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  • : El blog de marianosinues
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10 mayo 2022 2 10 /05 /mayo /2022 18:55

El Primer Ensanche es la primera ampliación significativa de la ciudad que rompe las murallas a finales del s. XIX y comienzos del s. XX.

Sin comparación posible con los grandes conjuntos de edificios de esa época, como por ejemplo el modernismo, Gaudí, etc., en una Barcelona, sí que responden a las corrientes arquitectónicas españolas y europeas de la época. Y tienen cosas interesantes que contemplar en los edificios todavía conservados.

Una visita cómoda y oportuna, por su ubicación. Es una zona de paso casi obligado para el turista, a medio camino entre el Casco histórico, y el “eje verde” de los Parques de Taconera y la Ciudadela. Aunque podemos encontrar elementos de sus estilos arquitectónicos en otros puntos de la ciudad, abundan más en el ensanche de nuevo cuño desarrollado dentro de la antigua extensión amurallada a finales del s. XIX.

Un cinturón defensivo que apretaba demasiado

El problema de Pamplona, como plaza fuerte fronteriza y amurallada, era que las necesidades militares primaban sobre la de espacio para edificar. Las ordenanzas militares no permitían, por razones defensivas, construir cerca de las murallas.

Ello supuso que el agotamiento y sobreexplotación del espacio físico edificable, y el apiñamiento de una ciudad en crecimiento. Hacia 1900, la población de la ciudad rondaba los 29.000 habitantes. Finalmente, la situación cambió lo suficiente como para permitir que se abriera la mano para edificar en ciertas zonas. El inicio del derribo del cinturón de jurallas en 1915 se vivió como una fiesta.

El Primer Ensanche

El terreno elegido, en los años finales del s. XIX y comienzos del s. XX, fue una franja paralela al espacio abierto y arbolado que hoy en día ocupan Paseo de Sarasate, calle Ciudadela y paseo de Arazuri.

En esta zona convive el clasicismo academicista con las nuevas corrientes, como el Historicismo, el Art Nouveau y los “neos”, el Eclecticismo, y el Modernismo, obra de arquitectos como Julián Arteaga, M. Martínez de Ubago, o A. Goicoechea. Espacialmente se extiende tembién por el Paseo de Sarasate hasta el Palacio de Navarra, algo anterior. Sólo se conserva una parte de este ensanche, en el que conviven en una parte y sin mucho gusto grandes edicios modenos junto a los antiguos, pero que merece una visita. Derribados en los años sesenta, no se conserva la sede del primitivo colegio de los Maristas; y en la zona cercana a la plaza del Vinculo los de la Alhóndiga, la Escuela o Academia de Música Municipal, la Escuela de Artes y Oficios y el Tránsito municipal. Un rasgo característico durante décadas fue la abundancia de cuarteles, asociados a las finalidad y uso castrense que tuvo la Ciudadela hasta los setenta. Cuarteles construidos en torno a 1898, y derruidos a finales de los sesenta e inicios de los setenta. En 1971 se derribó el construido sobre la propia muralla de la Ciudadela, lo que permitió la reconstrucción del muro. Queda de este pasado castrense el Gobierno militar (1919).

Entre lo conservado, podemos destacar los edificios de:

Edificio de la Cámara de Comercio

En la esquina de las calles General Chinchilla y Navas de Tolosas. Obra de Florencio Ansoleaga (1891), diseñado como vivienda particuar de una familia acomodada, fue luego colegio, y hoy en día alberga la Cámara de Comercio. 

Edificio del Tesoro

Situado en la c/General Chinchilla, 6. Actualmente conservatorio de música. Diseñado por Martínez de Ubago en 1900. Quizás la mejor obra de Art Nouveau de la ciudad, tanto por su exterior como, por ejemplo, por el portal de acceso. Hace pocos años se restituyó la cúpula neobizantina que remataba su tejado.

Casa-de-Hacienda.JPG

Edificio del Tesoro, en la actualidad Conservatorio de Música.

Edificio de la Mancomunidad de Aguas

En la c/General Chinchilla, 7. Terminado en 1899, según proyecto de Ángel Goicoechea. Dentro de las construcciones modernistas de la ciudad, sigue una estética neomudejar.

Edificio de Viviendas de la calle Alonso, 4

En 1897 contaba con una planta, que Martínez de Ubago elevó a tres más en 1902. Destaca su cromatismo, la combinación de materiales y técnicas, y su sentido escultórico. La mejor fachada del modernismo pamplonés, bien rehabilitada..

Antiguo Gobierno Militar

En la c/General Chinchilla, 10. De 1915, es un edificio eclecticista con ciertos detalles de Art Nouveau. Bastante reformado.

Monumento a Francisco Navarro Villoslada

Emplazado en una rotonda de la c/Navas de Tolosa, está dedicado al escritor Navarro Villoslada. Fue erigido en su centenario, en 1918. Es obra del escultor Collaut Valero, bajo diseño del arquitecto Muguruza. En origen estaba vinculado al Parque del Bosquecillo, con un estanque cercano, ya desaparecido.

El otro conjunto de edificios reseñables se concentra cerca de la Plaza del Castillo.

Monumento a los Fueros

Ubicado frente al Palacio de Navarra, en un extremo del arbolado Paseo de Sarasate, (uno de los centros neurálgicos tradicionales de la ciudad). Levantado en 1903 por suscripción popular en defensa del régimen foral navarro frente a las pretensiones antiforales del ministro de hacienda Gamazo. Paralelizable con otros monumentos verticales similares, como el de Colón en Barcelona.

Este monumento de 23 m de altura combina, en pisos sucesivos, escudos de los pueblos que componían las antiguas Cortes del Reino, y esculturas sobre el Trabajo, la Paz, la Justicia, la Autonomía y la Historia. En su parte superior, una matrona de bronce, que simboliza Navarra, sujeta en sus manos las cadenas del escudo y la Ley Foral.

Palacio de Navarra

Es la actual sede del Gobierno de Navarra.

Erigido entre el Paseo de Sarasate, la Avenida de Carlos III, y la Plaza del Castillo. Ocupa el solar en el que un día se irguió el inconcluso Castillo de Fernando el Católico, en el s. XVI. El palacio original, de corte neoclásico, fue construido entre 1843 y 1847, siguiendo planos de José de Nagusía. La fachada de la avenida Carlos III corresponde a la ampliación de 1931-1934, obra del arquitecto Yárnoz. En ocasiones señaladas, el palacio es visitable. Destacan: el isabelino Salón del Trono, de 1865, con reseñables pinturas históricas; el retablo de la Capilla; obras de Goya, Madrazo y Gustavo de Maeztu, etc.

Antiguo Archivo General de Navarra

En la c/San Ignacio, junto al Palacio de Navarra. Hoy en día vacío, fue diseñado en 1896 por Florencio Ansoleaga. Es un ejemplo de clasicismo academicista, con un eclecticismo de fuerte influencia palacial renacentista.

Teatro Gayarre

En la Avenida de Carlos III, en la actualidad frente al Palacio de Navarra. Inaugurado como Teatro Principal en 1839, en origen cerraba la Plaza del Castillo. Su nombre actual data de 1903. Fue trasladado en 1931 a su ubicación actual, el solar de la antigua plaza de toros. Se preservó sobre todo la fachada original, obra de José de Nagusía de 1843 de tipo clasicista con influencia francesa. El resto lo rehizo Javier Yárnoz.

Palacio del Parlamento de Navarra

En el inicio de la c/Navas de Tolosa, cierra visualmente el Paseo de Sarasate. Erigido expresamente como Audiencia en 1892 según diseño de Julián Arteaga. La reciente reforma para su uso actual preservó sólo el exterior. El exterior alterna la piedra y el ladrillo rojo. En su frontis conserva una escultura que representa la Justicia. Combina el eclecticismo de los frontis secundarios con el clasicismo del cuerpo principal.

Aunque rodeados de construcciones más recientes, sigue habiendo un interesante grupo de edificios cuyo exterior bien vale una visita, mientras paseamos del Casco viejo a la Ciudadela. Esperemos que sigan ahí mucho tiempo.

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25 abril 2022 1 25 /04 /abril /2022 11:19
El abrigo mesolítico de Aizpea (valle de Aezcoa, Navarra) y su enterramiento

Ubicación

El abrigo de Aizpea está situado en un frente calizo orientado hacia el S/SE, muy cerca de la localidad de Arive, en el valle pirenaico de Aézcoa, a 699 msnm, en la orilla derecha del río Irati. En dicho frente, a mayor altura y próximas al abrigo, se abren dos cavidades con escasas evidencias arqueológicas: la cueva de Aldasatxea o de Arive (en los sondeos sólo se localizaron escaso restos cerámicos) y el covacho de Aizpea (algunos restos óseos humanos dispersos en superficie).

El abrigo se sitúa a 30 m de distancia y sólo unos 10 m por encima del curso actual del río Irati. Todo parece indicar que el abrigo careció de visera natural, y que la protección que ofrecía se complementó con alguna estructura (tienda, cabaña)

Buena parte del yacimiento fue destruido en la construcción de una carretera en los años 30 del s. XX . Lo conservado tenía una potencia de entre 160 y 220 cm.

Territorio, modos de vida, aprovechamiento del medio y conexiones con otras comunidades

Aizpea muestra un cambio de dinámica en los modos de vida de las comunidades de cazadores-recolectores, previas al gran cambio del Neolítico. Como en otras zonas , convive la conexión a media-larga distancia identificada en las similitudes tecnomorfo-tipológicas entre objetos distantes, y el uso de materia prima (sílex, conchas) de procedencia lejana o muy lejana (sílex de la franja costera atlántica francesa, de Urbasa, y del Valle del Ebro; conchas de Collumbella rustica del Mediterráneo), con la tendencia a la sedentarización, marcada sobre todo en el Mesolítico, facilitada por un clima más suave y una biodiversidad rica que ofrece una necesidad menor de desplazamiento para obtener recursos en el contexto boscoso.

