un modelo oportunista de aprovechamiento de lo disponible en el paisaje, como los cadáveres de grandes mamíferos. Consideraba los descubrimientos anteriores de fragmentos de posibles lanzas de madera de principios del paleolítico como fruto del instinto de búsqueda de cadáveres bajo la nieve. No veía al hombre de esa época suficientemente desarrollado como para una explotación sistemática del paisaje, o una caza organizada. Pero la colonización del norte de Europa que muestra Schöningen presenta un Homo heidelbergensis con habilidades de planificación y comunicación, avances tecnológicos, estrategias de caza, una estructura social compleja, que lo sitúan más cerca del hombre moderno de lo que se pensaba. Una clara redefinición de los conceptos tradicionales sobre las primeras etapas dell hombre en Europa (Homo de Heidelberg, Hombre de Neandertal), que la Arqueología y la paleogenética están cuestionando y revisando.

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25 octubre 2016 2 25 /10 /octubre /2016 10:47

Las cuevas de ALKERDI y BERROBERRÍA son conocidas para la arqueología desde 1930. Durante muchos años sólo se investigó en el yacimiento de BERROBERRÍA, y el arte rupestre localizado en ALKERDI por Casteret en esa fecha (con alguna figura más identificada por I. Barandiarán en los años setenta). En 2014 se localizó en Alkerdi un nuevo conjunto de grabados en otra de sus galerías, en un momento conflictivo por la polémica que rodeaba a la actividad de la cantera cercana y sus consecuencias para la supervivencia de las cavidades. El Gobierno de Navarra encargó al equipo responsable de los nuevos hallazgos el estudio del complejo kárstico de la zona. De momento, ha dado como resultado el hallazgo en 2016 y 2020 de arte rupestre y galerías que conservan zonas con paleosuelo paleolítico, en la cueva de Alkerdi 2.

Historia de las investigaciones

Las cuevas de Alkerdi-Berroberría son conocidas desde 1930, tras los descubrimientos de N. Casteret. Pero Alkerdi 2 siempre tuvo un papel muy secundario. En 1940, el marqués de Loriana, que había visitado las cuevas y realizado excavaciones, la describe como una pequeña galería donde “había fragmentos descuartizados de cerámica y algunos dientes de cérvido”. La cueva fue prospectada por G. Imbuluzqueta hacia 1969. Ignacio Barandiarán y Ana Cava lo hicieron también en 1979, y sólo encontraron un nivel de ocupación con cuentas en concha de Pecten, algún fragmento cerámica, y varios huesos humanos, que atribuyeron en conjunto al uso de la cavidad como depósito funerario del Calcolítico. Todavía en 2010, ambos autores citaban a Alkerdi 2 como una cueva en galería ubicada justo encima de Alkerdi, que contaba con un depósito funerario quizás del Calcolítico.

El 2015, un equipo de investigadores encabezado por Diego Gárate publican el hallazgo de más representaciones parietales el Alkerdi. Ante las posibles consecuencias de la actividad de la cantera cercana, que pretendía ampliar e intensificar la explotación, el Gobierno de Navarra encargó al equipo responsable de los nuevos hallazgos el estudio del complejo kárstico de la zona, que ha dado como resultado, por el momento, el hallazgo en 2016 de arte rupestre y galerías que conservan zonas con paleosuelo paleolítico, en la cueva de Alkerdi 2.

En julio de 2020, en un entramado de galerías dos pisos por debajo de la entrada actual, se identificaron una docena de figuraciones  grabadas (bisontes, uros, caballos, dos vulvas), y (al menos) cinco series de lines dobles pintadas en rojo. Con un estilo en los grabados, para Olivia Rivero, un poco expresionista, que las aproxima a ejemplos de arte parietal francés. Su cronología ha sido relacionada con el Gravetiense, con un antigüedad cercana a alos 27.000 años.

