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5 abril 2022 2 05 /04 /abril /2022 18:27
El hombre de Loizu y la cueva de Errotalde (Valle de Erro, Navarra)

El hallazgo del llamado hombre de Loizu en una cueva de Navarra, por su antigüedad y estado de conservación, es uno de los descubrimientos más importantes en el ámbito europeo para el periodo en el que fue enterrado. Descubierto en 2017 por miembros del grupo espeleológico Sakon, no fue extraído de su ubicación hasta 2021. En febrero de 2022 se han empezado a dar a conocer resultados, algunos preliminares, de un estudio multidisciplinar internacional de gran calidad coordinado por Pablo Arias Cabal desde la Universidad de Cantabria.

La cueva de Errotalde I

El hallazgo tuvo lugar en la Cueva de Errotalde I, situ en el concejo de Aintzioa-Loizu, dentro del municipio de Erro (Navarra, España). Una cavidad inscrita en un complejo sistema kárstico abierto en un entorno geomorfológico muy diverso que ha dado lugar a gran variedad de contextos subterráneos. Se trata de un sistema de 4 niveles, excavado por un rio subterráneo aún activo en el nivel inferior. El cuerpo fue depositado en los meandros fósiles ubicados actualmente en los niveles más elevados.

Se accede al lugar del hallazgo, situado a unos doscientos metros de la entrada actual, siguiendo un intrincado, angosto y estrecho recorrido. La accesibilidad depende del nivel freático, hay puntos que pueden sifonarse, y la propia entrada (reformada en los años cuarenta del s. XX) en una zona de nacedero lleva a pensar que pudo nos ser accesible en la época en que fue depositado el cuerpo. Posiblemente hubo otro acceso, hoy colmatado.

El yacimiento

Se trata de un esqueleto depositado en el interior de la cueva, casi inalterado, con un excepcional estado de conservación. Faltan muy pocos huesos. La parte de los pies, la más complicada de recuperar por los arqueólogos, estaba cubierta por concreción estalagmítica. Los huesos y el entorno pétreo inmediato estaban cubiertos por una sustancia colorante roja.

La inhumación

La disposición de los restos indica que fue depositado envuelto en una mortaja. La abundancia de manchas de colorante (más en la parte superior del cuerpo, sobre todo en la cabeza) sugieren que el cadáver y el entorno inmediato fueron cubiertos con ocre (por datos preliminares de su estudio, se piensa que elaborado en la cavidad a partir de colorante traído de fuera). Un detalle, bien conocido en otras inhumaciones antiguas, es el único detalle del posible ritual. Carece de ajuar asociable.

Cómo era el hombre Loizu

Aunque la mayoría de estudios sobre él todavía no han concluido, los investigadores han aportado recientemente una serie de datos interesantes.

Se trata de un individuo varón de entre 21 y 23 años. Calculan una altura de 1,60-1,65 m, y un peso en torno a los 50-55 kg. Murió poco después de que le naciera la primera muela del juicio.

Era diestro. El análisis musculo-esquelético indica que desarrolló una actividad física muy intensa, y que estuvo arrodillado con frecuencia.

Los dientes sugieren que usaba palillos para limpiárselos, pero al mismo tiempo las marcas de abrasión por arena/tierra muestran que el alimento no estaba muy limpio. La investigación apunta abundancia de dieta cárnica.

El análisis paleopatológico ha localizado además indicios de varias lesiones, ligadas quizás s su modo de vida cazador, a la búsqueda de alimento, como la osteólisis de ambas clavículas, o una lesión osteocondral del cartílago de una rodilla. Además, la hiperostosis porótica en el cráneo indicaría estrés nutricional, es decir, haber pasado por periodo/s de hambre. En el cráneo también se percibe una protuberancia, osteoma exostótico, pero parece que fue algo asintomático, una variante anatómica, no una enfermedad. Un orificio en el cráneo, y la alteración/desaparición de la zona de lo que sería la cara, nos llevan a ala tesis sobre su muerte.

Causa de su muerte

En el hueso parietal izquierdo, hacia la parte posterior de la cabeza, se atisba un orificio circular de 14,26 mm de diámetro. Los investigadores manejan que la hipótesis (arqueología experimental) que mejor explica el tipo de orificio apunta al impacto por proyectil, posiblemente de flechas. Flecha que entraría por la parte posterior de la cabeza y saldría por la zona de la cara, explicando la destrucción de esa zona. Es coherente con el periodo cronológico en el que vive el hombre de Loizu, la época que empieza a desarrollarse y extenderse en Europa el uso del arco y flechas.

Cronología y contexto cultural

De momento, el análisis radiocarbonométrico marca una fecha de 11.700 a. C, en el AZILIENSE, el periodo cultural inscrito en la fase de transición entre el Pleistoceno y el Holoceno. No hay demasiada información sobre el aziliense en la Península Ibérica, frente a la abundancia de datos posteriores sobre enterramientos del Mesolítico. Sólo la Cueva de los Azules (Asturias) cuenta con otro caso del Epipaleolítico/Aziliense, aunque es más tardía (10.000 años BP), y muestra otro modelo, de enterramiento, en fosa y en la entrada de la cavidad.

