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  • : El blog de marianosinues
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10 mayo 2022 2 10 /05 /mayo /2022 18:55

El Primer Ensanche es la primera ampliación significativa de la ciudad que rompe las murallas a finales del s. XIX y comienzos del s. XX.

Sin comparación posible con los grandes conjuntos de edificios de esa época, como por ejemplo el modernismo, Gaudí, etc., en una Barcelona, sí que responden a las corrientes arquitectónicas españolas y europeas de la época. Y tienen cosas interesantes que contemplar en los edificios todavía conservados.

Una visita cómoda y oportuna, por su ubicación. Es una zona de paso casi obligado para el turista, a medio camino entre el Casco histórico, y el “eje verde” de los Parques de Taconera y la Ciudadela. Aunque podemos encontrar elementos de sus estilos arquitectónicos en otros puntos de la ciudad, abundan más en el ensanche de nuevo cuño desarrollado dentro de la antigua extensión amurallada a finales del s. XIX.

Un cinturón defensivo que apretaba demasiado

El problema de Pamplona, como plaza fuerte fronteriza y amurallada, era que las necesidades militares primaban sobre la de espacio para edificar. Las ordenanzas militares no permitían, por razones defensivas, construir cerca de las murallas.

Ello supuso que el agotamiento y sobreexplotación del espacio físico edificable, y el apiñamiento de una ciudad en crecimiento. Hacia 1900, la población de la ciudad rondaba los 29.000 habitantes. Finalmente, la situación cambió lo suficiente como para permitir que se abriera la mano para edificar en ciertas zonas. El inicio del derribo del cinturón de jurallas en 1915 se vivió como una fiesta.

El Primer Ensanche

El terreno elegido, en los años finales del s. XIX y comienzos del s. XX, fue una franja paralela al espacio abierto y arbolado que hoy en día ocupan Paseo de Sarasate, calle Ciudadela y paseo de Arazuri.

En esta zona convive el clasicismo academicista con las nuevas corrientes, como el Historicismo, el Art Nouveau y los “neos”, el Eclecticismo, y el Modernismo, obra de arquitectos como Julián Arteaga, M. Martínez de Ubago, o A. Goicoechea. Espacialmente se extiende tembién por el Paseo de Sarasate hasta el Palacio de Navarra, algo anterior. Sólo se conserva una parte de este ensanche, en el que conviven en una parte y sin mucho gusto grandes edicios modenos junto a los antiguos, pero que merece una visita. Derribados en los años sesenta, no se conserva la sede del primitivo colegio de los Maristas; y en la zona cercana a la plaza del Vinculo los de la Alhóndiga, la Escuela o Academia de Música Municipal, la Escuela de Artes y Oficios y el Tránsito municipal. Un rasgo característico durante décadas fue la abundancia de cuarteles, asociados a las finalidad y uso castrense que tuvo la Ciudadela hasta los setenta. Cuarteles construidos en torno a 1898, y derruidos a finales de los sesenta e inicios de los setenta. En 1971 se derribó el construido sobre la propia muralla de la Ciudadela, lo que permitió la reconstrucción del muro. Queda de este pasado castrense el Gobierno militar (1919).

Entre lo conservado, podemos destacar los edificios de:

Edificio de la Cámara de Comercio

En la esquina de las calles General Chinchilla y Navas de Tolosas. Obra de Florencio Ansoleaga (1891), diseñado como vivienda particuar de una familia acomodada, fue luego colegio, y hoy en día alberga la Cámara de Comercio. 

Edificio del Tesoro

Situado en la c/General Chinchilla, 6. Actualmente conservatorio de música. Diseñado por Martínez de Ubago en 1900. Quizás la mejor obra de Art Nouveau de la ciudad, tanto por su exterior como, por ejemplo, por el portal de acceso. Hace pocos años se restituyó la cúpula neobizantina que remataba su tejado.

Casa-de-Hacienda.JPG

Edificio del Tesoro, en la actualidad Conservatorio de Música.

Edificio de la Mancomunidad de Aguas

En la c/General Chinchilla, 7. Terminado en 1899, según proyecto de Ángel Goicoechea. Dentro de las construcciones modernistas de la ciudad, sigue una estética neomudejar.

Edificio de Viviendas de la calle Alonso, 4

En 1897 contaba con una planta, que Martínez de Ubago elevó a tres más en 1902. Destaca su cromatismo, la combinación de materiales y técnicas, y su sentido escultórico. La mejor fachada del modernismo pamplonés, bien rehabilitada..

Antiguo Gobierno Militar

En la c/General Chinchilla, 10. De 1915, es un edificio eclecticista con ciertos detalles de Art Nouveau. Bastante reformado.

Monumento a Francisco Navarro Villoslada

Emplazado en una rotonda de la c/Navas de Tolosa, está dedicado al escritor Navarro Villoslada. Fue erigido en su centenario, en 1918. Es obra del escultor Collaut Valero, bajo diseño del arquitecto Muguruza. En origen estaba vinculado al Parque del Bosquecillo, con un estanque cercano, ya desaparecido.

El otro conjunto de edificios reseñables se concentra cerca de la Plaza del Castillo.

Monumento a los Fueros

Ubicado frente al Palacio de Navarra, en un extremo del arbolado Paseo de Sarasate, (uno de los centros neurálgicos tradicionales de la ciudad). Levantado en 1903 por suscripción popular en defensa del régimen foral navarro frente a las pretensiones antiforales del ministro de hacienda Gamazo. Paralelizable con otros monumentos verticales similares, como el de Colón en Barcelona.

Este monumento de 23 m de altura combina, en pisos sucesivos, escudos de los pueblos que componían las antiguas Cortes del Reino, y esculturas sobre el Trabajo, la Paz, la Justicia, la Autonomía y la Historia. En su parte superior, una matrona de bronce, que simboliza Navarra, sujeta en sus manos las cadenas del escudo y la Ley Foral.

Palacio de Navarra

Es la actual sede del Gobierno de Navarra.

Erigido entre el Paseo de Sarasate, la Avenida de Carlos III, y la Plaza del Castillo. Ocupa el solar en el que un día se irguió el inconcluso Castillo de Fernando el Católico, en el s. XVI. El palacio original, de corte neoclásico, fue construido entre 1843 y 1847, siguiendo planos de José de Nagusía. La fachada de la avenida Carlos III corresponde a la ampliación de 1931-1934, obra del arquitecto Yárnoz. En ocasiones señaladas, el palacio es visitable. Destacan: el isabelino Salón del Trono, de 1865, con reseñables pinturas históricas; el retablo de la Capilla; obras de Goya, Madrazo y Gustavo de Maeztu, etc.

Antiguo Archivo General de Navarra

En la c/San Ignacio, junto al Palacio de Navarra. Hoy en día vacío, fue diseñado en 1896 por Florencio Ansoleaga. Es un ejemplo de clasicismo academicista, con un eclecticismo de fuerte influencia palacial renacentista.

Teatro Gayarre

En la Avenida de Carlos III, en la actualidad frente al Palacio de Navarra. Inaugurado como Teatro Principal en 1839, en origen cerraba la Plaza del Castillo. Su nombre actual data de 1903. Fue trasladado en 1931 a su ubicación actual, el solar de la antigua plaza de toros. Se preservó sobre todo la fachada original, obra de José de Nagusía de 1843 de tipo clasicista con influencia francesa. El resto lo rehizo Javier Yárnoz.

Palacio del Parlamento de Navarra

En el inicio de la c/Navas de Tolosa, cierra visualmente el Paseo de Sarasate. Erigido expresamente como Audiencia en 1892 según diseño de Julián Arteaga. La reciente reforma para su uso actual preservó sólo el exterior. El exterior alterna la piedra y el ladrillo rojo. En su frontis conserva una escultura que representa la Justicia. Combina el eclecticismo de los frontis secundarios con el clasicismo del cuerpo principal.

Aunque rodeados de construcciones más recientes, sigue habiendo un interesante grupo de edificios cuyo exterior bien vale una visita, mientras paseamos del Casco viejo a la Ciudadela. Esperemos que sigan ahí mucho tiempo.

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25 abril 2022 1 25 /04 /abril /2022 11:19
El abrigo mesolítico de Aizpea (valle de Aezcoa, Navarra) y su enterramiento

Ubicación

El abrigo de Aizpea está situado en un frente calizo orientado hacia el S/SE, muy cerca de la localidad de Arive, en el valle pirenaico de Aézcoa, a 699 msnm, en la orilla derecha del río Irati. En dicho frente, a mayor altura y próximas al abrigo, se abren dos cavidades con escasas evidencias arqueológicas: la cueva de Aldasatxea o de Arive (en los sondeos sólo se localizaron escaso restos cerámicos) y el covacho de Aizpea (algunos restos óseos humanos dispersos en superficie).

El abrigo se sitúa a 30 m de distancia y sólo unos 10 m por encima del curso actual del río Irati. Todo parece indicar que el abrigo careció de visera natural, y que la protección que ofrecía se complementó con alguna estructura (tienda, cabaña)

Buena parte del yacimiento fue destruido en la construcción de una carretera en los años 30 del s. XX . Lo conservado tenía una potencia de entre 160 y 220 cm.

Territorio, modos de vida, aprovechamiento del medio y conexiones con otras comunidades

Aizpea muestra un cambio de dinámica en los modos de vida de las comunidades de cazadores-recolectores, previas al gran cambio del Neolítico. Como en otras zonas , convive la conexión a media-larga distancia identificada en las similitudes tecnomorfo-tipológicas entre objetos distantes, y el uso de materia prima (sílex, conchas) de procedencia lejana o muy lejana (sílex de la franja costera atlántica francesa, de Urbasa, y del Valle del Ebro; conchas de Collumbella rustica del Mediterráneo), con la tendencia a la sedentarización, marcada sobre todo en el Mesolítico, facilitada por un clima más suave y una biodiversidad rica que ofrece una necesidad menor de desplazamiento para obtener recursos en el contexto boscoso.

