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5 mayo 2016 4 05 /05 /mayo /2016 15:10
Cráneo 5 de la Sima de los Huesos
Cráneo 5 de la Sima de los Huesos

La sierra de Atapuerca es uno de los más importantes enclaves arqueológicos del mundo. Sus yacimientos albergan evidencias fósiles, y arqueológicas (industria lítica, huesos de fauna con marcas de carnicería, etc.), de toda la secuencia de homínidos que ha habitado el continente europeo, desde hace un millón trescientos mil años, hasta el presente.

Una sierra con cuevas en un lugar estratégico

Situada a unos 15 km al este de la ciudad de Burgos, la sierra de Atapuerca, a 1085 m s. n., es un relieve originado en el Neógeno que se eleva unos setenta metros sobre la más alta de las terrazas del río Arlanzón. Son 14 niveles de terrazas sucesivas, excavadas desde inicios del Cuaternario, que empiezan a casi cien metros del actual cauce del río. Las subsiguientes alteraciones de los nivel freáticos en este contexto calizo conformaron el importante complejo kárstico de Atapuerca, fosilizado en parte desde el Pleistoceno.

La ubicación estratégica y el potencial ecológico de la sierra (de la Bureba), desde la que se domina el corredor natural de la Bureba, que conecta las grandes cuencas del Ebro y del Duero, explicaría la larguísima secuencia cronológica atestiguada en Atapuerca.

Más de un siglo de investigaciones

La boca de El Portalón y el recorrido subterráneo de partes de Cueva Mayor eran conocidos desde antiguo. Está documentada desde el s. X. Hay inscripciones en sus galerías desde por lo menos el s. XIII. En 1863, ya se habla de su deterioro. En 1868, los ingenieros de minas P. Sampayo y M. Zuaznávar publican “Descripción con Planos de la cueva llamada de Atapuerca”. La enorme cantidad de basura y sedimento revuelto que tuvo que desalojar y revisar el equipo de Atapuerca antes de acometer la excavación de la Sima de los Huesos, es un testimonio evidente de la frecuencia con la que los aficionados a recolectar fósiles llegaron hasta la Sima, y la alteraron. No obstante, las investigaciones que se suceden a lo largo del s. XX, anteriores a las del equipo actual, se centraron en El Portalón de Cueva Mayor y las galerías limítrofes: March (1906), Carballo (1910-1912). Breuil, y Obermaier (en la época de Carballo), Martínez-Santaolalla (1925-30), Jordá (1964 y 1966), G.A. Clark (1972), Apellániz (1973-1983).

Una mandíbula que dio comienzo a la investigación

La situación cambió radicalmente tras el hallazgo de una mandíbula humana en 1976. El paleontólogo Trinidad Torres excavaba en Trinchera y en la Sima de los Huesos. La Sima de los Huesos era un lugar especialmente atractivo por su gran riqueza en restos de osos. Inesperadamente, junto a osos “Ursus deningeri” de más de 120.000 años se recuperó una mandíbula humana. Emiliano Aguirre reconoció en la mandíbula rasgos arcaicos del Pleistoceno Medio. La revisión de los fósiles obtenidos en la excavación de 1976 permitió identificar más fósiles humanos. En 1978, tras reunir un equipo interdisciplinar (especialistas en geología, arqueología y paleontología), Aguirre emprendió la tarea de excavar los yacimientos pleistocenos de Atapuerca, incluida la propia Sima de los Huesos.

No obstante, las peculiares condiciones de acceso, y de conservación de los restos, no permitieron la excavación sistemática de la sima hasta 1984. Los espeleólogos aficionados, que año tras año habían accedido al yacimiento a la búsqueda de fósiles de oso, habían alterado profundamente los niveles superiores del sedimento de la sima. Rompieron numerosos huesos, que acabaron mezclados con restos de basura y bloques de caliza en un amasijo informe. De manera que, antes de iniciar una excavación sistemática, fue preciso evacuar toneladas de sedimentos alterados y bloques de roca caliza, por la difícil ruta hasta el Portalón. Tras instalar la infraestructura básica para un espacio tan complicado, se empezó a excavar en 1984. Tras jubilarse Aguirre, desde 1991 se trabaja en el conjunto de Atapuerca (Trinchera, Cueva Mayor, etc.) bajo la dirección colegiada de Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. En estos últimos quince años se han recuperado miles de fósiles humanos más en la Sima de los Huesos.

El karst de Atapuerca

Hoy en día se accede hasta la Sima de los Huesos desde El Portalón, el principal acceso exterior del complejo Cueva Mayor - Cueva del Silo - Cueva Peluda, integrado en el complejo kárstico multinivel de la Sierra de Atapuerca. Además de los dos accesos abiertos en la actualidad El Portalón, y el acceso en sima a la Cueva del Silo, los espeleólogos hablan de otros siete accesos exteriores colmatados desde el Pleistoceno. El complejo kárstico de Atapuerca se compone de tres niveles básicos, cuyos elementos principales son: Portalón, la Galería del sílex, el Salón del coro y la Galería de las estatuas pertenecen al nivel superior; la Galería baja, la Galería del Silo, y la Sala de los Cíclopes. Y en el nivel inferior se situarían la Sima de los Huesos, la Cueva del Silo y Cueva peluda.

Acceso, ubicación y diseño de la Sima de los Huesos

A la sima se accede desde la gran Sala de los cíclopes. La bóveda de esta sala presenta numerosas chimeneas ascendentes. El colapso de los techos de al menos dos de ellas provocó la entrada de sedimento exterior. La mitad sur de la sala estuvo sellada por sedimentos, que fueron lavados y erosionados por la evolución del karst. En el fondo del muro sur se abre una gatera a la Sala de las oseras, que conserva en su superficie numerosas camas de hibernación de osos, restos paleontológicos de estos úrsidos, y numerosas marcas de zarpas en los bloques. En el extremo sureste de esta Sala de los Cíclopes (los osos también usaron la gran sala) hay una rampa que asciende hasta una pequeña galería ciega, en cuyo extremo se abre la Sima de los Huesos. En su inicio, la sima es un conducto vertical de unos cuatro metros de diámetro y catorce metros de profundidad. Al pie de este desnivel vertical se inicia una rampa descendente, de suelo arcilloso y techo bajo, de unos tres metros de anchura por casi diez metros de longitud (denominado en el yacimiento como SR o Sima-Rampa). Éste desemboca en una pequeña sala.

Uno de los muchos dilemas que se presentaron con el descubrimiento de la Sima de los Huesos es el de la manera en la que los osos de las cavernas que hibernaron en esta zona de la endokarstia, y las comunidades humanas que usaron la sima, accedieron hasta ella. Sobre todo teniendo en cuenta el complicado periplo desde El Portalón. Parece claro que hubo accesos exteriores hasta la Sala de los Cíclopes. El equipo de investigación de Atapuerca sitúa ese acceso en un conducto actualmente colmatado por sedimentos margosos. La sección del conducto se localiza junto a la rampa que conduce hacia la cabecera de la Sima de los Huesos. Este acceso colmatado está situado apenas diez metros por encima del derrumbe clástico que bloquea el acceso a la Sala de las oseras

Una estratigrafía complicada

Los fósiles humanos aparecen sedimentados junto a fósiles de oso de la especie Ursus deningeri en un estrato de arcillas de color rojo. Este nivel sedimentario se depositó sobre un relieve irregular previo, fruto de anteriores episodios de rellenado y erosión. A su vez, este nivel de arcillas rojas, rico en fósiles humanos, fue alterado por la posterior circulación de agua, resultando en un nuevo relieve irregular. Tiempo después, otra capa, que sólo contiene fósiles del mismo tipo de oso y de otros carnívoros, cubrió los sedimentos ricos en fósiles humanos. De manera que los distintos niveles no tienen un espesor constante a lo largo del yacimiento, ni están situados horizontalmente unos sobre otros, sino que a menudo se ponen en contacto lateralmente.

A esta geometría irregular del depósito, consecuencia de su compleja historia geológica, hay que añadir que los fósiles humanos no están distribuidos homogéneamente en su correspondiente nivel de arcillas rojas. Por el contrario, en algunas partes de SH, como el Área B o el Área A, se encuentran acumulados, mientras que en otras zonas del yacimiento son escasos o inexistentes. Esta distribución tan caótica es la consecuencia de que los huesos llegaron a SH acarreados, por pequeños “aludes” de barro, desde su lugar original de deposición en la rampa (SR).

A ello se sumó la remoción ocasionada por la “actividad” de los mamíferos que caían en la trampa, y no fallecían. Y todo lo que alteraron los aficionados que bajaban a la sima en busca de fósiles.

Hace más de trescientos mil años

En principio, la paleontología (no hay restos de especies de oso posteriores al Ursus deningeri) y el análisis antropológico, proporcionaron las herramientas para una cronología relativa. En 1998 se descubrió, en el mismo nivel que los fósiles humanos, la única herramienta lítica encontrada en este yacimiento, un bifaz tallado en roca cuarcita de color rojo, del Modo 2 o Achelense (modo tecnológico ampliamente representado en otros yacimientos de Atapuerca), que concordaría sin problemas con el tipo humano hallado en la Sima. En la campaña del año 2001 se realizó un descubrimiento que permitió precisar más la datación. Ese año, se encontró en la parte superior de la rampa (en el lugar denominado SRA: Sima-Rampa Alta) una estalagmita horizontal depositada sobre niveles de fósiles humanos. Los resultados obtenidos para la estalagmita de SRA determinan que su antigüedad rebasa el alcance máximo de dicha técnica, establecido en 350.000 años. En la actualidad se habla de cerca del medio millón de años.

La difícil explicación de un difícil lugar

Los restos pertenecen a la especie del Homo heidelbergensis. Son más de veinticinco individuos de diferentes edades. Y, aun contando con la cercanía de una entrada a la cueva, hoy colmatada, resulta difícil explicar cómo llegaron al interior de la sima.

El equipo que excava la sima defiende que: fueron transportados a la cueva, y arrojados intencionadamente a la sima, a través de la caída vertical de trece metros. Acumulados muy posiblemente en un tiempo no demasiado largo, llegaron allí en conexión anatómica, completos. El hecho de que fueran arrojados allí sería, para el equipo de Atapuerca, el primer indicio de una acumulación intencionada de cuerpos fallecidos en un lugar especial, un precedente de lo que en el futuro serán los enterramientos.

