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10 mayo 2022 2 10 /05 /mayo /2022 18:55

El Primer Ensanche es la primera ampliación significativa de la ciudad que rompe las murallas a finales del s. XIX y comienzos del s. XX.

Sin comparación posible con los grandes conjuntos de edificios de esa época, como por ejemplo el modernismo, Gaudí, etc., en una Barcelona, sí que responden a las corrientes arquitectónicas españolas y europeas de la época. Y tienen cosas interesantes que contemplar en los edificios todavía conservados.

Una visita cómoda y oportuna, por su ubicación. Es una zona de paso casi obligado para el turista, a medio camino entre el Casco histórico, y el “eje verde” de los Parques de Taconera y la Ciudadela. Aunque podemos encontrar elementos de sus estilos arquitectónicos en otros puntos de la ciudad, abundan más en el ensanche de nuevo cuño desarrollado dentro de la antigua extensión amurallada a finales del s. XIX.

Un cinturón defensivo que apretaba demasiado

El problema de Pamplona, como plaza fuerte fronteriza y amurallada, era que las necesidades militares primaban sobre la de espacio para edificar. Las ordenanzas militares no permitían, por razones defensivas, construir cerca de las murallas.

Ello supuso que el agotamiento y sobreexplotación del espacio físico edificable, y el apiñamiento de una ciudad en crecimiento. Hacia 1900, la población de la ciudad rondaba los 29.000 habitantes. Finalmente, la situación cambió lo suficiente como para permitir que se abriera la mano para edificar en ciertas zonas. El inicio del derribo del cinturón de jurallas en 1915 se vivió como una fiesta.

El Primer Ensanche

El terreno elegido, en los años finales del s. XIX y comienzos del s. XX, fue una franja paralela al espacio abierto y arbolado que hoy en día ocupan Paseo de Sarasate, calle Ciudadela y paseo de Arazuri.

En esta zona convive el clasicismo academicista con las nuevas corrientes, como el Historicismo, el Art Nouveau y los “neos”, el Eclecticismo, y el Modernismo, obra de arquitectos como Julián Arteaga, M. Martínez de Ubago, o A. Goicoechea. Espacialmente se extiende tembién por el Paseo de Sarasate hasta el Palacio de Navarra, algo anterior. Sólo se conserva una parte de este ensanche, en el que conviven en una parte y sin mucho gusto grandes edicios modenos junto a los antiguos, pero que merece una visita. Derribados en los años sesenta, no se conserva la sede del primitivo colegio de los Maristas; y en la zona cercana a la plaza del Vinculo los de la Alhóndiga, la Escuela o Academia de Música Municipal, la Escuela de Artes y Oficios y el Tránsito municipal. Un rasgo característico durante décadas fue la abundancia de cuarteles, asociados a las finalidad y uso castrense que tuvo la Ciudadela hasta los setenta. Cuarteles construidos en torno a 1898, y derruidos a finales de los sesenta e inicios de los setenta. En 1971 se derribó el construido sobre la propia muralla de la Ciudadela, lo que permitió la reconstrucción del muro. Queda de este pasado castrense el Gobierno militar (1919).

Entre lo conservado, podemos destacar los edificios de:

Edificio de la Cámara de Comercio

En la esquina de las calles General Chinchilla y Navas de Tolosas. Obra de Florencio Ansoleaga (1891), diseñado como vivienda particuar de una familia acomodada, fue luego colegio, y hoy en día alberga la Cámara de Comercio. 

Edificio del Tesoro

Situado en la c/General Chinchilla, 6. Actualmente conservatorio de música. Diseñado por Martínez de Ubago en 1900. Quizás la mejor obra de Art Nouveau de la ciudad, tanto por su exterior como, por ejemplo, por el portal de acceso. Hace pocos años se restituyó la cúpula neobizantina que remataba su tejado.

Casa-de-Hacienda.JPG

Edificio del Tesoro, en la actualidad Conservatorio de Música.

Edificio de la Mancomunidad de Aguas

En la c/General Chinchilla, 7. Terminado en 1899, según proyecto de Ángel Goicoechea. Dentro de las construcciones modernistas de la ciudad, sigue una estética neomudejar.