En un radio de 5 km podían encontrar una gran variedad de recursos. Su territorio interactúa con el territorio de la cueva de Zatoya, situado a 10 km al E. Ambos parecen relacionados, según Tarriño, con la cantera de sílex de Artxilondo ubicada 12 km río arriba, origen del 99% del sílex utilizado.

En los distintos nichos ecológicos del entorno encontraban toda la variedad de animales recuperados en la excavación: ciervo (claramente el más frecuente), corzo, jabalí, cabra montesa, uro, sarrio). Las piezas cazadas eran traídas enteras y despiezadas (hay marcas de corte de despiece). Pescaban truchas y barbos de ríos cercanos (se han recuperado anzuelos biapuntados), y salmón de los ríos de la vertiente atlántica navarra situados 15 km al N del abrigo. Cazaban aves como las anátidas y ardeidas. También recolectaban frutos del bosque (avellanas, serbales, y manzanas silvestres).

En el contexto climático de la transición entre el final del Boreal y la primera mitad del Atlántico, como muestran los datos de la excavación (fauna, restos de carbón de los fuegos localizados, etc.), los sucesivos habitantes del abrigo vivieron en un clima inicialmente más frío (pino), que deriva a uno más templado de clima caducifolio, (robles, hayedo, etc.) para llegar a un contexto de relativa disminución del arbolado y predominio del monte bajo (y presencia marcada de especies como espino, endrino, boj).

Todos los datos apuntan, para la investigación, al uso del abrigo por las comunidades mesolíticas durante buena parte del año, pero fuera quizás del periodo invernal.

La abundancia de restos de talla (a pesar del grado de destrucción del yacimiento 14.000 restos de talla), los 540 útiles retocados (la mitad de ellos microlitos), los cantos rodados con huellas de uso, parecen mostrar una intensa actividad de talla. Los fragmentos de huesos distales de uro pueden ser indicio de la producción de pieles y cueros para las necesidades del grupo.

A ello se añaden los elementos de adorno (dientes perforados, conchas de Collumbella), los útiles de hueso (punzones, espátulas, anzuelos, azagayas). Restos de limonita y oligisto sugieren el uso de colorantes.

Los restos materiales, los datos estratigráficos, las dataciones obtenidas, etc., indican tres horizontes de ocupación:

  • Aizpea I (7790+/-70 hasta 7160+/-70 BP), fase antigua del Mesolítico geométrico;
  • Aizpea II (hacia el 6830 BP en su parte central), fase avanzada del Mesolítico geométrico (incluye un enterramiento);
  • Aizpea III (hacia el 6370 BP en su parte inferior), regresión de los geométricos, y aparición del Neolítico;

Enterramiento

En la excavación del horizonte de Aizpea II se localizó un enterramiento de una mujer de unos treinta años, con una fecha de 6600+/-50 (GrA-779).

Su esqueleto indica una anatomía grácil, pero las acusadas inserciones musculares muestran una fuerte actividad física. Su altura es similar a la de las mujeres del Mesolítico Occidental.

Vivió en un medio de media montaña, agreste y accidentado, lo que explicaría los cambios degenerativos de algunas partes de su anatomía (por uso reiterado de articulación escápulo humeral y coxo-femoral). Era diestra. Hay indicios de una flexión reiterada del codo derecho.

Su mandíbula muestra discretos rebordes artrósicos en cóndilos mandibulares. Tal vez pueda relacionarse esto con el elevado número de caries y su ubicación, todo lo cual indicaría el elevado consumo regular de alimentos ricos en carbohidratos susceptibles de adherirse a los dientes, en una dieta de clara predominancia vegetariana.

En cuanto al ritual funerario, fue enterrada en posición flexionada, tumbada sobre el lado derecho y con la cabeza orientada al SW y los pies al NE, en una fosa simple paralela y cercana a la pared del fondo del abrigo. Carece de ajuar. Es posible que, tras rellenar la fosa con tierra, sellaran el enterramiento con bloques de piedra.

A pesar de la diferencia cronológica, el entorno ecológico y modos de vida explicarían las similitudes con los rasgos anatómicos del esqueleto localizado en el otro enterramiento prehistórico de la zona, ubicado en un valle vecino a 15 km siguiendo el relieve: un individuo varón que vivió hace aprox. 11.700 BP descubierto en la cueva de Loizu.

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5 abril 2022 2 05 /04 /abril /2022 18:27
El hombre de Loizu y la cueva de Errotalde (Valle de Erro, Navarra)

El hallazgo del llamado hombre de Loizu en una cueva de Navarra, por su antigüedad y estado de conservación, es uno de los descubrimientos más importantes en el ámbito europeo para el periodo en el que fue enterrado. Descubierto en 2017 por miembros del grupo espeleológico Sakon, no fue extraído de su ubicación hasta 2021. En febrero de 2022 se han empezado a dar a conocer resultados, algunos preliminares, de un estudio multidisciplinar internacional de gran calidad coordinado por Pablo Arias Cabal desde la Universidad de Cantabria.

La cueva de Errotalde I

El hallazgo tuvo lugar en la Cueva de Errotalde I, situ en el concejo de Aintzioa-Loizu, dentro del municipio de Erro (Navarra, España). Una cavidad inscrita en un complejo sistema kárstico abierto en un entorno geomorfológico muy diverso que ha dado lugar a gran variedad de contextos subterráneos. Se trata de un sistema de 4 niveles, excavado por un rio subterráneo aún activo en el nivel inferior. El cuerpo fue depositado en los meandros fósiles ubicados actualmente en los niveles más elevados.

Se accede al lugar del hallazgo, situado a unos doscientos metros de la entrada actual, siguiendo un intrincado, angosto y estrecho recorrido. La accesibilidad depende del nivel freático, hay puntos que pueden sifonarse, y la propia entrada (reformada en los años cuarenta del s. XX) en una zona de nacedero lleva a pensar que pudo nos ser accesible en la época en que fue depositado el cuerpo. Posiblemente hubo otro acceso, hoy colmatado.

El yacimiento

Se trata de un esqueleto depositado en el interior de la cueva, casi inalterado, con un excepcional estado de conservación. Faltan muy pocos huesos. La parte de los pies, la más complicada de recuperar por los arqueólogos, estaba cubierta por concreción estalagmítica. Los huesos y el entorno pétreo inmediato estaban cubiertos por una sustancia colorante roja.

La inhumación

La disposición de los restos indica que fue depositado envuelto en una mortaja. La abundancia de manchas de colorante (más en la parte superior del cuerpo, sobre todo en la cabeza) sugieren que el cadáver y el entorno inmediato fueron cubiertos con ocre (por datos preliminares de su estudio, se piensa que elaborado en la cavidad a partir de colorante traído de fuera). Un detalle, bien conocido en otras inhumaciones antiguas, es el único detalle del posible ritual. Carece de ajuar asociable.

Cómo era el hombre Loizu

Aunque la mayoría de estudios sobre él todavía no han concluido, los investigadores han aportado recientemente una serie de datos interesantes.

Se trata de un individuo varón de entre 21 y 23 años. Calculan una altura de 1,60-1,65 m, y un peso en torno a los 50-55 kg. Murió poco después de que le naciera la primera muela del juicio.

Era diestro. El análisis musculo-esquelético indica que desarrolló una actividad física muy intensa, y que estuvo arrodillado con frecuencia.

Los dientes sugieren que usaba palillos para limpiárselos, pero al mismo tiempo las marcas de abrasión por arena/tierra muestran que el alimento no estaba muy limpio. La investigación apunta abundancia de dieta cárnica.

El análisis paleopatológico ha localizado además indicios de varias lesiones, ligadas quizás s su modo de vida cazador, a la búsqueda de alimento, como la osteólisis de ambas clavículas, o una lesión osteocondral del cartílago de una rodilla. Además, la hiperostosis porótica en el cráneo indicaría estrés nutricional, es decir, haber pasado por periodo/s de hambre. En el cráneo también se percibe una protuberancia, osteoma exostótico, pero parece que fue algo asintomático, una variante anatómica, no una enfermedad. Un orificio en el cráneo, y la alteración/desaparición de la zona de lo que sería la cara, nos llevan a ala tesis sobre su muerte.

Causa de su muerte

En el hueso parietal izquierdo, hacia la parte posterior de la cabeza, se atisba un orificio circular de 14,26 mm de diámetro. Los investigadores manejan que la hipótesis (arqueología experimental) que mejor explica el tipo de orificio apunta al impacto por proyectil, posiblemente de flechas. Flecha que entraría por la parte posterior de la cabeza y saldría por la zona de la cara, explicando la destrucción de esa zona. Es coherente con el periodo cronológico en el que vive el hombre de Loizu, la época que empieza a desarrollarse y extenderse en Europa el uso del arco y flechas.

Cronología y contexto cultural

De momento, el análisis radiocarbonométrico marca una fecha de 11.700 a. C, en el AZILIENSE, el periodo cultural inscrito en la fase de transición entre el Pleistoceno y el Holoceno. No hay demasiada información sobre el aziliense en la Península Ibérica, frente a la abundancia de datos posteriores sobre enterramientos del Mesolítico. Sólo la Cueva de los Azules (Asturias) cuenta con otro caso del Epipaleolítico/Aziliense, aunque es más tardía (10.000 años BP), y muestra otro modelo, de enterramiento, en fosa y en la entrada de la cavidad.