La sima está en un lugar apartado, al final de una galería ciega. La recuperación en la sima de doscientos ejemplares de osos de la especie Ursus deningeri, de varios representantes de grandes felinos (posiblemente leones), de algunos restos de lobo, linces, zorros, mustélidos, etc., puede deberse a la suma de casos sucesivos de caída en esta trampa natural al cabo de miles de años, atraídos por el olor de la carroña, (o en algún caso por arrastre por coladas de barro). Hay voces discordantes sobre ciertas incongruencias derivadas del análisis tafonómico, algo lógico en el debate científico de un yacimiento complejo, en proceso de excavación, al que le queda mucho para hablar de agotado).

Pero resulta difícil entender la presencia de tantos individuos de una comunidad humana que es muy dudoso que habitara o frecuentara la vecina Sala de los Cíclopes (no hay evidencia arqueológica que lo certifique). De nuevo, hay algunas voces discordantes que no encuentran validación tafonómica de la tesis de los investigadores sobre la deposición intencionada de los cadáveres en la sima. El problema básico para el análisis, la fuerte alteración postdeposicional. En ningún caso se han identificado conexión anatómica entre los restos. En muy pocos casos se ha podido llegar a atribuir dos o más huesos a un mismo individuo. Es muy difícil identificar niveles coherentes, haya zonas en la sala del fondo de la sima con acumulación, otras en la rampa en las que casi no hay restos. El equipo que excava allí ha identificado la causa en una combinación de factores: la sucesión de coladas o aludes de barro que desplazaban, alteraban y revolvían los restos; la acción de animales que no murieron en la caída, y carroñeaban; los destrozos ocasionados por los numerosos coleccionistas modernos de fósiles.

El Homo heidelbergensis

Los restos localizados en la Sima de los Huesos han sido adscritos al Homo heidelbergensis, que habitó el continente europeo durante el Pleistoceno Medio (hay otros restos de la especie en los yacimientos de Mauer, Arago, Montmaurin, Pontnewydd, Steinheim, Swanscombe). Le sucedieron, en un continuum evolutivo, los neandertales. El reciente descubrimiento de ADN mitocondrial fósil en un fémur humano de la sima ha permitido establecer también su relación con los denisovanos, una especie humana localizada hasta ahora en la región meridional de Siberia, en la que habitó hace unos 40.000 años.

La enorme cantidad de restos humanos de la sima, en un excepcional grado de conservación (incluidos los del oído, muy pequeños y delicados, que en muy raras ocasiones se recuperan para individuos tan antiguos) permite para el Homo heidelbergensis un nivel de estudio y análisis inimaginable (incluido el ADN,) antes de su descubrimiento, para restos tan antiguos.

Serían individuos físicamente similares a nosotros, con un cálculo medio de 1,75 m de alto, y 95 kg de peso, con gran masa muscular y huesos muy resistentes. Su esqueleto, presentaba una mezcla de caracteres antiguos y modernos. El análisis dental, las marcas identificadas en sus dientes, indican que usaban los dientes como herramienta, como una “tercera mano”. Se ayudaban de ellos en el procesamiento del cuero, tendones, vegetales (aprisionaban entre los dientes y estiraban, en un movimiento recurrente). Sujetaban con ellos un extremo de la carne, que cortaban con la herramienta que empuñaban con la mano libre, que en los individuos recuperados en la sima es predominantemente la derecha. Trabajo de la mandíbula que explica la abundancia de casos con artrosis temporomandibular. Consumían una dieta mixta animal – vegetal, de vegetales fibrosos y abrasivos (quizás ingeridos crudos) que desgastaron mucho el esmalte. Un tercio de los individuos pasaron estrés por malnutrición en el destete, hacia los tres años de edad. Los surcos de muelas indican el uso de palillos para limpiarse los dientes.

El torrente de datos que proporcionan los restos permite también un acercamiento a sus patologías. El cráneo 5 murió de una septicemia que comenzó en los dientes y se extendió hasta el ojo. Tiene además hasta trece impactos en su cráneo, recibidos a lo largo de su vida. El cráneo 4 (que también tiene otros tres impactos en el cráneo, circunstancia que se repite en más individuos) corresponde a un individuo sordo, que tiene el conducto auditivo casi cegado por un crecimiento anormal del hueso probablemente ligado a una persistente otitis. En varios casos, sus dolencias requerían del apoyo y colaboración de la comunidad para su supervivencia. Es el caso de la pelvis y parte del tronco del individuo más anciano localizado (apodado Elvis por los investigadores), que se acercaría a los sesenta años. Las vértebras de Elvis muestran cifosis lumbar degenerativa, la enfermedad de Baastrup, y espondilostesis, Es un caso que muestra ayuda social y cuidado de la comunidad hacia un individuo con tal suma de dolencias que le afectaron largo tiempo, incapacitantes y muy limitadoras. Ayuda que también necesitaba otro miembro del grupo (cráneo 14), que falleció a los diez años, y que sufría trastornos motores y cognitivos importantes desde que nació.

La conclusión más evidente, asuma uno o no la tesis de la Sima de los Huesos como lugar de deposición intencionada de cuerpos (como precedente más antiguo de lo que luego será un ritual funerario), subraya su enorme importancia en la paleoantropología mundial, y su papel fundamental en el conocimiento de la especie del Homo Heidelbergensis, del que nos aporta una cantidad de información que sobrepasa en mucho (en cantidad y estado de conservación) lo recuperado de la mayoría de los homínidos previos a nosotros. Y tanto la Sima como el resto de Atapuerca guardan todavía mucho por descubrir.

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13 abril 2016 3 13 /04 /abril /2016 11:20
El Portalón de la Cueva Mayor de Atapuerca
El Portalón de la Cueva Mayor de Atapuerca

La sierra de Atapuerca es uno de los más importantes enclaves arqueológicos del mundo. Sus yacimientos albergan evidencias fósiles, y arqueológicas (industria lítica, huesos de fauna con marcas de carnicería, etc.), de toda la secuencia de homínidos que han habitado el continente europeo, desde hace un millón trescientos mil años hasta el presente.

Los yacimientos más conocidos universalmente son los pleistocénicos, los de Trinchera, y el de la Sima de los Huesos. Sin embargo, el equipo que investiga en la sierra excava desde hace bastantes años, con grandes resultados, otros de época más reciente. Destaca el trabajo arqueológico en el Portalón (el vestíbulo de acceso al recorrido subterráneo principal, excavado en distintos momentos y por diferentes investigadores desde hace un siglo) y en las galerías próximas (sobre todo la Galería del Silex). Aquí nos centraremos en lo que han descubierto sobre el uso de la Cueva Mayor en la Prehistoria Reciente.

Un lugar estratégico

Situada a unos 15 km al este de la ciudad de Burgos, la sierra de Atapuerca, a 1085 m s. n., cuyo relieve se originó en el Neógeno, se eleva unos setenta metros sobre la más alta de los 14 niveles de terrazas sucesivas, excavadas desde inicios del Cuaternario, que empiezan a casi cien metros del actual cauce del río Arlanzón. Las subsiguientes alteraciones de los nivel freáticos en este contexto calizo explicarían el importante complejo kárstico de Atapuerca.

La sierra domina el corredor de la Bureba. La proximidad a este corredor natural, que cuenta con un paisaje enriquecido por la confluencia de ecosistemas resultantes de la transición entre montaña y llanura fluvial, y que conecta las grandes cuencas del Ebro y del Duero, explicaría la larguísima secuencia cronológica atestiguada en las cavidades de Atapuerca.

Hasta la fecha, las investigaciones en cavidades de la sierra se han centrado en varios frentes: los yacimientos localizados en la trinchera del ferrocarril de (Sima del Elefante, Gran Dolina, y Galería – Covacha de los Zarpazos); las cavidades abiertas en la sierra (Cueva Mayor, Cueva del Silo, Cueva del Mirador y Cueva Ciega; y varios yacimientos al aire libre (Hotel California, Hundidero, y Valle de las Orquídeas).

Más de un siglo de investigaciones en Cueva Mayor

Cueva Mayor es conocida desde antiguo. Entre la gran cantidad de inscripciones localizadas, algunas pueden ser del s. XIII. Parece atestiguada en documentación del s. XV. Hay una inscripción de 1645. En 1863, Felipe Ariño solicita la concesión de la cueva para evitar su deterioro. En 1868 ya hay un guía oficial. Ese año, los ingenieros de minas P. Sampayo y y M. Zuaznávar publican “Descripción con Planos de la cueva llamada de Atapuerca”. L. March, en 1906, menciona la presencia de pinturas. En 1910 Jesús Carballo descubre el yacimiento de la Edad del Bronce, y pinturas, en el acceso de la cueva. Investiga allí entre 1911 y 1912. En esa época lo visitan y estudian el abate Breuil y Hugo Obermaier, interesados especialmente por las pinturas rupestres, sobre todo por la pintura de una cabeza de caballo, localizada en dicha entrada por Carballo. En 1925-30, J. Martínez-Santaolalla estudia figuras y cerámicas de la cavidad, e incluye el Portalón en su estudio sobre el Neolítico de Burgos. En los años cincuenta, el grupo espeleológico Edelweis cartografía la cavidad. En 1964 y 1966 excava en ella Francisco Jordá. En 1972, G.A. Clark, realizó una serie de sondeos en la sierra, constatando que la potencia estratigráfica de El Portalón superaba los de 2 m de profundidad, e incluía al menos desde el Eneolítico hasta la Romanización. La interesante secuencia obtenida, junto con los hallazgos parietales en la Galería del Sílex (sella desde antiguo, Edelweis descubre el acceso a ella en 1972), llevaron a J. Mª Apellániz, a desarrollar en El Portalón campañas sistemáticas de excavación entre 1973 y 1983. Desde el año 2000 se suceden las campañas de la nueva fase de excavaciones, bajo la dirección colegiada de J. Arsuaga, E. Carbonell y J.M. Bermúdez de Castro.

Cueva Mayor y el karst de Atapuerca

Cueva Mayor, integrada en el complejo kárstico multinivel de la Sierra de Atapuerca, corresponde a un karst senil, al menos desde finales del Pleistoceno Medio. Enlaza, a través de un recorrido complejo, con la Cueva del Silo (muy alterada por los destrozos de los visitantes, con acceso en sima, se ha recuperado algo de material y localizado arte parietal similar al de la Galería del Sílex, que indican su uso durante la Prehistoria Reciente) y a través de ésta con Cueva Peluda a la que los estudios espeleológicos relacionan con el conducto principal en la cueva del Silo. Además de los dos abiertos en la actualidad, los espeleólogos hablan de otros siete accesos exteriores colmatados desde el Pleistoceno. Portalón, la Galería del Sílex, el Salón del coro y la Galería de las estatuas pertenecen al nivel superior del complejo kárstico.