Edificio de Viviendas de la calle Alonso, 4

En 1897 contaba con una planta, que Martínez de Ubago elevó a tres más en 1902. Destaca su cromatismo, la combinación de materiales y técnicas, y su sentido escultórico. La mejor fachada del modernismo pamplonés, bien rehabilitada..

Antiguo Gobierno Militar

En la c/General Chinchilla, 10. De 1915, es un edificio eclecticista con ciertos detalles de Art Nouveau. Bastante reformado.

Monumento a Francisco Navarro Villoslada

Emplazado en una rotonda de la c/Navas de Tolosa, está dedicado al escritor Navarro Villoslada. Fue erigido en su centenario, en 1918. Es obra del escultor Collaut Valero, bajo diseño del arquitecto Muguruza. En origen estaba vinculado al Parque del Bosquecillo, con un estanque cercano, ya desaparecido.

El otro conjunto de edificios reseñables se concentra cerca de la Plaza del Castillo.

Monumento a los Fueros

Ubicado frente al Palacio de Navarra, en un extremo del arbolado Paseo de Sarasate, (uno de los centros neurálgicos tradicionales de la ciudad). Levantado en 1903 por suscripción popular en defensa del régimen foral navarro frente a las pretensiones antiforales del ministro de hacienda Gamazo. Paralelizable con otros monumentos verticales similares, como el de Colón en Barcelona.

Este monumento de 23 m de altura combina, en pisos sucesivos, escudos de los pueblos que componían las antiguas Cortes del Reino, y esculturas sobre el Trabajo, la Paz, la Justicia, la Autonomía y la Historia. En su parte superior, una matrona de bronce, que simboliza Navarra, sujeta en sus manos las cadenas del escudo y la Ley Foral.

Palacio de Navarra

Es la actual sede del Gobierno de Navarra.

Erigido entre el Paseo de Sarasate, la Avenida de Carlos III, y la Plaza del Castillo. Ocupa el solar en el que un día se irguió el inconcluso Castillo de Fernando el Católico, en el s. XVI. El palacio original, de corte neoclásico, fue construido entre 1843 y 1847, siguiendo planos de José de Nagusía. La fachada de la avenida Carlos III corresponde a la ampliación de 1931-1934, obra del arquitecto Yárnoz. En ocasiones señaladas, el palacio es visitable. Destacan: el isabelino Salón del Trono, de 1865, con reseñables pinturas históricas; el retablo de la Capilla; obras de Goya, Madrazo y Gustavo de Maeztu, etc.

Antiguo Archivo General de Navarra

En la c/San Ignacio, junto al Palacio de Navarra. Hoy en día vacío, fue diseñado en 1896 por Florencio Ansoleaga. Es un ejemplo de clasicismo academicista, con un eclecticismo de fuerte influencia palacial renacentista.

Teatro Gayarre

En la Avenida de Carlos III, en la actualidad frente al Palacio de Navarra. Inaugurado como Teatro Principal en 1839, en origen cerraba la Plaza del Castillo. Su nombre actual data de 1903. Fue trasladado en 1931 a su ubicación actual, el solar de la antigua plaza de toros. Se preservó sobre todo la fachada original, obra de José de Nagusía de 1843 de tipo clasicista con influencia francesa. El resto lo rehizo Javier Yárnoz.

Palacio del Parlamento de Navarra

En el inicio de la c/Navas de Tolosa, cierra visualmente el Paseo de Sarasate. Erigido expresamente como Audiencia en 1892 según diseño de Julián Arteaga. La reciente reforma para su uso actual preservó sólo el exterior. El exterior alterna la piedra y el ladrillo rojo. En su frontis conserva una escultura que representa la Justicia. Combina el eclecticismo de los frontis secundarios con el clasicismo del cuerpo principal.

Aunque rodeados de construcciones más recientes, sigue habiendo un interesante grupo de edificios cuyo exterior bien vale una visita, mientras paseamos del Casco viejo a la Ciudadela. Esperemos que sigan ahí mucho tiempo.