Hay dos casos, ya del Mesolítico (unos 8.000 años BP), de esqueletos localizados directamente sobre el suelo de la cavidad, la Cueva de la Braña-Arintero (León), y la Cueva de Tito-Bustillo (Asturias): pero en la primera, los dos esqueletos (por ADN se sabe que eran hermanos) parecen responder, para Arias-Cabal, a una muerte por accidente, no un depósito funerario. Y en el caso de Tito Bustillo, su conservación no era buena, el esqueleto estaba muy degradado.

En Navarra, el único caso paralelizable es el del enterramiento de una mujer de unos treinta años en el abrigo de Aizpea (Aribe), a unos 14 km a vuelo de pájaro de Loizu. Con una datación en torno a los 8000 años BP, también del Mesolítico. Es interesante la coincidencia en las huellas de desgaste físico al comparar el caso de Loizu y Aizpea. Mostrarían la persistencia de gentes cazadoras-recolectoras adaptadas a las dificultades de vida y búsqueda de recursos en el relieve agreste y boscoso de las montañas prepirenaicas, en los inicios del Holoceno.

El hombre de Loizu está a punto desvelar muchos de sus secretos. En los próximos meses verán la luz muchos de los estudios en profundidad que se le están haciendo. Sin duda, aportarán luz sobre un periodo poco conocido, y subrayarán aún más la importancia de este hallazgo para la arqueología peninsular y europea.

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16 marzo 2022 3 16 /03 /marzo /2022 11:24
Representación de equino de la nueva galería decorada de Alkerdi 2

Representación de equino de la nueva galería decorada de Alkerdi 2

En 2020, la investigación en la cueva de Alkerdi II permitió localizar un nuevo sector de arte parietal paleolítico (Gravetiense), de indudable interés, del que hemos empezado a conocer detalles desde finales de 2021.

Historia de las investigaciones

Las cuevas de Alkerdi-Berroberría son conocidas desde 1930, tras los descubrimientos de Norbert Casteret. Han sido excavadas en distintos momentos desde entonces. Entre ellas, Alkerdi 2 siempre tuvo un papel muy secundario. Todavía en 2010, Barandiarán y Cava citaban a Alkerdi 2 como una cueva en galería ubicada justo encima de la de Alkerdi, con un depósito funerario quizás del Calcolítico.

El 2015 se localizan más representaciones parietales en Alkerdi, un galería con figuras de bisontes. Se crea un equipo de estudio del complejo kárstico de la zona, que en 2016 da como resultado el hallazgo de arte rupestre y galerías (con zonas con paleosuelo paleolítico), en la cueva de Alkerdi 2. En julio de 2020 se localizó otra galería con grabados y trazos pintados en rojo.

Localización

Alkerdi II forma parte del complejo kárstico Alkerdi – Zelaieta, ubicado entre los barrios de Alkerdi y Leorlas en el municipio de Urdax. Un complejo formado por la filtración de las aguas que drenan el margen derecho de la cuenca alta del Olabidea-Urdazuri, sobre todo las llegadas desde el monte Arleun. Frente a este monte, y al fondo de este desnivel, se localiza el frente S de un afloramiento rocoso que alberga las cavidades de este sistema kárstico.

Contexto arqueológico

Los nuevos descubrimientos en Alkerdi II corresponden a representaciones parietales paleolíticas. Próximas entre sí, las evidencias de esa época en este complejo kárstico se circunscriben al abrigo de Berroberría, y las cuevas de Alkerdi I y II.

En el abrigo de Berroberría, las excavaciones muestran su ocupación en diferentes momentos del Paleolítico Superior. Una ocupación relativamente intensa en el Magdaleniense antiguo (inferior y/o medio). Y una ocupación prácticamente continuada desde la fase final del Pal. Superior (Magdaleniense avanzado o superior, y Magdaleniense final) hasta el Epipaleolítico/ Mesolítico.

En Alkerdi I, las excavaciones de Barandiarán y Cava identificaron una estancia, más o menos puntual o breve en el Gravetiense, con una cronología cercana al 26.000 BP.

El Alkerdi II, a falta de una excavación, se conocen dos puntos con evidencias, materiales. Uno en un cono de derrubios cercano a la entrada. Y otro en la zona del sector decorado B, en un piso inferior más al fondo de la cavidad, en el que se han encontrado una concentración de carbones, un hogar con huesos quemados y restos de talla, y media docena de sílex dispersos

El arte parietal de Alkerdi II, y los nuevos descubrimientos de 2020

Según los últimos estudios publicados en 2020, se conocían cuatro sectores decorados con arte parietal paleolítico. Los sectores A y B, ubicados contiguos al fondo de la cavidad (respecto a la entrada actual); y los sectores C y D, situados en sendos desarrollos laterales apartados de la zona de tránsito. En un total de unos diez paneles decorados, las representaciones conocidas hasta entones correspondían a figuraciones animales grabadas (destaca un panel con cinco bisontes), de équidos y bisontes; y a signos pintados en rojo o negro, como puntos agrupados o no, un triángulo, una parrilla.

La datación de una muestra de carbón tomada de una representación, y de un resto carbonoso a sus pies, indican una cronología ante quem en torno al 27.000 BP.

A finales de 2021 se dio a conocer el descubrimiento en julio de 2020, en un entramado de galerías dos pisos por debajo de la entrada actual de Alkerdi 2, de un quinto sector decorado. Ubicado en una galería de difícil acceso a la que se llega tras superar pasos complicados y una gatera muy estrecha. Allí se descubrieron otra docena de figuraciones grabadas: dos vulvas situadas justo después de la gatera, y una zona concentración de representaciones de animales (bisontes, uros, caballos). También encontraron cinco series de líneas dobles pintadas en rojo. Con un estilo en los grabados, para Olivia Rivero, un poco expresionista, que las aproxima a ejemplos de arte parietal francés. Como en el resto de la cavidad, su cronología ha sido relacionada con el Gravetiense, con una antigüedad cercana a los 27.000 años.

Este descubrimiento, que enriquece aún más el patrimonio cultural de la cueva, subraya la importancia de esta zona para el conocimiento del poblamiento paleolítico navarro y su conexión con el otro lado del Pirineo. Y muestra un poco más su expresión artística en cavidades, algo todavía muy poco conocido en una comunidad como Navarra, muy rica sin embargo en fenómenos kársticos y cavidades. Esperemos que lleguen nuevos hallazgos.

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25 octubre 2016 2 25 /10 /octubre /2016 10:47

Las cuevas de ALKERDI y BERROBERRÍA son conocidas para la arqueología desde 1930. Durante muchos años sólo se investigó en el yacimiento de BERROBERRÍA, y el arte rupestre localizado en ALKERDI por Casteret en esa fecha (con alguna figura más identificada por I. Barandiarán en los años setenta). En 2014 se localizó en Alkerdi un nuevo conjunto de grabados en otra de sus galerías, en un momento conflictivo por la polémica que rodeaba a la actividad de la cantera cercana y sus consecuencias para la supervivencia de las cavidades. El Gobierno de Navarra encargó al equipo responsable de los nuevos hallazgos el estudio del complejo kárstico de la zona. De momento, ha dado como resultado el hallazgo en 2016 y 2020 de arte rupestre y galerías que conservan zonas con paleosuelo paleolítico, en la cueva de Alkerdi 2.

Historia de las investigaciones

Las cuevas de Alkerdi-Berroberría son conocidas desde 1930, tras los descubrimientos de N. Casteret. Pero Alkerdi 2 siempre tuvo un papel muy secundario. En 1940, el marqués de Loriana, que había visitado las cuevas y realizado excavaciones, la describe como una pequeña galería donde “había fragmentos descuartizados de cerámica y algunos dientes de cérvido”. La cueva fue prospectada por G. Imbuluzqueta hacia 1969. Ignacio Barandiarán y Ana Cava lo hicieron también en 1979, y sólo encontraron un nivel de ocupación con cuentas en concha de Pecten, algún fragmento cerámica, y varios huesos humanos, que atribuyeron en conjunto al uso de la cavidad como depósito funerario del Calcolítico. Todavía en 2010, ambos autores citaban a Alkerdi 2 como una cueva en galería ubicada justo encima de Alkerdi, que contaba con un depósito funerario quizás del Calcolítico.

El 2015, un equipo de investigadores encabezado por Diego Gárate publican el hallazgo de más representaciones parietales el Alkerdi. Ante las posibles consecuencias de la actividad de la cantera cercana, que pretendía ampliar e intensificar la explotación, el Gobierno de Navarra encargó al equipo responsable de los nuevos hallazgos el estudio del complejo kárstico de la zona, que ha dado como resultado, por el momento, el hallazgo en 2016 de arte rupestre y galerías que conservan zonas con paleosuelo paleolítico, en la cueva de Alkerdi 2.

En julio de 2020, en un entramado de galerías dos pisos por debajo de la entrada actual, se identificaron una docena de figuraciones  grabadas (bisontes, uros, caballos, dos vulvas), y (al menos) cinco series de lines dobles pintadas en rojo. Con un estilo en los grabados, para Olivia Rivero, un poco expresionista, que las aproxima a ejemplos de arte parietal francés. Su cronología ha sido relacionada con el Gravetiense, con un antigüedad cercana a alos 27.000 años.

La cueva

Forma parte del complejo kárstico Alkerdi – Zelaieta, creado por la filtración de las aguas que drenan el margen derecho de la cuenca alta del Olabidea-Urdazuri, sobre todo las provenientes de las pronunciadas pendientes del monte Arleun. Frente y al fondo de este desnivel se ubica el frente S del afloramiento rocoso que alberga este sistema kárstico, entre los barrios de Alkerdi y Leorlas del municipio de Urdax. Las pendientes encauzaron hacia allí abundantes precipitaciones, cuya infiltración generó el complejo kárstico. El acceso actual a la cueva se realiza en este frente S, a una cota más alta que las otras dos cavidades con evidencias del Pal. Superior (ALKERDI, y el abrigo de BERROBERRÍA). Todas ellas, junto a las de Zelaieta en la otra vertiente, forman parte del gran complejo kárstico.