Una cueva utilizada durante medio millón de años

En la fase más antigua de uso de la cueva, hasta ahora, en El Portalón y en el recorrido subterráneo subsiguiente está atestiguada la presencia de comunidades del Pleistoceno. El más conocido, de hace medio millón de años, en la Sima de los Huesos, aunque probablemente ligada a una entrada cercana, hoy cegada. También lejos de la entrada, en el tercio final de la Galería de las Estatuas, donde la galería se ciega, se han realizado sondeos desde 2008 en los que, con una antigüedad en torno a 50.000 años, se ha encontrado industria lítica musteriense en sílex y cuarcita, junto a restos de fauna (caballos, ciervos y bóvidos, algunos restos de carnívoros como zorros). En El Portalón, lo más antiguo excavado contiene con algunos restos líticos de grupos humanos del Pleistoceno Superior). Siguió siendo usada en las fases iniciales del Holoceno (nivel del Mesolítico en el Portalón). Los grupos de cazadores recolectores conocieron un Portalón con una morfología muy diferente, enlazaba desde la entrada en una prolongada rampa hasta el Salón del Coro.

Aunque, como se ha constatado en galerías como la Galería de las Estatuas, hay evidencias de actividad humana de carácter puntual en el Neolítico, la fase de uso más intensivo y continuado parece corresponder a la Prehistoria Reciente, durante el Calcolítico y la Edad del Bronce. Para entonces, la progresiva colmatación natural del sector N del vestíbulo y la tendencia del sedimento a la horizontalidad habían individualizado el Portalón, y facilitaron su uso como asentamiento. Las excavaciones de El Portalón indican que fue lugar de enterramiento en el Calcolítico. En la vecina Galería del Sílex, y en menor medida en el resto del recorrido subterráneo (en especial en otras tres grandes galerías de la cueva, Estatuas, Baja y Silo), parece acreditarse su función como “Santuario”, con rituales funerarios, arte rupestre, y gran cantidad de elementos asociables a celebraciones simbólicas. En la Edad del Bronce, El Portalón sirvió de asentamiento más o menos permanente, centrado sobre todo en la actividad ganadera.

Además de los visitantes ocasionales que dejaron su firma desde la Edad Media en las paredes de las galerías, los niveles superiores de El Portalón muestran estancias ocasionales o de corta duración (posiblemente ligadas al pastoreo, caza, explotación de la madera, etc.) en la Protohistoria (Edad del Hierro, con fechas del 790-420 BC) y en época romana (por las inmediaciones de la cueva discurre una vía secundaria, un ramal de la vía romana Asturica Burdigalam, lo encontrado se situaría a caballo entre el s. I a. C y el s. I BC). La dinámica de uso temporal u ocasional del vestíbulo como refugio de pastores o aprovechamiento de los recursos del bosque pervive en la Edad Media (s. X a XII), y será ya mucho más escasa en épocas posteriores.

El yacimiento de El Portalón durante el Calcolítico – Edad del Bronce

El Portalón es una entrada de Cueva Mayor, la cavidad principal de la cara Sur de la sierra de Atapuerca. Es el acceso principal conocido en época histórica. Ubicado en el fondo de una dolina, no llegó a colmatarse por aportes externos. En esta sala de entrada, que supera los doscientos metros cuadrados de superficie, las excavaciones han identificado una amplia secuencia estratigráfica de cerca de 10 metros, que se extiende desde el Pleistoceno Superior hasta la Edad Media. En el periodo que aquí nos interesa, los datos indican su uso como “santuario” o “lugar de enterramiento” durante el Calcolítico. Y el asentamiento de comunidades, a lo largo de la Edad del Bronce, que lo usan como hábitat permanente.

Durante el Calcolítico (III milenio a. C.), este gran vestíbulo de la cavidad fue utilizado como lugar de enterramiento. Aprovechando la abundancia de grandes piedras dentro de la cueva, las reorganizaron formando una estructura tumular en la que depositaban los cadáveres de sus muertos junto a objetos rituales. Muchos de estos enterramientos fueron alterados por las gentes del Bronce que vinieron después. Pero, en 2012 se excavó un cadáver intacto de un niño de 6 años. Fue enterrado en una fosa preparada con piedras, rodeado por un ajuar de objetos de cerámica alrededor de la cabeza, el pecho, las rodillas y los pies. A sus pies se localizó el cadáver casi completo de un cervatillo.

El análisis de los enterramientos aporta información importante sobre la los inicios de la agricultura y la ganadería. El ADN recuperado en algunos de los fósiles humanos descubiertos en El Portalón, datados entre hace 3.500 y 5.500 años, identifica la migración como principal agente de la expansión del Neolítico por Europa. En el caso de la península ibérica, estuvo protagonizada por grupos preindoeuropeos que se mezclaron con las poblaciones locales de cazadores-recolectores.

En los niveles de la Edad del Bronce (II milenio a. C.), en El Portalón se localiza de asentamiento más o menos permanente. Por los datos publicados en 2015, las excavaciones arqueológicas demuestran la intensidad actividad en su interior, que incluye su uso para estabular fauna doméstica, o complejas estructuras creadas rellenando espacios con aporte de tierra desde el exterior, para hacer la cavidad más habitable. A lo que se sumarían las estructuras localizadas en superficie en las galerías interiores (silos, etc.). En el recorrido subterráneo también se aprecian evidencias de su aprovechamiento funcional, dada la localización de abundantes silos de almacenamiento, y depósitos de agua (aunque con reservas en cuanto a su cronología).

Hay muchas evidencias de la vida cotidiana de estas gentes. Se ha recuperado una gran cantidad de objetos: cerámicos (platos, cuencos, ollas, grandes vasijas, queseras y jarras), algunas de ellos grabados y decorados con gran calidad, singulares, probablemente de prestigio o rituales; objetos de hueso, asta o marfil, para uso cotidiano (espátulas, cucharas, agujas, punzones, puntas de flecha, etc.); objetos de piedra, ya sea de finalidad agrícola (dientes de hoz, molinos, láminas, cuchillos, hachas pulimentadas, percutores de talla), o textil (pesas de telar); metálicos (escasos, algunos punzones de sección cuadrada, un hacha plana). También aparecen objetos de adorno personal o ritual (botones, cuentas de collar, adornos hechos de concha). La abundancia de restos de fauna refuerza la tesis de una comunidad centrada en la actividad agroganadera, complementada con la caza.

El "Santuario" de la Galería del Silex

A la derecha de la zona del Portalón se accede hacia la Galería del Silex. Ésta tuvo un acceso exterior en una dolina cercana al Portalón. Un derrumbamiento en las postrimerías de la Edad del Bronce (2.800-2.700 B.P.) la selló. Y la suma de derrumbes y rellenos cerraron también el acceso desde El Portalón, hasta que en 1972 el G.E. Edelweiss desobstruyó parcialmente el acceso.

Los trabajos, realizados entre los años 70 y 80, documentaron evidencias líticas (percutores, nódulos de sílex, puntas foliáceas, un elemento de hoz, etc.), en parte talldas con material proveniente de la explotación de una cantera de sílex situada al final de la Galería), de hueso trabajado (principalmente elementos apuntados), de restos de huesos de fauna doméstica y salvaje. Y la presencia de restos humanos de al menos 25 individuos, unos 9 círculos de piedras, 3 silos, 1 gran estructura construida con arcilla y espeleotemas rotos para el almacenamiento de agua (asociada a una zona de filtración y goteo). Así como y un amplio repertorio de fragmentos cerámicos cuyo estudio evidencia el uso de la Galería desde el Neolítico (6.500-6.300 B.P.) hasta el Bronce Final (2.800-2.700 B.P.).

En las paredes de la Galería del Sílex se documentó un amplio corpus iconográfico de arte esquemático (casi 400 motivos), compuesto por pinturas negras y rojas, y grabados distribuidos en 53 paneles. La temática se compone de formas lineales y geométricas (retículas simples y con apéndices laterales, parrillas, trazos simples, puntos formando hileras, arboriformes, soliformes, pectiniformes, tectiformes, zigzags, ondulados, etc.), de formas antropomorfas, y en menor número, de representaciones humanas y animales. Los momentos de ejecución de las representaciones artísticas de la Sierra de Atapuerca, establecidos por las relaciones estilísticas existentes entre motivos decorativos de las cerámicas y grafías rupestres, por la datación radiométrica de figuras pintadas con carbón, y por la tipología de los motivos, representan un espectro temporal amplio, relacionado con las ocupaciones de la Galería del Sílex, abarcando quizás desde momentos neolíticos hasta el Bronce Final.

La asociación y la distribución espacial de las evidencias líticas, óseas, paleontológicas, cerámicas, antropológicas y artísticas de la Galería del Sílex ponen de manifiesto un registro arqueológico desvinculado de actividades de carácter económico. Este reducido conjunto no muestra un patrón asimilable a yacimientos con registros de habitación. El estudio de las cerámicas indica una dispersión espacial (fragmentos cerámicos de un mismo recipiente se encontraban en diferentes puntos de la cavidad) que evidencia la intervención antrópica en la fracturación de las vasijas en el interior de la Galería y su posterior deposición. La distribución de los restos humanos en pequeños grupos muestra la existencia de una deposición secundaria de los cuerpos, la existencia de grupos formados por esqueletos incompletos de varios individuos y, en uno de los cráneos, la existencia de raspados antrópicos que evidenciarían un tratamiento previo de los cuerpos antes de su deposición última en el interior de la Galería. Todos estos elementos apuntan a la realización de actividades relacionadas con el mundo funerario y donde el carácter colectivo de los enterramientos y el ritual (cerámicas y arte principalmente) hubieron de jugar un papel importante, aceptándose de este modo el término de Santuario para la Galería del Sílex.