Hay dos casos, ya del Mesolítico (unos 8.000 años BP), de esqueletos localizados directamente sobre el suelo de la cavidad, la Cueva de la Braña-Arintero (León), y la Cueva de Tito-Bustillo (Asturias): pero en la primera, los dos esqueletos (por ADN se sabe que eran hermanos) parecen responder, para Arias-Cabal, a una muerte por accidente, no un depósito funerario. Y en el caso de Tito Bustillo, su conservación no era buena, el esqueleto estaba muy degradado.

En Navarra, el único caso paralelizable es el del enterramiento de una mujer de unos treinta años en el abrigo de Aizpea (Aribe), a unos 14 km a vuelo de pájaro de Loizu. Con una datación en torno a los 8000 años BP, también del Mesolítico. Es interesante la coincidencia en las huellas de desgaste físico al comparar el caso de Loizu y Aizpea. Mostrarían la persistencia de gentes cazadoras-recolectoras adaptadas a las dificultades de vida y búsqueda de recursos en el relieve agreste y boscoso de las montañas prepirenaicas, en los inicios del Holoceno.

El hombre de Loizu está a punto desvelar muchos de sus secretos. En los próximos meses verán la luz muchos de los estudios en profundidad que se le están haciendo. Sin duda, aportarán luz sobre un periodo poco conocido, y subrayarán aún más la importancia de este hallazgo para la arqueología peninsular y europea.

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25 octubre 2016 2 25 /10 /octubre /2016 10:41

Cavidad descubierta para la arqueología a la vez que Alkerdi, en 1930. Forma parte del frente S del relieve calizo en el que se excavó el sistema kárstico Alkerdi-Zelaieta, en el extremo septentrional del valle de Baztán (ya en la vertiente norte de la cordillera pirenaica), creado por la infiltración parcial de la red de drenaje que conforma el margen derecho de la cabecera río la Nivelle/Ugarana.

Historia de los descubrimientos

BERROBERRÍA y ALKERDI fueron descubiertas por el espeleólogo francés N. Casteret en 1930, durante una visita a varias cuevas de los municipios de Zugarramurdi y Urdax. Casteret hizo un sondeo en el yacimiento de Berroberría. Publicó una breve reseña sobre ambas cuevas en 1933. En 1935, J. M. Barandiarán señala la existencia del yacimiento arqueológico de la cavidad. En 1939 Casteret visita de nuevo la cueva con el marqués de Loriana, que excava una trinchera delante de la zona de prospección de Casteret en Berroberría ( y visitará también Ekain 2), publicando sus estudios en solitario (1940 y 1943). En los años cuarenta, por encargo de la I. Príncipe de Viana, S. Ribera Manescau, profesor de la Univ. Valladolid, excava en Berroberría, pero no publicó datos ni hay noticias de los resultados. J. Maluquer de Motes, nombrado director del servicio de excavaciones de Príncipe de Viana, excavará en Berroberría entre 1959 y 1965.

La investigación principal, por su rigor, amplitud y exhaustividad, se debe a Ignacio Barandiarán y Ana Cava, quienes durante casi dos décadas excavarán y estudiarán el abrigo de Berroberría (1977, 1979 y 1988-1994).

El abrigo de Berroberría en el sistema kárstico

Forma parte del sistema kárstico Alkerdi – Zelaieta, excavado por la filtración de las aguas que drenan el margen derecho de la cuenca alta del Olabidea-Urdazuri, y se infiltran en un afloramiento rocoso ubicado entre los barrios de Alkerdi y Leorlas del municipio de Urdax. La boca de este abrigo se abre en el frente S del afloramiento, próxima a otras dos cavidades con evidencias del Pal. Sup. (arte rupestre en ALKERDI y ALKERDI II, hábitats en el abrigo de Berroberría). Los accesos a las tres cavidades se sitúan frente y al fondo de las pronunciadas pendientes del monte Arleun. Pendientes que encauzaron hacia allí abundantes precipitaciones, cuya infiltración generó el complejo kárstico. Antes del Magdaleniense, Berroberría, ubicada en la cota más baja, alternó periodos secos con fases de reiterada inundación (I. Barandiarán incluso aventura momentos en los que algún riachuelo introdujera uno de sus recodos de manera permanente en su interior), con fuerte acumulación de materiales arrastrados (en unos casos fruto de cursos remansados, y en otros resultado de aportes con más fuerza de las aguas). Para Barandiarán y Cava (2010), con el descenso definitivo del drenado de las precipitaciones a un plano inferior de la red subterránea y con otra línea de desagüe, el rediseño endokárstico posterior estuvo más ligado a desprendimientos, ligados en varios periodos a la crioclastia, la gelifracción provocada por la alternancia de frío intenso y humedad. Pero su estado seco, su buena orientación y amplitud, permitieron su uso prolongado como hábitat, testimoniado en excavaciones desde el Magdaleniense inferior.