En un radio de 5 km podían encontrar una gran variedad de recursos. Su territorio interactúa con el territorio de la cueva de Zatoya, situado a 10 km al E. Ambos parecen relacionados, según Tarriño, con la cantera de sílex de Artxilondo ubicada 12 km río arriba, origen del 99% del sílex utilizado.

En los distintos nichos ecológicos del entorno encontraban toda la variedad de animales recuperados en la excavación: ciervo (claramente el más frecuente), corzo, jabalí, cabra montesa, uro, sarrio). Las piezas cazadas eran traídas enteras y despiezadas (hay marcas de corte de despiece). Pescaban truchas y barbos de ríos cercanos (se han recuperado anzuelos biapuntados), y salmón de los ríos de la vertiente atlántica navarra situados 15 km al N del abrigo. Cazaban aves como las anátidas y ardeidas. También recolectaban frutos del bosque (avellanas, serbales, y manzanas silvestres).

En el contexto climático de la transición entre el final del Boreal y la primera mitad del Atlántico, como muestran los datos de la excavación (fauna, restos de carbón de los fuegos localizados, etc.), los sucesivos habitantes del abrigo vivieron en un clima inicialmente más frío (pino), que deriva a uno más templado de clima caducifolio, (robles, hayedo, etc.) para llegar a un contexto de relativa disminución del arbolado y predominio del monte bajo (y presencia marcada de especies como espino, endrino, boj).

Todos los datos apuntan, para la investigación, al uso del abrigo por las comunidades mesolíticas durante buena parte del año, pero fuera quizás del periodo invernal.

La abundancia de restos de talla (a pesar del grado de destrucción del yacimiento 14.000 restos de talla), los 540 útiles retocados (la mitad de ellos microlitos), los cantos rodados con huellas de uso, parecen mostrar una intensa actividad de talla. Los fragmentos de huesos distales de uro pueden ser indicio de la producción de pieles y cueros para las necesidades del grupo.

A ello se añaden los elementos de adorno (dientes perforados, conchas de Collumbella), los útiles de hueso (punzones, espátulas, anzuelos, azagayas). Restos de limonita y oligisto sugieren el uso de colorantes.

Los restos materiales, los datos estratigráficos, las dataciones obtenidas, etc., indican tres horizontes de ocupación:

  • Aizpea I (7790+/-70 hasta 7160+/-70 BP), fase antigua del Mesolítico geométrico;
  • Aizpea II (hacia el 6830 BP en su parte central), fase avanzada del Mesolítico geométrico (incluye un enterramiento);
  • Aizpea III (hacia el 6370 BP en su parte inferior), regresión de los geométricos, y aparición del Neolítico;

Enterramiento

En la excavación del horizonte de Aizpea II se localizó un enterramiento de una mujer de unos treinta años, con una fecha de 6600+/-50 (GrA-779).

Su esqueleto indica una anatomía grácil, pero las acusadas inserciones musculares muestran una fuerte actividad física. Su altura es similar a la de las mujeres del Mesolítico Occidental.

Vivió en un medio de media montaña, agreste y accidentado, lo que explicaría los cambios degenerativos de algunas partes de su anatomía (por uso reiterado de articulación escápulo humeral y coxo-femoral). Era diestra. Hay indicios de una flexión reiterada del codo derecho.

Su mandíbula muestra discretos rebordes artrósicos en cóndilos mandibulares. Tal vez pueda relacionarse esto con el elevado número de caries y su ubicación, todo lo cual indicaría el elevado consumo regular de alimentos ricos en carbohidratos susceptibles de adherirse a los dientes, en una dieta de clara predominancia vegetariana.

En cuanto al ritual funerario, fue enterrada en posición flexionada, tumbada sobre el lado derecho y con la cabeza orientada al SW y los pies al NE, en una fosa simple paralela y cercana a la pared del fondo del abrigo. Carece de ajuar. Es posible que, tras rellenar la fosa con tierra, sellaran el enterramiento con bloques de piedra.

A pesar de la diferencia cronológica, el entorno ecológico y modos de vida explicarían las similitudes con los rasgos anatómicos del esqueleto localizado en el otro enterramiento prehistórico de la zona, ubicado en un valle vecino a 15 km siguiendo el relieve: un individuo varón que vivió hace aprox. 11.700 BP descubierto en la cueva de Loizu.

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5 abril 2022 2 05 /04 /abril /2022 18:27
El hombre de Loizu y la cueva de Errotalde (Valle de Erro, Navarra)

El hallazgo del llamado hombre de Loizu en una cueva de Navarra, por su antigüedad y estado de conservación, es uno de los descubrimientos más importantes en el ámbito europeo para el periodo en el que fue enterrado. Descubierto en 2017 por miembros del grupo espeleológico Sakon, no fue extraído de su ubicación hasta 2021. En febrero de 2022 se han empezado a dar a conocer resultados, algunos preliminares, de un estudio multidisciplinar internacional de gran calidad coordinado por Pablo Arias Cabal desde la Universidad de Cantabria.

La cueva de Errotalde I

El hallazgo tuvo lugar en la Cueva de Errotalde I, situ en el concejo de Aintzioa-Loizu, dentro del municipio de Erro (Navarra, España). Una cavidad inscrita en un complejo sistema kárstico abierto en un entorno geomorfológico muy diverso que ha dado lugar a gran variedad de contextos subterráneos. Se trata de un sistema de 4 niveles, excavado por un rio subterráneo aún activo en el nivel inferior. El cuerpo fue depositado en los meandros fósiles ubicados actualmente en los niveles más elevados.

Se accede al lugar del hallazgo, situado a unos doscientos metros de la entrada actual, siguiendo un intrincado, angosto y estrecho recorrido. La accesibilidad depende del nivel freático, hay puntos que pueden sifonarse, y la propia entrada (reformada en los años cuarenta del s. XX) en una zona de nacedero lleva a pensar que pudo nos ser accesible en la época en que fue depositado el cuerpo. Posiblemente hubo otro acceso, hoy colmatado.

El yacimiento

Se trata de un esqueleto depositado en el interior de la cueva, casi inalterado, con un excepcional estado de conservación. Faltan muy pocos huesos. La parte de los pies, la más complicada de recuperar por los arqueólogos, estaba cubierta por concreción estalagmítica. Los huesos y el entorno pétreo inmediato estaban cubiertos por una sustancia colorante roja.

La inhumación

La disposición de los restos indica que fue depositado envuelto en una mortaja. La abundancia de manchas de colorante (más en la parte superior del cuerpo, sobre todo en la cabeza) sugieren que el cadáver y el entorno inmediato fueron cubiertos con ocre (por datos preliminares de su estudio, se piensa que elaborado en la cavidad a partir de colorante traído de fuera). Un detalle, bien conocido en otras inhumaciones antiguas, es el único detalle del posible ritual. Carece de ajuar asociable.

Cómo era el hombre Loizu

Aunque la mayoría de estudios sobre él todavía no han concluido, los investigadores han aportado recientemente una serie de datos interesantes.

Se trata de un individuo varón de entre 21 y 23 años. Calculan una altura de 1,60-1,65 m, y un peso en torno a los 50-55 kg. Murió poco después de que le naciera la primera muela del juicio.

Era diestro. El análisis musculo-esquelético indica que desarrolló una actividad física muy intensa, y que estuvo arrodillado con frecuencia.

Los dientes sugieren que usaba palillos para limpiárselos, pero al mismo tiempo las marcas de abrasión por arena/tierra muestran que el alimento no estaba muy limpio. La investigación apunta abundancia de dieta cárnica.

El análisis paleopatológico ha localizado además indicios de varias lesiones, ligadas quizás s su modo de vida cazador, a la búsqueda de alimento, como la osteólisis de ambas clavículas, o una lesión osteocondral del cartílago de una rodilla. Además, la hiperostosis porótica en el cráneo indicaría estrés nutricional, es decir, haber pasado por periodo/s de hambre. En el cráneo también se percibe una protuberancia, osteoma exostótico, pero parece que fue algo asintomático, una variante anatómica, no una enfermedad. Un orificio en el cráneo, y la alteración/desaparición de la zona de lo que sería la cara, nos llevan a ala tesis sobre su muerte.

Causa de su muerte

En el hueso parietal izquierdo, hacia la parte posterior de la cabeza, se atisba un orificio circular de 14,26 mm de diámetro. Los investigadores manejan que la hipótesis (arqueología experimental) que mejor explica el tipo de orificio apunta al impacto por proyectil, posiblemente de flechas. Flecha que entraría por la parte posterior de la cabeza y saldría por la zona de la cara, explicando la destrucción de esa zona. Es coherente con el periodo cronológico en el que vive el hombre de Loizu, la época que empieza a desarrollarse y extenderse en Europa el uso del arco y flechas.

Cronología y contexto cultural

De momento, el análisis radiocarbonométrico marca una fecha de 11.700 a. C, en el AZILIENSE, el periodo cultural inscrito en la fase de transición entre el Pleistoceno y el Holoceno. No hay demasiada información sobre el aziliense en la Península Ibérica, frente a la abundancia de datos posteriores sobre enterramientos del Mesolítico. Sólo la Cueva de los Azules (Asturias) cuenta con otro caso del Epipaleolítico/Aziliense, aunque es más tardía (10.000 años BP), y muestra otro modelo, de enterramiento, en fosa y en la entrada de la cavidad.

Hay dos casos, ya del Mesolítico (unos 8.000 años BP), de esqueletos localizados directamente sobre el suelo de la cavidad, la Cueva de la Braña-Arintero (León), y la Cueva de Tito-Bustillo (Asturias): pero en la primera, los dos esqueletos (por ADN se sabe que eran hermanos) parecen responder, para Arias-Cabal, a una muerte por accidente, no un depósito funerario. Y en el caso de Tito Bustillo, su conservación no era buena, el esqueleto estaba muy degradado.

En Navarra, el único caso paralelizable es el del enterramiento de una mujer de unos treinta años en el abrigo de Aizpea (Aribe), a unos 14 km a vuelo de pájaro de Loizu. Con una datación en torno a los 8000 años BP, también del Mesolítico. Es interesante la coincidencia en las huellas de desgaste físico al comparar el caso de Loizu y Aizpea. Mostrarían la persistencia de gentes cazadoras-recolectoras adaptadas a las dificultades de vida y búsqueda de recursos en el relieve agreste y boscoso de las montañas prepirenaicas, en los inicios del Holoceno.