Evidencias arqueológicas de la Prehistoria Reciente en el resto de galerías

Hay evidencias arqueológicas del uso y tránsito en la Prehistoria del largo recorrido de grandes salas y galerías al que se accede desde la izquierda de El Portalón, tanto en la gran sala del Salón del Coro, como en las tres grandes galerías que parten de ella: Galería de las Estatuas, Galería Baja (totalmente colmatada en su tramo final, en el que enlazaría con el yacimiento pleistocénico de Trinchera – Sima del elefante), y Galería del Silo (que nos lleva por un complicado camino hasta la Sima de los Huesos).

En la Galería de las Estatuas, estudios y sondeos realizados desde 2008 muestran, (además de la presencia de loa neandertales mucho antes) estancias ocasiones en el Neolítico. En esta galería, en la Galería Baja y en la del Silo, así como en el Salón del Coro (aunque en es este las evidencias son más escasas), hay varias zonas con arte parietal postpaleolítico, así como huellas de un uso tal vez asociable a la comunidad de la Edad del Bronce que vivía en el Portalón: numerosos pozos o silos excavados en la arcilla, y unas pequeñas presas apara acumular agua subterránea.

Un futuro prometedor

Con la esperanza de los investigadores de que en el futuro, las excavaciones en Cueva Mayor arrojen más datos sobre la presencia de neandertales y cromañones en el periodo entre los 127.000 y los 11.000 años BP, los niveles excavados de la Prehistoria reciente en la cueva arrojan una importante luz sobre las primeras comunidades de agricultores – ganaderos en esta región. Permiten aclarar un poco el proceso de conformación europea y peninsular de este nuevo mundo, formado por gentes y culturas que llegan para asentarse, y se fusionarán con los grupos de cazadores-recolectores que dominaron el continente durante milenios. Como en Trinchera, aquí también Atapuerca nos promete para el futuro hallazgos importantes.

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4 abril 2016 1 04 /04 /abril /2016 11:34
Trinchera del ferrocarril y Sima del elefante
Trinchera del ferrocarril y Sima del elefante

La sierra de Atapuerca es uno de los más importantes enclaves arqueológicos/ paleoantropológicos del mundo. Sus yacimientos albergan evidencias fósiles, y arqueológicas (industria lítica, huesos de fauna con marcas de carnicería, etc.), de toda la secuencia de homínidos que ha habitado el continente europeo, desde hace un millón trescientos mil años, hasta el presente. Fósiles humanos con una calidad excepcional, y en un volumen sin igual (de algunos de los homínidos europeos, Atapuerca alberga más del 80% de los restos recuperados en el continente). Es uno de los escasos sitios en los que se han recuperado restos humanos de más de un millón de años. Cuenta con el excepcional enclave de la Sima de los Huesos, hasta la fecha probablemente la evidencia más antigua de prácticas de enterramiento, de hace cerca de medio millón de años. Y sólo se ha excavado hasta la fecha una pequeña parte de cada yacimiento.

Aquí nos vamos a centrar en los tres que son visitables, los localizados en la antigua trinchera del ferrocarril una visita que desde luego se puede considerar como imprescindible para un historiador, ineludible para un prehistoriador, y maravillosa para cualquiera con afición por la Historia con mayúsculas.

Una sierra que domina un corredor natural

Situada a unos 15 km al este de la ciudad de Burgos, la sierra de Atapuerca, a 1085 m s. n. m. y elevada poco más de setenta metros de su entorno más cercano, domina el corredor de la Bureba, Un corredor natural que conecta las grandes cuencas del Ebro y del Duero, y que está flanqueado, a un lado por las masa montañosas que se continúan hacia la cordillera Cantábrica y el Pirineo; y al otro lado por la propia sierra de Atapuerca y la sierra de la Demanda, que es el remate septentrional de la larga alineación montañosa de la Cordillera Ibérica.

El paisaje de la sierra ha evolucionado al ritmo de los ciclos de erosión-sedimentación y ascenso durante el Neógeno, y de la excavación de los actuales valles fluviales durante el Cuaternario. De ahí los 14 niveles de terrazas que se suceden desde casi cien metros por encima del cauce actual del río Arlanzón. Y ahí está también el origen del importante complejo kárstico excavado en la sierra de Atapuerca.

El complejo kárstico de Atapuerca

El complejo kárstico de Atapuerca abarca una secuencia subhorizontal de tres niveles de conductos, colgados a 90, 70 y 60 m sobre el actual cauce fluvial. En este karst, de casi cinco km de conductos explorados, sobresale el Sistema de Cueva Mayor-Cueva del Silo, Cueva Peluda y Cueva del Compresor, y las cavidades de Trinchera: Sima del Elefante, Gran Dolina y Complejo Galería.

La confluencia de la abundancia de cavernas en la sierra, amplias y bien orientadas, que dominan este corredor natural, en un paisaje variado enriquecido por los ecosistemas derivados de la transición entre los dominios de montaña y llanura fluvial, y la conexión entre cuencas fluviales, explica la presencia humana ininterrumpida en este entorno desde hace más de un millón de años, y la larguísima secuencia de ocupaciones en las cavidades estudiadas hasta la fecha.

Una investigación en varios frentes

Aunque varias cavidades de la sierra son conocidas desde antiguo, la excavación a finales del siglo XIX de una trinchera que atravesaba la sierra, para permitir el paso de un ferrocarril minero, puso a la luz el sedimento de cavidades colmatadas desde hace miles de años. Tras décadas de abandono tras finalizar la actividad del ferrocarril, y de actividad de espeleólogos aficionados que alteraron parte de la Sima de los Huesos, las investigaciones paleontológicas de T. Torres en la década de los setenta sacaron a la luz también un mandíbula humana, que animó al catedrático Emiliano Aguirre a comenzar una investigación de los yacimientos de la sierra que ha continuado hasta hoy, bajo la dirección de J. Arsuaga, E. Carbonell y J.M. Bermúdez de Castro.

Hasta la fecha, las investigaciones en la Sierra de Atapuerca se han centrado en varios frentes: los yacimientos localizados en la trinchera del ferrocarril de (Sima del Elefante, Gran Dolina, y Galería – Covacha de los Zarpazos); las cavidades abiertas en la sierra (Cueva Mayor, Cueva del Mirador y Cueva Ciega; y varios yacimientos al aire libre (Hotel California, Hundidero, y Valle de las Orquídeas).

Los yacimientos de la Trinchera de Atapuerca

1. TRINCHERA - SIMA DEL ELEFANTE (TE)

Localizada a ambos lados del corte de la Trinchera del ferrocarril. Se trabaja en uno de los lados desde años 80, con excavaciones sistemáticas desde 1996. A la luz de lo que se conoce, el espacio que se excava corresponde a la sección transversal de una antigua galería kárstica de más de 15 metros de altura y 18 metros de anchura máxima, totalmente colmatada de sedimentos pleistocenos. Incluida en el complejo kárstico de Cueva Mayor/Cueva del Silo, se localiza al final de la Galería Baja de Cueva Mayor, desconociéndose aún la relación sedimentológica entre ambos sitios. La estratigrafía muestra una sucesión de fracturas y hundimientos de las galerías adyacentes, y una compleja historia en la que poco a poco se añaden sobre los accesos del sedimento y su evolución, con niveles de tipo erosivo, flujos detríticos, sedimentación de flujo por gravedad, depósito de corrientes hídricas relativamente organizadas, etc.

La secuencia estratigráfica completa alcanza los 25 m de potencia. Alberga abundantes evidencias del Pleistoceno Inferior y Medio. En los niveles superiores se recuperó industria lítica de Modo 3 (Musteriense). Más antiguos, encontramos niveles del Pleistoceno Medio-Final de entre doscientos y trescientos cincuenta mil años de antigüedad con abundantes restos paleontológicos e industria lítica del Modo 2 (Achelense).

Los niveles inferiores presentan una inversión paleomagnética (chron Matuyama), que los situaría antes de los 780. 000 años BP de dicha reversión magnética. Entre ellos destaca el nivel TE9c, con una datación absoluta por encima del millón doscientos mil años, en el que junto a industria lítica del Modo 1 u Olduvayense, y restos de fauna con marcas de carnicería (marcas de corte y fracturas), localizaron una mandíbula y una falange de Homo, que los sitúa en el reducidísimo grupo de restos humanos europeos con esa antigüedad.

2. TRINCHERA GALERÍA (TG) y COVACHA DE LOS ZARPAZOS

Fue el primer yacimiento excavado de forma sistemática. En 1978 se trabajó en los derrubios del frente de cantil de las paredes de la trinchera del ferrocarril. Hacia 1980-1981 se empieza la excavación sistemática.

En conjunto se trata de una galería subterránea totalmente colmatada, de 16 metros de potencia, El hundimiento del techo de la galería formó la chimenea en forma de sima. Una trampa natural donde caían (o eran empujados por los cazadores) numerosos animales, luego aprovechados por los humanos y otros carnívoros, que entraban por una pequeña embocadura, identificable con la zona izquierda del yacimiento, una oquedad conocida como Covacha de los Zarpazos.

Los depósitos de Galería, ricos en fauna y evidencias antrópicas, son anteriores a los 200.000 años. Se dató entre 180.000 y 200.000 años BP un espeleotema del techo de la cavidad, del último momento de sellado por colmatación de la cavidad. El inicio de la secuencia estratigráfica, a la luz de la fauna, ronda los 400.000 años BP.

La excavación de los sucesivos paleosuelos de ocupación humana diferenció 6 niveles con abundante industria lítica del Modo 2 (Achelense). La industria (en silex y cuarcita), y las características de los restos de fauna con marcas de descarnación, indican presencias esporádicas de aprovisionamiento. El lugar de habitación se ubicaría en la cercana cavidad de Gran Dolina. También se ha encontrado un fragmento de cráneo perteneciente a Homo heidelbergensis.

3. TRINCHERA – GRAN DOLINA (TD)

Situada a sólo cincuenta metros de Trinchera - Galería. En el año 1978 empiezan los primeros trabajos en el yacimiento, y en 1981 comienza la excavación. Mientras la excavación en área sigue avanzando lentamente (ante la densidad de evidencias) en los niveles superiores, un sondeo lateral iniciado en 1993 permitió alcanzar los niveles más antiguos.

Según los datos actuales, Gran Dolina se abre por primera vez al exterior hace aprox. un millón de años. El derrumbe del techo de la cavidad propició que empezara a rellenarse con sedimentos exteriores. Durante miles de años, este proceso de sedimentación convivió con el uso de la cavidad como lugar de hibernación de osos de la especie Ursus dolinensis, y como lugar de carroñeo de ungulados que caían en esta trampa natural. Carroñeo en el que también participaron los homínidos, como se constata en el nivel TD4.