La cueva

Forma parte del complejo kárstico Alkerdi – Zelaieta, creado por la filtración de las aguas que drenan el margen derecho de la cuenca alta del Olabidea-Urdazuri, sobre todo las provenientes de las pronunciadas pendientes del monte Arleun. Frente y al fondo de este desnivel se ubica el frente S del afloramiento rocoso que alberga este sistema kárstico, entre los barrios de Alkerdi y Leorlas del municipio de Urdax. Las pendientes encauzaron hacia allí abundantes precipitaciones, cuya infiltración generó el complejo kárstico. El acceso actual a la cueva se realiza en este frente S, a una cota más alta que las otras dos cavidades con evidencias del Pal. Superior (ALKERDI, y el abrigo de BERROBERRÍA). Todas ellas, junto a las de Zelaieta en la otra vertiente, forman parte del gran complejo kárstico.

El arte parietal de Alkerdi 2

Por lo conocido hasta la fecha, a falta de la futura publicación científica del conjunto de Alkerdi 2 que lo fundamente y argumente, se han localizado evidencias de arte paleolítico repartidas en cinco sectores distintos, que los investigadores asocian estilísticamente al Gravetiense a partir de un bisonte grabado (hace 28.000 -20.000 años BP). Una muestra de carbón extraída de una de las líneas negras pintadas en la pared, ha sido datada por C14-AMS en el Laboratorio de la Universidad de Oxford (Reino Unido) en una fecha mínima de 20.500 años BP. Lo que podría relacionarse con el asentamiento temporal del Gravetiense en la cueva de Alkerdi.

Se ha descubierto un paleosuelo en la denominada Galería del Sílex, situado al pie de las pinturas. Se trata de abundantes evidencias de industria lítica piezas de sílex, restos de carbones, fragmentos de hueso y hogares en el suelo. Los descubridores creen encontrar una conexión entre el paleosuelo y el momento de la ejecución de las representaciones.

Las representaciones encontradas combinan las figuras animales (básicamente grabados de bisontes y equinos, y 4 pinturas negras que simulan cérvicodorsales de cuadrúpedos), con puntos y signos pintados en rojo o negro (excepto dos vulvas grabadas en el inicio del sector 5). En conjunto, la investigación vincula formalmente de momento este arte parietal con el Gravetiense, con posibles conexiones estilísticas con el Pirineo francés. 

Una cueva abierta a futuros descubrimientos

La cueva está en estudio. Hay muchas incógnitas abiertas, que los investigadores tratarán de ir comprendiendo en los trabajos que se realizan o se realizarán. Es bastante probable que la revisión de su desarrollo lleve al descubrimiento de más figuras parietales. Al mismo tiempo, la prospección espeleológica y arqueológica de zonas inexploradas de la cueva puede llevar al conocimiento del primitivo acceso de la cavidad. Queda por dilucidar si hay o hubo conexión con las cavidades conocidas del frente N (Zelaieta), alteradas por la acción de la cantera, Y qué relación tiene Alkerdi 2 con los numerosos accesos exteriores a galerías, todavía por explorar, localizados en 2016 en ese frente N, cerca de las cavidades de Zelaieta.

Alkerdi 2 es ya un gran hallazgo, que enriquece lo que ya se conoce de esta zona. Ahora que parece desaparecer la inquietud por lo relacionado con la cantera, queda la ilusión por un futuro en el que es bastante probable que la cueva aporte nuevos descubrimientos.

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25 octubre 2016 2 25 /10 /octubre /2016 10:41

Cavidad descubierta para la arqueología a la vez que Alkerdi, en 1930. Forma parte del frente S del relieve calizo en el que se excavó el sistema kárstico Alkerdi-Zelaieta, en el extremo septentrional del valle de Baztán (ya en la vertiente norte de la cordillera pirenaica), creado por la infiltración parcial de la red de drenaje que conforma el margen derecho de la cabecera río la Nivelle/Ugarana.