El hombre de Loizu está a punto desvelar muchos de sus secretos. En los próximos meses verán la luz muchos de los estudios en profundidad que se le están haciendo. Sin duda, aportarán luz sobre un periodo poco conocido, y subrayarán aún más la importancia de este hallazgo para la arqueología peninsular y europea.

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16 marzo 2022 3 16 /03 /marzo /2022 11:24
Representación de equino de la nueva galería decorada de Alkerdi 2

Representación de equino de la nueva galería decorada de Alkerdi 2

En 2020, la investigación en la cueva de Alkerdi II permitió localizar un nuevo sector de arte parietal paleolítico (Gravetiense), de indudable interés, del que hemos empezado a conocer detalles desde finales de 2021.

Historia de las investigaciones

Las cuevas de Alkerdi-Berroberría son conocidas desde 1930, tras los descubrimientos de Norbert Casteret. Han sido excavadas en distintos momentos desde entonces. Entre ellas, Alkerdi 2 siempre tuvo un papel muy secundario. Todavía en 2010, Barandiarán y Cava citaban a Alkerdi 2 como una cueva en galería ubicada justo encima de la de Alkerdi, con un depósito funerario quizás del Calcolítico.

El 2015 se localizan más representaciones parietales en Alkerdi, un galería con figuras de bisontes. Se crea un equipo de estudio del complejo kárstico de la zona, que en 2016 da como resultado el hallazgo de arte rupestre y galerías (con zonas con paleosuelo paleolítico), en la cueva de Alkerdi 2. En julio de 2020 se localizó otra galería con grabados y trazos pintados en rojo.

Localización

Alkerdi II forma parte del complejo kárstico Alkerdi – Zelaieta, ubicado entre los barrios de Alkerdi y Leorlas en el municipio de Urdax. Un complejo formado por la filtración de las aguas que drenan el margen derecho de la cuenca alta del Olabidea-Urdazuri, sobre todo las llegadas desde el monte Arleun. Frente a este monte, y al fondo de este desnivel, se localiza el frente S de un afloramiento rocoso que alberga las cavidades de este sistema kárstico.

Contexto arqueológico

Los nuevos descubrimientos en Alkerdi II corresponden a representaciones parietales paleolíticas. Próximas entre sí, las evidencias de esa época en este complejo kárstico se circunscriben al abrigo de Berroberría, y las cuevas de Alkerdi I y II.

En el abrigo de Berroberría, las excavaciones muestran su ocupación en diferentes momentos del Paleolítico Superior. Una ocupación relativamente intensa en el Magdaleniense antiguo (inferior y/o medio). Y una ocupación prácticamente continuada desde la fase final del Pal. Superior (Magdaleniense avanzado o superior, y Magdaleniense final) hasta el Epipaleolítico/ Mesolítico.

En Alkerdi I, las excavaciones de Barandiarán y Cava identificaron una estancia, más o menos puntual o breve en el Gravetiense, con una cronología cercana al 26.000 BP.

El Alkerdi II, a falta de una excavación, se conocen dos puntos con evidencias, materiales. Uno en un cono de derrubios cercano a la entrada. Y otro en la zona del sector decorado B, en un piso inferior más al fondo de la cavidad, en el que se han encontrado una concentración de carbones, un hogar con huesos quemados y restos de talla, y media docena de sílex dispersos

El arte parietal de Alkerdi II, y los nuevos descubrimientos de 2020

Según los últimos estudios publicados en 2020, se conocían cuatro sectores decorados con arte parietal paleolítico. Los sectores A y B, ubicados contiguos al fondo de la cavidad (respecto a la entrada actual); y los sectores C y D, situados en sendos desarrollos laterales apartados de la zona de tránsito. En un total de unos diez paneles decorados, las representaciones conocidas hasta entones correspondían a figuraciones animales grabadas (destaca un panel con cinco bisontes), de équidos y bisontes; y a signos pintados en rojo o negro, como puntos agrupados o no, un triángulo, una parrilla.

La datación de una muestra de carbón tomada de una representación, y de un resto carbonoso a sus pies, indican una cronología ante quem en torno al 27.000 BP.

A finales de 2021 se dio a conocer el descubrimiento en julio de 2020, en un entramado de galerías dos pisos por debajo de la entrada actual de Alkerdi 2, de un quinto sector decorado. Ubicado en una galería de difícil acceso a la que se llega tras superar pasos complicados y una gatera muy estrecha. Allí se descubrieron otra docena de figuraciones grabadas: dos vulvas situadas justo después de la gatera, y una zona concentración de representaciones de animales (bisontes, uros, caballos). También encontraron cinco series de líneas dobles pintadas en rojo. Con un estilo en los grabados, para Olivia Rivero, un poco expresionista, que las aproxima a ejemplos de arte parietal francés. Como en el resto de la cavidad, su cronología ha sido relacionada con el Gravetiense, con una antigüedad cercana a los 27.000 años.

Este descubrimiento, que enriquece aún más el patrimonio cultural de la cueva, subraya la importancia de esta zona para el conocimiento del poblamiento paleolítico navarro y su conexión con el otro lado del Pirineo. Y muestra un poco más su expresión artística en cavidades, algo todavía muy poco conocido en una comunidad como Navarra, muy rica sin embargo en fenómenos kársticos y cavidades. Esperemos que lleguen nuevos hallazgos.

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7 junio 2018 4 07 /06 /junio /2018 14:57

El seguimiento arqueológico de la explotación de una mina a cielo abierto en SCHÖNINGEN (Baja Sajonia, Alemania, en el extremo norte del Macizo del Harz), ha permitido localizar un buen número de yacimientos pleistocénicos y holocénicos. Analizaremos aquí de ellos una veintena de sitios, datables a finales del Paleolítico Inferior. Se les asocia a grupos humanos del Homo Heidelbergensis, que habitaban lo que entonces era la franja costera de un gran lago. .

Su importancia radica en el excepcional grado de conservación de materiales orgánicos en la turbera, que ha permitido recuperar útiles de madera, restos de fauna de todo tipo, vegetación. Y en la información precisa que nos aporta sobre modos de vida de esa época

Datación cronológica

Schöningen vivió una sucesión alternante de ciclos interglaciares/glaciales (Schöningen I-VI), en un largo periodo entre el Holsteiniano hasta el Holoceno. La mayoría de los sitios paleolíticos en Schöningen se localizan estratigráficamente, entre los depósitos de Glaciación de Elster y de la glaciación de Saale. Sobre los sedimentos de los depósitos pleistocénicos más antiguos se han documentado una serie de seis canales de erosión, y sus sedimentos asociados.

Por el momento, geología, palinología y paleontología indican que el antiguo lago, y los restos arqueológicos (con diferencias entre los yacimientos), se sitúan en periodos interglaciares, más cálidos, hace más de 300.000 años. Y, más en concreto, dentro de las etapas de isótopos marinos (MIS) del paleoclima, en el MIS 9, un periodo interglacial cálido que comienza hacia el 337.000 BP (varios estudios de 2017 sugieren un inicio algo anterior al MIS 9).

Conservación excepcional

El grado excepcional de conservación de los yacimientos de este periodo  se debe al rápido cubrimiento y sellado de las capas arqueológicas con lodo del lago adyacente. Hasta que empezó la extracción hace unos 30 años, estos hallazgos estaban debajo de una capa freática natural. A unos diez metros por debajo de la superficie actual, en lo que fue el borde de un antiguo lago, se dan las condiciones ideales de conservación en la turbera Muddeschichten. Está constatada la presencia humana en las cinco secuencias de sedimentación o riberas del lago.

La preservación de materiales orgánicos en la turbera ha permitido recopilar muchos más datos de los habituales, y mucho mejor conservados. En la fauna se constata la presencia de grandes mamíferos: herbívoros (elefantes, rinocerontes, caballos, uros, bisontes, ciervo rojo…), o carnívoros como el león. Y también anfibios, reptiles, conchas, e incluso escarabajos. De la vegetación, se conservan ejemplares completos de pinos, abetos, árboles de aliso negro, piñas, hojas, polen y semillas de la flora circundante. Ello permitió también conservar en perfectas condiciones útiles que casi nunca se preservan, como los hechos en madera.

El entorno paleolítico

Durante el óptimo climático Interglacial de Reinsdorf, el paisaje parece haber sido relativamente abierto, con algunas partes cubiertas de bosques. Hay evidencia clara dentro del interglacial de Reinsdorf de una considerable complejidad climática, con un óptimo térmico inicial seguido de dos interestadiales más fríos. Los datos del polen y la paleontología (de los sitios 12B y 13II-4) pertenecen a una fase de bosque mixto de roble que se cree representa el óptimo climático, reflejando partes posteriores del interglacial y brindando una imagen contrastante de pastizales abiertos y bosques boreales.

Dentro de la complejidad de un entorno cambiante, vemos la evolución del paisaje y del clima. El lago interglacial fue llenado gradualmente por sedimentos laterales desde el oeste, mediante pequeños sistemas de delta, con disconformidades ocasionadas por fluctuaciones repetidas en el nivel del lago. La sedimentación y la fauna indican la evolución y cambios, momentos templados y otros de fases frías que anuncian el fin del interglacial. En los inicios encontramos de elefantes del bosque (Elephas antiquus) y rinocerontes (Stephanorhinus kirchbergensis). Conforme se asienta un clima más templado aumenta la proporción de fauna adaptada a esas condiciones, como el uro (Bos primigenius), el bisonte (Bison sp.), el ciervo rojo (Cervus elaphus) y el caballo (Equus mosbachensis). En la secuencia de sedimentación 4 encontramos una estepa muy abierta con presencia de caballos (Equus mosbachensis). Y la secuencia de sedimentación 5 muestra una fase más fría y más seca que anuncia el final del Interglacial Reinsdorf o el comienzo de la Era Glacial de Saale.

