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7 junio 2018 4 07 /06 /junio /2018 11:57

El seguimiento arqueológica una mina a cielo abierto en SCHÖNINGEN (Baja Sajonia, Alemania), ha permitido descubrir un gran cantidad de yacimientos. Destacan por su importancia una veintena del Paleolítico Inferior, ubicados en lo que hace cientos de miles de años era la franja costera de un gran lago. Se les relaciona con el Homo Heidelbergensis, y han aportado datos importantes para conocer mejor los grupos humanos en esa época, entre los que destacan los del llamado campamento de cazadores de caballo salvajes y sus famosas lanzas arrojadizas de madera, localizado en el yacimiento Schöningen 13II-4.

Una investigación multidisciplinar de largo recorrido

Se puede hablar de dos fases en las excavaciones. En 1983 se iniciaron las excavaciones en Schöningen dirigidas por H. Thieme. A partir de 1992, descubren hallazgos del periodo que nos ocupa. En una segunda fase, desde 2010 se desarrolla un proyecto multidiciplinar. Dirigido por N. Conard y J. Serangeli, y coordinado por la Oficina Estatal de Preservación Histórica de Baja Sajonia y la Universidad de Tübingen, agrupa especialistas en distintos campos de la Rijksuniversiteit Leiden, la Leuphana University Lüneburg, el Senckenberg Research Institute y el Senckenberg Natural History Museum, la Universidad Leibniz, el Laboratorio de Cuaternario Woods Langnau, y el Museo Central Romano-Germánico.

Datación cronológica

La mayoría de los sitios paleolíticos en Schöningen se sitúan estratigráficamente, entre los depósitos de Glaciación de Elster y de la glaciación de Saale.

Dentro de las etapas de isótopos marinos (MIS) del paleoclima de la Tierra, los estudios ubican los principales yacimientos inferopaleolíticos  de Schöningen en el MIS 9, un periodo interglacial cálido que comienza hacia el 337.000 BP.

En cualquier caso, por el momento, la geología local, el análisis de polen y el estudio de los animales indican que la tierra del lago y los restos arqueológicos se sitúan en periodos interglaciares, más cálidos, desarrollados hace más de 300.000 años. El que nos ocupa, Schöningen 13 II, se sitúa en un período cálido, el Interglacial Reinsdorf, una fase climática cálida desarrollada entre el 300.000 y 350.000 BP.

Conservación excepcional del yacimiento

 

El que los yacimientos paleolíticos descubiertos en la mina se hayan preservado en buenas condiciones se debe al rápido cubrimiento y sellado de las capas arqueológicas con lodo del lago adyacente. Hasta que empezó la extracción hace unos 30 años, estos hallazgos estaban debajo de una capa freática natural. A unos diez metros por debajo de la superficie actual, en lo que fue el borde de un antiguo lago, se dan las condiciones ideales de conservación en la turbera Muddeschichten. Está constatada la presencia humana en las cinco secuencias de sedimentación o riberas del lago.

El contexto peculiar de la geología de la zona permitió que los materiales orgánicos no se descompusieran. Hay muchos más datos de los habituales, y mucho mejor conservados, de fauna y vegetación. Ello permitió también conservar en perfectas condiciones útiles que casi nunca se preservan, como los hechos en madera.

El entorno

La excepcional conservación de fauna y vegetación en la turbera nos permite tener una ida del entorno del lago durante el óptimo climático Interglacial de Reinsdorf. Dentro de la complejidad de un entorno cambiante, vemos la evolución del paisaje y del clima. El paisaje parece haber sido relativamente abierto, con algunas partes cubiertas de bosques, más o menos presentes según el momento en el interglacial.

Los datos del polen y la paleontología del yacimiento 13II-4 indican una fase de bosque mixto de roble que se cree representa el óptimo climático, reflejando partes posteriores del interglacial y brindando una imagen contrastante de pastizales abiertos y bosques boreales.

El lago interglacial fue llenado gradualmente por sedimentos mediante pequeños sistemas de delta, dibujados por las fluctuaciones repetidas en el nivel del lago. En el momento en que se ubica el campamento de cazadores de caballos, un clima más templado aumenta la proporción de fauna adaptada a esas condiciones, como el uro (Bos primigenius), el bisonte (Bison sp.), el ciervo rojo (Cervus elaphus) y el caballo (Equus mosbachensis).

El campamento de cazadores de caballos de Schöningen 13II-4

Schöningen 13 II agrupa numerosos sitios arqueológicos, excavados entre 1994 y 2012. En uno de ellos, Schöningen 13 II-4 se descubrió el llamado campamento de caza de caballos salvajes, con rastros de manipulación en los huesos de fauna, asociables, asegún los especialistas, a la extracción de piel, carne y médula. Y con herramientas piedra, hueso y madera, posiblemente también vinculables a la caza y aprovechamiento de lo cazado. Destacan ocho lanzas arrojadizas de madera. Hay indicios de posibles hogares.  Las mediciones U / Th del horizonte de lanza mostraron una edad de aproximadamente 280.000 a 350.000 años. 

Los huesos examinados de fauna de Schöningen 13II-4 presentan pocos fenómenos de meteorización por exposición al aire exterior. La gran mayoría de los restos indican un cubrimiento rápido después de la deposición. Hay restos óseos con indicios claramente reconocibles de la acción de depredadores, aprox. un 13%. Los autores son depredadores de tamaño mediano, probablemente lobos. Su estudio, y el análisis estadístico de la presencia de partes óseas más débiles dentro del yacimiento, indican que los depredadores han tenido un impacto limitado. Incluso, en algunos restos óseos en los que conviven marcas de acción humana y rastros de depredadores, las huellas de éstos últimos son claramente posteriores.

En la composición de especies de mamíferos representadas en Schöningen 13II-4 dominan los restos óseos de caballos (Equus mosbachensis), con casi el 95%. Les siguen los restos de bovino, uro o bisonte, con un 3%; y los ciervos, probablemente el ciervo rojo, con un 2%. Basado en recuentos de elementos esqueléticos determinantes, el número mínimo de individuos representados entre los caballos se establece en 19, incluidos tres potros (que debieron ser cazados en otoño, tras el habitual nacimiento de las nuevas crías a comienzos de la estación cálida).