Historia de los descubrimientos

BERROBERRÍA y ALKERDI fueron descubiertas por el espeleólogo francés N. Casteret en 1930, durante una visita a varias cuevas de los municipios de Zugarramurdi y Urdax. Casteret hizo un sondeo en el yacimiento de Berroberría. Publicó una breve reseña sobre ambas cuevas en 1933. En 1935, J. M. Barandiarán señala la existencia del yacimiento arqueológico de la cavidad. En 1939 Casteret visita de nuevo la cueva con el marqués de Loriana, que excava una trinchera delante de la zona de prospección de Casteret en Berroberría ( y visitará también Ekain 2), publicando sus estudios en solitario (1940 y 1943). En los años cuarenta, por encargo de la I. Príncipe de Viana, S. Ribera Manescau, profesor de la Univ. Valladolid, excava en Berroberría, pero no publicó datos ni hay noticias de los resultados. J. Maluquer de Motes, nombrado director del servicio de excavaciones de Príncipe de Viana, excavará en Berroberría entre 1959 y 1965.

La investigación principal, por su rigor, amplitud y exhaustividad, se debe a Ignacio Barandiarán y Ana Cava, quienes durante casi dos décadas excavarán y estudiarán el abrigo de Berroberría (1977, 1979 y 1988-1994).

El abrigo de Berroberría en el sistema kárstico

Forma parte del sistema kárstico Alkerdi – Zelaieta, excavado por la filtración de las aguas que drenan el margen derecho de la cuenca alta del Olabidea-Urdazuri, y se infiltran en un afloramiento rocoso ubicado entre los barrios de Alkerdi y Leorlas del municipio de Urdax. La boca de este abrigo se abre en el frente S del afloramiento, próxima a otras dos cavidades con evidencias del Pal. Sup. (arte rupestre en ALKERDI y ALKERDI II, hábitats en el abrigo de Berroberría). Los accesos a las tres cavidades se sitúan frente y al fondo de las pronunciadas pendientes del monte Arleun. Pendientes que encauzaron hacia allí abundantes precipitaciones, cuya infiltración generó el complejo kárstico. Antes del Magdaleniense, Berroberría, ubicada en la cota más baja, alternó periodos secos con fases de reiterada inundación (I. Barandiarán incluso aventura momentos en los que algún riachuelo introdujera uno de sus recodos de manera permanente en su interior), con fuerte acumulación de materiales arrastrados (en unos casos fruto de cursos remansados, y en otros resultado de aportes con más fuerza de las aguas). Para Barandiarán y Cava (2010), con el descenso definitivo del drenado de las precipitaciones a un plano inferior de la red subterránea y con otra línea de desagüe, el rediseño endokárstico posterior estuvo más ligado a desprendimientos, ligados en varios periodos a la crioclastia, la gelifracción provocada por la alternancia de frío intenso y humedad. Pero su estado seco, su buena orientación y amplitud, permitieron su uso prolongado como hábitat, testimoniado en excavaciones desde el Magdaleniense inferior.

La cavidad

Su boca, se abre en el extremo S del relieve calizo que alberga el sistema kárstico, junto a otras cavidades con evidencias del Pal. Sup. (Alkerdi II, y el abrigo de Berroberría). Junto a ellas confluye la escorrentía de la pronunciada a ladera del monte Arleun, situado enfrente. La infiltración de las frecuentes precipitaciones creó el complejo kárstico, en varios niveles. Inicialmente provocó la reiterada inundación (en varias fases permanente) del abrigo de Berroberría, pero no de la de Alkerdi.

La boca de la cavidad mide unos 23 m de ancho por 4 a 6 m de alto. Da acceso a un amplio espacio, que se extiende en algunos puntos hasta los dieciocho m de profundidad. A ambos lados del abrigo se abren dos cortos entrantes. De ellos, en el entrante oriental o “fondo de covacho” realizó Casteret en 1930 su sondeo, junto al que arrancaba la trinchera realizada por Loriana en 1939.