Yacimientos

De la veintena de yacimientos localizados de esta época destacan:

Schöningen 12 A y BDestaca por el hallazgo de: restos de madera (en el 12 B1) que corresponden a útiles complejos, hechos de madera de abeto, de difícil interpretación. Las incisiones que tienen permiten elucubrar su uso para insertar útiles de sílex. SE han recuperado un centenar de útiles de sílex, y abundantes huesos de fauna de clima cálido, como el elefante de bosque (Elephas antiquus), rinoceronte de bosque (Stephanorhinus kirchbergensis), caballo salvaje (Equus mosbachensis), ciervo (Cervus elaphus), corzo (Capreolus capreolus), auroch (Bos primigenius), salvaje - cerdo (Sus scrofa), dos especies de oso, león (Panthera leo), castor (fibra de castor), castor viejo (Troviertherium cuvieri) y una comadreja indefinida (Mustela sp.)

En Schöningen 12 B1 se localizaron en 1992 varios posibles ejemplos.

Schöningen 12 IISe recogieron algunos útiles líticos, numerosos huesos de gran fauna, y madera de los antiguos bosques en la zona. Entre los hallazgos especiales, muy completo, uno de los uros más antiguos de Europa Central. Destaca un grupo de huesos golpeados por una parte y luego suavizados por el uso por otra parte, algunos con un extremo fuertemente redondeado. Se elucubra con su uso como bastones de excavación, para alcanzar raíces, tubérculos, insectos u otros alimentos. Pero algunos huesos están muy pulidos para usarlos solo como palos de excavación. Los investigadores apuntan hacia el procesamiento del cuero, ya sea para vestimenta, tiendas de campaña, etc. Una vez liberadas de la carne las pieles y el cuero mediante el uso de raspadores, el tratamiento más fino seguramente se hizo con útiles de madera o huesos.

Schöningen 13 I De sus dos capas, la inferior comprende el complejo estratigráficamente más antiguo. El análisis polínico y estratigráfico lo atribuye a Holstein Interglacial. Hay huellas de posible uso del fuego, algunos restos líticos, y restos de mamut (Mammuthus trogontherii), caballo (Equus sp.), Bisonte (Bison sp.) y ciervo rojo (Cervus elaphus). Sobre ella, un nivel sin indicios antrópicos, con restos de bisonte y las huellas de ciervos, caballos, bovinos, rinocerontes y elefantes.

Schöningen 13 II Numerosos sitios arqueológicos, excavados entre 1994 y 2012, se resumen bajo la designación Schöningen 13 II. El más destacado es Schöningen 13 II-4, el llamado "CAMPAMENTO DE CAZA DE CABALLOS SALVAJES" en el que se localizaron los restos de más de 20 caballos (95 % de los huesos). Les siguen los restos de bovino, uro o bisonte, con un 3%; y los ciervos, probablemente el ciervo rojo, con un 2%.

Hay indicios de cuatro posibles hogares. La mayoría de los datos subrayan el uso de este campamento para la caza y aprovechamiento, procesamiento y la manipulación de los animales cazados. Muchos huesos mostraron indicios (cortes, incisiones, raspados, huesos machacados) de manipulación para extraer piel, carne y médula. Los datos apuntan a un trabajo colectivo, en el que se manipulan caballos enteros. La industria lítica localizada (destacan los raspadores) presenta útiles terminados, parcialmente revisados ​​y post-retocados. Casan perfectamente con la fauna localizada, el análisis de la representación de partes del esqueleto, las incisiones y raspados visualizados en los huesos recuperados, muchas ligadas al descarnado. Los huesos manipulados, identificados como percutores, serían usados para mantenimiento y retoque de herramientas durante la manipulación de la caza. Las ocho lanzas arrojadizas de madera de abeto (menos una de pino) encontradas, con una datación (U / Th) de aprox. 280000 a 350 000 años. En muy buen estado de conservación, su estudio muestra que usaron troncos delgados y rectos cuidadosamente descortezados y enderezados, de entre 1,82 y 2,25 metros, con un diámetro entre 29 y 47 milímetros. Su diseño lleva a pensar en su suso como armas arrojadizas. El mayor diámetro en e tercio delantero del arma, su centro de gravedad, el ahusamiento posterior, guarda semejanzas con el diseño de las actuales jabalinas de competición.

Todo parece reflejar el aprovechamiento sistemático del medio, la caza sistemática y organizada de grandes mamíferos, sobre todo de manadas de caballos, y la explotación organizada de su carne, en el entorno escénico de la orilla pantanosa de un lago al que grupos de animales vendrían regularmente a beber y vadear. Algo que asumimos sin dificultad para el Paleolítico Superior, pero que sólo a raíz de hallazgos como los de Schöningen se ha admitido para un periodo tan antiguo en Europa como el del Homo Heidelbergensis.

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7 junio 2018 4 07 /06 /junio /2018 11:57

El seguimiento arqueológica una mina a cielo abierto en SCHÖNINGEN (Baja Sajonia, Alemania), ha permitido descubrir un gran cantidad de yacimientos. Destacan por su importancia una veintena del Paleolítico Inferior, ubicados en lo que hace cientos de miles de años era la franja costera de un gran lago. Se les relaciona con el Homo Heidelbergensis, y han aportado datos importantes para conocer mejor los grupos humanos en esa época, entre los que destacan los del llamado campamento de cazadores de caballo salvajes y sus famosas lanzas arrojadizas de madera, localizado en el yacimiento Schöningen 13II-4.

Una investigación multidisciplinar de largo recorrido

Se puede hablar de dos fases en las excavaciones. En 1983 se iniciaron las excavaciones en Schöningen dirigidas por H. Thieme. A partir de 1992, descubren hallazgos del periodo que nos ocupa. En una segunda fase, desde 2010 se desarrolla un proyecto multidiciplinar. Dirigido por N. Conard y J. Serangeli, y coordinado por la Oficina Estatal de Preservación Histórica de Baja Sajonia y la Universidad de Tübingen, agrupa especialistas en distintos campos de la Rijksuniversiteit Leiden, la Leuphana University Lüneburg, el Senckenberg Research Institute y el Senckenberg Natural History Museum, la Universidad Leibniz, el Laboratorio de Cuaternario Woods Langnau, y el Museo Central Romano-Germánico.

Datación cronológica

La mayoría de los sitios paleolíticos en Schöningen se sitúan estratigráficamente, entre los depósitos de Glaciación de Elster y de la glaciación de Saale.

Dentro de las etapas de isótopos marinos (MIS) del paleoclima de la Tierra, los estudios ubican los principales yacimientos inferopaleolíticos  de Schöningen en el MIS 9, un periodo interglacial cálido que comienza hacia el 337.000 BP.

En cualquier caso, por el momento, la geología local, el análisis de polen y el estudio de los animales indican que la tierra del lago y los restos arqueológicos se sitúan en periodos interglaciares, más cálidos, desarrollados hace más de 300.000 años. El que nos ocupa, Schöningen 13 II, se sitúa en un período cálido, el Interglacial Reinsdorf, una fase climática cálida desarrollada entre el 300.000 y 350.000 BP.

Conservación excepcional del yacimiento

 

El que los yacimientos paleolíticos descubiertos en la mina se hayan preservado en buenas condiciones se debe al rápido cubrimiento y sellado de las capas arqueológicas con lodo del lago adyacente. Hasta que empezó la extracción hace unos 30 años, estos hallazgos estaban debajo de una capa freática natural. A unos diez metros por debajo de la superficie actual, en lo que fue el borde de un antiguo lago, se dan las condiciones ideales de conservación en la turbera Muddeschichten. Está constatada la presencia humana en las cinco secuencias de sedimentación o riberas del lago.

El contexto peculiar de la geología de la zona permitió que los materiales orgánicos no se descompusieran. Hay muchos más datos de los habituales, y mucho mejor conservados, de fauna y vegetación. Ello permitió también conservar en perfectas condiciones útiles que casi nunca se preservan, como los hechos en madera.

El entorno

La excepcional conservación de fauna y vegetación en la turbera nos permite tener una ida del entorno del lago durante el óptimo climático Interglacial de Reinsdorf. Dentro de la complejidad de un entorno cambiante, vemos la evolución del paisaje y del clima. El paisaje parece haber sido relativamente abierto, con algunas partes cubiertas de bosques, más o menos presentes según el momento en el interglacial.

Los datos del polen y la paleontología del yacimiento 13II-4 indican una fase de bosque mixto de roble que se cree representa el óptimo climático, reflejando partes posteriores del interglacial y brindando una imagen contrastante de pastizales abiertos y bosques boreales.

El lago interglacial fue llenado gradualmente por sedimentos mediante pequeños sistemas de delta, dibujados por las fluctuaciones repetidas en el nivel del lago. En el momento en que se ubica el campamento de cazadores de caballos, un clima más templado aumenta la proporción de fauna adaptada a esas condiciones, como el uro (Bos primigenius), el bisonte (Bison sp.), el ciervo rojo (Cervus elaphus) y el caballo (Equus mosbachensis).

El campamento de cazadores de caballos de Schöningen 13II-4

Schöningen 13 II agrupa numerosos sitios arqueológicos, excavados entre 1994 y 2012. En uno de ellos, Schöningen 13 II-4 se descubrió el llamado campamento de caza de caballos salvajes, con rastros de manipulación en los huesos de fauna, asociables, asegún los especialistas, a la extracción de piel, carne y médula. Y con herramientas piedra, hueso y madera, posiblemente también vinculables a la caza y aprovechamiento de lo cazado. Destacan ocho lanzas arrojadizas de madera. Hay indicios de posibles hogares.  Las mediciones U / Th del horizonte de lanza mostraron una edad de aproximadamente 280.000 a 350.000 años. 

Los huesos examinados de fauna de Schöningen 13II-4 presentan pocos fenómenos de meteorización por exposición al aire exterior. La gran mayoría de los restos indican un cubrimiento rápido después de la deposición. Hay restos óseos con indicios claramente reconocibles de la acción de depredadores, aprox. un 13%. Los autores son depredadores de tamaño mediano, probablemente lobos. Su estudio, y el análisis estadístico de la presencia de partes óseas más débiles dentro del yacimiento, indican que los depredadores han tenido un impacto limitado. Incluso, en algunos restos óseos en los que conviven marcas de acción humana y rastros de depredadores, las huellas de éstos últimos son claramente posteriores.