Está presente el completo espectro de elementos esqueléticos del esqueleto de los caballos. Esto no se aplica para los restos óseos  de bovinos y cérvidos, en los que están representadas especialmente los más fuertes partes más fuertes de hueso más duras. Esto parece indicar que el momento de deposición los restos de caballos, y los restos de bovinos y ciervos, están separados en el tiempo y siguen un historia postdeposicional distinta.

Las huellas causadas por actividades humanas son frecuentes. Un 18% de los restos óseos estudiados contienen huellas de útiles líticos, como marcas de corte, o huellas de fractura de huesos largos para poder consumir la médula ósea. En relación a las especies de mamíferos, los porcentajes están por encima de la 22% para el caballo, y de más del 30% para los bovinos.

Los indicios de huellas indican diferentes tipos de actividades: Racimos de cortas marcas de corte agudas indican la desarticulación de las articulaciones. Largas marcas de corte en los ejes de largo huesos y huesos planos indican extracción de carne. También hay grupos de marcas de raspado. Estas huellas se encuentran exclusivamente en huesos que contienen médula ósea.

La cantidad de huesos representados de los caballos es lo suficientemente grande como para estudiar la representación de partes del cuerpo. Hay dos partes del cuerpo claramente subrepresentadas, la cola y las partes inferiores de las piernas, los cascos con las falanges. Lo más probable explicación estriba en el desollado de la piel, que se abstrae de la zona de matanza junto a las partes inferiores de las piernas y la cola.

El espectro de pistas de sacrificio indica el sistemático aprovechamiento del caballo para obtener una multitud de productos de origen animal: pieles, carne, posibles tendones; médula ósea grasa y nutritiva. Patrones de aprovechamiento y tipos  de restos que coinciden con los de lugares arqueológicos más recientes que muestren matanza de caballos.

Hay documentado el rastro de restos óseos que pueden estar relacionados con el uso de huesos como herramienta, en varios casos relacionable con el golpeo repetido de materia dura, como la piedra. Probablemente estos huesos fueron utilizados para mantenimiento y retoque de herramientas de piedra durante la matanza. En la industria lítica presente domina el grupo de los raspadores. Son útiles ya terminados, parcialmente revisados ​​y post-retocados (el desecho de retoque está presente), usados para el procesamiento y la manipulación de lo cazado.

Parece que en el aprovechamiento del animal, hubo preferencia por las piernas de los caballos, probablemente por la presencia de carne, tendones y médula ósea. Un método de sacrificio dirigido a la extracción de la piel, y la masa de carne de la cadera y la parte superior de las piernas, eliminando peso al extraer los huesos, que permitían al mismo tiempo acceso a su médula ósea. .

Parece reflejar la caza sistemática y organizada de manadas de caballos, y la explotación organizada de su carne, en el entorno escénico de la orilla pantanosa de un lago al que grupos de animales vendrían regularmente a beber y vadear.

Útiles en hueso y sílex

La industria lítica presente cuenta unas 1500 evidencias. Destaca el grupo de los raspadores, la falta de útiles bifaciales y la ausencia de la técnica Levallois.

Son útiles ya terminados, parcialmente revisados ​​y post-retocados (el desecho de retoque está presente), usados para el procesamiento y la manipulación de lo cazado.

Dentro de los huesos con evidencias de manipulación, un grupo muestra indicios de su posible uso como percutor, del golpeo repetido de materia dura, como la piedra. Probablemente fueron utilizados para mantenimiento y retoque de herramientas de piedra durante la matanza.

Las lanzas

Se recuperaron ocho lanzas. ocho lanzas. La mayoría están hechas con madera de abeto (hay una hecha de pino). Las lanzas aparecieron deformadas por el peso de los sedimentos, pero su estudio muestra que usaron troncos delgados y rectos cuidadosamente descortezados y enderezados. Su longitud varía entre los 1,82 y 2,25 metros, y su diámetro entre 29 y 47 milímetros. 

Parece tratarse de armas pensadas para lanzarlas. El mayor diámetro corresponde al tercio delantero del arma, donde está su centro de gravedad, con un ahusamiento en la parte posterior. Guardan semejanzas con el diseño de las actuales jabalinas de competición.

El problema es la falta de paralelos en condiciones en otros yacimientos paleolíticos. Solo hay algunos hallazgos para comparar, con dimensiones y formatos de “lanzas” similares, con una conservación mucho peor, con frecuencia sólo fragmentos, y con diferencias cronológicas considerables en la mayoría de los casos respecto al hallazgo de Schöningen. Podemos mencionar los hallazgos de Lehringen, Clacton-on-Sea, Bilzingsleben, Stuttgart-Bad Cannstatt y Torralba.

Schöningen aporta muchas más cosas que el importante hallazgo de lanzas de madera. La riqueza de sus evidencias, su estado excepcional de conservación proporciona datos importantes para conocer mejor los grupos humanos del Homo Heidelbergensis en esa época, sobre su manera de vivir y cazar, y la colonización del N de Europa.

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7 junio 2018 4 07 /06 /junio /2018 11:01

Descubierto a raíz de la explotación de una mina a cielo abierto en Schöningen, (Baja Sajonia, Alemania), se ubica en la parte noroccidental de Europa Central, en el extremo norte del Macizo del Harz. 

El seguimiento arqueológico de la explotación de la mina ha permitido la localización, a lo largo de los años, de un importante conjunto de yacimientos. De ellos, destacan por su importancia una veintena de sitios datables a finales del Paleolítico Inferior, en lo que entonces era la franja costera de un gran lago. Se asocian a grupos humanos del Homo Heidelbergensis.

Su importancia se extrema por el excepcional grado de conservación de materiales orgánicos en la turbera, que ha permitido recuperar útiles de madera. (como las ya famosas lanzas), restos de fauna en muy buen estado (incluidos anfibios, reptiles, conchas, e incluso escarabajos), vegetación (ejemplares completos de árboles, piñas, hojas, polen y semillas de la flora circundante). 