El arte parietal de Alkerdi 2

Por lo conocido hasta la fecha, a falta de la futura publicación científica del conjunto de Alkerdi 2 que lo fundamente y argumente, se han localizado evidencias de arte paleolítico repartidas en cinco sectores distintos, que los investigadores asocian estilísticamente al Gravetiense a partir de un bisonte grabado (hace 28.000 -20.000 años BP). Una muestra de carbón extraída de una de las líneas negras pintadas en la pared, ha sido datada por C14-AMS en el Laboratorio de la Universidad de Oxford (Reino Unido) en una fecha mínima de 20.500 años BP. Lo que podría relacionarse con el asentamiento temporal del Gravetiense en la cueva de Alkerdi.

Se ha descubierto un paleosuelo en la denominada Galería del Sílex, situado al pie de las pinturas. Se trata de abundantes evidencias de industria lítica piezas de sílex, restos de carbones, fragmentos de hueso y hogares en el suelo. Los descubridores creen encontrar una conexión entre el paleosuelo y el momento de la ejecución de las representaciones.

Las representaciones encontradas combinan las figuras animales (básicamente grabados de bisontes y equinos, y 4 pinturas negras que simulan cérvicodorsales de cuadrúpedos), con puntos y signos pintados en rojo o negro (excepto dos vulvas grabadas en el inicio del sector 5). En conjunto, la investigación vincula formalmente de momento este arte parietal con el Gravetiense, con posibles conexiones estilísticas con el Pirineo francés. 

Una cueva abierta a futuros descubrimientos

La cueva está en estudio. Hay muchas incógnitas abiertas, que los investigadores tratarán de ir comprendiendo en los trabajos que se realizan o se realizarán. Es bastante probable que la revisión de su desarrollo lleve al descubrimiento de más figuras parietales. Al mismo tiempo, la prospección espeleológica y arqueológica de zonas inexploradas de la cueva puede llevar al conocimiento del primitivo acceso de la cavidad. Queda por dilucidar si hay o hubo conexión con las cavidades conocidas del frente N (Zelaieta), alteradas por la acción de la cantera, Y qué relación tiene Alkerdi 2 con los numerosos accesos exteriores a galerías, todavía por explorar, localizados en 2016 en ese frente N, cerca de las cavidades de Zelaieta.

Alkerdi 2 es ya un gran hallazgo, que enriquece lo que ya se conoce de esta zona. Ahora que parece desaparecer la inquietud por lo relacionado con la cantera, queda la ilusión por un futuro en el que es bastante probable que la cueva aporte nuevos descubrimientos.

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25 octubre 2016 2 25 /10 /octubre /2016 10:27

La cueva de Alkerdi está excavada en el frente S del complejo kárstico de Alkerdi-Zelaieta, excavado en la vertiente norte de la cordillera pirenaica, en el extremo septentrional del valle de Baztán. Complejo excavado por la infiltración parcial de la red de drenaje que conforma el margen derecho de la cabecera del río la Nivelle/Ugarana.

Historia de las investigaciones

BERROBERRÍA y ALKERDI fueron descubiertas por N. Casteret en 1930, quien ya localizó el arte rupestre de la segunda. En 1939 Casteret visita de nuevo la cueva con el marqués de Loriana (que también visitará Alkerdi 2). Éste realizará nuevos calcos, y sus prospecciones en el suelo del vestíbulo identifican algún material arqueológico.

A partir de los años setenta, I. Barandiarán compaginará sus investigaciones en Berroberría con el estudio de Alkerdi. En 1973 estudia los grabados parietales de Alkerdi, centrado en los del sector izquierdo de la cueva, y en dos nuevas figuras localizadas en el vestíbulo, aunque no localiza los grabados señalados por Casteret en el sector derecho de la misma ni la crinera de caballo. En los años ochenta y noventa, I. Barandiarán y A. Cava excavarán varias veces en Alkerdi (1988, 1993 y 1994), en la misma época en la que los hacen en el vecino abrigo de Berroberría.

El 2014, Garate et alii identifican y estudian más representaciones parietales en una galería lateral de la sala situada a la derecha, donde N. Casteret (1933) ya señaló la presencia de grabados. Publicaron el estudio en 2015, recogiendo el hallazgo de una veintena de figuras (la gran mayoría grabadas, y una pintada), mayoritariamente bisontes, con características propias del Magdaleniense medio, especialmente vinculadas a los conjuntos de la vertiente pirenaica.

La cueva

Forma parte del sistema kárstico Alkerdi – Zelaieta, excavado por la filtración de las aguas que drenan el margen derecho de la cuenca alta del Olabidea-Urdazuri, en el contexto de un afloramiento rocoso ubicado entre los barrios de Alkerdi y Leorlas del municipio de Urdax. Su boca se abre en el frente S del afloramiento, junto a otras cavidades con evidencias del Pal. Sup. (ALKERDI II, y el abrigo de BERROBERRÍA). Junto a ellas confluye la escorrentía de la pronunciada a ladera del monte Arleun, situado enfrente. La infiltración de las frecuentes precipitaciones creó el complejo kárstico, en varios niveles. Inicialmente provocó la reiterada inundación (en varias fases permanente) del abrigo de Berroberría, pero no de la de Alkerdi.

La entrada a Alkerdi de 6 m de ancho x 3,5 de altura, da paso a un vestíbulo bajo, de apenas 1,5 m en muchos puntos, pero de superficie amplia (8 metros de anchura x 10 metros de profundidad). En su parte izquierda se accede a una galería, en cuyo recodo final se ubica el arte parietal descubierto en 1930. En el estudio de 1974, Barandiarán localiza otras dos figuras en el vestíbulo.

Hacia la derecha del vestíbulo, de la pared izquierda del fondo de esta sala parte una galería estrecha que se va reduciendo hasta convertirse en una gatera de difícil tránsito. El tramo final de la gatera enlaza de nuevo con la sala. En esta galería se localizaron los grabados descubiertos en 2014. También en la parte derecha del vestíbulo encontramos un estrecho conducto y una gatera, que comunican con una sima que conecta la cueva con el exterior.

Ocupación en el Gravetiense

Aunque no sufrió las fases de inundación de Berroberría, la escasa altura del vestíbulo, la subida del nivel del suelo por la sedimentación, y el abundante goteo de las infiltraciones, que provocaba el encostramiento del suelo, limitaron su uso. Pero, las cavidades del afloramiento rocoso de Alkerdi gozaban de grandes ventajas en su entorno inmediato y a media distancia, que justificaban el uso incluso de Alkerdi: ubicadas a baja altitud frente a la llanura aquitana y al pie de los Pirineos, tenían fácil conexión con las costa a través de cercanos ríos de corto recorrido, y un entorno natural circundante con cómodo acceso a una gran variedad de biotopos y recursos (caza, pesca, recolección, sílex).

Las excavaciones realizadas por Barandiarán y Cava sólo consignaron (en un espacio de excavado de 11 m2) un nivel de ocupación, poco intenso, del Gravetiense. Se recuperaron más de un millar de evidencias líticas. Junto a restos de talla, se identificó un centenar de útiles retocados (con predominio de piezas de dorso con retoque abrupto). Había también una docena de elementos sobre soporte orgánico, entre los que destacan un fragmento de azagaya gruesa, un cincel/cuña de asta, y cuatro conchas perforadas de Turritella. Se recuperó abundante fauna: cuatro mil restos de macromamíferos, y diecisiete mil de microfauna, además de algunos huesos de aves y peces. Y por último, se halló un fragmento de molar humano.

La datación por C14 de una muestra de huesos arroja una fecha de 26.470± 530/490 BP, acorde a la adscripción cultural al Gravetiense.

Para sus excavadores, la abundancia de microfauna y la escasa antropización indicarían un episodio puntual, de acampada, diferente a la prolongada e intensa ocupación de Berroberría desde el Magd. Inferior.

El arte parietal de Alkerdi

Tomando como referencia más reciente el estudio de Garate y Ribero (2015) sobre las nuevas representaciones, podemos diferenciar en la cueva cuatro sectores., concentrados sobre todo en dos galerías.

  1. Galería izquierda. Estrecha, de techo alto, se accede a ella desde el lado izquierdo del vestíbulo. En su tramo final se localizan las figuras localizadas por Casteret y revisadas por I. Barandiarán (sectores A y B). Además de lo figurado en el arranque de la galería (sector B), la mayoría de lo representado se concentra tras un recodo, grabado sobre un cono estalagmítico que obstruye el final de la galería (sector B), y cuya superficie fue previamente descortezada en parte. Se mantiene la adscripción que hizo Ignacio Barandiarán del estilo de las figuras al Magdaleniense III-IV. Además de restos de figuras de difícil interpretación, destacan un bisonte de cuernos filiformes, un ciervo completo (con relleno de trazos a modo de grabado estriado), y la parte posterior de un caballo.
  2. Vestíbulo. Un par de perfiles de figuras (una cierva, y un dudoso lobo) en la pared del fondo (sector C).
  3. “Galería de los Bisontes”. Denominada así por sus descubridores. Desde el lado derecho del vestíbulo, formaciones estalagmíticas complican el acceso a una sala de 14 x 6 m, y techos aún más bajos, de suelo arcilloso. De la pared izquierda de dicha sala parte, para terminar también en ella, una galería de pequeñas dimensiones y difícil tránsito. Tiene unos 1,5 x 1,5 m en su tramo inicial. Se estrecha de manera progresiva y tras 3 m de desarrollo gira a la derecha. Aquí, reducida ya a un tubo de menos de 0,5 m x 1,5m de altura, se localizan en unos 2 m de desarrollo las primeras evidencias gráficas. El conducto vuelve a girar a la derecha. En este recodo se localizan la mayoría de los grabados, observables por una sola persona recostada. Le sigue un tramo final aún más complicado y estrecho de 1,5 m que desemboca de nuevo en la pared izquierda de la sala.