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23 enero 2015 5 23 /01 /enero /2015 12:00
Sillería del coro, todavía en su posición oriiginal.

Sillería del coro, todavía en su posición oriiginal.

Repartido entre el  museo catedralicio de Pamplona y el Museo de Navarra, sólo podemos contemplar un pálido reflejo de lo que en un tiempo fue un elemento emblemático de su patrimonio: la sillería del coro, obra de Esteban de Obray (1540), es una de las joyas – poco conocida - de la Catedral de Pamplona. Hasta 1940, ocupaba parte de la nave central del templo. Fue desmontado y trasladado.

Esteban de Obray

El autor de la silleria, Esteban de Obray, nace en el s. XV en Saint-ThomaS (Rouen, Francia), y muere en Tudela después de 1556, año en el que testa en beneficio de dicho municipio.

Con influencias aragonesas, este maestro sillero y entallador fue decisivo en el paso del Gótico al Renacimiento en Navarra. Obray evolucionó desde el gótico flamígero, en los inicios de su carrera, hacia una fase final plenamente italianizante, renacentista.

Su primera obra en Navarra, la sillería del coro y reja de la catedral de Tudela (1517-1522), marca ya su evolución, del gótico flamígero de la sillería al estilo plateresco de la rejería. La sillería del coro de la catedral de Pamplona fue su gran éxito. Otras obras suyas son: la portada de la colegiata de Santa María de Calatayud; el diseño del retablo de Cintruénigo; el retablo mayor de San Juan Bautista de Burlada; o la sillería del coro del Pilar de Zaragoza.

La sillería del coro de la catedral de Pamplona

La sillería del coro catedralicio de la seo pamplonesa es una de las grandes iniciativas del s. XVI navarro. Fue impulsada por Sancho Miguel Garcés de Cascante, prior de la catedral. Su estancia en Roma le había puesto en contacto con el gran Renacimiento italiano. El artista se hallaba al frente de la obra en 1540. Contó con la ayuda de varios colaboradores (fusteros, entalladores, imagineros), como Guillén de Holanda, que aportaba la influencia de los focos castellanos.

Una sillería a caballo entre el gótico y el Renacimiento

En origen, la sillería contaba con dos órdenes o niveles, con 57 sillas en el superior y 45 en el inferior. En ella, podemos diferenciar estilísticamente entre la obra de Obray; y la de su colaborador más destacado, Guillén de Holanda.

Guillén de Holanda representa la relativa pervivencia del gótico, en la tradición franco-borgoñona. Realizó un trabajo escultórico notable, pero con una seriación repetitiva que tiende un poco a la monotonía (sin concesión a lo anecdótico, de pie, de figuras individualizadas en posición frontal) con la excepción quizás de las vestimentas de los arcángeles. La obra de de Obray, en cambio, refleja el ascenso imparable del plateresco. Destaca por su agilidad y movimiento, su despliegue decorativo, la mezcla de lo ornamental con lo alegórico (los triunfos de Tetrarca, los Trabajos de Hércules, entre otros). A diferencia de su sillería en Tudela, los diseños para la seo pamplonesa remarcan el grutesco y la decoración italiana.

Obray contó para su inspiración con el recurso de abundantes grabados y dibujos del renacimiento francés e italiano. El programa iconográfico de la sillería es una combinación, plenamente humanista, del mensaje e imágenes cristianas, con imágenes de la Antigüedad y la mitología, Figuras esculpidas de cuerpo entero y con marcado frontalismo.

Dónde podemos ver la sillería del coro de la catedral de Pamplona

En la actualidad, un parte se conserva (desde 1946) en el presbiterio de la catedral pamplonesa, al fondo del ábside. En este caso, sobre el pilar del crucero, se añadieron en 1991 tres tableros procedentes de la otra parte conservada de la sillería, exhibida en la Capilla del Museo de Navarra. Además, uno de los asientos se envió a la Nunciatura de Madrid. En el Museo de Navarra es donde mejor podemos contemplarla, en la parte que se montó dentro de lo que en un tiempo fue la capilla del primitivo hospital de Pamplona, que hoy forma parte del museo.