Una investigación multidisciplinar de largo recorrido

En 1983 comenzaron las excavaciones de rescate dirigidas H. Thieme que, a partir de 1992, descubren hallazgos del periodo que nos ocupa. En una segunda fase, desde 2010 se desarrolla un proyecto multidisciplinar dirigido por N. Conard y J. Serangeli, y coordinado por la Oficina Estatal de Preservación Histórica de Baja Sajonia y la Universidad de Tübingen. Colaboran en la investigación especialistas y universidades de primer nivel. 

Datación cronológica

En su fase más antigua, la geología de Scöningen representa una serie alternante de ciclos interglaciares/glaciales (Schöningen I-VI), en un largo periodo entre el Holsteiniano hasta el Holoceno. Los sitios paleolíticos en Schöningen se encuentran estratigráficamente, a excepción de algunos hallazgos, entre los depósitos de Glaciación de Elster y de la glaciación de Saale. Aunque con matices, dentro de las etapas de isótopos marinos (MIS) del paleoclima de la Tierra, los estudios ubicaban los yacimientos inferopaleolíticos de Schöningen en el MIS 9, un periodo interglacial cálido que comienza hacia el 337.000 BP. Por el momento, la geología local, el análisis de polen y el estudio de los animales indican que la tierra del lago y los restos arqueológicos se sitúan en periodos interglaciares, más cálidos, desarrollados hace más de 300.000 años. Hay diferencias entre los yacimientos. 

El entorno paleolítico

Durante el óptimo climático Interglacial de Reinsdorf, el paisaje parece haber sido relativamente abierto, pero incluía partes que estaban cubiertas de bosques.

Hay evidencia clara dentro del interglacial de Reinsdorf de una considerable complejidad climática, con un óptimo térmico inicial seguido de dos interestadiales más fríos. Los datos del polen y la paleontología (de los sitios 12B y 13II-4) pertenecen a una fase de bosque mixto de roble que se cree representa el óptimo climático, reflejando partes posteriores del interglacial y brindando una imagen contrastante de pastizales abiertos y bosques boreales.

Dentro de la complejidad de un entorno cambiante, vemos la evolución del paisaje y clima. El lago interglacial fue llenado gradualmente por sedimentos. Sedimentación y fauna indican la evolución y alternancia de  momentos templados y fríos, que anuncian el fin del interglacial. De fauna como elefantes del bosque (Elephas antiquus) y rinocerontes (Stephanorhinus kirchbergensis), evoluciona hacia otra más propia de momentos más templados, como el uro (Bos primigenius), el bisonte (Bison sp.), el ciervo rojo (Cervus elaphus) y el caballo (Equus mosbachensis). En algunos mometnos adaptada a una estepa muy abierta. Y la secuencia de sedimentac. 5 muestra una fase más fría y más seca que anuncia el final del Interglacial Reinsdorf o el comienzo de la Era Glacial de Saale.

Yacimientos

La secuencia cronológica de los yacimientos de Schöningen abarca un larguísimo periodo, desde el PALEOLÍTICO INFERIOR hasta el Neolítico. Pero los que más destacan, por la dificultad de encontrar algo similar en calidad y conservación, son la veintena de yacimientos localizados del Pal. Inferior: esta época destacan:

En Schöningen 12 A y B, junto a posibles útiles complejos que combinan madera y sílex, hallaron un centenar de útiles de sílex, y abundantes huesos de fauna de clima cálido. En Schöningen 12 II se recogieron algunos útiles líticos, numerosos huesos de gran fauna, y madera de los antiguos bosques en la zona. La capa inferior de Schöningen 13 I comprende el complejo estratigráficamente más antiguo (del Holstein Interglacial). Hay huellas de posible uso del fuego, algunos restos líticos, y restos de mamut (Mammuthus trogontherii), caballo (Equus sp.), Bisonte (Bison sp.), ciervo rojo (Cervus elaphus), etc. Numerosos sitios arqueológicos se resumen bajo la designación Schöningen 13 II. Destaca  Schoeningen 13 II-4, el llamado “Campamento de caza de caballos salvajes”, en el que se localizaron los restos de más de 20 caballos (95 % de los huesos). Les siguen los restos de bovino, uro o bisonte, con un 3%; y los ciervos, probablemente el ciervo rojo, con un 2%.

La mayoría de los datos subrayan el uso de este campamento para la caza y aprovechamiento de los animales cazados, en el entorno escénico de la orilla pantanosa de un lago al que grupos de animales vendrían regularmente a beber y vadear.: la presencia de lanzas de madera, la fauna localizada, el análisis de la representación de partes del esqueleto, las marcas en los huesos, los útiles en sílex, el uso de huesos como percutores para el retoque de útiles líticos, etc. Muchos huesos mostraron indicios (cortes, incisiones, raspados, huesos machacados) de manipulación para extraer piel, carne y médula. Concuerda con la industria lítica presente, unas 1500 evidencias, en la que destaca el grupo de los raspadores, la falta de útiles bifaciales y la ausencia de la técnica Levallois.

Son útiles ya terminados, parcialmente revisados ​​y post-retocados (el desecho de retoque está presente), usados para el procesamiento y la manipulación de lo cazado.Un grupo de huesos fueron golpeados por una parte y luego suavizados por el uso por otra parte. Se elucubra con su uso como bastones de excavación, para alcanzar raíces, tubérculos, insectos u otros alimentos. Aunque algunos huesos están tan pulidos, qeu se les relaciona más con el procesamiento del cuero, ya sea para vestimenta, tiendas de campaña, etc.

Los datos apuntan a un trabajo colectivo, en el que se manipulan caballos enteros. Hay indicios de cuatro posibles hogares.  Las mediciones U / Th del horizonte de lanza mostraron una edad de aproximadamente 280000 a 350 000 años.

Pero lo que hace aún más extraordinario este yacimiento, ayudado por las peculiaridades de la turbera, es la conservación de la madera. Se recuperaron lanzas arrojadizas. ocho lanzas de madera, en muy buen estado de conservación, de madera de abeto (con la excepción de un caso, de madera de pino), de entre 1,82 y 2,25 metros, con un diseño pensado para lanzarlas. El mayor diámetro corresponde al tercio delantero del arma, donde está su centro de gravedad, con un ahusamiento en la parte posterior. Guardan semejanzas con el diseño de las actuales jabalinas de competición.