Las figuras son de pequeño formato, con caracteres formales y técnicos bastante homogéneos y uniformes, que responden al estilo propio del magdaleniense pirenaico.

Fueron realizadas mediante incisiones poco profundas, yuxtapuestas, con frecuencia en una única pasada del útil. Destacan en gris sobre el fondo rojizo de la caliza (efecto quizás buscado de origen).

En los bisontes, mayoritarios (11 figuras), el detallismo del trabajo incluye cuernos en doble curvatura - s - mediante una única línea; pelaje de la barba y de la giba simulado mediante trazos paralelos; representación de detalles anatómicos, en ocasiones con despiece asociado (ojo, oreja, boca, lengua, pezuñas, corvejón, sexo, etc. En el caso de los caballos, menos numerosos, figuran las crineras mediante trazos paralelos. También abundan los detalles anatómicos (ojo, oreja, boca), y los despieces.

Para Garate y Rivero (2015), geográfica, estilística y formalmente, el arte parietal de Alkerdi parece inmerso en la corriente de intercambios culturales magdalenienses entre la región cantábrica y el mundo pirenaico. Dos espacios que comparten rasgos unitarios comunes que le dan cierta coherencia interna, y matices diferenciadores. En el caso de Alkerdi la balanza parece inclinarse más hacia la vertiente francesa (como las cercanas cavidades de la colina de Gaztelu: Isturitz, Oxocelhaya y Erberua), en la que se incluye geográficamente y hacia la influencia pirenaica (Niaux, Fontanet, Marsoulas, Les Trois-Frères o Le Tuc d’Audoubert), Como en ellas (y en casos cantábricos como Altxerri) domina la figura del bisonte. Los paralelismos con lo pirenaico alcanzan también las convenciones formales, sobre todo en el caso de los bisontes. Junto a alguna figura que por su carácter lineal se vincula más con las convenciones de cavidades cantábricas, en la mayoría de los bisontes se entronca con el Magdaleniense medio pirenaico (abundantes detalles anatómicos, la representación del pelaje o la lengua). Y la presencia de una figura que puede interpretarse como “herida” se asemejaría a un tema habitual en el arte mobiliar y parietal pirenaico (arte mueble de Isturitz, arte parietal de Les Trois-Frères, Niaux o Fontanet).

La comparación de los matices técnico-formales diferenciadores entre lo localizado y estudiado en 1930 (Casteret) y 1974 (I. Barandiarán), y lo descubierto en 2014, parece indicar en el arte parietal de Alkerdi dos fases o momentos, o al menos dos manos distintas, no necesariamente distanciados en el tiempo, en el amplio lapso entre el Magd. Inferior y el Magd. Medio (aunque la investigación se decanta más por el segundo).

La investigación arrojará sin duda luz en el futuro sobre este espacio de intensa presencia durante el Paleolítico Superior, y sobre el arte rupestre de Alkerdi y de la vecina Alkerdi 2. La publicación de lo descubierto estos dos últimos años, y su análisis, nos permitirán avanzar en el conocimiento de este periodo en este extremo de los Pirineos.

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25 octubre 2016 2 25 /10 /octubre /2016 10:21

En la cueva de Alkerdi, cuyos grabados son conocidos desde 1930, se descubrió en 2014 una nueva galería con grabados. Ante las previsibles consecuencias de la actividad de la cantera cercana, que explotaba el macizo rocoso que alberga Alkerdi , Alkerdi 2 y Berroberría (y otras cavidades con interés arqueológico, como  Zelaieta I y II), el Gobierno de Navarra encargó al equipo responsable de los hallazgos de 2014, el estudio del complejo kárstico de la zona, que ha dado como resultado, por el momento, el hallazgo en 2016 y 2020 de arte rupestre y galerías que conservan zonas con paleosuelo paleolítico, en la cueva de Alkerdi 2.

Realizaremos en este artículo una visión de conjunto del contexto geográfico y cultural y el uso de estas cavidades en la Prehistoria (BERROBERRÍA , ALKERDI, ALKERDI 2, y Zelaieta), y las novedades sobre arte parietal del Paleolítico Superior en Alkerdi y Alkerdi II.

Un emplazamiento privilegiado

Las cavidades se localizan en Urdax, una localidad ubicada al N del valle de Baztán. Situado en el extremo occidental de los Pirineos, este valle no responde sin embargo a los rasgos típicos de un valle pirenaico en altura. Básicamente, se define en lo estructural como una cubeta o depresión, a 150-200 msnm, bordeada por dos viejos macizos. La cubeta presenta un desnivel relativo considerable, de cerca de mil metros respecto a las montañas que la rodean (con algún caso de glaciarismo cuaternario en dos de estos montes, el Autza y el Sayoa). La zona posee un clima de tipo templado-atlántico, suave, de abundantes precipitaciones (un promedio de 1.400-2.200 mm de precipitaciones, caídas en 160-190 días). La vegetación natural en el Holoceno es de tipo atlántico, con hayedos en las montañas, robledades en las partes bajas, castañares en las intermedias, y otras especies como fresnos y avellanos.

En realidad, los municipios de Urdax y el vecino de Zugarramurdi, con desniveles marcados a su espalda respecto al resto del valle, se sitúan en el piedemonte de la vertiente N del valle, en la cabecera del río La Nivelle/Ugarana. Responden más a la orografía y climatología de esta vertiente, a las tierras que se extienden curso abajo del Nivelle, hacia la costa atlántica.

Historia de los descubrimientos

La cueva de Alkerdi fue descubierta por el espeleólogo francés N. Casteret en 1930, durante una visita a varias cuevas de los municipios de Zugarramurdi y Urdax. Presenta los datos de manera breve en 1933. En 1935, J. C. Baroja realiza calcos de los grabados por encargo de J. M. Barandiarán, quien ese mismo año señala la existencia del yacimiento arqueológico de la cavidad. En 1939 Casteret visita de nuevo la cueva con el marqués de Loriana, quien se limita a realizar nuevos calcos de algunas de las figuras del sector izquierdo, y excava una trinchera delante del sondeo de Casteret en Berroberría, publicando sus estudios en solitario (1940).

Durante años, el interés arqueológico se centrará en la excavación del abrigo contiguo de Berroberría. En los años cuarenta, por encargo de la I. Príncipe de Viana, S. Ribera Manescau, profesor de la Univ. Valladolid, excava en Berroberría. No publicó datos, ni hay noticias del destino final de los materiales. En los años cincuenta, J. Maluquer de Motes, nombrado director del servicio de excavaciones de la I. Príncipe de Viana, excava en Berroberría entre 1959 y 1965.

I. Barandiarán publicó en 1974 el estudio detallado de los grabados de Alkerdi. Realiza junto a A. Cava distintas campañas de excavación en Berroberría entre 1977 y 1996. En los años ochenta y noventa, ambos excavarán varias veces en Alkerdi (1988, 1993 y 1994).

En 2015, un equipo de investigadores, encabezados por D. Gárate, publicó el estudio de una nueva galería de dicha cavidad, que alberga una veintena de figuras grabadas, mayoritariamente bisontes, con características propias del Magdaleniense medio, especialmente vinculadas a los conjuntos de la vertiente pirenaica.

Ante la proximidad de una cantera en explotación, y su proyecto de ampliación de explotación, el gobierno de navarra encargó al equipo de Gárate el estudio del complejo kárstico de la zona. El resultado más relevante se refiere a Alkerdi 2, en la que se localizaron en 2016 y 2020 cinco sectores de arte rupestre (que adscriben al Gravetiense), así como zonas con paleosuelo paleolítico.

El gran complejo kárstico que alberga las cuevas de Alkerdi/Berroberría

Las cuevas pertenecen a un complejo kárstico hoy en día en estudio, la unidad geológica del sistema Alkerdi – Zelaieta, situado en la vertiente norte de la cordillera pirenaica, al N del valle de Baztán, en la cabecera de una serie de arroyos que drenan el margen derecho de la cuenca alta del Olabidea-Urdazuri, tributario aguas abajo del Nivelle, camino del Atlántico. Está excavado en el afloramiento rocoso de una masa de mármoles, margas, calizas, y areniscas calcáreas, entre los barrios de Alkerdi y Leorlas del municipio de Urdax. La regata de Urtxume, que atraviesa el afloramiento de SW a NE, crea una red interconectada de galerías fósiles y activas con simas y cuevas a diferentes alturas. Las aguas emergen nuevamente en la resurgencia kárstica de Kanbor, para desaparecer a los pocos metros dentro de las calizas de la zona de Ikaburua, horadando una nueva red de galerías. Las aguas vuelven a ver la luz en una resurgencia kárstica, desde la que confluyen hacia el río Olabidea.

En un extremo del relieve calizo que alberga el sistema kárstico, en la zona más afectada por las actividades de las canteras vecinas, se encuentran las cuevas de Zelaieta (I, II), con yacimiento arqueológico conocidos. Loriana publicó en 1940 los resultados de sus prospecciones en el interior de Zelaieta I, y habla de “fragmentos de cerámica tosca roja y negra y con alguna decoración muy sencilla, algunos huesos rotos y dientes de cérvido”. Barandiarán y Cava la exploraron sin resultado en 1979. Recientes investigaciones han localizado en 2016, cerca de las cavidades de Zelaieta, numerosos accesos exteriores a galerías, todavía por explorar.