En la composición de especies de mamíferos representadas en Schöningen 13II-4 dominan los restos óseos de caballos (Equus mosbachensis), con casi el 95%. Les siguen los restos de bovino, uro o bisonte, con un 3%; y los ciervos, probablemente el ciervo rojo, con un 2%. Basado en recuentos de elementos esqueléticos determinantes, el número mínimo de individuos representados entre los caballos se establece en 19, incluidos tres potros (que debieron ser cazados en otoño, tras el habitual nacimiento de las nuevas crías a comienzos de la estación cálida).

Está presente el completo espectro de elementos esqueléticos del esqueleto de los caballos. Esto no se aplica para los restos óseos  de bovinos y cérvidos, en los que están representadas especialmente los más fuertes partes más fuertes de hueso más duras. Esto parece indicar que el momento de deposición los restos de caballos, y los restos de bovinos y ciervos, están separados en el tiempo y siguen un historia postdeposicional distinta.

Las huellas causadas por actividades humanas son frecuentes. Un 18% de los restos óseos estudiados contienen huellas de útiles líticos, como marcas de corte, o huellas de fractura de huesos largos para poder consumir la médula ósea. En relación a las especies de mamíferos, los porcentajes están por encima de la 22% para el caballo, y de más del 30% para los bovinos.

Los indicios de huellas indican diferentes tipos de actividades: Racimos de cortas marcas de corte agudas indican la desarticulación de las articulaciones. Largas marcas de corte en los ejes de largo huesos y huesos planos indican extracción de carne. También hay grupos de marcas de raspado. Estas huellas se encuentran exclusivamente en huesos que contienen médula ósea.

La cantidad de huesos representados de los caballos es lo suficientemente grande como para estudiar la representación de partes del cuerpo. Hay dos partes del cuerpo claramente subrepresentadas, la cola y las partes inferiores de las piernas, los cascos con las falanges. Lo más probable explicación estriba en el desollado de la piel, que se abstrae de la zona de matanza junto a las partes inferiores de las piernas y la cola.

El espectro de pistas de sacrificio indica el sistemático aprovechamiento del caballo para obtener una multitud de productos de origen animal: pieles, carne, posibles tendones; médula ósea grasa y nutritiva. Patrones de aprovechamiento y tipos  de restos que coinciden con los de lugares arqueológicos más recientes que muestren matanza de caballos.

Hay documentado el rastro de restos óseos que pueden estar relacionados con el uso de huesos como herramienta, en varios casos relacionable con el golpeo repetido de materia dura, como la piedra. Probablemente estos huesos fueron utilizados para mantenimiento y retoque de herramientas de piedra durante la matanza. En la industria lítica presente domina el grupo de los raspadores. Son útiles ya terminados, parcialmente revisados ​​y post-retocados (el desecho de retoque está presente), usados para el procesamiento y la manipulación de lo cazado.

Parece que en el aprovechamiento del animal, hubo preferencia por las piernas de los caballos, probablemente por la presencia de carne, tendones y médula ósea. Un método de sacrificio dirigido a la extracción de la piel, y la masa de carne de la cadera y la parte superior de las piernas, eliminando peso al extraer los huesos, que permitían al mismo tiempo acceso a su médula ósea. .

Parece reflejar la caza sistemática y organizada de manadas de caballos, y la explotación organizada de su carne, en el entorno escénico de la orilla pantanosa de un lago al que grupos de animales vendrían regularmente a beber y vadear.

Útiles en hueso y sílex

La industria lítica presente cuenta unas 1500 evidencias. Destaca el grupo de los raspadores, la falta de útiles bifaciales y la ausencia de la técnica Levallois.

Son útiles ya terminados, parcialmente revisados ​​y post-retocados (el desecho de retoque está presente), usados para el procesamiento y la manipulación de lo cazado.

Dentro de los huesos con evidencias de manipulación, un grupo muestra indicios de su posible uso como percutor, del golpeo repetido de materia dura, como la piedra. Probablemente fueron utilizados para mantenimiento y retoque de herramientas de piedra durante la matanza.

Las lanzas

Se recuperaron ocho lanzas. ocho lanzas. La mayoría están hechas con madera de abeto (hay una hecha de pino). Las lanzas aparecieron deformadas por el peso de los sedimentos, pero su estudio muestra que usaron troncos delgados y rectos cuidadosamente descortezados y enderezados. Su longitud varía entre los 1,82 y 2,25 metros, y su diámetro entre 29 y 47 milímetros. 

Parece tratarse de armas pensadas para lanzarlas. El mayor diámetro corresponde al tercio delantero del arma, donde está su centro de gravedad, con un ahusamiento en la parte posterior. Guardan semejanzas con el diseño de las actuales jabalinas de competición.

El problema es la falta de paralelos en condiciones en otros yacimientos paleolíticos. Solo hay algunos hallazgos para comparar, con dimensiones y formatos de “lanzas” similares, con una conservación mucho peor, con frecuencia sólo fragmentos, y con diferencias cronológicas considerables en la mayoría de los casos respecto al hallazgo de Schöningen. Podemos mencionar los hallazgos de Lehringen, Clacton-on-Sea, Bilzingsleben, Stuttgart-Bad Cannstatt y Torralba.

Schöningen aporta muchas más cosas que el importante hallazgo de lanzas de madera. La riqueza de sus evidencias, su estado excepcional de conservación proporciona datos importantes para conocer mejor los grupos humanos del Homo Heidelbergensis en esa época, sobre su manera de vivir y cazar, y la colonización del N de Europa.

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7 junio 2018 4 07 /06 /junio /2018 11:01

Descubierto a raíz de la explotación de una mina a cielo abierto en Schöningen, (Baja Sajonia, Alemania), se ubica en la parte noroccidental de Europa Central, en el extremo norte del Macizo del Harz. 

El seguimiento arqueológico de la explotación de la mina ha permitido la localización, a lo largo de los años, de un importante conjunto de yacimientos. De ellos, destacan por su importancia una veintena de sitios datables a finales del Paleolítico Inferior, en lo que entonces era la franja costera de un gran lago. Se asocian a grupos humanos del Homo Heidelbergensis.

Su importancia se extrema por el excepcional grado de conservación de materiales orgánicos en la turbera, que ha permitido recuperar útiles de madera. (como las ya famosas lanzas), restos de fauna en muy buen estado (incluidos anfibios, reptiles, conchas, e incluso escarabajos), vegetación (ejemplares completos de árboles, piñas, hojas, polen y semillas de la flora circundante). 

Una investigación multidisciplinar de largo recorrido

En 1983 comenzaron las excavaciones de rescate dirigidas H. Thieme que, a partir de 1992, descubren hallazgos del periodo que nos ocupa. En una segunda fase, desde 2010 se desarrolla un proyecto multidisciplinar dirigido por N. Conard y J. Serangeli, y coordinado por la Oficina Estatal de Preservación Histórica de Baja Sajonia y la Universidad de Tübingen. Colaboran en la investigación especialistas y universidades de primer nivel. 

Datación cronológica

En su fase más antigua, la geología de Scöningen representa una serie alternante de ciclos interglaciares/glaciales (Schöningen I-VI), en un largo periodo entre el Holsteiniano hasta el Holoceno. Los sitios paleolíticos en Schöningen se encuentran estratigráficamente, a excepción de algunos hallazgos, entre los depósitos de Glaciación de Elster y de la glaciación de Saale. Aunque con matices, dentro de las etapas de isótopos marinos (MIS) del paleoclima de la Tierra, los estudios ubicaban los yacimientos inferopaleolíticos de Schöningen en el MIS 9, un periodo interglacial cálido que comienza hacia el 337.000 BP. Por el momento, la geología local, el análisis de polen y el estudio de los animales indican que la tierra del lago y los restos arqueológicos se sitúan en periodos interglaciares, más cálidos, desarrollados hace más de 300.000 años. Hay diferencias entre los yacimientos. 

El entorno paleolítico

Durante el óptimo climático Interglacial de Reinsdorf, el paisaje parece haber sido relativamente abierto, pero incluía partes que estaban cubiertas de bosques.

Hay evidencia clara dentro del interglacial de Reinsdorf de una considerable complejidad climática, con un óptimo térmico inicial seguido de dos interestadiales más fríos. Los datos del polen y la paleontología (de los sitios 12B y 13II-4) pertenecen a una fase de bosque mixto de roble que se cree representa el óptimo climático, reflejando partes posteriores del interglacial y brindando una imagen contrastante de pastizales abiertos y bosques boreales.

Dentro de la complejidad de un entorno cambiante, vemos la evolución del paisaje y clima. El lago interglacial fue llenado gradualmente por sedimentos. Sedimentación y fauna indican la evolución y alternancia de  momentos templados y fríos, que anuncian el fin del interglacial. De fauna como elefantes del bosque (Elephas antiquus) y rinocerontes (Stephanorhinus kirchbergensis), evoluciona hacia otra más propia de momentos más templados, como el uro (Bos primigenius), el bisonte (Bison sp.), el ciervo rojo (Cervus elaphus) y el caballo (Equus mosbachensis). En algunos mometnos adaptada a una estepa muy abierta. Y la secuencia de sedimentac. 5 muestra una fase más fría y más seca que anuncia el final del Interglacial Reinsdorf o el comienzo de la Era Glacial de Saale.