El entorno, su orientación S, y el hecho de poseer un amplio y cómodo espacio habitable de unos 200 m2 habitables, con luz natural y agua cerca, explican el reiterado interés de las comunidades prehistóricas por habitarlo

Ocupación de Berroberría

De acuerdo a los datos que ha arrojado la excavación del abrigo, y el posterior estudio de lo localizado, los investigadores I. Barandiarán y A. Cava diferencian varias fases de uso antrópico de la cavidad, con algunos periodos de abandono por nuevas inundaciones:

  1. El nivel G, señala todavía la alternancia, en el tiempo y por zonas de la cavidad, entre momentos en los que el agua introduce aporte sedimentarios limitados, y otros en las que la cavidad está seca y totalmente habitable. Corresponde a una ocupación relativamente intensa (restos de fauna, ind, lítica, hogares) del Magdaleniense antiguo (inferior y/o medio), con dataciones del 14430 +/-290 y 13580+/-140 BP.

El nivel F, estéril, indica un nuevo anegamiento de la cavidad, probablemente por una etapa especialmente lluviosa que cegó o colmató los puntos de evacuación de agua. Hasta que estos no se reactivaron o el agua buscó nuevos, la cueva fue inhabitable.

  1. El subnivel E inferior muestra una fase ya seca de la cavidad, en la que se inicia una ocupación prácticamente continuada desde la fase final del Pal. Sup. hasta el Epipaleolítico/Mesolítico. Este subnivel alberga evidencias del uso de la cavidad por comunidades con elementos culturales del Magdaleniense avanzado (superior), en el último tercio del decimocuarto milenio BP.
  2. En el subnivel E superior, los datos muestran un clima frío y húmedo que evoluciona hacia otro más riguroso, frío y seco, que se suaviza algo al final. En ese contexto habita en el abrigo un grupo humano, con industria lítica y ósea (arpones en asta de doble hilera) del Magdaleniense final (con datac. C14 del decimotercer milenio BP). Como curiosidad, de entre los muchos datos extraídos de la cavidad, un estudio centrado en los restos de perdiz nival indica su caza especializada al inicio de la estación invernal y, por las marcas de cortes y las características de estas, su almacenamiento posterior tras su secado-ahumado, como acopio para necesidades invernales.
  3. El subnivel D superior corresponde al final del Paleolítico superior, a una comunidad del Magdaleniense final, que lo habita en el duodécimo milenio.
  4. El subnivel D inferior, con fechas C14b a caballo entre el undécimo y el décimo milenio, es adscribible al Aziliense. En él se ha recuperado algún fósil director típico, como el arpón de asta de sección plana y orificio ojival.

Entre este subnivel y el siguiente nivel hay un hiatus de mil quinientos años, que parece indicar el lavado/erosión del sedimento durante otra fase temporal de inundación y abandono de la cueva.

  1. El nivel C y los niveles B inferior y medio muestran una continuidad de ocupación, concentración de hogares, abundantes restos de fauna, e industria lítica, durante el Mesolítico antiguo/medio, a lo largo de todo el noveno milenio BC.
  2. El nivel B superior, con fragmentos de cerámica a mano, indica su uso por grupos del Neolítico
  3. El nivel A, revuelto, apunta a la presencia esporádica en la cavidad de gentes de la Prehistoria reciente, en la primera mitad del tercer milenio BC.

El conocimiento del Paleolítico Superior en Navarra ha estado limitado tradicionalmente a una serie de puntos aislados en el mapa, con un único sitio de arte rupestre, Alkerdi. Una vez superada (parece que definitivamente) la controversia entre conservación y actividad de las canteras, ahora, toma protagonismo la investigación. Todo lo conocido de la excavación y estudio del abrigo de Berroberría, y lo que están aportando las cavidades vecinas de Alkerdi y Alkerdi 2, añaden elementos importantes para el conocimiento del mundo paleolítico en el pirineo occidental, y están destinadas a convertirse en una referencia imprescindible, que aportará novedades interesantes en los próximos años.

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25 octubre 2016 2 25 /10 /octubre /2016 10:27

La cueva de Alkerdi está excavada en el frente S del complejo kárstico de Alkerdi-Zelaieta, excavado en la vertiente norte de la cordillera pirenaica, en el extremo septentrional del valle de Baztán. Complejo excavado por la infiltración parcial de la red de drenaje que conforma el margen derecho de la cabecera del río la Nivelle/Ugarana.