En el otro extremo se ubican las cavidades con evidencias del Pal. Sup. (ALKERDI y ALKERDI II, y el abrigo de BERROBERRÍA). Sus embocaduras se abren con orientación S en un frente rocoso orientado de cara y al fondo de la pendiente pronunciada de las laderas del monte Arleun. Pendiente que dirigía las precipitaciones hacia la zona de estas cavidades que actuaba como cuenca de recepción. Su infiltración formó el complejo kárstico. En un primer momento, el arroyamiento de las corrientes que bajaban por la pendiente provocaba la reiterada inundación (en varias fases permanente) de la cavidad a cota más baja en este entorno de depresión, el abrigo de Berroberría, con fuerte acumulación de materiales arrastrados. El descenso definitivo del drenado de las precipitaciones a un plano inferior de la red subterránea, y el cambio en el punto en el que drenaban, permitió el uso prolongado de Berroberría como hábitat a partir del Magdaleniense.

Alkerdi/Berroberría durante la Prehistoria

Las cavidades de Alkerdi y Berroberría (a la espera de la certificación del uso de Alkerdi II como hábitat), responden al “ideal” de cavidad habitable que tanto abunda en los hábitats localizados de las comunidades francocantábricas durante el Paleolítico Superior: sitios de altitud baja, en la banda sublitoral que se extendía desde la cornisa cantábrica hasta la llanura aquitana, al pie de cadenas montañosas (en este caso, el extremo occidental de los Pirineos), con fácil conexión con las costa a través de cercanos ríos de corto recorrido que les proporcionaban además recursos piscícolas.

El entorno natural circundante a las cavidades de la zona de Alkerdi permitía un acceso cómodo a numerosos puntos de captación de recursos que ofrecía un espacio con una gran variedad de biotopos, abundante en mamíferos objeto de caza, con acceso a recursos del río cercano (incluido salmónidos), separado de la costa por sólo 15 km.

El uso de las cavidades como hábitat y/o para la plasmación de arte parietal parece diferenciar dos fases. En un primer momento, durante el GRAVETIENSE, usan Alkerdi ( tal vez Alkerdi 2) como hábitat en un asentamiento puntual. Alkerdi 2, todavía en estudio, es una gran cavidad con diferentes niveles, una red intrincada de galerías y gateras, y el arte rupestre repartido en distintas zonas de su desarrollo. En el caso de Alkerdi,  su techo bastante bajo (lo era cada vez más con la sedimentación) y el abundante goteo que provocaba el encostramiento del suelo, no la hacen candidata a su habitación prolongada, pero la vecina Berroberría permanecía inundada, y el entorno territorial tenía muchas ventajas. Como indican en 2008 Barandiarán y Cava, era “un sitio incómodo en un territorio conveniente. En este periodo grabaron y pintaron signos y figuras animales en Alkerdi  y Alkerdi 2.

Con los datos conocidos hasta ahora, hemos de dar un gran salto temporal hasta el  MAGDALENIENSE, cuando las comunidades paleolíticas se decantaron por habitar la opción más obvia, el abrigo de Berroberría, ya seco (aunque con algunas fases temporales de abandono por reinundación). Se trataba de una cavidad de corto desarrollo (que llegaba en algún punto a unos 18 m), pero con una embocadura de unos 23 m de ancho por 4 a 6 m de alto, y un amplio y cómodo espacio de cerca de 200 m2 habitables, bien orientada, con luz natural y agua cercana.

En el Magdaleniense Inferior y/o Medio tiene lugar una ocupación relativamente intensa de Berroberría (14430 +/-290 y 13580+/-140 BP), así como la realización de arte parietal (se identifican dos momentos de plasmación y/o dos manos) en dos de las galerías y un punto del vestíbulo de Alkerdi. Tras un fase de abandono por un nuevo anegamiento de Berroberría (la incomodidad de Alkerdi y las filtraciones del techo la hacían inhabitable) en un periodo climático especialmente lluvioso que cegó o colmató los puntos de evacuación de agua, con la reactivación de estos o la activación de otros Berroberría volvió a ser un espacio seco que fue habitado de manera casi continuada durante el resto del Magdaleniense: Magdaleniense avanzado (superior) (subnivel E inferior), en el último tercio del decimocuarto milenio BP; y Magdaleniense final, en el decimotercer milenio BP (subnivel E superior) y duodécimo milenio BP (subnivel D superior).

Habitación que se prolongó durante el AZILIENSE (subnivel D inferior, a caballo entre el undécimo y el décimo milenio BP). Tras un hiatus de mil quinientos años (probablemente por otro episodio de inundación temporal), de nuevo fue habitada con intensidad durante el MESOLÍTICO antiguo/medio, a lo largo de todo el noveno milenio BC.

Como en otras cavidades, en los momentos finales de la Prehistoria se siguió usando Berroberría, pero con menos intensidad y/o de manera esporádica, posiblemente en la misma época en la que se ha constatado el uso de las de Zelaieta. Está atestiguada la presencia en Berroberría de grupos del NEOLÍTICO (nivel B superior), y de la Prehistoria reciente (nivel A, primera mitad del tercer milenio BC).

Territorio y vecindades en el Paleolítico Superior

Con los datos que se tienen es difícil reconstruir ejes de desplazamiento y delimitar los límites del territorio de subsistencia, del espacio cultural común e intercambios y contactos, en un escenario tan amplio (y sin accidentes orográficos destacados) como el de la gran cuenca del Adour y les Gaves. Faltan los datos de la cercana (el mar está a unos 15 km de Alkerdi) llanura costera (hoy inundada) y su posibles yacimientos. Pero tenemos algunos elementos de juicio para valorar algunas de esas relaciones de aproximación que se han detectado en el espacio franco cantábrico para las comunidades del Pal. Sup., como la similitud formal y tecnológica entre los útiles encontrados, su fabricación y uso, indicios de intercambio y distribución de manufacturas, de iconografías y técnicas gráficas similares, etc.

De los sitios al aire libre y cavidades conocidos con uso en el Paleolítico Superior, en un entorno más cercano encontramos las cuevas de Lezia (Gravetiense, apenas a 3 km de aquí y en el camino hacia/desde Isturitz), Lexotoa I (J.M. de Barandiarán recogió por cata en 1941 útiles de sílex atribuibles al Paleolítico superior), Sorgiñen‐Leze (con cata de prospección de J.M. de Barandiarán en 1935, mats. atribuibles a “facies magdalenienses”), y Uriogaina (arte parietal magdaleniense detectado por J.M. de Barandiarán, y sondeos sin publicar posteriores). A distancias en un radio aprox. de 30 km, en la gran zona abierta a la que se accede desde Alkerdi, prospecciones de C. Chauchat permitieron determinar, en la región de Bayona, dos concentraciones de estaciones al aire libre del Paleolítico Superior, que se han ido confirmando a posteriori. La primera, en la orilla derecha del río Nive (incluyendo por tanto la meseta de Saint-Pierre d'Irube, en la que desde hace mucho se habían recogido evidencias de varias ocupaciones del Paleolítico Medio y Paleolítico superior), parece extenderse hacia el Este, en dirección a Isturitz y sitios pirenaicos. ”. Enlazaría así con las cavidades de Isturitz, Gatzarria, Hareguy, los talleres de utillaje lítico de aire libre de Tercis‐Les Bains, y la cueva du Pape/Brassempouy en Landes. La segunda concentración parece circunscrita al litoral atlántico, en una banda de aprox. 1 km de ancho. En ella encontramos la estación al aire libre de Lestaulan (Gravetiense) en la propia Bayona, la de Chabiague (Solutrense y Auriñaciense) al Sur de Biarritz, y la de la meseta de Bidart (con mats. constatados desde el chatelperroniense al Gravetiense). Entre ambas concentraciones, una zona con menos evidencias, que puede deberse a complicaciones prospectivas (un entorno menos urbanizado con praderíos para pasto), y/o a la ausencia de afloramientos de sílex de calidad. No en vano, la mayoría de sitios de la región de Bayona se localizan próximas a afloraciones de sílex de flysch costero de variedad Bidache. En las cuevas de Alkerdi y Berroberría, el análisis del material lítico sobre el que realizan su tecnología indica un predominio (80%) de este sílex, localizable a unos 30 km hacia el N/NW, lo que reforzaría la idea de contactos e intercambios regionales.

Isturitz, a 30 km de la costa actual y en el piedemonte pirenaico, a 35 km de camino (enlazando rutas junto a cursos fluviales) desde la zona de Alkerdi, es para muchos investigadores el gran “aggregation site” regional que pudo ejercer de eje y punto de intercambio/conexión de todo tipo para las comunidades cercanas.

La cantera de Alkerdi, conflicto entre economía y cultura

Desde 1965 se extrae piedra de una cantera extractiva a cielo abierto, ubicada en el paraje de Alkerdi, en la base del collado Bere Berriko lepoa y flanqueada por la regata Kanboko iturria al norte y Mitxelenborda al sur. A pesar de que se sabía desde los años treinta la existencia de yacimiento paleolítico, de las sucesivas campañas de excavación en Berroberría y Alkerdi, y de la ubicación de la cantera en las proximidades de cuevas y sobre el macizo rocoso en el que se inscribe su sistema kárstico, la actividad extractiva ha continuado hasta nuestros días, afectando especialmente a las cavidades del frente N del macizo, Zelaieta I y II. Responde al ya clásico conflicto entre economía y cultura: se produce un desencuentro entre las resoluciones favorables a la actividad extractiva y los métodos de voladura por parte de los organismos competentes de la administración, y los informes y resoluciones de los técnicos de cultura en una línea diferente, con el habitual “ritmo” de toma de decisiones de la administración. Pero mientras tanto la actividad extractiva y las voladuras perduran y el patrimonio se ve afectado.