Poco a poco la trampa fue perdiendo eficacia pero, a cambio, fue ganando interés como refugio para las hienas (niveles TD5 y TD6). Y para esporádicas visitas, y tal vez lugar temporal de refugio, de grupos humanos. En los inicios del TD-6, las ocupaciones humanas fueron ganando en intensidad, en una fase de clima más cálido que el actual.

En dicho nivel (o Estrato Aurora), la presencia de fósiles de rata de agua 'Mimomys savini' le aseguraban al menos 600.000 años, y la constatación por datación paleomagnética que se había depositado antes de la fase de polaridad inversa de la reversión Brunhes-Matuyama le garantizaban una fecha anterior a los 780.000 años. Los investigadores calculan ahora una antigüedad de 850.000 años para este estrato TD6, repleto de fauna, con más de 200 útiles de ind. Lítica. Pero lo más destacado es la recuperación de restos humanos de al menos seis individuos: dos niños, de entre 3 y 4 años, un preadolescente de 10-12 años, un adolescente de unos 14 años, y dos adultos jóvenes de unos 20 años. Los restos humanos aparecieron revueltos y literalmente cubiertos por restos de fauna y de la talla de útiles. Y en varios casos presentan marcas hechas con sílex que indican el destazado, es decir, el desmembrado y descarnado de los restos. Todo ello en consonancia con posible canibalismo.

Las peculiaridades de los homínidos localizados permitieron a los investigadores definir una nueva especie, el Homo Antecessor, con unos patrones de crecimiento y maduración, tamaño corporal y proporciones, similares a las actuales.

Con el fin del Pleistoceno inferior, hace 780.0000 años, se documenta un abandono total (por causas hasta hoy desconocidas) de la cavidad por parte de los grupos humanos (niveles TD7 y TD8), mientras que las hienas siguen usándola (sobre todo en el nivel TD8).

Hace medio millón de años, vuelve a ser usada la entrada de la cueva de Gran Dolina, como hábitat y enclave referencial dentro del entorno de la sierra. La enorme cantidad de fauna y útiles encontrados (nivel TD10) constatan su habitación en el tramo central del Pleistoceno medio, desde hace unos 500.000 hasta hace unos 300.000 años.

En cuanto a la industria lítica, con una cada vez más cuidada selección de la materia prima a su alcance, la talla estandarizada de lascas les proporcionó una amplia variedad de útiles (puntas, raederas, denticulados). La principal actividad constatada en el estudio microscópico de huellas de uso es la de carnicería, aunque también se ha podido identificar el trabajo de piel y de la madera.

De las dos unidades superiores de las cuatro identificadas en TD10, la más moderna (TD10.1) muestra, como en otros conjuntos de Atapuerca, el consumo preferente de ciervos y caballos, y variedad de materia prima en la factura de útiles. La unidad TD10.2, sin embargo, muestra la ocupación de la cueva por grupos extremadamente especializados en la caza y procesado de bisontes, y el uso casi exclusivo del sílex.

Por debajo de esta unidad, y con una cronología de más de 400.000 años, en TD10.3 y TD10.4, coetáneos a Galería y Sima de los Huesos, vuelven a aparecer las estrategias diversificadas (en cuanto a fauna consumida, y materia prima) características de Atapuerca. La excavación del TD10 irá aportando información sobre el mundo del Homo heidelbergensis.

Y la información que aporte el gran trabajo investigador que se está realizando en el conjunto de yacimientos de esta joya paleoantropológica que es Atapuerca, sin duda aportará novedades importantes al estudio de la historia de los homínidos en el continente europeo en el último millón de años.

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7 noviembre 2014 5 07 /11 /noviembre /2014 11:29

El parque de la Taconera es el más antiguo y emblemático de la ciudad. Situado en pleno corazón de la ciudad, su belleza y ubicación explican la gran afluencia de pamploneses, y que sea un punto casi ineludible para los turistas.Pero es algo más que 90.000 metros cuadrados de jardines y arbolado, y que su pequeño zoológico en los fosos que alberga. Está cargado de historia y arte, que conviene conocer para disfrutarlo.

El término Taconera es muy antiguo, se remonta al menos al s. XIII. Hace referencia a una zona de la ciudad "fuera de las murallas". Hasta el sigo XIX, con ese término se definía una amplia zona, que incluía también ele espacio de la actual avenida de Navas de Tolosa y se prolongaba hasta el Paseo de Sarasate.En 1719 ya aparece como espacio arbolado, y es ya definido como parque desde 1830.

Una ubicación privilegiada en el corazón de Pamplona

Es un parque romántico de estilo francés, situado en el contexto de las murallas de la ciudad, junto al casco antiguo. Lo bordea el eje del Camino de Santiag. Junto al cercano parque de la Ciudadela,y las aledañas zonas verdes del Bosquecillo y Antoniutti, conforman un gran pulmón verde que sirve de enlace y punto de encuentro a los barrios de una parte importante de la ciudad. Une el centro histórico (casco histórico, y primer ensanche del s. XIX), con la gran zona de crecimiento urbano pamplonés que se gestó en los años sesenta-setenta del s. XX. Su ubicación explica la gran afluencia de pamploneses, y que sea un punto casi ineludible para los turistas.

Posee una vegetación muy variada, con árboles de gran porte y cuidada jardinería. Está rodeado por parte de las murallas de la ciudad y en sus fosos alberga un minizoo, con dos pequeños lagos.

Un parque lleno de arte

Posee varios elementos escultóricos y arquitectónicos de interés, como el monumento a Julián Gayarre, la estatua de la Mari Blanca, una arquería  de inspiración gótica, un crucero gótico del s. XVI, el portal de San Nicolás, etc. Hasta la fecha, contaba con un café de estilo vienés, que permite disfrutar de una terraza en un entorno de arbolado y flores.

Entre los atractivos artísticos, hemos de mencionar:

Cruz de la Taconera. En el parque del Bosquecillo, junto al Parque de la Taconera. Es un crucero gótico de 1521, asociado en el pasado a un punto de ejecuciones de reos. Hoy en día discurre junto a él el camino de Santiago. 

Estatua de la Beneficencia o Mari Blanca. En el parque de Taconera, junto al café Vienés, rodeada de flores. Formaba parte de una fuente que Luis Paret construyó para la Plaza del Castillo en 1790. Presidió la plaza y la vida de la ciudad (incluso se celebró en torno a ella la proclamación de la República) y que pervivió hasta el primer tercio del s. XX. Tras la guerra civil, la fuente desaparece y la estatua fue trasladada a su emplazamiento actual.

Monumento a Hilarión Eslava. Uno de los monumentos de carácter musical del parque, detalle que se aprecia incluso en los trabajos de jardinería de su entorno. Erigido en 1964. Su basamento data de 1918. Está dedicado a este gran músico burladés, cuyo Miserere es su obra más significativa.

Monumento a Julián Gayarre. Ejerce de centro neurálgico del parque. Creado en 1950 por la ciudad para honrar al genial tenor roncalés. Es un destacable monumento - fuente, que domina los jardines. Sigue un proyecto del arquitecto Víctor Eusa, y es obra del escultor Fructuoso Orduña.

Mirador de los fososUbicado junto al estanque de Vistabella. Monumento goticista, que imita una arquería gótica, erigido en 1934 con motivo del VII centenario de Teobaldo I, aprovechando los restos de argos góticos de un monasterio que hubo en Marcilla. Cuenta con escudos de los reyes navarros de la casa de Champaña.

Portal de San Nicolás. Ubicado en la calle Bosquecillo, en el límite del parque. Barroco. Erigido en 1666. Permitía superar las murallas de la ciudad en la zona próxima a la iglesia de San Ignacio. En su emplazamiento original duró varios siglos hasta 1915. El derribo de este tramo de la muralla lo condenó a un almacén, del que fue rescatado en 1929 para adornar los jardines. Conserva una fachada barroca de sillares almohadillados a modo de arco de triunfo, con varios escudos rescatados de las partes no conservadas del amurallamiento pamplonés.

Parque de la Taconera 

Rincón del parque, en el que se aprecia la estatua de la "Mariblanca".

Fosos y murallas

El parque de la Taconera se asienta sobre la plataforma del amurallamiento pamplonés. Uno de sus rasgos definitorios es el de los fosos, en los que se ubica un pequeño zoológico (o más bien modesta colección de animales, que comprende dos estanques con anátidas, gallinas, torugas, pavos reales, etc., y un pequeño grupo de ciervos).

La parte de la muralla en la que se localiza (dentro de los fosos) el estanque de Antoniutti es la más alterada, sólo conserva el Portal de la Taconera, derribado en 1915, y restituido hace unos años cerca de su lugar original con lo que se preservó en los almacenes municipales. El puente de acceso a esta puerta se conserva, oculto bajo el suelo, y es "visitable", ya que alberga los baños publicos de Antomiutti. 

Baluarte de Gonzaga. Limita al N el parque. Preservado en parte, alberga una zona arbolada que los pamploneses conocemos como Vistabella. Es un hermoso rincón de árboles altos, con un bonito mirador sobre los barrios bajos junto al río. Alberga una fuente que en su día se situaba en un extremo del Paseo de Sarasate, trasladada aquí cuando se construyó en ese punto el Monumento a los Fueros.

Revellín de San Roque o de Gonzaga. Dentro de los fosos. Construido por H.Torelli y M. Pastor entre 1696 y 1702. Como elementos singulares del revellín, en una de sus caras se aprecia el escudo del virrey Domingo Pignatelli, marqués de San Vicente (tres ánforas) bajo cuyo mandato se realizaron las obras, acabadas en 1702. Además de varios árboles de gran porte, su plataforma superior sirve de "dormitorio" para la pequeña colonia de ciervos del parque.

Portal nuevo. Comunica la Taconera con la Plaza de la O y el resto del Casco Viejo. Primitivamente llamado Portal Nuevo de Santa Engracia. El acceso original a la ciudad por este punto, construido en la segunda mitad del s. XVI, y abierto hacia 1583, fue destruido por bombardeos en el sitio de Pamplona de 1823. Al cierre provisional, con el acceso modificado en 1905-07, le sucedió el actual, en 1950, obra de Victor Eusa.