El problema es la falta de paralelos en condiciones en otros yacimientos paleolíticos. Solo hay algunos hallazgos para comparar, con dimensiones y formatos de “lanzas” similares, con una conservación mucho peor, con frecuencia sólo fragmentos, y con diferencias cronológicas considerables en la mayoría de los casos respecto al hallazgo de Schöningen. Podemos mencionar los hallazgos de Lehringen, Clacton-on-Sea, Bilzingsleben, Stuttgart-Bad Cannstatt y Torralba.

Museo y Centro de Investigación de Schöningen

Desde 2013, un centro de investigación y museo para proporcionar al público información sobre el trabajo en curso en Schöningen: el Paläon - Centro de Investigación y Experiencia Schöninger Speere.

Una nueva visión sobre el Homo Heidelbergensis

Hasta la fecha, no hay restos humanos identificados en Schöningen o entre los huesos ya identificados. Pero, los estudios encuentran fuertes paralelismos entre los sitios de Schöningen y Bilzingsleben, aunque suponen una edad ligeramente superior para los fundamentos de Bilzingsleben II, en el que sí se localizan restos de Homo heidelbergensis, en la fase previa a la llegada de los neandertales y el Paleolítico Medio más antiguo.

Los sucesivos descubrimientos en estos yacimientos proporcionan una nueva perspectiva sobre la vida de los humanos hace unos 300.000 años. Las lanzas de Schöningen, y el campamento de caza de caballos, reabrieron el debate sobre los modos de vida del hombre europeo en el Paleolítico inferior-medio. La escuela anglosajona y americana preconizaba desde los años ochenta un modelo oportunista de aprovechamiento de lo disponible en el paisaje, como los cadáveres de grandes mamíferos. Consideraba los descubrimientos anteriores de fragmentos de posibles lanzas de madera de principios del paleolítico como fruto del instinto de búsqueda de cadáveres bajo la nieve. No veía al hombre de esa época suficientemente desarrollado como para una explotación sistemática del paisaje, o una caza organizada. Pero la colonización del norte de Europa que muestra Schöningen presenta un Homo heidelbergensis con habilidades de planificación y comunicación, avances tecnológicos, estrategias de caza, una estructura social compleja, que lo sitúan más cerca del hombre moderno de lo que se pensaba. Una clara redefinición de los conceptos tradicionales sobre las primeras etapas dell hombre en Europa (Homo de Heidelberg, Hombre de Neandertal), que la Arqueología y la paleogenética están cuestionando y revisando.

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5 mayo 2016 4 05 /05 /mayo /2016 15:10

Cráneo 5 de la Sima de los Huesos

La sierra de Atapuerca es uno de los más importantes enclaves arqueológicos del mundo. Sus yacimientos albergan evidencias fósiles, y arqueológicas (industria lítica, huesos de fauna con marcas de carnicería, etc.), de toda la secuencia de homínidos que ha habitado el continente europeo, desde hace un millón trescientos mil años, hasta el presente.

Una sierra con cuevas en un lugar estratégico

Situada a unos 15 km al este de la ciudad de Burgos, la sierra de Atapuerca, a 1085 m s. n., es un relieve originado en el Neógeno que se eleva unos setenta metros sobre la más alta de las terrazas del río Arlanzón. Son 14 niveles de terrazas sucesivas, excavadas desde inicios del Cuaternario, que empiezan a casi cien metros del actual cauce del río. Las subsiguientes alteraciones de los nivel freáticos en este contexto calizo conformaron el importante complejo kárstico de Atapuerca, fosilizado en parte desde el Pleistoceno.

La ubicación estratégica y el potencial ecológico de la sierra (de la Bureba), desde la que se domina el corredor natural de la Bureba, que conecta las grandes cuencas del Ebro y del Duero, explicaría la larguísima secuencia cronológica atestiguada en Atapuerca.

Más de un siglo de investigaciones

La boca de El Portalón y el recorrido subterráneo de partes de Cueva Mayor eran conocidos desde antiguo. Está documentada desde el s. X. Fue muy frecuentada, y hay inscripciones en sus galerías desde por lo menos el s. XIII. En 1863, ya se habla de su deterioro. En 1868, los ingenieros de minas P. Sampayo y M. Zuaznávar publican “Descripción con Planos de la cueva llamada de Atapuerca”.

La enorme cantidad de basura y sedimento revuelto que tuvo que desalojar y revisar el equipo de Atapuerca antes de acometer la excavación de la Sima de los Huesos, es un testimonio evidente de la frecuencia con la que los aficionados a recolectar fósiles llegaron hasta la Sima, y la alteraron.

No obstante, las investigaciones que se suceden a lo largo del s. XX, anteriores a las del equipo actual, se centraron en El Portalón de Cueva Mayor y las galerías limítrofes: March (1906), Carballo (1910-1912). Breuil, y Obermaier (en la época de Carballo), Martínez-Santaolalla (1925-30), Jordá (1964 y 1966), G.A. Clark (1972), Apellániz (1973-1983).

Una mandíbula que dio comienzo a la investigación

La situación cambió radicalmente tras el hallazgo de una mandíbula humana en 1976. El paleontólogo Trinidad Torres excavaba en Trinchera y en la Sima de los Huesos. La Sima de los Huesos era un lugar especialmente atractivo por su gran riqueza en restos de osos. Inesperadamente, junto a osos “Ursus deningeri” de más de 120.000 años se recuperó una mandíbula humana. Emiliano Aguirre reconoció en la mandíbula rasgos arcaicos del Pleistoceno Medio. La revisión de los fósiles obtenidos en la excavación de 1976 permitió identificar más fósiles humanos. En 1978, tras reunir un equipo interdisciplinar (especialistas en geología, arqueología y paleontología), Aguirre emprendió la tarea de excavar los yacimientos pleistocenos de Atapuerca, incluida la propia Sima de los Huesos.