En este caso, la publicación en junio de 2015 de nuevos hallazgos de arte parietal en Alkerdi, supone un cambio de tendencia que parece definitivo. Por encargo de la Dirección General de Cultura, un equipo multidisciplinar de arqueólogos, espeleólogos y geólogos, (bajo la dirección de la Sociedad de Ciencias Aranzadi), ha revisado el gran complejo kárstico, lo que ha supuesto el descubrimiento en 2016 y 2020 de arte parietal y otras evidencias prehistóricas en Alkerdi II. Un hallazgo con la suficiente entidad, que sumado a lo ya conocido ha supuesto la ya casi definitiva paralización de la actividad extractiva, y que supondrá el reforzamiento de la protección legal de los yacimientos.

Conocidos los resultados del estudio de investigación realizado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi sobre la “Caracterización del macizo y sistema kárstico de Alkerdi y de su entorno de protección”, la Dirección General de Cultura-Institución Príncipe de Viana ha procedido a su inscripción en el Registro de Bienes de Patrimonio Cultural de Navarra, como BIC y la categoría de Zona Arqueológica. El tiempo dirá si todo esto se traduce en la adecuada conservación de estos hallazgos, y las novedades que aporta la investigación arqueológica.

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23 enero 2015 5 23 /01 /enero /2015 12:00
Sillería del coro, todavía en su posición oriiginal.

Sillería del coro, todavía en su posición oriiginal.

Repartido entre el  museo catedralicio de Pamplona y el Museo de Navarra, sólo podemos contemplar un pálido reflejo de lo que en un tiempo fue un elemento emblemático de su patrimonio: la sillería del coro, obra de Esteban de Obray (1540), es una de las joyas – poco conocida - de la Catedral de Pamplona. Hasta 1940, ocupaba parte de la nave central del templo. Fue desmontado y trasladado.

Esteban de Obray

El autor de la silleria, Esteban de Obray, nace en el s. XV en Saint-ThomaS (Rouen, Francia), y muere en Tudela después de 1556, año en el que testa en beneficio de dicho municipio.

Con influencias aragonesas, este maestro sillero y entallador fue decisivo en el paso del Gótico al Renacimiento en Navarra. Obray evolucionó desde el gótico flamígero, en los inicios de su carrera, hacia una fase final plenamente italianizante, renacentista.

Su primera obra en Navarra, la sillería del coro y reja de la catedral de Tudela (1517-1522), marca ya su evolución, del gótico flamígero de la sillería al estilo plateresco de la rejería. La sillería del coro de la catedral de Pamplona fue su gran éxito. Otras obras suyas son: la portada de la colegiata de Santa María de Calatayud; el diseño del retablo de Cintruénigo; el retablo mayor de San Juan Bautista de Burlada; o la sillería del coro del Pilar de Zaragoza.

La sillería del coro de la catedral de Pamplona

La sillería del coro catedralicio de la seo pamplonesa es una de las grandes iniciativas del s. XVI navarro. Fue impulsada por Sancho Miguel Garcés de Cascante, prior de la catedral. Su estancia en Roma le había puesto en contacto con el gran Renacimiento italiano. El artista se hallaba al frente de la obra en 1540. Contó con la ayuda de varios colaboradores (fusteros, entalladores, imagineros), como Guillén de Holanda, que aportaba la influencia de los focos castellanos.

Una sillería a caballo entre el gótico y el Renacimiento

En origen, la sillería contaba con dos órdenes o niveles, con 57 sillas en el superior y 45 en el inferior. En ella, podemos diferenciar estilísticamente entre la obra de Obray; y la de su colaborador más destacado, Guillén de Holanda.

Guillén de Holanda representa la relativa pervivencia del gótico, en la tradición franco-borgoñona. Realizó un trabajo escultórico notable, pero con una seriación repetitiva que tiende un poco a la monotonía (sin concesión a lo anecdótico, de pie, de figuras individualizadas en posición frontal) con la excepción quizás de las vestimentas de los arcángeles. La obra de de Obray, en cambio, refleja el ascenso imparable del plateresco. Destaca por su agilidad y movimiento, su despliegue decorativo, la mezcla de lo ornamental con lo alegórico (los triunfos de Tetrarca, los Trabajos de Hércules, entre otros). A diferencia de su sillería en Tudela, los diseños para la seo pamplonesa remarcan el grutesco y la decoración italiana.

Obray contó para su inspiración con el recurso de abundantes grabados y dibujos del renacimiento francés e italiano. El programa iconográfico de la sillería es una combinación, plenamente humanista, del mensaje e imágenes cristianas, con imágenes de la Antigüedad y la mitología, Figuras esculpidas de cuerpo entero y con marcado frontalismo.

Dónde podemos ver la sillería del coro de la catedral de Pamplona

En la actualidad, un parte se conserva (desde 1946) en el presbiterio de la catedral pamplonesa, al fondo del ábside. En este caso, sobre el pilar del crucero, se añadieron en 1991 tres tableros procedentes de la otra parte conservada de la sillería, exhibida en la Capilla del Museo de Navarra. Además, uno de los asientos se envió a la Nunciatura de Madrid. En el Museo de Navarra es donde mejor podemos contemplarla, en la parte que se montó dentro de lo que en un tiempo fue la capilla del primitivo hospital de Pamplona, que hoy forma parte del museo.

El importante patrimonio de la Catedral de Pamplona, uno de los grandes  tesoros culturales de la ciudad, entró desde hace unos años en una positiva dinámica de  importantes labores de rehabilitación y musealización del conjunto catedralicio. Esti ha permitido redescubrir parte de sus tesoros escondidos, así como la progresiva ampliación y mejora del recorrido visitable.  Una visita que sorprende y merece realmente la pena.

Sillería del coro de la catedral de Pamplona (Navarra)
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7 noviembre 2014 5 07 /11 /noviembre /2014 11:29

El parque de la Taconera es el más antiguo y emblemático de la ciudad. Situado en pleno corazón de la ciudad, su belleza y ubicación explican la gran afluencia de pamploneses, y que sea un punto casi ineludible para los turistas.Pero es algo más que 90.000 metros cuadrados de jardines y arbolado, y que su pequeño zoológico en los fosos que alberga. Está cargado de historia y arte, que conviene conocer para disfrutarlo.

El término Taconera es muy antiguo, se remonta al menos al s. XIII. Hace referencia a una zona de la ciudad "fuera de las murallas". Albergó los conventos de San Francisco (enterramientos vinculados a él aparecieron en sondeos arqueológicos, en el verano de 2021, y en 2022 parte de los restos de sus muros) y Santa Eulalia, derribados en el s. XVI por razones militares. Hasta el sigo XIX, con ese término se definía una amplia zona, que incluía también ele espacio de la actual avenida de Navas de Tolosa y se prolongaba hasta el Paseo de Sarasate.En 1719 ya aparece como espacio arbolado, y es  definido como parque desde 1830.

Una ubicación privilegiada en el corazón de Pamplona

Es un parque romántico de estilo francés, situado en el contexto de las murallas de la ciudad, junto al casco antiguo. Lo atraviesa el eje del Camino de Santiago. Junto al cercano parque de la Ciudadela, y la zona de Antoniutti, conforman un gran pulmón verde que sirve de enlace y punto de encuentro a los barrios de una parte importante de la ciudad. Une el centro histórico (casco histórico, y primer ensanche del s. XIX), con la gran zona de crecimiento urbano pamplonés que se gestó en los años sesenta-setenta del s. XX. Su ubicación explica la gran afluencia de pamploneses, y que sea un punto casi ineludible para los turistas.

Posee una vegetación muy variada, con árboles de gran porte y cuidada jardinería. Entre los árboles, encontraremos hayas, tejos, fresnos, magnolios, ginkgos biloba, un secuoya de 40 m. destaca una sofora japónica junto al antiguo Café Vienés.

El parque está rodeado por parte de las murallas de la ciudad (Baluarte de la Taconera, Revellín de san Roque), construidas en ña segunda mitad del s. XVII. En los fosos de las fortificaciones, el parque alberga un minizoo y dos pequeños lagos.

Un parque lleno de arte

Posee varios elementos escultóricos y arquitectónicos de interés, como el monumento a Julián Gayarre, la estatua de la Mari Blanca, una arquería  de inspiración gótica, un crucero gótico del s. XVI, el portal de San Nicolás, etc. Aunque ha perdido su encanto como local con repostería, conserva un edificio con aspiraciones antaño de café de estilo vienés, que permite disfrutar de una terraza en un entorno de arbolado y flores.

Entre los atractivos artísticos, hemos de mencionar:

Cruz de la Taconera. En el parque del Bosquecillo, junto al Parque de la Taconera. Es un crucero gótico de 1521, asociado en el pasado a un punto de ejecuciones de reos. Hoy en día discurre junto a él el camino de Santiago. 

Estatua de la Beneficencia o Mari Blanca. En el parque de Taconera, junto al  Vienés, rodeada de flores. Formaba parte de una fuente que Luis Paret construyó para la Plaza del Castillo en 1790. Presidió la plaza y la vida de la ciudad (incluso se celebró en torno a ella la proclamación de la República) y que pervivió hasta el primer tercio del s. XX. Tras la guerra civil, la fuente desaparece y la estatua fue trasladada a su emplazamiento actual.

Monumento a Hilarión Eslava. Uno de los monumentos de carácter musical del parque, detalle que se aprecia incluso en los trabajos de jardinería de su entorno. Erigido en 1964. Su basamento data de 1918. Está dedicado a este gran músico burladés, cuyo Miserere es su obra más significativa.