Yacimientos

La secuencia cronológica de los yacimientos de Schöningen abarca un larguísimo periodo, desde el PALEOLÍTICO INFERIOR hasta el Neolítico. Pero los que más destacan, por la dificultad de encontrar algo similar en calidad y conservación, son la veintena de yacimientos localizados del Pal. Inferior: esta época destacan:

En Schöningen 12 A y B, junto a posibles útiles complejos que combinan madera y sílex, hallaron un centenar de útiles de sílex, y abundantes huesos de fauna de clima cálido. En Schöningen 12 II se recogieron algunos útiles líticos, numerosos huesos de gran fauna, y madera de los antiguos bosques en la zona. La capa inferior de Schöningen 13 I comprende el complejo estratigráficamente más antiguo (del Holstein Interglacial). Hay huellas de posible uso del fuego, algunos restos líticos, y restos de mamut (Mammuthus trogontherii), caballo (Equus sp.), Bisonte (Bison sp.), ciervo rojo (Cervus elaphus), etc. Numerosos sitios arqueológicos se resumen bajo la designación Schöningen 13 II. Destaca  Schoeningen 13 II-4, el llamado “Campamento de caza de caballos salvajes”, en el que se localizaron los restos de más de 20 caballos (95 % de los huesos). Les siguen los restos de bovino, uro o bisonte, con un 3%; y los ciervos, probablemente el ciervo rojo, con un 2%.

La mayoría de los datos subrayan el uso de este campamento para la caza y aprovechamiento de los animales cazados, en el entorno escénico de la orilla pantanosa de un lago al que grupos de animales vendrían regularmente a beber y vadear.: la presencia de lanzas de madera, la fauna localizada, el análisis de la representación de partes del esqueleto, las marcas en los huesos, los útiles en sílex, el uso de huesos como percutores para el retoque de útiles líticos, etc. Muchos huesos mostraron indicios (cortes, incisiones, raspados, huesos machacados) de manipulación para extraer piel, carne y médula. Concuerda con la industria lítica presente, unas 1500 evidencias, en la que destaca el grupo de los raspadores, la falta de útiles bifaciales y la ausencia de la técnica Levallois.

Son útiles ya terminados, parcialmente revisados ​​y post-retocados (el desecho de retoque está presente), usados para el procesamiento y la manipulación de lo cazado.Un grupo de huesos fueron golpeados por una parte y luego suavizados por el uso por otra parte. Se elucubra con su uso como bastones de excavación, para alcanzar raíces, tubérculos, insectos u otros alimentos. Aunque algunos huesos están tan pulidos, qeu se les relaciona más con el procesamiento del cuero, ya sea para vestimenta, tiendas de campaña, etc.

Los datos apuntan a un trabajo colectivo, en el que se manipulan caballos enteros. Hay indicios de cuatro posibles hogares.  Las mediciones U / Th del horizonte de lanza mostraron una edad de aproximadamente 280000 a 350 000 años.

Pero lo que hace aún más extraordinario este yacimiento, ayudado por las peculiaridades de la turbera, es la conservación de la madera. Se recuperaron lanzas arrojadizas. ocho lanzas de madera, en muy buen estado de conservación, de madera de abeto (con la excepción de un caso, de madera de pino), de entre 1,82 y 2,25 metros, con un diseño pensado para lanzarlas. El mayor diámetro corresponde al tercio delantero del arma, donde está su centro de gravedad, con un ahusamiento en la parte posterior. Guardan semejanzas con el diseño de las actuales jabalinas de competición.

El problema es la falta de paralelos en condiciones en otros yacimientos paleolíticos. Solo hay algunos hallazgos para comparar, con dimensiones y formatos de “lanzas” similares, con una conservación mucho peor, con frecuencia sólo fragmentos, y con diferencias cronológicas considerables en la mayoría de los casos respecto al hallazgo de Schöningen. Podemos mencionar los hallazgos de Lehringen, Clacton-on-Sea, Bilzingsleben, Stuttgart-Bad Cannstatt y Torralba.

Museo y Centro de Investigación de Schöningen

Desde 2013, un centro de investigación y museo para proporcionar al público información sobre el trabajo en curso en Schöningen: el Paläon - Centro de Investigación y Experiencia Schöninger Speere.

Una nueva visión sobre el Homo Heidelbergensis

Hasta la fecha, no hay restos humanos identificados en Schöningen o entre los huesos ya identificados. Pero, los estudios encuentran fuertes paralelismos entre los sitios de Schöningen y Bilzingsleben, aunque suponen una edad ligeramente superior para los fundamentos de Bilzingsleben II, en el que sí se localizan restos de Homo heidelbergensis, en la fase previa a la llegada de los neandertales y el Paleolítico Medio más antiguo.

Los sucesivos descubrimientos en estos yacimientos proporcionan una nueva perspectiva sobre la vida de los humanos hace unos 300.000 años. Las lanzas de Schöningen, y el campamento de caza de caballos, reabrieron el debate sobre los modos de vida del hombre europeo en el Paleolítico inferior-medio. La escuela anglosajona y americana preconizaba desde los años ochenta un modelo oportunista de aprovechamiento de lo disponible en el paisaje, como los cadáveres de grandes mamíferos. Consideraba los descubrimientos anteriores de fragmentos de posibles lanzas de madera de principios del paleolítico como fruto del instinto de búsqueda de cadáveres bajo la nieve. No veía al hombre de esa época suficientemente desarrollado como para una explotación sistemática del paisaje, o una caza organizada. Pero la colonización del norte de Europa que muestra Schöningen presenta un Homo heidelbergensis con habilidades de planificación y comunicación, avances tecnológicos, estrategias de caza, una estructura social compleja, que lo sitúan más cerca del hombre moderno de lo que se pensaba. Una clara redefinición de los conceptos tradicionales sobre las primeras etapas dell hombre en Europa (Homo de Heidelberg, Hombre de Neandertal), que la Arqueología y la paleogenética están cuestionando y revisando.

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25 octubre 2016 2 25 /10 /octubre /2016 10:47

Las cuevas de ALKERDI y BERROBERRÍA son conocidas para la arqueología desde 1930. Durante muchos años sólo se investigó en el yacimiento de BERROBERRÍA, y el arte rupestre localizado en ALKERDI por Casteret en esa fecha (con alguna figura más identificada por I. Barandiarán en los años setenta). En 2014 se localizó en Alkerdi un nuevo conjunto de grabados en otra de sus galerías, en un momento conflictivo por la polémica que rodeaba a la actividad de la cantera cercana y sus consecuencias para la supervivencia de las cavidades. El Gobierno de Navarra encargó al equipo responsable de los nuevos hallazgos el estudio del complejo kárstico de la zona. De momento, ha dado como resultado el hallazgo en 2016 y 2020 de arte rupestre y galerías que conservan zonas con paleosuelo paleolítico, en la cueva de Alkerdi 2.

Historia de las investigaciones

Las cuevas de Alkerdi-Berroberría son conocidas desde 1930, tras los descubrimientos de N. Casteret. Pero Alkerdi 2 siempre tuvo un papel muy secundario. En 1940, el marqués de Loriana, que había visitado las cuevas y realizado excavaciones, la describe como una pequeña galería donde “había fragmentos descuartizados de cerámica y algunos dientes de cérvido”. La cueva fue prospectada por G. Imbuluzqueta hacia 1969. Ignacio Barandiarán y Ana Cava lo hicieron también en 1979, y sólo encontraron un nivel de ocupación con cuentas en concha de Pecten, algún fragmento cerámica, y varios huesos humanos, que atribuyeron en conjunto al uso de la cavidad como depósito funerario del Calcolítico. Todavía en 2010, ambos autores citaban a Alkerdi 2 como una cueva en galería ubicada justo encima de Alkerdi, que contaba con un depósito funerario quizás del Calcolítico.

El 2015, un equipo de investigadores encabezado por Diego Gárate publican el hallazgo de más representaciones parietales el Alkerdi. Ante las posibles consecuencias de la actividad de la cantera cercana, que pretendía ampliar e intensificar la explotación, el Gobierno de Navarra encargó al equipo responsable de los nuevos hallazgos el estudio del complejo kárstico de la zona, que ha dado como resultado, por el momento, el hallazgo en 2016 de arte rupestre y galerías que conservan zonas con paleosuelo paleolítico, en la cueva de Alkerdi 2.

En julio de 2020, en un entramado de galerías dos pisos por debajo de la entrada actual, se identificaron una docena de figuraciones  grabadas (bisontes, uros, caballos, dos vulvas), y (al menos) cinco series de lines dobles pintadas en rojo. Con un estilo en los grabados, para Olivia Rivero, un poco expresionista, que las aproxima a ejemplos de arte parietal francés. Su cronología ha sido relacionada con el Gravetiense, con un antigüedad cercana a alos 27.000 años.

La cueva

Forma parte del complejo kárstico Alkerdi – Zelaieta, creado por la filtración de las aguas que drenan el margen derecho de la cuenca alta del Olabidea-Urdazuri, sobre todo las provenientes de las pronunciadas pendientes del monte Arleun. Frente y al fondo de este desnivel se ubica el frente S del afloramiento rocoso que alberga este sistema kárstico, entre los barrios de Alkerdi y Leorlas del municipio de Urdax. Las pendientes encauzaron hacia allí abundantes precipitaciones, cuya infiltración generó el complejo kárstico. El acceso actual a la cueva se realiza en este frente S, a una cota más alta que las otras dos cavidades con evidencias del Pal. Superior (ALKERDI, y el abrigo de BERROBERRÍA). Todas ellas, junto a las de Zelaieta en la otra vertiente, forman parte del gran complejo kárstico.

El arte parietal de Alkerdi 2

Por lo conocido hasta la fecha, a falta de la futura publicación científica del conjunto de Alkerdi 2 que lo fundamente y argumente, se han localizado evidencias de arte paleolítico repartidas en cinco sectores distintos, que los investigadores asocian estilísticamente al Gravetiense a partir de un bisonte grabado (hace 28.000 -20.000 años BP). Una muestra de carbón extraída de una de las líneas negras pintadas en la pared, ha sido datada por C14-AMS en el Laboratorio de la Universidad de Oxford (Reino Unido) en una fecha mínima de 20.500 años BP. Lo que podría relacionarse con el asentamiento temporal del Gravetiense en la cueva de Alkerdi.

Se ha descubierto un paleosuelo en la denominada Galería del Sílex, situado al pie de las pinturas. Se trata de abundantes evidencias de industria lítica piezas de sílex, restos de carbones, fragmentos de hueso y hogares en el suelo. Los descubridores creen encontrar una conexión entre el paleosuelo y el momento de la ejecución de las representaciones.