Historia de las investigaciones

BERROBERRÍA y ALKERDI fueron descubiertas por N. Casteret en 1930, quien ya localizó el arte rupestre de la segunda. En 1939 Casteret visita de nuevo la cueva con el marqués de Loriana (que también visitará Alkerdi 2). Éste realizará nuevos calcos, y sus prospecciones en el suelo del vestíbulo identifican algún material arqueológico.

A partir de los años setenta, I. Barandiarán compaginará sus investigaciones en Berroberría con el estudio de Alkerdi. En 1973 estudia los grabados parietales de Alkerdi, centrado en los del sector izquierdo de la cueva, y en dos nuevas figuras localizadas en el vestíbulo, aunque no localiza los grabados señalados por Casteret en el sector derecho de la misma ni la crinera de caballo. En los años ochenta y noventa, I. Barandiarán y A. Cava excavarán varias veces en Alkerdi (1988, 1993 y 1994), en la misma época en la que los hacen en el vecino abrigo de Berroberría.

El 2014, Garate et alii identifican y estudian más representaciones parietales en una galería lateral de la sala situada a la derecha, donde N. Casteret (1933) ya señaló la presencia de grabados. Publicaron el estudio en 2015, recogiendo el hallazgo de una veintena de figuras (la gran mayoría grabadas, y una pintada), mayoritariamente bisontes, con características propias del Magdaleniense medio, especialmente vinculadas a los conjuntos de la vertiente pirenaica.

La cueva

Forma parte del sistema kárstico Alkerdi – Zelaieta, excavado por la filtración de las aguas que drenan el margen derecho de la cuenca alta del Olabidea-Urdazuri, en el contexto de un afloramiento rocoso ubicado entre los barrios de Alkerdi y Leorlas del municipio de Urdax. Su boca se abre en el frente S del afloramiento, junto a otras cavidades con evidencias del Pal. Sup. (ALKERDI II, y el abrigo de BERROBERRÍA). Junto a ellas confluye la escorrentía de la pronunciada a ladera del monte Arleun, situado enfrente. La infiltración de las frecuentes precipitaciones creó el complejo kárstico, en varios niveles. Inicialmente provocó la reiterada inundación (en varias fases permanente) del abrigo de Berroberría, pero no de la de Alkerdi.

La entrada a Alkerdi de 6 m de ancho x 3,5 de altura, da paso a un vestíbulo bajo, de apenas 1,5 m en muchos puntos, pero de superficie amplia (8 metros de anchura x 10 metros de profundidad). En su parte izquierda se accede a una galería, en cuyo recodo final se ubica el arte parietal descubierto en 1930. En el estudio de 1974, Barandiarán localiza otras dos figuras en el vestíbulo.

Hacia la derecha del vestíbulo, de la pared izquierda del fondo de esta sala parte una galería estrecha que se va reduciendo hasta convertirse en una gatera de difícil tránsito. El tramo final de la gatera enlaza de nuevo con la sala. En esta galería se localizaron los grabados descubiertos en 2014. También en la parte derecha del vestíbulo encontramos un estrecho conducto y una gatera, que comunican con una sima que conecta la cueva con el exterior.

Ocupación en el Gravetiense

Aunque no sufrió las fases de inundación de Berroberría, la escasa altura del vestíbulo, la subida del nivel del suelo por la sedimentación, y el abundante goteo de las infiltraciones, que provocaba el encostramiento del suelo, limitaron su uso. Pero, las cavidades del afloramiento rocoso de Alkerdi gozaban de grandes ventajas en su entorno inmediato y a media distancia, que justificaban el uso incluso de Alkerdi: ubicadas a baja altitud frente a la llanura aquitana y al pie de los Pirineos, tenían fácil conexión con las costa a través de cercanos ríos de corto recorrido, y un entorno natural circundante con cómodo acceso a una gran variedad de biotopos y recursos (caza, pesca, recolección, sílex).