El importante patrimonio de la Catedral de Pamplona, uno de los grandes  tesoros culturales de la ciudad, entró desde hace unos años en una positiva dinámica de  importantes labores de rehabilitación y musealización del conjunto catedralicio. Esti ha permitido redescubrir parte de sus tesoros escondidos, así como la progresiva ampliación y mejora del recorrido visitable.  Una visita que sorprende y merece realmente la pena.

Sillería del coro de la catedral de Pamplona (Navarra)
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7 noviembre 2014 5 07 /11 /noviembre /2014 11:29

El parque de la Taconera es el más antiguo y emblemático de la ciudad. Situado en pleno corazón de la ciudad, su belleza y ubicación explican la gran afluencia de pamploneses, y que sea un punto casi ineludible para los turistas.Pero es algo más que 90.000 metros cuadrados de jardines y arbolado, y que su pequeño zoológico en los fosos que alberga. Está cargado de historia y arte, que conviene conocer para disfrutarlo.

El término Taconera es muy antiguo, se remonta al menos al s. XIII. Hace referencia a una zona de la ciudad "fuera de las murallas". Albergó los conventos de San Francisco (enterramientos vinculados a él aparecieron en sondeos arqueológicos, en el verano de 2021, y en 2022 parte de los restos de sus muros) y Santa Eulalia, derribados en el s. XVI por razones militares. Hasta el sigo XIX, con ese término se definía una amplia zona, que incluía también ele espacio de la actual avenida de Navas de Tolosa y se prolongaba hasta el Paseo de Sarasate.En 1719 ya aparece como espacio arbolado, y es  definido como parque desde 1830.

Una ubicación privilegiada en el corazón de Pamplona

Es un parque romántico de estilo francés, situado en el contexto de las murallas de la ciudad, junto al casco antiguo. Lo atraviesa el eje del Camino de Santiago. Junto al cercano parque de la Ciudadela, y la zona de Antoniutti, conforman un gran pulmón verde que sirve de enlace y punto de encuentro a los barrios de una parte importante de la ciudad. Une el centro histórico (casco histórico, y primer ensanche del s. XIX), con la gran zona de crecimiento urbano pamplonés que se gestó en los años sesenta-setenta del s. XX. Su ubicación explica la gran afluencia de pamploneses, y que sea un punto casi ineludible para los turistas.

Posee una vegetación muy variada, con árboles de gran porte y cuidada jardinería. Entre los árboles, encontraremos hayas, tejos, fresnos, magnolios, ginkgos biloba, un secuoya de 40 m. destaca una sofora japónica junto al antiguo Café Vienés.

El parque está rodeado por parte de las murallas de la ciudad (Baluarte de la Taconera, Revellín de san Roque), construidas en ña segunda mitad del s. XVII. En los fosos de las fortificaciones, el parque alberga un minizoo y dos pequeños lagos.

Un parque lleno de arte

Posee varios elementos escultóricos y arquitectónicos de interés, como el monumento a Julián Gayarre, la estatua de la Mari Blanca, una arquería  de inspiración gótica, un crucero gótico del s. XVI, el portal de San Nicolás, etc. Aunque ha perdido su encanto como local con repostería, conserva un edificio con aspiraciones antaño de café de estilo vienés, que permite disfrutar de una terraza en un entorno de arbolado y flores.

Entre los atractivos artísticos, hemos de mencionar:

Cruz de la Taconera. En el parque del Bosquecillo, junto al Parque de la Taconera. Es un crucero gótico de 1521, asociado en el pasado a un punto de ejecuciones de reos. Hoy en día discurre junto a él el camino de Santiago. 

Estatua de la Beneficencia o Mari Blanca. En el parque de Taconera, junto al  Vienés, rodeada de flores. Formaba parte de una fuente que Luis Paret construyó para la Plaza del Castillo en 1790. Presidió la plaza y la vida de la ciudad (incluso se celebró en torno a ella la proclamación de la República) y que pervivió hasta el primer tercio del s. XX. Tras la guerra civil, la fuente desaparece y la estatua fue trasladada a su emplazamiento actual.