Monumento a Julián Gayarre. Ejerce de centro neurálgico del parque. Creado en 1950 por la ciudad para honrar al gran tenor roncalés Gayarre (1844-1890). Es un destacable monumento - fuente, que domina los jardines. Sigue un proyecto del arquitecto Víctor Eusa, y está rematado por una escultura obra del escultor Fructuoso Orduña, que representas a Gayarre.

Mirador de los fososUbicado junto al estanque de Vistabella. Monumento goticista, que imita una arquería gótica, erigido en 1934 con motivo del VII centenario de Teobaldo I, aprovechando en parte los restos de arcos góticos de un monasterio que hubo en Marcilla. Cuenta con escudos de los reyes navarros de la casa de Champaña.

Portal de San Nicolás. Ubicado en la calle Bosquecillo, en el límite del parque. Barroco. Erigido en 1666, permitía superar las murallas de la ciudad en la zona próxima a la iglesia de San Ignacio. En su emplazamiento original duró varios siglos hasta 1915. El derribo de este tramo de la muralla lo condenó a un almacén, del que fue rescatado en 1929 para adornar los jardines. Conserva del original una fachada barroca de sillares almohadillados a modo de arco de triunfo, con varios escudos rescatados de las partes no conservadas del amurallamiento pamplonés.

Parque de la Taconera 

Rincón del parque, en el que se aprecia la estatua de la "Mariblanca".

Fosos y murallas

El parque de la Taconera se asienta sobre la plataforma del amurallamiento pamplonés. Uno de sus rasgos definitorios es el de los fosos, en los que se ubica un pequeño zoológico (o más bien modesta colección de animales, que comprende dos estanques con anátidas, gallinas, torugas, pavos reales, etc., y un pequeño grupo de ciervos).

La parte de la muralla en la que se localiza (dentro de los fosos) el estanque de Antoniutti es la más alterada, sólo conserva el Portal de la Taconera, derribado en 1915, y restituido hace unos años cerca de su lugar original con lo que se preservó en los almacenes municipales. El puente de acceso a esta puerta se conserva, oculto bajo el suelo, y es "visitable", ya que alberga los baños publicos de Antomiutti. 

Baluarte de Gonzaga. Limita al N el parque. Preservado en parte, alberga una zona arbolada que los pamploneses conocemos como Vistabella. Es un hermoso rincón de árboles altos, con un bonito mirador sobre los barrios bajos junto al río. Alberga una fuente que en su día se situaba en un extremo del Paseo de Sarasate, trasladada aquí cuando se construyó en ese punto el Monumento a los Fueros.

Revellín de San Roque o de Gonzaga. Dentro de los fosos. Construido por H.Torelli y M. Pastor entre 1696 y 1702. Como elementos singulares del revellín, en una de sus caras se aprecia (en precario estado) el escudo del virrey Domingo Pignatelli, marqués de San Vicente (tres ánforas) bajo cuyo mandato se realizaron las obras, acabadas en 1702. Además de varios árboles de gran porte, su plataforma superior sirve de "dormitorio" para la pequeña colonia de ciervos del parque.

Portal nuevo. Comunica la Taconera con la Plaza de la O y el resto del Casco Viejo. Primitivamente llamado Portal Nuevo de Santa Engracia. El acceso original a la ciudad por este punto, construido en la segunda mitad del s. XVI, y abierto hacia 1583, fue destruido por bombardeos en el sitio de Pamplona de 1823. Al cierre provisional, con el acceso modificado en 1905-07, le sucedió el actual, en 1950, obra de Victor Eusa.

La Taconera cuenta con muchos atractivos. Es un parque a recorrer, tranquilo, para perderse en él, y una visita obligada para el que venga a la ciudad. Proximamente volverá a quedar unido a la aledaña zona verde del Bosquecillo tras la transformación de la calle que los separa en una via peatonal nivelada con el resto.

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29 octubre 2014 3 29 /10 /octubre /2014 09:36

Este rincón entrañable y tranquilo, goza de mucha más actividad al cabo de año de lo que parece a primera vista. Lugar de bodas, bailes, de carreras de cabezudos y gigantes. Ubicada junto a la calle Mayor, frente al lateral de la iglesia de San Lorenzo, y frente a la Taconera, es un amplio espacio de suelo empedrado, bordeado por grandes árboles, y con una fuente dieciochesca en el centro. Existe como tal desde el s. XVII

En uno de sus lados, cerca de un kiosco de prensa y chucherías (casi el último ya de la ciudad), veremos un gran ejemplar arbóreo, de Sophora o árbol de las Pagodas, traído de China a Pamplona en el s. XVIII.

También es conocida como "Plaza de los Ajos", por el mercado de ajos tradicional en Sanfermines, aunque ya sólo queda hoy en día un puesto que mantenga de momento la tradición en esas fechas. Fue lugar también de venta de carbón vegetal, procedente de las carboneras del N de Navarra.

La plaza alberga varias cosas interesantes a reseñar:

Convento de Recoletas

De la orden de las religiosas agustinas. El edificio fue construido a partir de 1624, bajo patronato de Juan de Ciriza, secretario de Felipe II, y de Catalina de Alvarado.

Su arquitectura se debe a madrileño Juan Gómez de Mora, Arquitecto y Trazador de Obras Reales y Maestro Mayor de la Villa de Madrid. Da a la plaza su fachada, de piedra y ladrillo. Es un clásico ejemplo de arquitectura conventual carmelitana en el barroco español.

Destaca el cuerpo central, más alto rematado por frontón triangular. Su nivel inferior, construido en sillar almohadillado, cuenta con una arquería de arcos de medio punto, mayor el central, que da paso al pórtico por el que se accede a la iglesia del templo. Encima veremos una Inmaculada Concepción en una hornacina. De 1630, su autor fue Juan López de Ganuza.

En el piso bajo el frontón se sitúan los escudos nobiliarios de los fundadores del convento.

El interior, preserva perfectamente la arquitectura original y las dependencias conventuales, distribuidas alrededor de un claustro, con un amplio espacio exterior de ajardinado y huerta.

Como en otros muchos conventos, la presencia entre sus religiosas de miembros de familias nobiliarias parece el origen del gran legado artístico (cuadros, tapices, tallas, su belén) que alberga, no accesible al visitante.

Si hay suerte, en hora de oficio religioso o en el caso de una de las habituales bodas, tal vez pueda el turista asomarse al templo, cuyo acceso veremos en la parte derecha de la fachada a la plaza. Alberga buenos retablos churriguerescos, de 1700. Como curiosidad, por su ubicación, fue también en alguna ocasión  prisión femenina.

Fuente de la Plaza de Recoletas

Forma parte del grupo de fuentes pamplonesas diseñadas en 1788 por Luis Paret (1747-1797), pintor de la Corte y arquitecto. Esta fuente, coronada por un pequeño obelisco, preside la plaza.

Plaza-Recoletas.JPG

La plaza de Recoletas, con el convento al fondo y la fuente en primer plano.

Casa de los Capellanes

Ubicada en uno de los lados de la plaza. Fue la vivienda de los capellanes del Convento de Recoletas. Construida, como el propio convento, en el siglo XVII.

Su fachada mantiene la línea de los palacios y casonas barrocas habituales en el alto valle del Ebro: un zócalo de piedras, y juego de piedra y ladrillo en el resto. En el centro, un escudo de armas de la misma familia fundadora del convento. Y la habitual galería de arquillos en el último piso, en esta época.

Iglesia de San Lorenzo y Capilla de San Fermín

Ubicada frente a la plaza, y aunque su aspecto exterior puede no hacerla atractiva a quien busque un templo antiguo, merece la pena su visita, aunque sólo sea para acceder a la Capilla de San Fermín, “sede oficial” del santo universal y uno de los puntos centrales de los sanfermines.

El templo de San Lorenzo, casi reconstruido en el s. XIX, fue construido en el s. XIII. Sufrió serios daños en la llamada Guerra de la Navarrería, que obligaron a su reedificación el s. XIV. Conserva, ocultos, dos bóvedas góticas del s. XIV camufladas encima de la falsa bóveda de la parte del templo dedicada a San Lorenzo. El muro lateral de la iglesia adyacente a la plaza de Recoletas es del s. XIX. Contó con un portalón de acceso barroco, incrustado en una gran torre medieval. Ambos desaparecieron en 1903, sustituidos por la actual fachada de estilo ecléctico neorománico, obra de Ansoleaga.

La Capilla de San Fermín, comenzó a construirse en 1696 según planos de S. Raón y el dominico Juan de Alegría. Fue edificada sobre los primitivos claustros y capillas medievales, que fueron demolidos. De mayor tamaño que el resto del templo, era barroca, aunque fue reformada con estética neoclásica entre 1800-1805.

En ella se guarda la talla del santo, del siglo XVI, chapeada en plata y colocada sobre un pedestal labrado en plata. El templete (de 1819, neoclásico de influencia italianizante) que acoge la imagen del Santo fue diseñado por Francisco Sabando, con esculturas y relieves de A. Salanova.

El templo también guarda en una capillita la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, la popular “Dolorosa”, de 1883, una de las tallas principales de la Semana Santa pamplonesa.

Hubo una vez un arco…

En el s. XIX, el inicio de la calle mayor, a la altura de la plaza de Recoletas, era tan distinto y tan llamativo, que no nos resistimos a la idea de dar a conocer el dato al visitante. El primitivo muro lateral de la iglesia de San Lorenzo, gótico, que sobresalía y reducía la perspectiva de la calle Mayor, fue demolido. El nuevo (a partir de un proyecto de J. A. Pagola) se alineó con el resto de la calle. Y con ello desapareció el gran arco que unía la iglesia con la casa parroquial.

Es dificil no pasar junto a esta plaza, pero sin duda se merece un rato de contemplación de todo lo que contiene.

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