La Taconera cuenta con muchos atractivos. Es un parque a recorrer, tranquilo, para perderse en él, y una visita obligada para el que venga a la ciudad.

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29 octubre 2014 3 29 /10 /octubre /2014 09:36

Este rincón entrañable y tranquilo, goza de mucha más actividad al cabo de año de lo que parece a primera vista. Lugar de bodas, bailes, de carreras de cabezudos y gigantes. Ubicada junto a la calle mayor, frente al lateral de la iglesia de San Lorenzo, y frente a la Taconera, es un amplio espacio de suelo enlosado, bordeado por grandes árboles, y con una fuente dieciochesca en el centro. Existe como tal desde el s. XVII

En uno de sus lados, cerca de un kiosco de prensa y chucherías (casi el último ya de la ciudad), veremos un gran ejemplar arbóreo, de Sophora o árbol de las Pagodas, traído de China a Pamplona en el s. XVIII.

También es conocida como ”Plaza de los Ajos”, por el mercado de ajos tradicional en Sanfermines, aunque ya sólo queda hoy en día un puesto que mantenga de momento la tradición en esas fechas. Fue lugar también de venta de carbón vegetal, procedente de las carboneras del N de Navarra.

La plaza alberga varias cosas interesantes, que merecen nuestra atención:

Convento de Recoletas

De la orden de las religiosas agustinas.Fue construido a partir de 1624, bajo patronato de Juan de Ciriza, secretario de Felipe II, y de Catalina de Alvarado.

Su arquitectura se debe a madrileño Juan Gómez de Mora, Arquitecto y Trazador de Obras Reales y Maestro Mayor de la Villa de Madrid. Da a la plaza su fachada, de piedra y ladrillo. Es un clásico ejemplo de arquitectura conventual carmelitana en el barroco español.

Destaca el cuerpo central, más alto rematado por frontón triangular. Su nivel inferior, construido en sillar almohadillado, cuenta con una arquería de arcos de medio punto, mayor el central, que da paso al pórtico por el que se accede a la iglesia del templo. Encima veremos una Inmaculada Concepción en una hornacina. De 1630, su autor fue Juan López de Ganuza.

En el piso bajo el frontón se sitúan los escudos nobiliarios de los fundadores del convento.

El interior, preserva perfectamente la arquitectura original y las dependencias conventuales, distribuidas alrededor de un claustro, con un amplio espacio exterior de ajardinado y huerta.

Como en otros muchos conventos, la presencia entre sus religiosas de miembros de familias nobiliarias parece el origen del gran legado artístico (cuadros, tapices, tallas, su belén) que alberga, no accesible al visitante.

Si hay suerte, en hora de oficio religioso o en el caso de una de las habituales bodas, tal vez pueda el turista asomarse al templo, cuyo acceso veremos en la parte derecha de la fachada a la plaza. Alberga buenos retablos churriguerescos, de 1700. Como curiosidad, por su ubicación, fue también en alguna ocasión como prisión femenina.

Fuente de la Plaza de Recoletas

Forma parte del grupo de fuentes pamplonesas diseñadas en 1788 por Luis Paret, pintor de la Corte. Esta fuente, coronada por un pequeño obelisco, preside la plaza.

Plaza-Recoletas.JPG

La plaza de Recoletas, con el convento al fondo y la fuente en primer plano.

Casa de los Capellanes

Ubicada en uno de los lados de la plaza. Fue la vivienda de los capellanes del Convento de Recoletas. Construida, como el propio convento, en el siglo XVII.

Su fachada mantiene la línea de los palacios y casonas barrocas habituales en el alto valle del Ebro: un zócalo de piedras, y juego de piedra y ladrillo en el resto. En el centro, un escudo de armas de la misma familia fundadora del convento. Y la habitual galería de arquillos en el último piso, en esta época.

Iglesia de San Lorenzo y Capilla de San Fermín

Ubicada frente a la plaza, y aunque su aspecto exterior puede no hacerla atractiva a quien busque un templo antiguo, merece la pena su visita, aunque sólo sea para acceder a la Capilla de San Fermín, “sede oficial” del santo universal y uno de los puntos centrales de los sanfermines.

Reconstruido en el s. XIX, poco queda del primitivo templo gótico. El muro lateral adyacente a la plaza de Recoletas es del s. XIX. La fachada, de 1903, fue reformada por Ansoleaga con estilo ecléctico neorománico.

La Capilla de San Fermín, comenzó a construirse en 1696 según planos de S. Raón y el dominico Juan de Alegría. Fe edificada sobre los primitivos claustros y capillas medievales, que fueron demolidos. De mayor tamaño que el resto del templo, era barroca, aunque fue reformada con estética neoclásica entre 1800-1805.

En ella se guarda la talla del santo, del siglo XVI, chapeada en plata y colocada sobre un pedestal labrado en plata. El templete (de 1819, neoclásico de influencia italianizante) que acoge la imagen del Santo fue diseñado por Francisco Sabando, con esculturas y relieves de A. Salanova.

El templo también guarda en una capillita la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, la popular “Dolorosa”, de 1883, una de las tallas principales de la Semana Santa pamplonesa.

Hubo una vez un arco…

En el s. XIX, el inicio de la calle mayor, a la altura de la plaza de Recoletas, era tan distinto y tan llamativo, que no nos resistimos a la idea de dar a conocer el dato al visitante. El primitivo muro lateral de la iglesia de San Lorenzo, gótico, que sobresalía y reducía la perspectiva de la calle Mayor, fue demolido. El nuevo (a partir de un proyecto de J. A. Pagola) se alineó con el resto de la calle. Y con ello desapareció el gran arco que unía la iglesia con la casa parroquial.

Es dificil no pasar junto a esta plaza, pero sin duda se merece un rato de contemplación de todo lo que contiene.

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13 octubre 2014 1 13 /10 /octubre /2014 09:34

La Arqueología ha comprobado recientemente algo poco conocido, el periodo musulmán de Pamplona, en los inicios de la Edad Media. Sigue habiendo un periodo my poco conocido de la historia pamplonesa: el lapso de tiempo entre el imperio romano, y lo inicios del reino cristiano de Pamplona. En ese periodo se suceden en la Península Ibérica el reino visigodo peninsular, y los primeros siglos de dominación musulmana. Hasta época reciente, la gran mayoría de los datos sobre los dos primeros siglos de la llegada del Islam a Navarra y Pamplona procedían de fuentes documentales, fundamentalmente musulmanas.

El inestable s. VIII

El s. VIII se caracteriza por intentos infructuosos del poder musulmán por garantizar el dominio permanente de la ciudad.

Es un rasgo común a todo el siglo, tanto durante la inestable época del waliato (711-756), como en la época de Abd al-Rahman I, y en los primeros tiempos de la creciente influencia de los Banû Qâsi (la poderosa familia que dominará o influirá decisivamente en el alto Valle del Ebro durante todo este periodo)

Hay breves periodos de dominio in situ mediante funcionarios musulmanes y presencia de guarnición y población de origen básicamente bereber. Lo más frecuente es que las élites locales rijan la ciudad. En unas fases se respetan los ahd o pactos con el wali, o con el emir. Es un sometimiento a menudo sólo relativo y a regañadientes. Y en periodos de rebeldía, el territorio es castigado con sucesivas aceifas o razzias del poder musulmán, con nuevos pactos a los que sigue otro periodo poco duradero de aparente tranquilidad.

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Detalle constructivo conservado de la Toledo musulmana

Entre francos y el Islam, el s. IX

En el s. IX, el reino franco intenta un proceso similar al que desarrollo en el otro extremo del Pirineo con la geografía catalana. En el 806, los pamploneses son recibidos “in fidem” en el seno del imperio carolingio.

Uno de los rasgos de los inicios del siglo será el debate entre las élites dominantes entre acercarse al poder carolingio, o renovar el pacto o ahd con Córdoba. Pero en el 816, la derrota de una coalición pamplonesa-carolingia de la batalla del río Arum, y la muerte del comes o conde Velasco, parece representar el fracaso de la opción carolingia.

El resto del siglo refleja la dependencia política respecto a los Banû Casi (parientes de la élite dirigente pamplonesa, los Arista), especialmente en el periodo de la gran figura de Musa ibn Musa. Ligará los destinos de la zona a los vaivenes de la relación entre Banû Casi y Córdoba, oscilando entre rebeliones, y las consiguientes aceifas (que suponen la ruina cíclica de la ciudad y la destrucción de su fortaleza pamplonesa de Sajra Qais), o la colaboración incluso con Córdoba. 

El desgaste de la indefinición de esta política que sufren los Arista permite el ascenso de la familia Jimena. Gracias a la figura de Sancho Garcés, que logra la definición definitiva del reino cristiano de Pamplona en el 905. Y cambió la tendencia, defensiva a ofensiva: el inicio de la reconquista y recuperación del control de territorios, y el alejamiento del dominio directo musulmán de la cuenca de Pamplona.

Las novedades aportadas por la Arqueología

Desde el s. XIX, el único dato aportado por la arqueología se limitaba a varios enterramientos cristianos con anillos que llevaban caracteres cúficos. Se aventuraba una pequeña ciudad cristiana que mantenía los restos de la estructura administrativa de época romana, con obispo, y a lo sumo presencias temporales de una autoridad musulmana y tropas, pero sin constatación material de una fase islámica de la urbe.

Pero las intervenciones arqueológicas en la última década en la ciudad, con motivo de obras públicas municipales, han cambiado el panorama:

a) En el centro histórico, en la plaza del Castillo, se ha localizado una gran maqbara, una necrópolis musulmana de más de ciento noventa enterramientos, en los que se identifican hombres, mujeres y niños, de distintas edades. 

Es posiblemente la mayor del N de la península. Su cronología parece centrarse sobre todo en el s. VIII. Estaba ubicada extramuros, próximo al frente oeste del supuesto amurallamiento de la ciudad. Las alineaciones, la discreta densidad de la necrópolis, apuntan a un periodo de uso no excesivamente largo.

Las tumbas responden al modelo islámico tradicional: fosa simple, enterramiento individual, cadáver depositado en decúbito lateral derecho, orientado NE-SW. Detalles de marcas y modificaciones en los dientes de algunos de los enterramientos los identifican muy probablemente con rasgos propios de poblaciones bereberes.

b) En la rehabilitación del Palacio del Condestable se ha descubierto una necrópolis de época visigoda, con varios enterramientos que incluyen anillos con caracteres cúficos. Estos anillos con textos del Corán en una necrópolis cristiana abundarían quizás en las estrechas relaciones entre élites dirigentes N – S, entre los Arista y los Banu-Qasi? Indicarían el uso como muestra de prestigio o relación con el poder musulmán? Es difícil saberlo.