Las excavaciones realizadas por Barandiarán y Cava sólo consignaron (en un espacio de excavado de 11 m2) un nivel de ocupación, poco intenso, del Gravetiense. Se recuperaron más de un millar de evidencias líticas. Junto a restos de talla, se identificó un centenar de útiles retocados (con predominio de piezas de dorso con retoque abrupto). Había también una docena de elementos sobre soporte orgánico, entre los que destacan un fragmento de azagaya gruesa, un cincel/cuña de asta, y cuatro conchas perforadas de Turritella. Se recuperó abundante fauna: cuatro mil restos de macromamíferos, y diecisiete mil de microfauna, además de algunos huesos de aves y peces. Y por último, se halló un fragmento de molar humano.

La datación por C14 de una muestra de huesos arroja una fecha de 26.470± 530/490 BP, acorde a la adscripción cultural al Gravetiense.

Para sus excavadores, la abundancia de microfauna y la escasa antropización indicarían un episodio puntual, de acampada, diferente a la prolongada e intensa ocupación de Berroberría desde el Magd. Inferior.

El arte parietal de Alkerdi

Tomando como referencia más reciente el estudio de Garate y Ribero (2015) sobre las nuevas representaciones, podemos diferenciar en la cueva cuatro sectores., concentrados sobre todo en dos galerías.

  1. Galería izquierda. Estrecha, de techo alto, se accede a ella desde el lado izquierdo del vestíbulo. En su tramo final se localizan las figuras localizadas por Casteret y revisadas por I. Barandiarán (sectores A y B). Además de lo figurado en el arranque de la galería (sector B), la mayoría de lo representado se concentra tras un recodo, grabado sobre un cono estalagmítico que obstruye el final de la galería (sector B), y cuya superficie fue previamente descortezada en parte. Se mantiene la adscripción que hizo Ignacio Barandiarán del estilo de las figuras al Magdaleniense III-IV. Además de restos de figuras de difícil interpretación, destacan un bisonte de cuernos filiformes, un ciervo completo (con relleno de trazos a modo de grabado estriado), y la parte posterior de un caballo.
  2. Vestíbulo. Un par de perfiles de figuras (una cierva, y un dudoso lobo) en la pared del fondo (sector C).
  3. “Galería de los Bisontes”. Denominada así por sus descubridores. Desde el lado derecho del vestíbulo, formaciones estalagmíticas complican el acceso a una sala de 14 x 6 m, y techos aún más bajos, de suelo arcilloso. De la pared izquierda de dicha sala parte, para terminar también en ella, una galería de pequeñas dimensiones y difícil tránsito. Tiene unos 1,5 x 1,5 m en su tramo inicial. Se estrecha de manera progresiva y tras 3 m de desarrollo gira a la derecha. Aquí, reducida ya a un tubo de menos de 0,5 m x 1,5m de altura, se localizan en unos 2 m de desarrollo las primeras evidencias gráficas. El conducto vuelve a girar a la derecha. En este recodo se localizan la mayoría de los grabados, observables por una sola persona recostada. Le sigue un tramo final aún más complicado y estrecho de 1,5 m que desemboca de nuevo en la pared izquierda de la sala.

Las figuras son de pequeño formato, con caracteres formales y técnicos bastante homogéneos y uniformes, que responden al estilo propio del magdaleniense pirenaico.

Fueron realizadas mediante incisiones poco profundas, yuxtapuestas, con frecuencia en una única pasada del útil. Destacan en gris sobre el fondo rojizo de la caliza (efecto quizás buscado de origen).

En los bisontes, mayoritarios (11 figuras), el detallismo del trabajo incluye cuernos en doble curvatura - s - mediante una única línea; pelaje de la barba y de la giba simulado mediante trazos paralelos; representación de detalles anatómicos, en ocasiones con despiece asociado (ojo, oreja, boca, lengua, pezuñas, corvejón, sexo, etc. En el caso de los caballos, menos numerosos, figuran las crineras mediante trazos paralelos. También abundan los detalles anatómicos (ojo, oreja, boca), y los despieces.