No obstante, las peculiares condiciones de acceso, y de conservación de los restos, no permitieron la excavación sistemática de la sima hasta 1984. Los espeleólogos aficionados, que año tras año habían accedido al yacimiento a la búsqueda de fósiles de oso, habían alterado profundamente los niveles superiores del sedimento de la sima. Rompieron numerosos huesos, que acabaron mezclados con restos de basura y bloques de caliza en un amasijo informe. De manera que, antes de iniciar una excavación sistemática, fue preciso evacuar toneladas de sedimentos alterados y bloques de roca caliza, por la difícil ruta hasta el Portalón. Tras instalar la infraestructura básica para un espacio tan complicado, se empezó a excavar en 1984. Tras jubilarse Aguirre, desde 1991 se trabaja en el conjunto de Atapuerca (Trinchera, Cueva Mayor, etc.) bajo la dirección colegiada de Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. En estos últimos quince años se han recuperado miles de fósiles humanos más en la Sima de los Huesos.

El karst de Atapuerca

Hoy en día se accede hasta la Sima de los Huesos desde El Portalón, el principal acceso exterior del complejo Cueva Mayor - Cueva del Silo - Cueva Peluda, integrado en el complejo kárstico multinivel de la Sierra de Atapuerca. Además de los dos accesos abiertos en la actualidad El Portalón, y el acceso en sima a la Cueva del Silo, los espeleólogos hablan de otros siete accesos exteriores colmatados desde el Pleistoceno. El complejo kárstico de Atapuerca se compone de tres niveles básicos, cuyos elementos principales son: Portalón, la Galería del sílex, el Salón del coro y la Galería de las estatuas pertenecen al nivel superior; la Galería baja, la Galería del Silo, y la Sala de los Cíclopes. Y en el nivel inferior se situarían la Sima de los Huesos, la Cueva del Silo y Cueva peluda.

Acceso, ubicación y diseño de la Sima de los Huesos

A la sima se accede desde la gran Sala de los cíclopes. La bóveda de esta sala presenta numerosas chimeneas ascendentes. El colapso de los techos de al menos dos de ellas provocó la entrada de sedimento exterior. La mitad sur de la sala estuvo sellada por sedimentos, que fueron lavados y erosionados por la evolución del karst. En el fondo del muro sur se abre una gatera a la Sala de las oseras, que conserva en su superficie numerosas camas de hibernación de osos, restos paleontológicos de estos úrsidos, y numerosas marcas de zarpas en los bloques. En el extremo sureste de esta Sala de los Cíclopes (los osos también usaron la gran sala) hay una rampa que asciende hasta una pequeña galería ciega, en cuyo extremo se abre la Sima de los Huesos. En su inicio, la sima es un conducto vertical de unos cuatro metros de diámetro y catorce metros de profundidad. Al pie de este desnivel vertical se inicia una rampa descendente, de suelo arcilloso y techo bajo, de unos tres metros de anchura por casi diez metros de longitud (denominado en el yacimiento como SR o Sima-Rampa). Éste desemboca en una pequeña sala.

Uno de los muchos dilemas que se presentaron con el descubrimiento de la Sima de los Huesos es el de la manera en la que los osos de las cavernas que hibernaron en esta zona de la endokarstia, y las comunidades humanas que usaron la sima, accedieron hasta ella. Sobre todo teniendo en cuenta el complicado periplo desde El Portalón. Parece claro que hubo accesos exteriores hasta la Sala de los Cíclopes. El equipo de investigación de Atapuerca sitúa ese acceso en un conducto actualmente colmatado por sedimentos margosos. La sección del conducto se localiza junto a la rampa que conduce hacia la cabecera de la Sima de los Huesos. Este acceso colmatado está situado apenas diez metros por encima del derrumbe clástico que bloquea el acceso a la Sala de las oseras

Una estratigrafía complicada

Los fósiles humanos aparecen sedimentados junto a fósiles de oso de la especie Ursus deningeri en un estrato de arcillas de color rojo. Este nivel sedimentario se depositó sobre un relieve irregular previo, fruto de anteriores episodios de rellenado y erosión. A su vez, este nivel de arcillas rojas, rico en fósiles humanos, fue alterado por la posterior circulación de agua, resultando en un nuevo relieve irregular. Tiempo después, otra capa, que sólo contiene fósiles del mismo tipo de oso y de otros carnívoros, cubrió los sedimentos ricos en fósiles humanos. De manera que los distintos niveles no tienen un espesor constante a lo largo del yacimiento, ni están situados horizontalmente unos sobre otros, sino que a menudo se ponen en contacto lateralmente.

A esta geometría irregular del depósito, consecuencia de su compleja historia geológica, hay que añadir que los fósiles humanos no están distribuidos homogéneamente en su correspondiente nivel de arcillas rojas. Por el contrario, en algunas partes de SH, como el Área B o el Área A, se encuentran acumulados, mientras que en otras zonas del yacimiento son escasos o inexistentes. Esta distribución tan caótica es la consecuencia de que los huesos llegaron a SH acarreados, por pequeños “aludes” de barro, desde su lugar original de deposición en la rampa (SR).

A ello se sumó la remoción ocasionada por la “actividad” de los mamíferos que caían en la trampa, y no fallecían. Y todo lo que alteraron los aficionados que bajaban a la sima en busca de fósiles.

Hace más de trescientos mil años

En principio, la paleontología (no hay restos de especies de oso posteriores al Ursus deningeri) y el análisis antropológico, proporcionaron las herramientas para una cronología relativa. En 1998 se descubrió, en el mismo nivel que los fósiles humanos, la única herramienta lítica encontrada en este yacimiento, un bifaz tallado en roca cuarcita de color rojo, del Modo 2 o Achelense (modo tecnológico ampliamente representado en otros yacimientos de Atapuerca), que concordaría sin problemas con el tipo humano hallado en la Sima. En la campaña del año 2001 se realizó un descubrimiento que permitió precisar más la datación. Ese año, se encontró en la parte superior de la rampa (en el lugar denominado SRA: Sima-Rampa Alta) una estalagmita horizontal depositada sobre niveles de fósiles humanos. Los resultados obtenidos para la estalagmita de SRA determinan que su antigüedad rebasa el alcance máximo de dicha técnica, establecido en 350.000 años. En la actualidad se habla de cerca del medio millón de años.

La difícil explicación de un difícil lugar

Los restos pertenecen a la especie del Homo heidelbergensis. Son más de veinticinco individuos de diferentes edades. Y, aun contando con la cercanía de una entrada a la cueva, hoy colmatada, resulta difícil explicar cómo llegaron al interior de la sima.