Lo hallado parece apuntar a un periodo, no demasiado largo, de dominio musulmán de la ciudad, anterior sin duda al año 905, y que duró pocas generaciones. Sin edificios asociables (tal vez reutilizaron edificios previos, pero apenas tenemos  huellas de los de época inmediatamente anterior) y con muy pocos restos de la cultura material, falta mucho para poder tener claro este periodo, pero las novedades arrojan ya una luz sobre esta desconocida fase de la ciudad. Esperemos que futuras intervenciones arqueológicas descubran nuevos datos.

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9 octubre 2014 4 09 /10 /octubre /2014 10:05

Explicamos lo que se sabe de la extraordinaria cueva de Coscobilo, habitada durante casi cien mil años y destruida hace setenta años para hacer una cantera.

Hoy en día, Atapuerca es uno de los paradigmas españoles respecto a la Prehistoria. Un lugar lleno de cavidades habitadas durante casi millones de años, con descubrimientos de repercusión mundial. Coscobilo, a pequeña escala, pudo ser algo parecido para la prehistoria de una tierra rica en patrimonio como Navarra. En un entorno extraordinario, habitada en distintas fases a lo largo de al meno cien mil años.

A pesar de su desgraciada destrucción hace casi setenta años, la información recuperada sigue siendo de gran interés.

El hallazgo de Coscobilo

Destruida en los años cuarenta con motivo de de los desmontes de una cantera de cemento de Olazagutía, su valor como yacimiento fue descubierto por M. Ruiz de Gaona, que recuperó (él, y otros estudiosos como J. M. de Barandiarán) materiales en la gravera resultante de la destrucción.

Un entorno privilegiado

El corredor natural del río Arakil ha sido desde la Prehistoria un punto de paso para fauna, cultura, y seres humanos. Siempre fue una vía de movimientos culturales y de población.

Está flanqueado por las imponentes sierras de Aralar y Urbasa, zonas de actividad pastoril en la prehistoria, actividad asociable a la abundancia de monumentos megalíticos en ellas.

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El valle del Arakil, visto desde el santuario de San Miguel de Aralar

Siguió siendo zona de paso en época romana (mansio de Aracaeli, en Huarte Araquil), probablemente recorrida por una vía romana. En la Edad Media formaba parte del primitivo Camino de Santiago (el Monasterio de Zamarze se superpone a los restos de esa mansio romana que hemos mencionado).

Aprovisionarse en la sierra de Urbasa

La altiplanicie de Urbasa, con una altura media de unos 900 m, es una plataforma plana en la que uno siente en muchos momentos la sensación de retroceder en el tiempo.

Nunca tuvo poblados o villas. Sólo hay cabañas de pastores, ganado suelto, y un solitario palacio, hoy medio en ruinas. Apenas tiene cursos de agua, pero sí hay fuentes.

Y, además de fauna, y cavidades, contaba con un recurso fundamental, a no más de cinco Km de Coscobilo: canteras de sílex. Desde el Paleolítico Inferior, en lugares de Urbasa como Aranzaduia, Bioiza, o Mugarduia, se tallaba el sílex (y se siguió tallando para dientes de hoz, o para piedras de fusil, hasta casi el s. XX).

En el Paleolítico Superior (Magdaleniense), y en el Aziliense, uno de los abrigos de esta sierra, Portugain, fue habitado en periodos cortos.

La cueva de Coscobilo

No hay muchos datos seguros sobre la cavidad. Se sabe que era una cueva orientada hacia el Sur en el valle de la Burunda, cerca del río Arakil, en las laderas de la sierra de Aralar, a unos 540 m.s.n.m. Se integra en un corredor natural rico en cavidades, con abundante agua, y con canteras de sílex cercanas. Controla el valle del curso encajado del Arakil, un punto geoestratégico de paso con una pequeña llanura junto al río que conecta dos grandes espacios abiertos. Por sus condiciones, este corredor sirvió necesariamente de tránsito a manadas de ungulados. Muchas ventajas para una pequeña comunidad prehistórica.

Se habla de una cavidad de grandes dimensiones. Lo que parece claro es que sus condiciones de habitabilidad, y su ubicación fueron lo suficientemente buenas como para que fuera utilizada reiteradas veces a lo largo de miles de años.

Investigadores como I. Barandiarán remarcan la importancia (en el caso del Gravetiense) de Coscobilo como centro de distribución de la producción de útiles líticos en los "talleres" y canteras de sílex de la sierra de Urbasa (Mugarduia N y S, Arandazuia...) y la relacionan con otros asentamientos cercanos al aire libre en el valle del Arakil, como Arya 70 y Pelbarte.

El yacimiento prehistórico y paleontológico de la cueva de Coscobilo

Hay testimonios materiales de que la cueva albergó a temporadas, comunidades humanas del Paleolítico Medio y Superior: Musteriense de tradición acheulense, acaso Chatelperroniense; Gravetiense; Solutrense; y, y tal vez Magdaleniense Superior y Final.

Los restos de la cavidad cuentan también con abundantes evidencias paleontológicas del Pleistoceno. En parte resultantes de la caza y/o consumo de fauna por los habitantes de la cueva que debía en algunos casos vivir en el lugar, permiten identificar ejemplares de jabalí, ciervo, corzo, cabra montés, caballo, oso pardo, lobo, zorro; y de animales inconfundibles del Paleolítico, como: hipopótamo, rinoceronte (Rhinoceros tichorhinus o el D. hemitoechus), leopardo (Felis pardus), bóvidos (Bos curvidens y Bison sp.), hiena, y oso de las cavernas.

Máximo Ruiz de Gaona, descubridor de Coscobilo y destacado paleontólogo

El sacerdote Ruiz de Gaona (1902-1971), investigó cavidades con fauna cuaternaria, para especializarse finalmente en microfauna eocénica. Miembro de la Real Sociedad Española de Historia Natural (1941), fue agregado del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.

Sobre Coscobilo y su zona publicó muchas obras. Podemos citar, entre otras: “Sobre el Eoceno de Urbasa a lo largo de la carretera provincial de Olazagutía a Estella, La fauna principalmente nummulítica de la serie terciaria guipuzcoana, Un yacimiento de mamíferos pleistocénicos en Olazagutía” (1941); “Noticias del hallazgo y destrucción del yacimiento paleolítico superior más importante de Navarra (1952); o “Todavía algo sobre el yacimiento de Coscobilo (Olazagutía)” (1958).

 

Afortunadamente, los tiempos han cambiado. Pero sigue siendo tema de reflexión la facilidad con la que el patrimonio cultural se convierte en un problema cuando se cruza la economía por medio. 

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3 octubre 2014 5 03 /10 /octubre /2014 09:58

Hasta no hace muchos años, Pamplona era una ciudad llena de conventos, algunos antiguos, otros recientes. Muchos han ido desapareciendo. aquí contamos la historia del Convento de la Merced, una joya desaparecida de Pamplona. desamortizado en 1836, y derribado en 1945. Sucedió en el tiempo al medieval convento de Santa Eulalia.

El primitivo convento de los mercedarios en Pamplona

El convento de Santa Eulalia o Santa Olalla de los Mercedarios Calzados fue fundado en 1232 en una casa donada por el rey Sancho VII el Fuerte en el llamado campo del Arenal, hoy Taconera, frente a la iglesia de San Lorenzo, fuera de los muros de la ciudad. Este convento, de estilo gótico, contaba con un magnífico claustro del que se conoce que contaba con una “Danza Macabra”, pintada al aceite en sus muros.

En 1512 se alojó en dicho convento el Duque de Alba.

En 1521 se derribaron los conventos de San Francisco y de la Merced por estar situados cerca de los muros de la ciudad. En el contexto de los últimos intentos de los reyes navarros para recuperar el reino ocupado por Castilla, se seguía así la vieja rutina de todo conflicto bélico: no dejar edificios en pie cerca de las murallas que puedan ser usados por el atacante.

Un fallido intento conventual en la Rochapea

Los mercedarios levantan un nuevo convento en la Rochapea en 1540. Este nuevo convento sufrió dos riadas, por lo que en 1552 empiezan a construir un nuevo convento en la Navarrería.

Convento de la Merced

Tras diversos avatares, los mercedarios adquieren el solar de Casa de Estudios (antigua sinagoga), ubicada en la actual calle de la Merced, en la antigua judería. Hoy en día corresponde al espacio ocupado por el Retiro Sacerdotal del Buen Pastor y la vecina plaza de Santa María la Real.

El edificio construido contaba con una iglesia gótico-renacentista de una nave con capillas laterales y un claustro de dos plantas. Durante siglos fue unos de los centros religiosos de la ciudad.

En 1665, este convento pidió que se guardara fiesta los 29 de enero, en Navarra, alegando que San Pedro Nolasco fundó “…los cuatro conventos antiguos que hay en el Reyno…”. El Consejo Real se lo concedió, pero trasladó la fiesta al 31 de enero, de acuerdo a un breve papal sobre ello.

En 1836, la desamortización suprimió el convento, destinándose el edificio a cuartel de infantería hasta 1903, fecha en la que se hicieron los cuarteles en el Ensanche. Fue centro de retención de detenidos en la guerra civil (1936-39). Y en 1945 fue derribado.

Biblioteca

Conocemos el contenido de su biblioteca del convento, por un inventario de 1821, encargado por el régimen liberal, que había ordenado la supresión de los pamploneses conventos de la Merced, San Agustín y los Trinitarios. A comienzos del s. XIX, esta biblioteca ocupaba una sala con iluminación natural, adornada con pinturas de cardenales y santos de la Orden.

Los libros, colocados en estanterías, seguían la habitual ordenación conventual por materias. Eran varios centenares de libros: 125 obras de los Expositores y Santos Padres; 74 obras de autores moralistas; 22 obras de los filósofos; 59 obras de los teólogos; y un número indeterminado de obras de tema variado.

Y, como desgraciadamente pasó en casi todos estos procesos desamortizadores, el destino final de todo este patrimonio es desconocido, y su beneficio público nulo.