Para Garate y Rivero (2015), geográfica, estilística y formalmente, el arte parietal de Alkerdi parece inmerso en la corriente de intercambios culturales magdalenienses entre la región cantábrica y el mundo pirenaico. Dos espacios que comparten rasgos unitarios comunes que le dan cierta coherencia interna, y matices diferenciadores. En el caso de Alkerdi la balanza parece inclinarse más hacia la vertiente francesa (como las cercanas cavidades de la colina de Gaztelu: Isturitz, Oxocelhaya y Erberua), en la que se incluye geográficamente y hacia la influencia pirenaica (Niaux, Fontanet, Marsoulas, Les Trois-Frères o Le Tuc d’Audoubert), Como en ellas (y en casos cantábricos como Altxerri) domina la figura del bisonte. Los paralelismos con lo pirenaico alcanzan también las convenciones formales, sobre todo en el caso de los bisontes. Junto a alguna figura que por su carácter lineal se vincula más con las convenciones de cavidades cantábricas, en la mayoría de los bisontes se entronca con el Magdaleniense medio pirenaico (abundantes detalles anatómicos, la representación del pelaje o la lengua). Y la presencia de una figura que puede interpretarse como “herida” se asemejaría a un tema habitual en el arte mobiliar y parietal pirenaico (arte mueble de Isturitz, arte parietal de Les Trois-Frères, Niaux o Fontanet).

La comparación de los matices técnico-formales diferenciadores entre lo localizado y estudiado en 1930 (Casteret) y 1974 (I. Barandiarán), y lo descubierto en 2014, parece indicar en el arte parietal de Alkerdi dos fases o momentos, o al menos dos manos distintas, no necesariamente distanciados en el tiempo, en el amplio lapso entre el Magd. Inferior y el Magd. Medio (aunque la investigación se decanta más por el segundo).

La investigación arrojará sin duda luz en el futuro sobre este espacio de intensa presencia durante el Paleolítico Superior, y sobre el arte rupestre de Alkerdi y de la vecina Alkerdi 2. La publicación de lo descubierto estos dos últimos años, y su análisis, nos permitirán avanzar en el conocimiento de este periodo en este extremo de los Pirineos.

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13 octubre 2014 1 13 /10 /octubre /2014 09:34

La Arqueología ha comprobado en los últimos años algo poco conocido, el periodo musulmán de Pamplona, en los inicios de la Edad Media. Sigue habiendo un periodo my poco conocido de la historia pamplonesa: el lapso de tiempo entre el imperio romano, y lo inicios del reino cristiano de Pamplona. En ese periodo se suceden en la Península Ibérica el reino visigodo peninsular, y los primeros siglos de dominación musulmana. Hasta época reciente, la gran mayoría de los datos sobre los dos primeros siglos de la llegada del Islam a Navarra y Pamplona procedían de fuentes documentales, fundamentalmente musulmanas.

El inestable s. VIII

En lo que se refiere a Pamplona, las referencias documentales y arqueológicas a la prsencia de población musulmana y un posible control musulman de la ciudad con una guarnición y funcionarios parecen constreñirse a un  periodo del s. VIII. A partir del reducido conocimiento que tenemos de ese periodo en la Cuenca de Pamplona y Navarra, da la impresión de que se caracteriza por intentos infructuosos del poder musulmán por garantizar el dominio permanente de la ciudad. Es un rasgo común a todo el siglo, tanto durante la inestable época del waliato (711-756), como en la época de Abd al-Rahman I, y en los primeros tiempos de la creciente influencia de los Banû Qâsi (la poderosa familia que dominará o influirá decisivamente en el alto Valle del Ebro durante todo este periodo)

Podemos reconstruir un modelo de breves periodos de dominio in situ mediante funcionarios musulmanes y presencia de guarnición y población de origen básicamente bereber. Lo más frecuente es que las élites locales rijan la ciudad. En unas fases se respetan los ahd o pactos con el wali, o con el emir. Es un sometimiento a menudo sólo relativo y a regañadientes. Y en periodos de rebeldía, el territorio es castigado con sucesivas aceifas o razzias del poder musulmán, con nuevos pactos a los que sigue otro periodo poco duradero de aparente tranquilidad.