Monumento a Hilarión Eslava. Uno de los monumentos de carácter musical del parque, detalle que se aprecia incluso en los trabajos de jardinería de su entorno. Erigido en 1964. Su basamento data de 1918. Está dedicado a este gran músico burladés, cuyo Miserere es su obra más significativa.

Monumento a Julián Gayarre. Ejerce de centro neurálgico del parque. Creado en 1950 por la ciudad para honrar al gran tenor roncalés Gayarre (1844-1890). Es un destacable monumento - fuente, que domina los jardines. Sigue un proyecto del arquitecto Víctor Eusa, y está rematado por una escultura obra del escultor Fructuoso Orduña, que representas a Gayarre.

Mirador de los fososUbicado junto al estanque de Vistabella. Monumento goticista, que imita una arquería gótica, erigido en 1934 con motivo del VII centenario de Teobaldo I, aprovechando en parte los restos de arcos góticos de un monasterio que hubo en Marcilla. Cuenta con escudos de los reyes navarros de la casa de Champaña.

Portal de San Nicolás. Ubicado en la calle Bosquecillo, en el límite del parque. Barroco. Erigido en 1666, permitía superar las murallas de la ciudad en la zona próxima a la iglesia de San Ignacio. En su emplazamiento original duró varios siglos hasta 1915. El derribo de este tramo de la muralla lo condenó a un almacén, del que fue rescatado en 1929 para adornar los jardines. Conserva del original una fachada barroca de sillares almohadillados a modo de arco de triunfo, con varios escudos rescatados de las partes no conservadas del amurallamiento pamplonés.

Parque de la Taconera 

Rincón del parque, en el que se aprecia la estatua de la "Mariblanca".

Fosos y murallas

El parque de la Taconera se asienta sobre la plataforma del amurallamiento pamplonés. Uno de sus rasgos definitorios es el de los fosos, en los que se ubica un pequeño zoológico (o más bien modesta colección de animales, que comprende dos estanques con anátidas, gallinas, torugas, pavos reales, etc., y un pequeño grupo de ciervos).

La parte de la muralla en la que se localiza (dentro de los fosos) el estanque de Antoniutti es la más alterada, sólo conserva el Portal de la Taconera, derribado en 1915, y restituido hace unos años cerca de su lugar original con lo que se preservó en los almacenes municipales. El puente de acceso a esta puerta se conserva, oculto bajo el suelo, y es "visitable", ya que alberga los baños publicos de Antomiutti. 

Baluarte de Gonzaga. Limita al N el parque. Preservado en parte, alberga una zona arbolada que los pamploneses conocemos como Vistabella. Es un hermoso rincón de árboles altos, con un bonito mirador sobre los barrios bajos junto al río. Alberga una fuente que en su día se situaba en un extremo del Paseo de Sarasate, trasladada aquí cuando se construyó en ese punto el Monumento a los Fueros.

Revellín de San Roque o de Gonzaga. Dentro de los fosos. Construido por H.Torelli y M. Pastor entre 1696 y 1702. Como elementos singulares del revellín, en una de sus caras se aprecia (en precario estado) el escudo del virrey Domingo Pignatelli, marqués de San Vicente (tres ánforas) bajo cuyo mandato se realizaron las obras, acabadas en 1702. Además de varios árboles de gran porte, su plataforma superior sirve de "dormitorio" para la pequeña colonia de ciervos del parque.

Portal nuevo. Comunica la Taconera con la Plaza de la O y el resto del Casco Viejo. Primitivamente llamado Portal Nuevo de Santa Engracia. El acceso original a la ciudad por este punto, construido en la segunda mitad del s. XVI, y abierto hacia 1583, fue destruido por bombardeos en el sitio de Pamplona de 1823. Al cierre provisional, con el acceso modificado en 1905-07, le sucedió el actual, en 1950, obra de Victor Eusa.

La Taconera cuenta con muchos atractivos. Es un parque a recorrer, tranquilo, para perderse en él, y una visita obligada para el que venga a la ciudad. Proximamente volverá a quedar unido a la aledaña zona verde del Bosquecillo tras la transformación de la calle que los separa en una via peatonal nivelada con el resto.