El equipo que excava la sima defiende que: fueron transportados a la cueva, y arrojados intencionadamente a la sima, a través de la caída vertical de trece metros. Acumulados muy posiblemente en un tiempo no demasiado largo, llegaron allí en conexión anatómica, completos. El hecho de que fueran arrojados allí sería, para el equipo de Atapuerca, el primer indicio de una acumulación intencionada de cuerpos fallecidos en un lugar especial, un precedente de lo que en el futuro serán los enterramientos.

La sima está en un lugar apartado, al final de una galería ciega. La recuperación en la sima de doscientos ejemplares de osos de la especie Ursus deningeri, de varios representantes de grandes felinos (posiblemente leones), de algunos restos de lobo, linces, zorros, mustélidos, etc., puede deberse a la suma de casos sucesivos de caída en esta trampa natural al cabo de miles de años, atraídos por el olor de la carroña, (o en algún caso por arrastre por coladas de barro). Hay voces discordantes sobre ciertas incongruencias derivadas del análisis tafonómico, algo lógico en el debate científico de un yacimiento complejo, en proceso de excavación, al que le queda mucho para hablar de agotado).

Pero resulta difícil entender la presencia de tantos individuos de una comunidad humana que es muy dudoso que habitara o frecuentara la vecina Sala de los Cíclopes (no hay evidencia arqueológica que lo certifique). De nuevo, hay algunas voces discordantes que no encuentran validación tafonómica de la tesis de los investigadores sobre la deposición intencionada de los cadáveres en la sima. El problema básico para el análisis, la fuerte alteración postdeposicional. En ningún caso se han identificado conexión anatómica entre los restos. En muy pocos casos se ha podido llegar a atribuir dos o más huesos a un mismo individuo. Es muy difícil identificar niveles coherentes, haya zonas en la sala del fondo de la sima con acumulación, otras en la rampa en las que casi no hay restos. El equipo que excava allí ha identificado la causa en una combinación de factores: la sucesión de coladas o aludes de barro que desplazaban, alteraban y revolvían los restos; la acción de animales que no murieron en la caída, y carroñeaban; los destrozos ocasionados por los numerosos coleccionistas modernos de fósiles.

El Homo heidelbergensis

Los restos localizados en la Sima de los Huesos han sido adscritos al Homo heidelbergensis, que habitó el continente europeo durante el Pleistoceno Medio (hay otros restos de la especie en los yacimientos de Mauer, Arago, Montmaurin, Pontnewydd, Steinheim, Swanscombe). Le sucedieron, en un continuum evolutivo, los neandertales. El reciente descubrimiento de ADN mitocondrial fósil en un fémur humano de la sima ha permitido establecer también su relación con los denisovanos, una especie humana localizada hasta ahora en la región meridional de Siberia, en la que habitó hace unos 40.000 años.

La enorme cantidad de restos humanos de la sima, en un excepcional grado de conservación (incluidos los del oído, muy pequeños y delicados, que en muy raras ocasiones se recuperan para individuos tan antiguos) permite para el Homo heidelbergensis un nivel de estudio y análisis inimaginable (incluido el ADN,) antes de su descubrimiento, para restos tan antiguos.

Serían individuos físicamente similares a nosotros, con un cálculo medio de 1,75 m de alto, y 95 kg de peso, con gran masa muscular y huesos muy resistentes. Su esqueleto, presentaba una mezcla de caracteres antiguos y modernos. El análisis dental, las marcas identificadas en sus dientes, indican que usaban los dientes como herramienta, como una “tercera mano”. Se ayudaban de ellos en el procesamiento del cuero, tendones, vegetales (aprisionaban entre los dientes y estiraban, en un movimiento recurrente). Sujetaban con ellos un extremo de la carne, que cortaban con la herramienta que empuñaban con la mano libre, que en los individuos recuperados en la sima es predominantemente la derecha. Trabajo de la mandíbula que explica la abundancia de casos con artrosis temporomandibular. Consumían una dieta mixta animal – vegetal, de vegetales fibrosos y abrasivos (quizás ingeridos crudos) que desgastaron mucho el esmalte. Un tercio de los individuos pasaron estrés por malnutrición en el destete, hacia los tres años de edad. Los surcos de muelas indican el uso de palillos para limpiarse los dientes.

El torrente de datos que proporcionan los restos permite también un acercamiento a sus patologías. El cráneo 5 murió de una septicemia que comenzó en los dientes y se extendió hasta el ojo. Tiene además hasta trece impactos en su cráneo, recibidos a lo largo de su vida. El cráneo 4 (que también tiene otros tres impactos en el cráneo, circunstancia que se repite en más individuos) corresponde a un individuo sordo, que tiene el conducto auditivo casi cegado por un crecimiento anormal del hueso probablemente ligado a una persistente otitis. En varios casos, sus dolencias requerían del apoyo y colaboración de la comunidad para su supervivencia. Es el caso de la pelvis y parte del tronco del individuo más anciano localizado (apodado Elvis por los investigadores), que se acercaría a los sesenta años. Las vértebras de Elvis muestran cifosis lumbar degenerativa, la enfermedad de Baastrup, y espondilostesis, Es un caso que muestra ayuda social y cuidado de la comunidad hacia un individuo con tal suma de dolencias que le afectaron largo tiempo, incapacitantes y muy limitadoras. Ayuda que también necesitaba otro miembro del grupo (cráneo 14), que falleció a los diez años, y que sufría trastornos motores y cognitivos importantes desde que nació.

La conclusión más evidente, asuma uno o no la tesis de la Sima de los Huesos como lugar de deposición intencionada de cuerpos (como precedente más antiguo de lo que luego será un ritual funerario), subraya su enorme importancia en la paleoantropología mundial, y su papel fundamental en el conocimiento de la especie del Homo Heidelbergensis, del que nos aporta una cantidad de información que sobrepasa en mucho (en cantidad y estado de conservación) lo recuperado de la mayoría de los homínidos previos a nosotros. Y tanto la Sima como el resto de Atapuerca guardan todavía mucho por descubrir.