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Detalle constructivo conservado de la Toledo musulmana

Entre francos y el Islam, el s. IX

En el s. IX, el reino franco intenta un proceso similar al que desarrollo en el otro extremo del Pirineo con la geografía catalana. En el 806, los pamploneses son recibidos “in fidem” en el seno del imperio carolingio.

Uno de los rasgos de los inicios del siglo será el debate entre las élites dominantes entre acercarse al poder carolingio, o renovar el pacto o ahd con Córdoba. Pero en el 816, la derrota de una coalición pamplonesa-carolingia de la batalla del río Arum, y la muerte del comes o conde Velasco, parece representar el fracaso de la opción carolingia.

El resto del siglo refleja la dependencia política respecto a los Banû Casi (parientes de la élite dirigente pamplonesa, los Arista), especialmente en el periodo de la gran figura de Musa ibn Musa. Ligará los destinos de la zona a los vaivenes de la relación entre Banû Casi y Córdoba, oscilando entre rebeliones, y las consiguientes aceifas (que suponen la ruina cíclica de la ciudad y la destrucción de su fortaleza pamplonesa de Sajra Qais), o la colaboración incluso con Córdoba. 

El desgaste de la indefinición de esta política que sufren los Arista permite el ascenso de la familia Jimena. Gracias a la figura de Sancho Garcés, que logra la definición definitiva del reino cristiano de Pamplona en el 905. Y cambió la tendencia, defensiva a ofensiva: el inicio de la reconquista y recuperación del control de territorios, y el alejamiento del dominio directo musulmán de la cuenca de Pamplona.

Las novedades aportadas por la Arqueología

Desde el s. XIX, el único dato aportado por la arqueología se limitaba a varios enterramientos cristianos con anillos que llevaban caracteres cúficos. Se aventuraba una pequeña ciudad cristiana que mantenía los restos de la estructura administrativa de época romana, con obispo, y a lo sumo presencias temporales de una autoridad musulmana y tropas, pero sin constatación material de una fase islámica de la urbe.

Pero las intervenciones arqueológicas en la última década en la ciudad, con motivo de obras públicas municipales, han cambiado el panorama:

a) En el centro histórico, en la plaza del Castillo, se ha localizado una gran maqbara, una necrópolis musulmana de más de ciento noventa enterramientos, en los que se identifican hombres, mujeres y niños, de distintas edades. 

Es posiblemente la mayor del N de la península. Su cronología parece centrarse sobre todo en el s. VIII. Estaba ubicada extramuros, próximo al frente oeste del supuesto amurallamiento de la ciudad. Las alineaciones, la discreta densidad de la necrópolis, apuntan a un periodo de uso no excesivamente largo.

Las tumbas responden al modelo islámico tradicional: fosa simple, enterramiento individual, cadáver depositado en decúbito lateral derecho, orientado NE-SW. Detalles de marcas y modificaciones en los dientes de algunos de los enterramientos los identifican muy probablemente con rasgos propios de poblaciones bereberes.

b) En la rehabilitación del Palacio del Condestable se ha descubierto una necrópolis de época visigoda, con varios enterramientos que incluyen anillos con caracteres cúficos. Estos anillos con textos del Corán en una necrópolis cristiana abundarían quizás en las estrechas relaciones entre élites dirigentes N – S, entre los Arista y los Banu-Qasi? Indicarían el uso como muestra de prestigio o relación con el poder musulmán? Es difícil saberlo.

Lo hallado parece apuntar a un periodo, no demasiado largo, de dominio musulmán de la ciudad, anterior sin duda al año 905, y que duró pocas generaciones. Sin edificios asociables (tal vez reutilizaron edificios previos, pero apenas tenemos  huellas de los de época inmediatamente anterior) y con muy pocos restos de la cultura material, falta mucho para poder tener claro este periodo, pero las novedades arrojan ya una luz sobre esta desconocida fase de la ciudad. Esperemos que futuras intervenciones arqueológicas descubran nuevos datos.

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