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29 octubre 2014 3 29 /10 /octubre /2014 09:36

Este rincón entrañable y tranquilo, goza de mucha más actividad al cabo de año de lo que parece a primera vista. Lugar de bodas, bailes, de carreras de cabezudos y gigantes. Ubicada junto a la calle Mayor, frente al lateral de la iglesia de San Lorenzo, y frente a la Taconera, es un amplio espacio de suelo empedrado, bordeado por grandes árboles, y con una fuente dieciochesca en el centro. Existe como tal desde el s. XVII

En uno de sus lados, cerca de un kiosco de prensa y chucherías (casi el último ya de la ciudad), veremos un gran ejemplar arbóreo, de Sophora o árbol de las Pagodas, traído de China a Pamplona en el s. XVIII.

También es conocida como "Plaza de los Ajos", por el mercado de ajos tradicional en Sanfermines, aunque ya sólo queda hoy en día un puesto que mantenga de momento la tradición en esas fechas. Fue lugar también de venta de carbón vegetal, procedente de las carboneras del N de Navarra.

La plaza alberga varias cosas interesantes a reseñar:

Convento de Recoletas

De la orden de las religiosas agustinas. El edificio fue construido a partir de 1624, bajo patronato de Juan de Ciriza, secretario de Felipe II, y de Catalina de Alvarado.

Su arquitectura se debe a madrileño Juan Gómez de Mora, Arquitecto y Trazador de Obras Reales y Maestro Mayor de la Villa de Madrid. Da a la plaza su fachada, de piedra y ladrillo. Es un clásico ejemplo de arquitectura conventual carmelitana en el barroco español.

Destaca el cuerpo central, más alto rematado por frontón triangular. Su nivel inferior, construido en sillar almohadillado, cuenta con una arquería de arcos de medio punto, mayor el central, que da paso al pórtico por el que se accede a la iglesia del templo. Encima veremos una Inmaculada Concepción en una hornacina. De 1630, su autor fue Juan López de Ganuza.

En el piso bajo el frontón se sitúan los escudos nobiliarios de los fundadores del convento.

El interior, preserva perfectamente la arquitectura original y las dependencias conventuales, distribuidas alrededor de un claustro, con un amplio espacio exterior de ajardinado y huerta.

Como en otros muchos conventos, la presencia entre sus religiosas de miembros de familias nobiliarias parece el origen del gran legado artístico (cuadros, tapices, tallas, su belén) que alberga, no accesible al visitante.

Si hay suerte, en hora de oficio religioso o en el caso de una de las habituales bodas, tal vez pueda el turista asomarse al templo, cuyo acceso veremos en la parte derecha de la fachada a la plaza. Alberga buenos retablos churriguerescos, de 1700. Como curiosidad, por su ubicación, fue también en alguna ocasión  prisión femenina.

Fuente de la Plaza de Recoletas

Forma parte del grupo de fuentes pamplonesas diseñadas en 1788 por Luis Paret (1747-1797), pintor de la Corte y arquitecto. Esta fuente, coronada por un pequeño obelisco, preside la plaza.

Plaza-Recoletas.JPG

La plaza de Recoletas, con el convento al fondo y la fuente en primer plano.

Casa de los Capellanes

Ubicada en uno de los lados de la plaza. Fue la vivienda de los capellanes del Convento de Recoletas. Construida, como el propio convento, en el siglo XVII.

Su fachada mantiene la línea de los palacios y casonas barrocas habituales en el alto valle del Ebro: un zócalo de piedras, y juego de piedra y ladrillo en el resto. En el centro, un escudo de armas de la misma familia fundadora del convento. Y la habitual galería de arquillos en el último piso, en esta época.

Iglesia de San Lorenzo y Capilla de San Fermín

Ubicada frente a la plaza, y aunque su aspecto exterior puede no hacerla atractiva a quien busque un templo antiguo, merece la pena su visita, aunque sólo sea para acceder a la Capilla de San Fermín, “sede oficial” del santo universal y uno de los puntos centrales de los sanfermines.