Las representaciones encontradas combinan las figuras animales (básicamente grabados de bisontes y equinos, y 4 pinturas negras que simulan cérvicodorsales de cuadrúpedos), con puntos y signos pintados en rojo o negro (excepto dos vulvas grabadas en el inicio del sector 5). En conjunto, la investigación vincula formalmente de momento este arte parietal con el Gravetiense, con posibles conexiones estilísticas con el Pirineo francés. 

Una cueva abierta a futuros descubrimientos

La cueva está en estudio. Hay muchas incógnitas abiertas, que los investigadores tratarán de ir comprendiendo en los trabajos que se realizan o se realizarán. Es bastante probable que la revisión de su desarrollo lleve al descubrimiento de más figuras parietales. Al mismo tiempo, la prospección espeleológica y arqueológica de zonas inexploradas de la cueva puede llevar al conocimiento del primitivo acceso de la cavidad. Queda por dilucidar si hay o hubo conexión con las cavidades conocidas del frente N (Zelaieta), alteradas por la acción de la cantera, Y qué relación tiene Alkerdi 2 con los numerosos accesos exteriores a galerías, todavía por explorar, localizados en 2016 en ese frente N, cerca de las cavidades de Zelaieta.

Alkerdi 2 es ya un gran hallazgo, que enriquece lo que ya se conoce de esta zona. Ahora que parece desaparecer la inquietud por lo relacionado con la cantera, queda la ilusión por un futuro en el que es bastante probable que la cueva aporte nuevos descubrimientos.

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25 octubre 2016 2 25 /10 /octubre /2016 10:41

Cavidad descubierta para la arqueología a la vez que Alkerdi, en 1930. Forma parte del frente S del relieve calizo en el que se excavó el sistema kárstico Alkerdi-Zelaieta, en el extremo septentrional del valle de Baztán (ya en la vertiente norte de la cordillera pirenaica), creado por la infiltración parcial de la red de drenaje que conforma el margen derecho de la cabecera río la Nivelle/Ugarana.

Historia de los descubrimientos

BERROBERRÍA y ALKERDI fueron descubiertas por el espeleólogo francés N. Casteret en 1930, durante una visita a varias cuevas de los municipios de Zugarramurdi y Urdax. Casteret hizo un sondeo en el yacimiento de Berroberría. Publicó una breve reseña sobre ambas cuevas en 1933. En 1935, J. M. Barandiarán señala la existencia del yacimiento arqueológico de la cavidad. En 1939 Casteret visita de nuevo la cueva con el marqués de Loriana, que excava una trinchera delante de la zona de prospección de Casteret en Berroberría ( y visitará también Ekain 2), publicando sus estudios en solitario (1940 y 1943). En los años cuarenta, por encargo de la I. Príncipe de Viana, S. Ribera Manescau, profesor de la Univ. Valladolid, excava en Berroberría, pero no publicó datos ni hay noticias de los resultados. J. Maluquer de Motes, nombrado director del servicio de excavaciones de Príncipe de Viana, excavará en Berroberría entre 1959 y 1965.

La investigación principal, por su rigor, amplitud y exhaustividad, se debe a Ignacio Barandiarán y Ana Cava, quienes durante casi dos décadas excavarán y estudiarán el abrigo de Berroberría (1977, 1979 y 1988-1994).

El abrigo de Berroberría en el sistema kárstico

Forma parte del sistema kárstico Alkerdi – Zelaieta, excavado por la filtración de las aguas que drenan el margen derecho de la cuenca alta del Olabidea-Urdazuri, y se infiltran en un afloramiento rocoso ubicado entre los barrios de Alkerdi y Leorlas del municipio de Urdax. La boca de este abrigo se abre en el frente S del afloramiento, próxima a otras dos cavidades con evidencias del Pal. Sup. (arte rupestre en ALKERDI y ALKERDI II, hábitats en el abrigo de Berroberría). Los accesos a las tres cavidades se sitúan frente y al fondo de las pronunciadas pendientes del monte Arleun. Pendientes que encauzaron hacia allí abundantes precipitaciones, cuya infiltración generó el complejo kárstico. Antes del Magdaleniense, Berroberría, ubicada en la cota más baja, alternó periodos secos con fases de reiterada inundación (I. Barandiarán incluso aventura momentos en los que algún riachuelo introdujera uno de sus recodos de manera permanente en su interior), con fuerte acumulación de materiales arrastrados (en unos casos fruto de cursos remansados, y en otros resultado de aportes con más fuerza de las aguas). Para Barandiarán y Cava (2010), con el descenso definitivo del drenado de las precipitaciones a un plano inferior de la red subterránea y con otra línea de desagüe, el rediseño endokárstico posterior estuvo más ligado a desprendimientos, ligados en varios periodos a la crioclastia, la gelifracción provocada por la alternancia de frío intenso y humedad. Pero su estado seco, su buena orientación y amplitud, permitieron su uso prolongado como hábitat, testimoniado en excavaciones desde el Magdaleniense inferior.

La cavidad

Su boca, se abre en el extremo S del relieve calizo que alberga el sistema kárstico, junto a otras cavidades con evidencias del Pal. Sup. (Alkerdi II, y el abrigo de Berroberría). Junto a ellas confluye la escorrentía de la pronunciada a ladera del monte Arleun, situado enfrente. La infiltración de las frecuentes precipitaciones creó el complejo kárstico, en varios niveles. Inicialmente provocó la reiterada inundación (en varias fases permanente) del abrigo de Berroberría, pero no de la de Alkerdi.

La boca de la cavidad mide unos 23 m de ancho por 4 a 6 m de alto. Da acceso a un amplio espacio, que se extiende en algunos puntos hasta los dieciocho m de profundidad. A ambos lados del abrigo se abren dos cortos entrantes. De ellos, en el entrante oriental o “fondo de covacho” realizó Casteret en 1930 su sondeo, junto al que arrancaba la trinchera realizada por Loriana en 1939.

El entorno, su orientación S, y el hecho de poseer un amplio y cómodo espacio habitable de unos 200 m2 habitables, con luz natural y agua cerca, explican el reiterado interés de las comunidades prehistóricas por habitarlo

Ocupación de Berroberría

De acuerdo a los datos que ha arrojado la excavación del abrigo, y el posterior estudio de lo localizado, los investigadores I. Barandiarán y A. Cava diferencian varias fases de uso antrópico de la cavidad, con algunos periodos de abandono por nuevas inundaciones:

  1. El nivel G, señala todavía la alternancia, en el tiempo y por zonas de la cavidad, entre momentos en los que el agua introduce aporte sedimentarios limitados, y otros en las que la cavidad está seca y totalmente habitable. Corresponde a una ocupación relativamente intensa (restos de fauna, ind, lítica, hogares) del Magdaleniense antiguo (inferior y/o medio), con dataciones del 14430 +/-290 y 13580+/-140 BP.

El nivel F, estéril, indica un nuevo anegamiento de la cavidad, probablemente por una etapa especialmente lluviosa que cegó o colmató los puntos de evacuación de agua. Hasta que estos no se reactivaron o el agua buscó nuevos, la cueva fue inhabitable.

  1. El subnivel E inferior muestra una fase ya seca de la cavidad, en la que se inicia una ocupación prácticamente continuada desde la fase final del Pal. Sup. hasta el Epipaleolítico/Mesolítico. Este subnivel alberga evidencias del uso de la cavidad por comunidades con elementos culturales del Magdaleniense avanzado (superior), en el último tercio del decimocuarto milenio BP.
  2. En el subnivel E superior, los datos muestran un clima frío y húmedo que evoluciona hacia otro más riguroso, frío y seco, que se suaviza algo al final. En ese contexto habita en el abrigo un grupo humano, con industria lítica y ósea (arpones en asta de doble hilera) del Magdaleniense final (con datac. C14 del decimotercer milenio BP). Como curiosidad, de entre los muchos datos extraídos de la cavidad, un estudio centrado en los restos de perdiz nival indica su caza especializada al inicio de la estación invernal y, por las marcas de cortes y las características de estas, su almacenamiento posterior tras su secado-ahumado, como acopio para necesidades invernales.
  3. El subnivel D superior corresponde al final del Paleolítico superior, a una comunidad del Magdaleniense final, que lo habita en el duodécimo milenio.
  4. El subnivel D inferior, con fechas C14b a caballo entre el undécimo y el décimo milenio, es adscribible al Aziliense. En él se ha recuperado algún fósil director típico, como el arpón de asta de sección plana y orificio ojival.

Entre este subnivel y el siguiente nivel hay un hiatus de mil quinientos años, que parece indicar el lavado/erosión del sedimento durante otra fase temporal de inundación y abandono de la cueva.

  1. El nivel C y los niveles B inferior y medio muestran una continuidad de ocupación, concentración de hogares, abundantes restos de fauna, e industria lítica, durante el Mesolítico antiguo/medio, a lo largo de todo el noveno milenio BC.
  2. El nivel B superior, con fragmentos de cerámica a mano, indica su uso por grupos del Neolítico
  3. El nivel A, revuelto, apunta a la presencia esporádica en la cavidad de gentes de la Prehistoria reciente, en la primera mitad del tercer milenio BC.

El conocimiento del Paleolítico Superior en Navarra ha estado limitado tradicionalmente a una serie de puntos aislados en el mapa, con un único sitio de arte rupestre, Alkerdi. Una vez superada (parece que definitivamente) la controversia entre conservación y actividad de las canteras, ahora, toma protagonismo la investigación. Todo lo conocido de la excavación y estudio del abrigo de Berroberría, y lo que están aportando las cavidades vecinas de Alkerdi y Alkerdi 2, añaden elementos importantes para el conocimiento del mundo paleolítico en el pirineo occidental, y están destinadas a convertirse en una referencia imprescindible, que aportará novedades interesantes en los próximos años.

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25 octubre 2016 2 25 /10 /octubre /2016 10:27

La cueva de Alkerdi está excavada en el frente S del complejo kárstico de Alkerdi-Zelaieta, excavado en la vertiente norte de la cordillera pirenaica, en el extremo septentrional del valle de Baztán. Complejo excavado por la infiltración parcial de la red de drenaje que conforma el margen derecho de la cabecera del río la Nivelle/Ugarana.