La puerta del Convento de la Merced


El convento fue derribado en 1945. Lo único que se salvó fue su entrada, almacenada en depósitos municipales. Fue reconstruida en 2005 como acceso en la fachada S de la Escuela de Idiomas, en un lado de la plaza de Compañía.

Era una portada típica del siglo XVIII: un gran arco de dovelas cajeadas, elevado entre columnas toscazas, sustentadas por plintos.

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Puerta reconstruida del antiguo Convento de La Merced

De lo que podemos ver en la plaza de Compañía, una parte es original, la conservada en almacenes: el arco, los sillares de arranque del arco, los fustes de las columnas, las dos basas y capiteles, diversas molduras del entablamento, y la concha de la hornacina.

Afortunadamente, es muy difícil que hoy en día se derribe un edificio de esta categoría. O por lo menos esperamos que no ocurra nunca más.

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2 octubre 2014 4 02 /10 /octubre /2014 10:09

Contamos la historia del Convento de Santa Eulalia, desaparecido en 1521, que albergó en su claustro los famosos murales de la “Danza macabra”. Pamplona, como Navarra, conserva un rico patrimonio. Pero también conocemos datos muy interesantes de un Arte ya desaparecido por distintas circunstancias. Un ejemplo es el de las pinturas murales del Convento de Santa Eulalia.


La ciudad, que llegó presumir de tener conventos de casi todas las órdenes que existen, alberga ya sólo un número reducido de comunidades religiosas. Los mercedarios, que convivieron en la ciudad durante siglos desde la Edad Media, perdieron su Convento de la Merced en la Desamortización de 1836. Pero mucho antes de eso tuvieron su primer convento en Pamplona, en la zona que hoy alberga el Parque de la Taconera. Fue destruido en 1521. Y era famoso por las pinturas murales de su claustro. Unas pinturas que merecen ser conocidas, aunque sólo nos queden ya descripciones.

El convento de Santa Eulalia o Santa Olalla

El primer convento de los Mercedarios Calzados en Pamplona fue fundado en 1232 en una casa donada por el rey Sancho VII el Fuerte en el llamado campo del Arenal, hoy Taconera, frente a la iglesia de San Lorenzo y fuera de la muralla.

Este convento de estilo gótico contaba en su claustro con pinturas murales (“al aceite”) de una “Danza Macabra”.

En la conquista castellana del reino de 1512, se alojó en el convento el Duque de Alba. En el contexto bélico de 1521, se derribaron los conventos de San Francisco y de la Merced por estar situados cerca de los muros de la ciudad.

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Posible ubicación del Convento de Santa Eulalia, enn el Parque de la Taconera (Pamplona)

Los mercedarios en Pamplona después de 1521

La comunidad levantó un nuevo convento en la Rochapea en 1540. Sufrió dos riadas, por lo que en 1552 deciden construir otro dentro de la ciudad, el Convento de la Merced, en la antigua Casa de Estudios. Convento que sobrevivirá como tal hasta el s. XIX.

Las Danzas macabras

Lo macabro (entendido como relativo a la muerte) surge como temática e el arte del s. XIII. Se ve reforzado con las crisis de las plagas y pestes del s. XIV, que impulsan su lado visualmente más escabroso.

Las Danzas macabras son uno de las manifestaciones iconográficas de la fuerza de lo macabro, acompañadas por un texto casi tan importante como la imagen. Representan a la Muerte, personificada en el cortejo y danza por esqueletos a la vez terroríficos y grotescos, que invita al baile a todos los estamentos de la sociedad. Estos desfilan mientras los esqueletos se burlan de los que se jactan de su poder y riquezas, y les recuerdan la fragilidad de la vida terrena y la amenaza de una muerte repentina. Se subraya la necesaria búsqueda de una preparación espiritual adecuada que permita rendir cuentas ante el Creador.

Sin duda, la presencia de esta temática en los claustros y salas capitulares está en directa relación con su dedicación funeraria, en espacial de miembros destacados de la comunidad.

Una de las representaciones europeas más destacadas, origen y referente de muchas de las posteriores en otros lugares, es la Danza Macabra del Cementerio de los Santos Inocentes de París, realizada entre 1424 y 1425.

Las Danzas macabras y Animalías del Convento de Santa Eulalia, en Pamplona

Tenemos un descripción de cómo eran en un documento conservado en el Archivo General, titulado “Relación y prueba de lo que valía el Convento de Santa Eulalia de Pamplona, sus retablos, pinturas y demás accesorios al tiempo que se destruyó por mandato del Conde de Miranda, Virrey de Navarra por causa de las guerras con Francia”.

Se sabe por este documento que el Convento de Santa Eulalia de Pamplona contaba con pinturas al aceite en sus muros, que representaban una Danza Macabra, al estilo de las del Cementerio de los Inocentes de París.

En la pared que daba a San Lázaro se representaba una “Danza de animalías”. En ella, distintos animales bailaban al son que abría un grupo de animales músicos.

La Danza Macabra propiamente dicha estaba en el claustro. Seguía el esquema clásico: una sucesión de autoridades de cada estamento, en el orden social imperantes. Los personajes estaban organizados por estamentos, de acuerdo a las normas sociales de la época:

  • Iniciaba esta danza el Papa y las autoridades eclesiásticas.
  • Les siguen reyes y emperadores, seguidos por sus cortejos.
  • A continuación se suceden miembros de distintas profesiones y gremios.
  • Todos los grupos van acompañadas por muertes, esqueletos que se burlan de ellos, y les reprenden y recuerdan su caducidad.
  • Al final del cortejo encontramos el verdadero poder, el divino, representado por la Virgen, San Miguel pesando las almas, y Dios con el mundo en las manos.

 

Este tipo de iconografías es raro en las artes plásticas navarras de la época (no así en obra impresa). Sólo se conoce y conserva otro posible ejemplo en Navarra de danzas macabras o de la Muerte, descubierto en 1970-71. Están ubicadas en la Capilla del Cristo del Castillo de Javier, de finales del s. XV. Estilísticamente se las sitúa en un gótico avanzado, con algún detalle renacentista.

Es una pena que las pinturas desaparecieran, pero al menos tenemos la documentación para ejercitar nuestras imaginación y recrear lo que pudo ser este gran conjunto mural. Esperemos que no haya otros casos en el futuro, para que no se tenga que limitar el conocimiento de un monumento a textos, fotos o dibujos.

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30 septiembre 2014 2 30 /09 /septiembre /2014 06:04

Pamplona cuenta, al igual que ciudades como Barcelona, con un  monumento vertical rematado con una gran estatua, que preside el que fuera durante mucho tiempo paseo principal de la ciudad.

Un monumento no inaugurado después de más de un siglo de su construcción, con muchas circunstancias históricas a su alrededor.

El paseo de Sarasate

Es uno de los centros neurálgicos tradicionales de la ciudad, de paso habitual, al lado de la Plaza del Castillo. Una zona de complicada trayectoria urbanística. En origen zona de fosos, desde el s. XVII, este espacio originalmente extramuros de las murallas contó con numerosos edificios de larga tradición en la ciudad, muchos hoy desaparecidos.

De las construcciones primitivas, con una cierta antigüedad (fines s. XVIII, y s. XIX), quedan las viviendas situadas en la acera de la iglesia de San Nicolás, entre ésta y la Plaza del Castillo, Casa Baleztena, el Palacio de Navarra; y las ligadas al primer ensanche pamplonés, como el actual Palacio del Parlamento de Navarra (en origen Palacio de Justicia).

Desde mediados del s XIX fue un paseo muy querido por la ciudad, siempre arbolado, con fuentes, esculturas, y rematado finalmente con el monumento a los fueros. Popularmente conocido también como Paseo de Valencia, está dedicado al genial violinista pamplonés.

En el otro extremo del paseo, desde 1885 se pueden contemplar, recientemente restauradas, varias esculturas monumentales de reyes, excedentes de las dieciochescas que adornaban el Palacio Real de Madrid

La Gamazada

El origen del monumento está en la fuerte contestación navarra, institucional y popular, frente a un proyecto de presupuestos de Germán Gamazo. En 1893, lo que pretendía el por entonces ministro de hacienda, suponía prácticamente anular particularidades forales navarras.

Las gestiones de las instituciones navarras, y la fuerte presión popular, consiguieron evitar el contrafuero. Y fueron el germen del movimiento popular que culminó con la construcción del monumento.

El monumento

Construido en 1903, mide 23 m de altura. Es de tendencia vertical, diseñado por el arquitecto Manuel Martínez de Ubago.

Se compone de tres cuerpos. En la base, sobre un cuerpo de escalinatas y cadenas que simbolizan el escudo navarro, un cuerpo (de cinco metros de altura) de cinco caras, reforzado con columnas, simboliza las cinco merindades de Navarra. E incluye cinco placas de bronce con distintas inscripciones alusivas a los Fueros.

El cuerpo central cuenta con cinco esculturas, asentadas obre los capiteles de las columnas del primer cuerpo. Simbolizan el trabajo, la paz, la justicia, la autonomía y la historia.

 

El remate superior está formado por una gran columna de mármol rojo con capitel blanco, que sustenta una estatua, una figura femenina coronada de bronce de cinco metros de altura. Sostiene en su mano derecha una cadena rota, y en la izquierda la Ley Foral.

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 El Monumento a los fueros, en el Paseo de Sarasate (Pamplona)

Un monumento difícil de construir y sin inaugurar

Cuenta con cimentaciones de gran volumen y profundidad, fruto de los múltiples avatares y problemas que arrastró su construcción, que multiplicaron los costes, sufragados en principio por suscripción popular. Sin duda, como en otros casos, a nadie se le debió ocurrir consultar a investigadores sobre los problemas que iba a provocar, para semejante monumento, su ubicación en una zona de fosos rellenados y fuertes filtraciones de agua.

Los investigadores, y el testimonio de sus descendientes, coinciden en que la estatua que lo remata reproduce los rasgos de la que fue amante del arquitecto, y madre de tres de sus hijos, para escándalo de la conservadora burguesía de la época.

Sin que haya una razón pública, algunos lo achacan al escámndalo público sobre la modelo de la estatua, y muchos lo relacionan con circunstancias de índole político ligadas a los fueros. En todo caso, más de cien años después sigue sin ser inaugurada.

En cualquier caso, cualquiera que sea la razón, o incluso la modelo, sin ser una obra de arte universal, el monumento constituye un símbolo de la ciudad, de los fueros navarros, y un punto imprescindible a visitar.

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