El templo de San Lorenzo, casi reconstruido en el s. XIX, fue construido en el s. XIII. Sufrió serios daños en la llamada Guerra de la Navarrería, que obligaron a su reedificación el s. XIV. Conserva, ocultos, dos bóvedas góticas del s. XIV camufladas encima de la falsa bóveda de la parte del templo dedicada a San Lorenzo. El muro lateral de la iglesia adyacente a la plaza de Recoletas es del s. XIX. Contó con un portalón de acceso barroco, incrustado en una gran torre medieval. Ambos desaparecieron en 1903, sustituidos por la actual fachada de estilo ecléctico neorománico, obra de Ansoleaga.

La Capilla de San Fermín, comenzó a construirse en 1696 según planos de S. Raón y el dominico Juan de Alegría. Fue edificada sobre los primitivos claustros y capillas medievales, que fueron demolidos. De mayor tamaño que el resto del templo, era barroca, aunque fue reformada con estética neoclásica entre 1800-1805.

En ella se guarda la talla del santo, del siglo XVI, chapeada en plata y colocada sobre un pedestal labrado en plata. El templete (de 1819, neoclásico de influencia italianizante) que acoge la imagen del Santo fue diseñado por Francisco Sabando, con esculturas y relieves de A. Salanova.

El templo también guarda en una capillita la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, la popular “Dolorosa”, de 1883, una de las tallas principales de la Semana Santa pamplonesa.

Hubo una vez un arco…

En el s. XIX, el inicio de la calle mayor, a la altura de la plaza de Recoletas, era tan distinto y tan llamativo, que no nos resistimos a la idea de dar a conocer el dato al visitante. El primitivo muro lateral de la iglesia de San Lorenzo, gótico, que sobresalía y reducía la perspectiva de la calle Mayor, fue demolido. El nuevo (a partir de un proyecto de J. A. Pagola) se alineó con el resto de la calle. Y con ello desapareció el gran arco que unía la iglesia con la casa parroquial.

Es dificil no pasar junto a esta plaza, pero sin duda se merece un rato de contemplación de todo lo que contiene.

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13 octubre 2014 1 13 /10 /octubre /2014 09:34

La Arqueología ha comprobado en los últimos años algo poco conocido, el periodo musulmán de Pamplona, en los inicios de la Edad Media. Sigue habiendo un periodo my poco conocido de la historia pamplonesa: el lapso de tiempo entre el imperio romano, y lo inicios del reino cristiano de Pamplona. En ese periodo se suceden en la Península Ibérica el reino visigodo peninsular, y los primeros siglos de dominación musulmana. Hasta época reciente, la gran mayoría de los datos sobre los dos primeros siglos de la llegada del Islam a Navarra y Pamplona procedían de fuentes documentales, fundamentalmente musulmanas.

El inestable s. VIII

En lo que se refiere a Pamplona, las referencias documentales y arqueológicas a la prsencia de población musulmana y un posible control musulman de la ciudad con una guarnición y funcionarios parecen constreñirse a un  periodo del s. VIII. A partir del reducido conocimiento que tenemos de ese periodo en la Cuenca de Pamplona y Navarra, da la impresión de que se caracteriza por intentos infructuosos del poder musulmán por garantizar el dominio permanente de la ciudad. Es un rasgo común a todo el siglo, tanto durante la inestable época del waliato (711-756), como en la época de Abd al-Rahman I, y en los primeros tiempos de la creciente influencia de los Banû Qâsi (la poderosa familia que dominará o influirá decisivamente en el alto Valle del Ebro durante todo este periodo)

Podemos reconstruir un modelo de breves periodos de dominio in situ mediante funcionarios musulmanes y presencia de guarnición y población de origen básicamente bereber. Lo más frecuente es que las élites locales rijan la ciudad. En unas fases se respetan los ahd o pactos con el wali, o con el emir. Es un sometimiento a menudo sólo relativo y a regañadientes. Y en periodos de rebeldía, el territorio es castigado con sucesivas aceifas o razzias del poder musulmán, con nuevos pactos a los que sigue otro periodo poco duradero de aparente tranquilidad.