Historia de las investigaciones

BERROBERRÍA y ALKERDI fueron descubiertas por N. Casteret en 1930, quien ya localizó el arte rupestre de la segunda. En 1939 Casteret visita de nuevo la cueva con el marqués de Loriana (que también visitará Alkerdi 2). Éste realizará nuevos calcos, y sus prospecciones en el suelo del vestíbulo identifican algún material arqueológico.

A partir de los años setenta, I. Barandiarán compaginará sus investigaciones en Berroberría con el estudio de Alkerdi. En 1973 estudia los grabados parietales de Alkerdi, centrado en los del sector izquierdo de la cueva, y en dos nuevas figuras localizadas en el vestíbulo, aunque no localiza los grabados señalados por Casteret en el sector derecho de la misma ni la crinera de caballo. En los años ochenta y noventa, I. Barandiarán y A. Cava excavarán varias veces en Alkerdi (1988, 1993 y 1994), en la misma época en la que los hacen en el vecino abrigo de Berroberría.

El 2014, Garate et alii identifican y estudian más representaciones parietales en una galería lateral de la sala situada a la derecha, donde N. Casteret (1933) ya señaló la presencia de grabados. Publicaron el estudio en 2015, recogiendo el hallazgo de una veintena de figuras (la gran mayoría grabadas, y una pintada), mayoritariamente bisontes, con características propias del Magdaleniense medio, especialmente vinculadas a los conjuntos de la vertiente pirenaica.

La cueva

Forma parte del sistema kárstico Alkerdi – Zelaieta, excavado por la filtración de las aguas que drenan el margen derecho de la cuenca alta del Olabidea-Urdazuri, en el contexto de un afloramiento rocoso ubicado entre los barrios de Alkerdi y Leorlas del municipio de Urdax. Su boca se abre en el frente S del afloramiento, junto a otras cavidades con evidencias del Pal. Sup. (ALKERDI II, y el abrigo de BERROBERRÍA). Junto a ellas confluye la escorrentía de la pronunciada a ladera del monte Arleun, situado enfrente. La infiltración de las frecuentes precipitaciones creó el complejo kárstico, en varios niveles. Inicialmente provocó la reiterada inundación (en varias fases permanente) del abrigo de Berroberría, pero no de la de Alkerdi.

La entrada a Alkerdi de 6 m de ancho x 3,5 de altura, da paso a un vestíbulo bajo, de apenas 1,5 m en muchos puntos, pero de superficie amplia (8 metros de anchura x 10 metros de profundidad). En su parte izquierda se accede a una galería, en cuyo recodo final se ubica el arte parietal descubierto en 1930. En el estudio de 1974, Barandiarán localiza otras dos figuras en el vestíbulo.

Hacia la derecha del vestíbulo, de la pared izquierda del fondo de esta sala parte una galería estrecha que se va reduciendo hasta convertirse en una gatera de difícil tránsito. El tramo final de la gatera enlaza de nuevo con la sala. En esta galería se localizaron los grabados descubiertos en 2014. También en la parte derecha del vestíbulo encontramos un estrecho conducto y una gatera, que comunican con una sima que conecta la cueva con el exterior.

Ocupación en el Gravetiense

Aunque no sufrió las fases de inundación de Berroberría, la escasa altura del vestíbulo, la subida del nivel del suelo por la sedimentación, y el abundante goteo de las infiltraciones, que provocaba el encostramiento del suelo, limitaron su uso. Pero, las cavidades del afloramiento rocoso de Alkerdi gozaban de grandes ventajas en su entorno inmediato y a media distancia, que justificaban el uso incluso de Alkerdi: ubicadas a baja altitud frente a la llanura aquitana y al pie de los Pirineos, tenían fácil conexión con las costa a través de cercanos ríos de corto recorrido, y un entorno natural circundante con cómodo acceso a una gran variedad de biotopos y recursos (caza, pesca, recolección, sílex).

Las excavaciones realizadas por Barandiarán y Cava sólo consignaron (en un espacio de excavado de 11 m2) un nivel de ocupación, poco intenso, del Gravetiense. Se recuperaron más de un millar de evidencias líticas. Junto a restos de talla, se identificó un centenar de útiles retocados (con predominio de piezas de dorso con retoque abrupto). Había también una docena de elementos sobre soporte orgánico, entre los que destacan un fragmento de azagaya gruesa, un cincel/cuña de asta, y cuatro conchas perforadas de Turritella. Se recuperó abundante fauna: cuatro mil restos de macromamíferos, y diecisiete mil de microfauna, además de algunos huesos de aves y peces. Y por último, se halló un fragmento de molar humano.

La datación por C14 de una muestra de huesos arroja una fecha de 26.470± 530/490 BP, acorde a la adscripción cultural al Gravetiense.

Para sus excavadores, la abundancia de microfauna y la escasa antropización indicarían un episodio puntual, de acampada, diferente a la prolongada e intensa ocupación de Berroberría desde el Magd. Inferior.

El arte parietal de Alkerdi

Tomando como referencia más reciente el estudio de Garate y Ribero (2015) sobre las nuevas representaciones, podemos diferenciar en la cueva cuatro sectores., concentrados sobre todo en dos galerías.

  1. Galería izquierda. Estrecha, de techo alto, se accede a ella desde el lado izquierdo del vestíbulo. En su tramo final se localizan las figuras localizadas por Casteret y revisadas por I. Barandiarán (sectores A y B). Además de lo figurado en el arranque de la galería (sector B), la mayoría de lo representado se concentra tras un recodo, grabado sobre un cono estalagmítico que obstruye el final de la galería (sector B), y cuya superficie fue previamente descortezada en parte. Se mantiene la adscripción que hizo Ignacio Barandiarán del estilo de las figuras al Magdaleniense III-IV. Además de restos de figuras de difícil interpretación, destacan un bisonte de cuernos filiformes, un ciervo completo (con relleno de trazos a modo de grabado estriado), y la parte posterior de un caballo.
  2. Vestíbulo. Un par de perfiles de figuras (una cierva, y un dudoso lobo) en la pared del fondo (sector C).
  3. “Galería de los Bisontes”. Denominada así por sus descubridores. Desde el lado derecho del vestíbulo, formaciones estalagmíticas complican el acceso a una sala de 14 x 6 m, y techos aún más bajos, de suelo arcilloso. De la pared izquierda de dicha sala parte, para terminar también en ella, una galería de pequeñas dimensiones y difícil tránsito. Tiene unos 1,5 x 1,5 m en su tramo inicial. Se estrecha de manera progresiva y tras 3 m de desarrollo gira a la derecha. Aquí, reducida ya a un tubo de menos de 0,5 m x 1,5m de altura, se localizan en unos 2 m de desarrollo las primeras evidencias gráficas. El conducto vuelve a girar a la derecha. En este recodo se localizan la mayoría de los grabados, observables por una sola persona recostada. Le sigue un tramo final aún más complicado y estrecho de 1,5 m que desemboca de nuevo en la pared izquierda de la sala.

Las figuras son de pequeño formato, con caracteres formales y técnicos bastante homogéneos y uniformes, que responden al estilo propio del magdaleniense pirenaico.

Fueron realizadas mediante incisiones poco profundas, yuxtapuestas, con frecuencia en una única pasada del útil. Destacan en gris sobre el fondo rojizo de la caliza (efecto quizás buscado de origen).

En los bisontes, mayoritarios (11 figuras), el detallismo del trabajo incluye cuernos en doble curvatura - s - mediante una única línea; pelaje de la barba y de la giba simulado mediante trazos paralelos; representación de detalles anatómicos, en ocasiones con despiece asociado (ojo, oreja, boca, lengua, pezuñas, corvejón, sexo, etc. En el caso de los caballos, menos numerosos, figuran las crineras mediante trazos paralelos. También abundan los detalles anatómicos (ojo, oreja, boca), y los despieces.

Para Garate y Rivero (2015), geográfica, estilística y formalmente, el arte parietal de Alkerdi parece inmerso en la corriente de intercambios culturales magdalenienses entre la región cantábrica y el mundo pirenaico. Dos espacios que comparten rasgos unitarios comunes que le dan cierta coherencia interna, y matices diferenciadores. En el caso de Alkerdi la balanza parece inclinarse más hacia la vertiente francesa (como las cercanas cavidades de la colina de Gaztelu: Isturitz, Oxocelhaya y Erberua), en la que se incluye geográficamente y hacia la influencia pirenaica (Niaux, Fontanet, Marsoulas, Les Trois-Frères o Le Tuc d’Audoubert), Como en ellas (y en casos cantábricos como Altxerri) domina la figura del bisonte. Los paralelismos con lo pirenaico alcanzan también las convenciones formales, sobre todo en el caso de los bisontes. Junto a alguna figura que por su carácter lineal se vincula más con las convenciones de cavidades cantábricas, en la mayoría de los bisontes se entronca con el Magdaleniense medio pirenaico (abundantes detalles anatómicos, la representación del pelaje o la lengua). Y la presencia de una figura que puede interpretarse como “herida” se asemejaría a un tema habitual en el arte mobiliar y parietal pirenaico (arte mueble de Isturitz, arte parietal de Les Trois-Frères, Niaux o Fontanet).

La comparación de los matices técnico-formales diferenciadores entre lo localizado y estudiado en 1930 (Casteret) y 1974 (I. Barandiarán), y lo descubierto en 2014, parece indicar en el arte parietal de Alkerdi dos fases o momentos, o al menos dos manos distintas, no necesariamente distanciados en el tiempo, en el amplio lapso entre el Magd. Inferior y el Magd. Medio (aunque la investigación se decanta más por el segundo).

La investigación arrojará sin duda luz en el futuro sobre este espacio de intensa presencia durante el Paleolítico Superior, y sobre el arte rupestre de Alkerdi y de la vecina Alkerdi 2. La publicación de lo descubierto estos dos últimos años, y su análisis, nos permitirán avanzar en el conocimiento de este periodo en este extremo de los Pirineos.

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