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4 abril 2016 1 04 /04 /abril /2016 11:34

Trinchera del ferrocarril y Sima del elefante

La sierra de Atapuerca es uno de los más importantes enclaves arqueológicos/ paleoantropológicos del mundo. Sus yacimientos albergan evidencias fósiles, y arqueológicas (industria lítica, huesos de fauna con marcas de carnicería, etc.), de toda la secuencia de homínidos que ha habitado el continente europeo, desde hace un millón trescientos mil años, hasta el presente. Fósiles humanos con una calidad excepcional, y en un volumen sin igual (de algunos de los homínidos europeos, Atapuerca alberga más del 80% de los restos recuperados en el continente). Es uno de los escasos sitios en los que se han recuperado restos humanos de más de un millón de años. Cuenta con el excepcional enclave de la Sima de los Huesos, hasta la fecha probablemente la evidencia más antigua de prácticas de enterramiento, de hace cerca de medio millón de años. Y sólo se ha excavado hasta la fecha una pequeña parte de cada yacimiento.

Aquí nos vamos a centrar en los tres que son visitables, los localizados en la antigua trinchera del ferrocarril una visita que desde luego se puede considerar como imprescindible para un historiador, ineludible para un prehistoriador, y maravillosa para cualquiera con afición por la Historia con mayúsculas.

Una sierra que domina un corredor natural

Situada a unos 15 km al este de la ciudad de Burgos, la sierra de Atapuerca, a 1085 m s. n. m. y elevada poco más de setenta metros de su entorno más cercano, domina el corredor de la Bureba, Un corredor natural que conecta las grandes cuencas del Ebro y del Duero, y que está flanqueado, a un lado por las masa montañosas que se continúan hacia la cordillera Cantábrica y el Pirineo; y al otro lado por la propia sierra de Atapuerca y la sierra de la Demanda, que es el remate septentrional de la larga alineación montañosa de la Cordillera Ibérica.

El paisaje de la sierra ha evolucionado al ritmo de los ciclos de erosión-sedimentación y ascenso durante el Neógeno, y de la excavación de los actuales valles fluviales durante el Cuaternario. De ahí los 14 niveles de terrazas que se suceden desde casi cien metros por encima del cauce actual del río Arlanzón. Y ahí está también el origen del importante complejo kárstico excavado en la sierra de Atapuerca.

El complejo kárstico de Atapuerca

El complejo kárstico de Atapuerca abarca una secuencia subhorizontal de tres niveles de conductos, colgados a 90, 70 y 60 m sobre el actual cauce fluvial. En este karst, de casi cinco km de conductos explorados, sobresale el Sistema de Cueva Mayor-Cueva del Silo, Cueva Peluda y Cueva del Compresor, y las cavidades de Trinchera: Sima del Elefante, Gran Dolina y Complejo Galería.

La confluencia de la abundancia de cavernas en la sierra, amplias y bien orientadas, que dominan este corredor natural, en un paisaje variado enriquecido por los ecosistemas derivados de la transición entre los dominios de montaña y llanura fluvial, y la conexión entre cuencas fluviales, explica la presencia humana ininterrumpida en este entorno desde hace más de un millón de años, y la larguísima secuencia de ocupaciones en las cavidades estudiadas hasta la fecha.

Una investigación en varios frentes

Aunque varias cavidades de la sierra son conocidas desde antiguo, la excavación a finales del siglo XIX de una trinchera que atravesaba la sierra, para permitir el paso de un ferrocarril minero, puso a la luz el sedimento de cavidades colmatadas desde hace miles de años. Tras décadas de abandono tras finalizar la actividad del ferrocarril, y de actividad de espeleólogos aficionados que alteraron parte de la Sima de los Huesos, las investigaciones paleontológicas de T. Torres en la década de los setenta sacaron a la luz también un mandíbula humana, que animó al catedrático Emiliano Aguirre a comenzar una investigación de los yacimientos de la sierra que ha continuado hasta hoy, bajo la dirección de J. Arsuaga, E. Carbonell y J.M. Bermúdez de Castro.

Hasta la fecha, las investigaciones en la Sierra de Atapuerca se han centrado en varios frentes: los yacimientos localizados en la trinchera del ferrocarril de (Sima del Elefante, Gran Dolina, y Galería – Covacha de los Zarpazos); las cavidades abiertas en la sierra (Cueva Mayor, Cueva del Mirador y Cueva Ciega; y varios yacimientos al aire libre (Hotel California, Hundidero, y Valle de las Orquídeas).

Los yacimientos de la Trinchera de Atapuerca

1. TRINCHERA - SIMA DEL ELEFANTE (TE)

Localizada a ambos lados del corte de la Trinchera del ferrocarril. Se trabaja en uno de los lados desde años 80, con excavaciones sistemáticas desde 1996. A la luz de lo que se conoce, el espacio que se excava corresponde a la sección transversal de una antigua galería kárstica de más de 15 metros de altura y 18 metros de anchura máxima, totalmente colmatada de sedimentos pleistocenos. Incluida en el complejo kárstico de Cueva Mayor/Cueva del Silo, se localiza al final de la Galería Baja de Cueva Mayor, desconociéndose aún la relación sedimentológica entre ambos sitios. La estratigrafía muestra una sucesión de fracturas y hundimientos de las galerías adyacentes, y una compleja historia en la que poco a poco se añaden sobre los accesos del sedimento y su evolución, con niveles de tipo erosivo, flujos detríticos, sedimentación de flujo por gravedad, depósito de corrientes hídricas relativamente organizadas, etc.

La secuencia estratigráfica completa alcanza los 25 m de potencia. Alberga abundantes evidencias del Pleistoceno Inferior y Medio. En los niveles superiores se recuperó industria lítica de Modo 3 (Musteriense). Más antiguos, encontramos niveles del Pleistoceno Medio-Final de entre doscientos y trescientos cincuenta mil años de antigüedad con abundantes restos paleontológicos e industria lítica del Modo 2 (Achelense).

Los niveles inferiores presentan una inversión paleomagnética (chron Matuyama), que los situaría antes de los 780. 000 años BP de dicha reversión magnética. Entre ellos destaca el nivel TE9c, con una datación absoluta por encima del millón doscientos mil años, en el que junto a industria lítica del Modo 1 u Olduvayense, y restos de fauna con marcas de carnicería (marcas de corte y fracturas), localizaron una mandíbula y una falange de Homo, que los sitúa en el reducidísimo grupo de restos humanos europeos con esa antigüedad.