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Detalle constructivo conservado de la Toledo musulmana

Entre francos y el Islam, el s. IX

En el s. IX, el reino franco intenta un proceso similar al que desarrollo en el otro extremo del Pirineo con la geografía catalana. En el 806, los pamploneses son recibidos “in fidem” en el seno del imperio carolingio.

Uno de los rasgos de los inicios del siglo será el debate entre las élites dominantes entre acercarse al poder carolingio, o renovar el pacto o ahd con Córdoba. Pero en el 816, la derrota de una coalición pamplonesa-carolingia de la batalla del río Arum, y la muerte del comes o conde Velasco, parece representar el fracaso de la opción carolingia.

El resto del siglo refleja la dependencia política respecto a los Banû Casi (parientes de la élite dirigente pamplonesa, los Arista), especialmente en el periodo de la gran figura de Musa ibn Musa. Ligará los destinos de la zona a los vaivenes de la relación entre Banû Casi y Córdoba, oscilando entre rebeliones, y las consiguientes aceifas (que suponen la ruina cíclica de la ciudad y la destrucción de su fortaleza pamplonesa de Sajra Qais), o la colaboración incluso con Córdoba. 

El desgaste de la indefinición de esta política que sufren los Arista permite el ascenso de la familia Jimena. Gracias a la figura de Sancho Garcés, que logra la definición definitiva del reino cristiano de Pamplona en el 905. Y cambió la tendencia, defensiva a ofensiva: el inicio de la reconquista y recuperación del control de territorios, y el alejamiento del dominio directo musulmán de la cuenca de Pamplona.

Las novedades aportadas por la Arqueología

Desde el s. XIX, el único dato aportado por la arqueología se limitaba a varios enterramientos cristianos con anillos que llevaban caracteres cúficos. Se aventuraba una pequeña ciudad cristiana que mantenía los restos de la estructura administrativa de época romana, con obispo, y a lo sumo presencias temporales de una autoridad musulmana y tropas, pero sin constatación material de una fase islámica de la urbe.

Pero las intervenciones arqueológicas en la última década en la ciudad, con motivo de obras públicas municipales, han cambiado el panorama:

a) En el centro histórico, en la plaza del Castillo, se ha localizado una gran maqbara, una necrópolis musulmana de más de ciento noventa enterramientos, en los que se identifican hombres, mujeres y niños, de distintas edades. 

Es posiblemente la mayor del N de la península. Su cronología parece centrarse sobre todo en el s. VIII. Estaba ubicada extramuros, próximo al frente oeste del supuesto amurallamiento de la ciudad. Las alineaciones, la discreta densidad de la necrópolis, apuntan a un periodo de uso no excesivamente largo.

Las tumbas responden al modelo islámico tradicional: fosa simple, enterramiento individual, cadáver depositado en decúbito lateral derecho, orientado NE-SW. Detalles de marcas y modificaciones en los dientes de algunos de los enterramientos los identifican muy probablemente con rasgos propios de poblaciones bereberes.

b) En la rehabilitación del Palacio del Condestable se ha descubierto una necrópolis de época visigoda, con varios enterramientos que incluyen anillos con caracteres cúficos. Estos anillos con textos del Corán en una necrópolis cristiana abundarían quizás en las estrechas relaciones entre élites dirigentes N – S, entre los Arista y los Banu-Qasi? Indicarían el uso como muestra de prestigio o relación con el poder musulmán? Es difícil saberlo.

Lo hallado parece apuntar a un periodo, no demasiado largo, de dominio musulmán de la ciudad, anterior sin duda al año 905, y que duró pocas generaciones. Sin edificios asociables (tal vez reutilizaron edificios previos, pero apenas tenemos  huellas de los de época inmediatamente anterior) y con muy pocos restos de la cultura material, falta mucho para poder tener claro este periodo, pero las novedades arrojan ya una luz sobre esta desconocida fase de la ciudad. Esperemos que futuras intervenciones arqueológicas descubran nuevos datos.

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