La cavidad

Su boca, se abre en el extremo S del relieve calizo que alberga el sistema kárstico, junto a otras cavidades con evidencias del Pal. Sup. (Alkerdi II, y el abrigo de Berroberría). Junto a ellas confluye la escorrentía de la pronunciada a ladera del monte Arleun, situado enfrente. La infiltración de las frecuentes precipitaciones creó el complejo kárstico, en varios niveles. Inicialmente provocó la reiterada inundación (en varias fases permanente) del abrigo de Berroberría, pero no de la de Alkerdi.

La boca de la cavidad mide unos 23 m de ancho por 4 a 6 m de alto. Da acceso a un amplio espacio, que se extiende en algunos puntos hasta los dieciocho m de profundidad. A ambos lados del abrigo se abren dos cortos entrantes. De ellos, en el entrante oriental o “fondo de covacho” realizó Casteret en 1930 su sondeo, junto al que arrancaba la trinchera realizada por Loriana en 1939.

El entorno, su orientación S, y el hecho de poseer un amplio y cómodo espacio habitable de unos 200 m2 habitables, con luz natural y agua cerca, explican el reiterado interés de las comunidades prehistóricas por habitarlo

Ocupación de Berroberría

De acuerdo a los datos que ha arrojado la excavación del abrigo, y el posterior estudio de lo localizado, los investigadores I. Barandiarán y A. Cava diferencian varias fases de uso antrópico de la cavidad, con algunos periodos de abandono por nuevas inundaciones:

  1. El nivel G, señala todavía la alternancia, en el tiempo y por zonas de la cavidad, entre momentos en los que el agua introduce aporte sedimentarios limitados, y otros en las que la cavidad está seca y totalmente habitable. Corresponde a una ocupación relativamente intensa (restos de fauna, ind, lítica, hogares) del Magdaleniense antiguo (inferior y/o medio), con dataciones del 14430 +/-290 y 13580+/-140 BP.

El nivel F, estéril, indica un nuevo anegamiento de la cavidad, probablemente por una etapa especialmente lluviosa que cegó o colmató los puntos de evacuación de agua. Hasta que estos no se reactivaron o el agua buscó nuevos, la cueva fue inhabitable.

  1. El subnivel E inferior muestra una fase ya seca de la cavidad, en la que se inicia una ocupación prácticamente continuada desde la fase final del Pal. Sup. hasta el Epipaleolítico/Mesolítico. Este subnivel alberga evidencias del uso de la cavidad por comunidades con elementos culturales del Magdaleniense avanzado (superior), en el último tercio del decimocuarto milenio BP.
  2. En el subnivel E superior, los datos muestran un clima frío y húmedo que evoluciona hacia otro más riguroso, frío y seco, que se suaviza algo al final. En ese contexto habita en el abrigo un grupo humano, con industria lítica y ósea (arpones en asta de doble hilera) del Magdaleniense final (con datac. C14 del decimotercer milenio BP). Como curiosidad, de entre los muchos datos extraídos de la cavidad, un estudio centrado en los restos de perdiz nival indica su caza especializada al inicio de la estación invernal y, por las marcas de cortes y las características de estas, su almacenamiento posterior tras su secado-ahumado, como acopio para necesidades invernales.
  3. El subnivel D superior corresponde al final del Paleolítico superior, a una comunidad del Magdaleniense final, que lo habita en el duodécimo milenio.
  4. El subnivel D inferior, con fechas C14b a caballo entre el undécimo y el décimo milenio, es adscribible al Aziliense. En él se ha recuperado algún fósil director típico, como el arpón de asta de sección plana y orificio ojival.

Entre este subnivel y el siguiente nivel hay un hiatus de mil quinientos años, que parece indicar el lavado/erosión del sedimento durante otra fase temporal de inundación y abandono de la cueva.

  1. El nivel C y los niveles B inferior y medio muestran una continuidad de ocupación, concentración de hogares, abundantes restos de fauna, e industria lítica, durante el Mesolítico antiguo/medio, a lo largo de todo el noveno milenio BC.
  2. El nivel B superior, con fragmentos de cerámica a mano, indica su uso por grupos del Neolítico
  3. El nivel A, revuelto, apunta a la presencia esporádica en la cavidad de gentes de la Prehistoria reciente, en la primera mitad del tercer milenio BC.

El conocimiento del Paleolítico Superior en Navarra ha estado limitado tradicionalmente a una serie de puntos aislados en el mapa, con un único sitio de arte rupestre, Alkerdi. Una vez superada (parece que definitivamente) la controversia entre conservación y actividad de las canteras, ahora, toma protagonismo la investigación. Todo lo conocido de la excavación y estudio del abrigo de Berroberría, y lo que están aportando las cavidades vecinas de Alkerdi y Alkerdi 2, añaden elementos importantes para el conocimiento del mundo paleolítico en el pirineo occidental, y están destinadas a convertirse en una referencia imprescindible, que aportará novedades interesantes en los próximos años.

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