2. TRINCHERA GALERÍA (TG) y COVACHA DE LOS ZARPAZOS

Fue el primer yacimiento excavado de forma sistemática. En 1978 se trabajó en los derrubios del frente de cantil de las paredes de la trinchera del ferrocarril. Hacia 1980-1981 se empieza la excavación sistemática.

En conjunto se trata de una galería subterránea totalmente colmatada, de 16 metros de potencia, El hundimiento del techo de la galería formó la chimenea en forma de sima. Una trampa natural donde caían (o eran empujados por los cazadores) numerosos animales, luego aprovechados por los humanos y otros carnívoros, que entraban por una pequeña embocadura, identificable con la zona izquierda del yacimiento, una oquedad conocida como Covacha de los Zarpazos.

Los depósitos de Galería, ricos en fauna y evidencias antrópicas, son anteriores a los 200.000 años. Se dató entre 180.000 y 200.000 años BP un espeleotema del techo de la cavidad, del último momento de sellado por colmatación de la cavidad. El inicio de la secuencia estratigráfica, a la luz de la fauna, ronda los 400.000 años BP.

La excavación de los sucesivos paleosuelos de ocupación humana diferenció 6 niveles con abundante industria lítica del Modo 2 (Achelense). La industria (en silex y cuarcita), y las características de los restos de fauna con marcas de descarnación, indican presencias esporádicas de aprovisionamiento. El lugar de habitación se ubicaría en la cercana cavidad de Gran Dolina. También se ha encontrado un fragmento de cráneo perteneciente a Homo heidelbergensis.

3. TRINCHERA – GRAN DOLINA (TD)

Situada a sólo cincuenta metros de Trinchera - Galería. En el año 1978 empiezan los primeros trabajos en el yacimiento, y en 1981 comienza la excavación. Mientras la excavación en área sigue avanzando lentamente (ante la densidad de evidencias) en los niveles superiores, un sondeo lateral iniciado en 1993 permitió alcanzar los niveles más antiguos.

Según los datos actuales, Gran Dolina se abre por primera vez al exterior hace aprox. un millón de años. El derrumbe del techo de la cavidad propició que empezara a rellenarse con sedimentos exteriores. Durante miles de años, este proceso de sedimentación convivió con el uso de la cavidad como lugar de hibernación de osos de la especie Ursus dolinensis, y como lugar de carroñeo de ungulados que caían en esta trampa natural. Carroñeo en el que también participaron los homínidos, como se constata en el nivel TD4.

Poco a poco la trampa fue perdiendo eficacia pero, a cambio, fue ganando interés como refugio para las hienas (niveles TD5 y TD6). Y para esporádicas visitas, y tal vez lugar temporal de refugio, de grupos humanos. En los inicios del TD-6, las ocupaciones humanas fueron ganando en intensidad, en una fase de clima más cálido que el actual.

En dicho nivel (o Estrato Aurora), la presencia de fósiles de rata de agua 'Mimomys savini' le aseguraban al menos 600.000 años, y la constatación por datación paleomagnética que se había depositado antes de la fase de polaridad inversa de la reversión Brunhes-Matuyama le garantizaban una fecha anterior a los 780.000 años. Los investigadores calculan ahora una antigüedad de 850.000 años para este estrato TD6, repleto de fauna, con más de 200 útiles de ind. Lítica. Pero lo más destacado es la recuperación de restos humanos de al menos seis individuos: dos niños, de entre 3 y 4 años, un preadolescente de 10-12 años, un adolescente de unos 14 años, y dos adultos jóvenes de unos 20 años. Los restos humanos aparecieron revueltos y literalmente cubiertos por restos de fauna y de la talla de útiles. Y en varios casos presentan marcas hechas con sílex que indican el destazado, es decir, el desmembrado y descarnado de los restos. Todo ello en consonancia con posible canibalismo.

Las peculiaridades de los homínidos localizados permitieron a los investigadores definir una nueva especie, el Homo Antecessor, con unos patrones de crecimiento y maduración, tamaño corporal y proporciones, similares a las actuales.

Con el fin del Pleistoceno inferior, hace 780.0000 años, se documenta un abandono total (por causas hasta hoy desconocidas) de la cavidad por parte de los grupos humanos (niveles TD7 y TD8), mientras que las hienas siguen usándola (sobre todo en el nivel TD8).

Hace medio millón de años, vuelve a ser usada la entrada de la cueva de Gran Dolina, como hábitat y enclave referencial dentro del entorno de la sierra. La enorme cantidad de fauna y útiles encontrados (nivel TD10) constatan su habitación en el tramo central del Pleistoceno medio, desde hace unos 500.000 hasta hace unos 300.000 años.

En cuanto a la industria lítica, con una cada vez más cuidada selección de la materia prima a su alcance, la talla estandarizada de lascas les proporcionó una amplia variedad de útiles (puntas, raederas, denticulados). La principal actividad constatada en el estudio microscópico de huellas de uso es la de carnicería, aunque también se ha podido identificar el trabajo de piel y de la madera.

De las dos unidades superiores de las cuatro identificadas en TD10, la más moderna (TD10.1) muestra, como en otros conjuntos de Atapuerca, el consumo preferente de ciervos y caballos, y variedad de materia prima en la factura de útiles. La unidad TD10.2, sin embargo, muestra la ocupación de la cueva por grupos extremadamente especializados en la caza y procesado de bisontes, y el uso casi exclusivo del sílex.

Por debajo de esta unidad, y con una cronología de más de 400.000 años, en TD10.3 y TD10.4, coetáneos a Galería y Sima de los Huesos, vuelven a aparecer las estrategias diversificadas (en cuanto a fauna consumida, y materia prima) características de Atapuerca. La excavación del TD10 irá aportando información sobre el mundo del Homo heidelbergensis.

Y la información que aporte el gran trabajo investigador que se está realizando en el conjunto de yacimientos de esta joya paleoantropológica que es Atapuerca, sin duda aportará novedades importantes al estudio de la historia de los homínidos en el continente europeo en el último millón de años.

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